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Fantasía y sin razón

Confeccionaban sus propias alas. Tenían unas para cada ocasión y en todos los colores. Para pasearse por las ciudades, Sílfides se vestía las de polivinilo, iguales a los tubos, mangueras y mayoría de juguetes para niños, ya que soportaban tormentas, heladas y todo tipo de vientos. 

Las de poliestireno —ligeras y suaves al tacto—, Dríades las utilizaba para sobrevolar los bosques en las tardes apacibles y con sol. Sus favoritas eran las blancas, semejantes a los protectores de aparatos domésticos y las bandejas para hamburguesas. 

Las preferidas de las Oceánides eran las de polipropileno, idénticas a las bolsas, los envases de los yogures, las botellas del agua, del aceite, las pajitas… básicamente porque aguantaban muy bien el frío y la humedad. 

Sin duda, estas hadas eran las más chics y modernas de las leyendas mitológicas: les encantaba ir a juego con los Océanos, especialmente con el Pacífico.

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Ya no se acuerda que nunca vendrán

Rehace su moño con dos horquillas y se unta bien de colonia. Espera feliz en su mecedora.  Un ajado bolso de charol cuelga de su muñeca, dentro, dos alianzas de oro grabadas, unas agujas, un patuco y la rebequita de lana, antaño blanca, que paciente aguarda su otra manga. Tiene dos cosas muy importantes que decirle a su hija; que su padre se ha ido de casa y que si nace niña, la llame como a ella. Durante la espera, canturrea palabras sueltas: noche, árbol, coche, carretera… En el centro todos lo saben; que hoy tampoco nadie vendrá a verla.

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Doble acto de amor

Hoy cumple 22 años y le llevas su colonia favorita. Entras en el recinto. Estás nerviosa, ella más delgada. Coges el teléfono y a través del cristal le reiteras cuánto la quieres. 

«Mamá, tranquila, estoy bien, prefiero esto a lo de antes…». 

Te mira a los ojos y te insiste en lo que no debes hacer…

 «Jamás revelarás que cuando vi a papá en el suelo te arrebaté el cuchillo y me unté de sangre el vestido».

Ella no hubiera podido cuidarlas, desde la cárcel tú tampoco. 

Ahora sus hermanas crecen a salvo. Ya no os preocupa que se hagan mayores.

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Como un niño

Las palabras que pronunció antes de irse fueron para él. Y yo cumplí las mías durante muchos fines de semana. 

—Cuídale mucho. Sé paciente con sus cambios de humor, sus miedos, cuando te cuente las mismas historias o no recuerde sus tareas. Si le notas triste, dile que nos veremos pronto… y para que no me olvide, muéstrale de vez en cuando esa foto que a él tanto le gusta. Llévale al parque. Móntale en los columpios, ya sabes, se lo pasa bomba. No le quites esa ilusión y la alegría inmensa que le entra cuando vuelve y se lo cuenta a sus compañeros de la residencia.

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Un brindis valiente

«Brindemos». Te dijo alzando la copa de vino al tiempo que los acordes de un anacrónico Julio Iglesias —su cantante favorito—, acompañaban sus buenos deseos… 

«Para que estés siempre conmigo». 

Y como el costado derecho aún te dolía, alzaste la tuya con la mano izquierda, por su distrito, sus preceptos, sus advertencias… por el portazo que desataría tu melena y tus tobillos, por recuperar tus pies, el carmín en tus labios, las palabras de tu boca…

«Brindemos». Repetiste mientras lavabas minuciosamente su copa y «Lo mejor de tu vida» empezaba por fin.

Esta imagen la he cogido prestada de internet

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Los ojos de Manuela

«Esta tarde les oí hablar en la cocina. Mamá decía que al volver del mercado se había encontrado con el niño de la casona —creo que se refiere a ese que nació tan malito, el que llevaron a curar al extranjero—, que iba con un señor que trabajaba en su casa, y que le lleva a todos los sitios. Que se imaginaba —por la funda de violín que llevaba en la mano—, que iban a clases de música. Hablaron de lo mucho que a ti te gustaba la música. Igual que a mí. Pero que nosotros no podíamos permitirnos esas cosas. También dijo que tenía mi mirada. Y la tuya. Que sus ojos eran bellos y claros como el día. Igual que los míos. Y los tuyos. Entonces mamá se puso a llorar y papá la consoló. Que no llorase, que nada podían hacer, que los que tenían dinero y abogados eran ellos, que era hora de olvidar, que ya habían pasado diez años… qué casualidad, Manuela, los mismos que hace que desapareciste tú. Te quiero, buenas noches».

Besa la manoseada foto y la guarda en el cajón junto a las inmensas ganas de que su gemela aparezca algún día. 

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Hábitos culturales

Alika fantasea con su muñeca y juega a ponerle ropitas con los trapos que encuentra. Su mamá le dice que en nada crecerá y no podrá seguir jugando con ella. Que se enamorará de algún chico de la aldea, pero tendrá que arrancárselo de la cabeza porque de su corazón no es la dueña. Que cubrirán su cuerpo con un vestido infinito, como el que lleva ella, holgado, de tela firme, que no marque las curvaturas de su figura. Un pañuelo también oscuro, tapará su cabello, ocultará su talento y sus ideas. Y para entonces ya podrá fabricar hijos. Y yacerá con quien no ha elegido ella, porque de su piel no es la dueña. Y su sonrisa no se mostrará en la vanidad de ningún espejo, su boca será invisible, sin opinión y sin lengua, sus manos desconocerán la textura de un libro y sus ojos quizá mueran huérfanos de narraciones y leyendas.

Alika es aún muy pequeña para saber de lo que habla su mamá, también para entender por qué quiere adelantarle una a una las piedras que debió encontrarse ella en su destino.

Esta imagen la he tomado prestada de la red.

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¿Nos conocemos?

Conseguir su sueño y con él la felicidad tenía un precio, y con esa seguridad que proporciona el dinero le entregó al especialista varias fotografías informándole tajante, qué quería y cómo lo quería.

Tras seis meses de reformas concluyó la obra. Admiraba sus ojos, ahora verdes, dominando en esa explanada, tersa y ausente ya de bolsas, zanjas y patas de ave. Y donde antes había una napia aquilina oteando permanentemente sus pies, hoy asomaba una naricilla respingona protegida por un vigoroso pómulo a cada lado. Qué decir de esos rollizos labios y de ese mentón fino y altivo, compañero otrora de una extinta papada, coronando su rostro. Se centró después en sus pechos. Ahora desafiantes, generosos, lozanos y sin miedo a la gravedad. Y en sus glúteos. Descollando rumbosos, firmes y duros, tal y como lucía su actriz favorita en las fotografías que le entregó al reputado mago del bisturí.

No sabe cuánto tiempo permaneció así, contemplándose extasiada, cuando inexplicable y repentinamente se liberó de su embeleso y dirigiéndose a la imagen que reflejaba el espejo se le encaró malhumorada… 

«Y tú, ¡quién coño eres!»

 

 

Esta imagen la he cogido prestada de la red
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Celebrando la Navidad

Cogió el primer tren que le llevaría a casa. Fuera, la gélida noche extendía  copos engalanando el paisaje. En el vagón de al lado unas voces le cantaban a la Navidad. Pensaba en su madre, aromas a dulces recién horneados revelaban su estómago. Con coloridos paquetes mezclándose en su equipaje y ganas de ver a su gente salió de la estación. 

«Papá y mamá, este año no llegaré a tiempo. Un coche y unas copas de celebración a la salida del trabajo me lo han impedido». 

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Despistada equidad

Están sentados en un mismo banco de la comisaría. El más joven, en el medio, está aterrado. Ha robado una gallina y podría caerle un buen marrón; si lo encarcelan, quién cuidará de su madre y sus hermanos. 

El de la derecha respira tranquilo —su padre está en la oficina del jefe—, se divierte mirando chicas ligeras de ropa en su Ipad. Se escuchan risas. Él sabe que, aparte de elegante y generoso, su papá cuenta unos chistes fenomenales. También hablará de hombres. De su condición. Que son como son; que no pueden evitarlo. Y de mujeres. De cómo van algunas.

El que está a la izquierda del banco es un hombre con cara de pobre. Uno de los guardias, parco en educación, se dirige a él espetándole que se ha desestimado su denuncia porque su hija vestía como una puta, iba muy provocativa. 

Encogido y evitando mirar a los presentes, huye arrastrando sus pies y su impotencia. 

Es hora de comer. El bien trajeado sale del despacho. Recoge a su hijo que restaba solo en el banco. Apaga su Montecristo con la punta de sus Louis Vuitton y reserva mesa para tres en un afamado restaurante de la ciudad. 

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El desahucio

Cuidado con los tréboles de cuatro hojas, el mismo día que Tamara cumplía doce años se encontró con uno y les arrebataron el hogar en el que había nacido y sido tan feliz. No entendía por qué. Demasiado joven para comprender las tropelías y desatinos de los mayores. Aún así, antes de abandonarlo, como si una vieja hechicera la hubiera poseído, echó una maldición…
«¡Que el que venga a vivir aquí nunca sea feliz».
Hoy, cinco años más tarde, su casa es un prostíbulo de explotación de mujeres y solo son felices quienes la visitan.

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Microrrelato presentado a ENTCerrados. Si clicas en la página verás las bases del concurso…

ENTCERRADO 5 … la suerte esquiva …

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Liberación

Se levanta rara, contradictoria. Cuando se acerca al espejo observa cierto brote de conformismo durmiendo en sus ojos. Se detiene en su boca y descubre miríadas de besos  por estrenar. Toma aire, lentamente, y como por arte de magia se desvanece la autómata que la tenía secuestrada. Apiña los sermones de su madre. Los mandamientos de su padre. Los malos humos de ambos. El repintado rosa chicle de su habitación —que lleva padeciendo desde su séptimo cumpleaños—, y tira de la cadena. Después se borra de su grupo de wasap «Las parranderas». Ya está harta de sufrirlas cada finde tiradas en la calle. También de los botellones. Le están costando un ojo de la cara y ella solo bebe cocacola. Queda con Fidel. Se lo dice sin tapujos. Que no le molan nada los ramos de rosas, que ella es más de macetas al sol, con su tierra y su aire. Que está harta de aparentar y fingir orgasmos. Que se muere de ganas por entrar en el bar de su calle, dirigirse a la barra y tras sortear los dimes y diretes del personal llegar hasta Soraya y entregarle un corazón abrazado a los colores del arcoíris.

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El hombre bala

No pudo encontrar la paz; quizá tampoco la buscaba. Momentos antes un público expectante de emociones fuertes le esperaba. Tras el silencio mortuorio respiró profundo, un olor a tulipanes frescos, el preferido de su amada, inundó toda la cápsula. Pensó en ella.
«Esta noche le daré la sorpresa. Llegó el momento de dejarlo; está será mi última actuación».
A la voz de «cinco, cuatro, tres, dos, uno» salió disparado. Repentinamente se desinflaron sus alas. Fue asombroso verla desde el aire del brazo del domador. Antes de estrellarse contra el suelo ya estaba muerto. Cada año, en el mismo sitio, florecen cinco tulipanes púrpuras.

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Micro presentado en ENTCerrados, para Esta Noche Te Cuento. Frases obligatorias «no pudo encontrar la paz», para el inicio. Para cerrarlo… «cinco tulipanes púrpuras».

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De profesión tertuliana

Sí, de pequeña era tímida, muy vergonzosa, pero eso fue hasta los cuatro añitos, en cuanto cumplió los cinco desenvainó la rebeldía, también las palabrotas. Con ocho era la mandamás de la pandilla; si no se cumplían sus normas abandonaba el juego y se llevaba la pelota. A los nueve se metía en todos los jardines y alrededor de los diez empezó a elegir su propia ropa. Doce tenía y seguía en sus trece —los mismos contaba cuando se cansó del conservatorio y malvendió la flauta travesera—. A los catorce aseguraba que quería ir por letras, pero un año más tarde dejó el instituto y se fugó con uno de ciencias. Con diecisiete abriles dio a luz a su primer churumbel.

Actualmente busca empleo. A pesar de su mala educación y mal gusto por la vestimenta. Su pésima dicción y doctorado en oídos sordos. La pérdida definitiva de vergüenza y progresión en lengua serpentina, la han fichado en cierto medio de comunicación de la prensa amarillista.

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Doble fiasco

Viuda, sesentona y le encantaba Felisín, el hijo de su vecina. Muchas tardes pasaba por su casa, le daba de merendar, le llevaba al parque, jugaban en el césped. Sus larguísimas pestañas le recordaban a su hijo, pero a éste nunca le habló de querer a los animales, de respetar su vida en libertad, de proteger los árboles y que una cerilla podría traer mucho dolor…

Tenía catorce años cuando lo encontró capeando una muleta. Quiso quitarle importancia. Días después lo vio salir del pinar con una carabina y unos pájaros pendiendo de un aro sangriento.

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RELATO ENVIADO AL CONCURSO SOLIDARIO CINCO PALABRAS

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El abuelo canguro

De vuelta a casa despotrica como un descosido. Toñín apenas le entiende. No sabe de besos ni por qué a su abuela jamás le dio uno en público. Tampoco, de la poca vergüenza que tenían esos dos hombres y por qué antes no se veían esas cosas. No entiende de valores y por qué ya no los hay. ¡A él solo le gusta dibujar! Por eso aguarda, con las pinturas, las hojas en blanco y la merienda, a que su abuelo se atrinchere como cada tarde en su sillón con un cigarrillo y una copa de vino frente al televisor. Ayer eligió Machete, hoy le toca a El Padrino.  

Ciento setenta y cinco minutos después finaliza la venganza de la familia Corleone. El bocadillo ha desaparecido. La copa se vacía por tercera vez. El cenicero está lleno. El rojo acapara el folio y el timbre entra en escena. Toñín abre a su madre que viene a recogerlo y sin esperar a que su abuelo le dedique las mismas palabras de siempre… «¡qué bueno eres jodío!», deposita el folio con una cabeza ensangrentada de un caballo en un cajón. Debajo hay un hombre con una metralleta, más un par de katanas, dos toros con banderillas; un guante con cuchillas, pistolas de diferentes tamaños…

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El Mar

Quizá ocurra mañana Sol, pero hoy por hoy, el hombre es tan humano que sigue cayendo en idénticos errores. Y por mucho que Luna insista, dudo que cambie. Mi azul no se encuentra bien. Sufro de empacho, Sol, demasiados años soportando tanta inmundicia, desigualdad y sinrazón.

Esta madrugada han vuelto unos cuantos. Me han despertado sus lamentos en un vano intento de abrazarse a mí. Estrella los alumbraba, penaba conmigo desesperada, mientras yo me colaba sin remedio en sus pulmones, ahogaba su aliento y definitivamente mataba sus sueños. Y así una y otra vez.

Photo de Vince Clinches. Greenpeace PhilippinesScreenShot2017-05-12at11.44.43AM-nlkhyfukjtp5877bxvezbs58hma2f79ddup6zeju34.png110a69be9e1f2c6889939d7c89888b21d919f8fd.jpgImagen tomada de Internet

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Verde no te quiero verde

Venían encerradas en unas mallas de plástico de un subidito color bermejo que te sugerían en el paladar sensaciones dulces y jugosas.

Otros aparecían envueltos en redes de nylon de un atrayente amarillo ambarino que te sumergían en un viaje gástrico y que comenzaba en las papilas gustativas hasta llegar al estómago.

Otras se alojaban en unas bolsas tipo rafia de un tono ocre siena. Las intuías de color pardo suave con toques dorados prontas para ser saboreadas al vapor o en tiras ahogadas en un ardiente aceite.

Una vez en casa, al tiempo que eran despojados de su disfraz y el efecto óptico se desvanecía, descubrías cuán prematuros estaban y la estafa en la que colaboraban, primero los recolectores y después los supermercados y tiendas… ¡Anda que no les faltaba a aquellas naranjas, limones y patatas, tiempo y sol para madurar!

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Microrrelato presentado en Entc que gira en torno al verde. Como veis en el mío esta todo muy  verde. 

Aquí podéis ver la pagina pratocinadora:

https://estanochetecuento.com/verde-no-te-quiero-verde-rosy-val/#respond

Publicado en ¡Basta ya!, CONCURSOS VARIOS, Microrrelatos indignados

Mi aliado el vino

Estreno vestido y guantes de satén. Sobre la mesa dos copas con vino y una botella. Espero paciente. Querrás desvestirme, poseerme, como un loco, hasta quitarme el sentido, como tantas veces…
Cuando llegas elijo una copa y deslizo el dedo por el borde. La acerco a mi boca, pero me la arrebatas y la bebes de un sorbo.
Apenas unos segundos tu cuerpo vacila. Extiendes una mano. En la otra llevas un puño, fiel testigo de tantas e inútiles resistencias. Nuestros ojos se encuentran. En los míos ya no hay miedo. Te dejo en el suelo, a tu lado ella, hecha añicos, tu compañera, que me devuelve mis alas que por fin despliegan.

Microrrelato presentado al 1º CONCURSO Bodegas MIRADORIO

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Publicado en CONCURSOS VARIOS

Paqui, la portera

«Que se joroben las del edificio que esta que viste y calza no piensa irse de la mui. Menos mal que fui yo, y no la Loren, la que sencontró a la Marce saliendo de la clínica. De esto ni mu, ¿eh?, me dijo después, no quiero que sentere todo el barrio… ¿PERDONA? ¿QUÉ MESTAS CONTANDO? ¡yo soy una tumba!, qué limporta a nadie si sa puesto la 90 o la 100 o quién lapreñao a su María o por qué su marido últimamente no duerme en casa… a mí, a discreta no me gana nadie. Aquí viene el camarero con los churros, qué pinta tienen, ¡al ataque chicas que senfrían!».

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Segundas partes nunca fueron buenas

Soñar despiertos era nuestro juego favorito hasta que, después de tres meses chateando, decidimos conocernos. Llevaba un año separada de un insufrible marido, enfermo de celos y especialmente irascible desde que perdiera un dedo de la mano derecha en un accidente laboral.
Tenía miedo al amor, pero la soledad me pesaba demasiado. Llegó el día y para identificarlo me dijo que le faltaba un dedo en una mano. Qué cruel coincidencia. Me lamenté de mi fatalidad y mala suerte y con reservas acudí a la cita para descubrir, perpleja, que a éste también le faltaba el del corazón. De nuevo mi añorada felicidad se me esfumaba entre los dedos.

Unknown

Microrrelato presentado en ENTCERRADO 2…  de sueños y pérdidas…

Frase de inicio; Soñar despiertos era nuestro juego favorito

Frase final; entre los dedos.

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Negligencia parental

Se palpaba la alta temperatura, nada más entrar. En esa casa todo estaba encendido, menos la chimenea, y aunque la discusión se mantuvo calentita toda la tarde, no fue hasta entrada la noche cuando las palabras crepitaron en la boca de la madre. En los ojos del padre se atizaba una mirada candente. Después llegaron los insultos y el lanzamiento de cosas —como el vaso de tinto que él esquivó y fue a estrellarse contra la pantalla del televisor—. Los dos hermanos, rendidos ante la contienda, se acostaron juntos, con miedo y sin cenar, sin entender cómo les habían concedido la custodia, otra vez. Al día siguiente el odio se iniciaba en la cocina. Por temor a sufrir quemaduras de primer grado, cogieron sus mochilas —que aún permanecían en la entrada—  y huyeron en silencio. En la calle, Daniel le enseñaba a su hermana un mechero. Le explicaba que si lo encendían dentro de una gasolinera, fijo les llevaban de nuevo al centro de menores.

 

Indispensable que el color rojo, en cualquiera de sus vertientes, apareciera esta vez en «esta noche te cuento». Creo que lo he conseguido, tristemente, con creces.

Si quieres leerlo en su página aquí te dejo el enlace…

https://estanochetecuento.com/negligencia-parental-rosy-val/

 

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Altruismo

Cuando era pequeña, mi abuelo Luis me contaba cosas sobre mi madre. De lo mucho que me amaba. De su coraje -apenas tenía seis meses cuando me metió en el capazo y me dejó en su casa-. De su generosidad con todos, para que nadie penara con su inevitable ocaso. Excepto él, nadie la entendía y yo tuve que crecer para hacerlo también; entender que quisiera desaparecer, dejarse ir.

Pero el abuelo no fue el único que la vio marchar, sola, con un pañuelo cargadito de pena en una mano mientras con la otra se estiraba bien el de la cabeza, también, desde el borde del camino los ojos negros de una lechuza fueron testigos.

Este microrrelato presentado en  «ENTCerrado» ha obtenido una mención especial por parte del jurado de Entc y el Hotel A Curuxa. Muchas gracias.

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Calor de hogar

Había cambiado la forma de vernos y amenazó con irse. Porque estaba harta. De nosotros, de sus hermanos, de cariños, besos y arrumacos. ¡A nosotros, más que un sueño, nos parecía un mentira que a sus treinta y tres decidiera dar el paso! 

Me pidió que le acompañara a ver uno, amplio, con buen precio, en una excelente zona, con dos chicas universitarias, un médico…

 «Mamá, que dejo el piso». Me dijo por teléfono apenas un mes de cambiarse.

«Pero hija, si es perfecto y tus compañeros son majísimos». 

«Sí, mamá, el piso está bien y mis compañeros son muy majos pero les noto algo fríos y distantes… tengo que seguir buscando». 

Lo teníamos clarísimo, al mes sabíamos que volvería a casa.

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Microrrelato presentado a ENTCERRADO 1… de maneras y regresos

Frase de inicio; Había cambiado la forma …

Frase final; … sabíamos que volvería.

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La venganza

Tú no te acuerdas de lo que pasó con el hermano de nuestra vecina, cuando se apañaron entre las compañías y el otro se fue de rositas; eras muy pequeño. Por eso no pienso dar ni un dato. Solo diré que era azul cielo, a lo sumo y como iba bastante deprisa no me dio tiempo a ver nada más. No confío en la justicia, demasiados limbos jurídicos.

Ese malnacido, vaya si se enterará de todo a lo que tendrás que renunciar. Apuntarte a futbito, aprender a patinar, escalar montañas, ser bombero… Porque su hijo, supongo el que iba en el asiento de atrás, seguirá con su vida y entrará cada día, por su pie, en su selecto colegio. Cosa que tú solo podrás hacerlo guiado en una silla, si es que te despiertas… También es una casualidad que tu madre trabaje en tráfico y que a mí me diera tiempo a memorizar la matrícula (capicúa por cierto) de ese pijo descapotable.  

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Efecto dominó

Paquita, la peluquera, le prometió que la dejaría guapísima. Y así se sentía ella después, única y especial, con su vestido y zapatos blancos, y su velo cobijando el moño mejor fijado, más engreído y espectacular que había pisado aquella iglesia. Dentro de él, la envidia de sus amigas: una larga, rubia y ensortijada mata de pelo.  

Al día siguiente intentó peinarse pero el cepillo desapareció en aquel vertido que anidaba en su cabeza. Vinieron a socorrerla; su madre, su tía, las vecinas del quinto, mas ninguna pudo devolverle su preciosa melena, convertida ahora en un amasijo de pelos ensopados en una sustancia traslúcida y pegajosa. 

Se rindió de nuevo a las manos de Paquita. 

Con cada tijeretazo le arrancaba las entrañas. Desolador ver sus lánguidos tirabuzones estrellarse contra las baldosas. Tardó años en superar el precio que tuvo que pagar por hacer su primera comunión… pero inexplicablemente y al tiempo que le crecía el cabello, empezó a desarrollársele un galopante y alopécico ateísmo.

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Vivos recuerdos

Tanto tiempo deseándolo y hoy por fin te llevan a casa. No disimulas el descontento al ver tu patio, frío como los cristales que ahora lo encierran, sin claveles ni macetas, sin tendedero ni pequeños escondiéndose entre sábanas al sol. Ya no hay ristras de ajos en la cocina y arrumbada en la alacena la vajilla azul que él te regaló. 

La usanza conduce tus pasos hasta tu cuarto. Echas de menos los visillos de ganchillo tunecino y la dama de noche encaramándose por tu ventana. Otra colcha cubre tu cama y sobre la mesilla no estáis los dos. Del armario falta la caja de flores con el vestido, el velo y los zapatos blancos, también su sombrero, su pipa y la cachaba que ellos te prometieron custodiar. Repentinamente ella, con su eterna y dolosa sonrisa, señora de la voluntad de tu hijo, irrumpe en la habitación. Echa la llave al armario y un ojo dentro de tu bolso. Te devuelven al sitio donde vives desde hace tres años, cinco meses, un día y una veintena de palabras… 

«Mamá, sin papá te sobra casa. Como ya no te acuerdas de las cosas ni de nada aquí estarás mucho mejor cuidada».

Mirando Por la Ventana

Esta imagen la he cogido prestada de la red.

http://estanochetecuento.com/vivos-recuerdos-rosy-val/

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Vaticinio, finalista en Wonderland

Hoy, al mirarme en el espejo, me he topado con un dolor violeta alrededor de mi ojo izquierdo. Al bajar a desayunar, unos lagrimones chapoteaban en la encimera. De la taza del café humeaban unos malolientes gritos y en la tostadora se chamuscaban unos exabruptos integrales. El colmo ha sido encontrarme en la nevera unos insultos bastante frescos, como de la noche anterior…

Hoy me apetece prepararte un suculento menú y regarlo con una botella de vino de mi mejor revancha. Hoy estoy por asegurarte, que definitivamente y contra todo pronóstico, no seré yo la que salga en las noticias. 

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Gracias al equipo del Wonderland por elegirlo. Aquí su página con todos los relatos ganadores.

http://blog.rtve.es/wonderland/

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Crónica conmemorativa

Le dejará la mochila en la entrada con el almuerzo dentro –hoy toca bocata y pera—, podría volver de repente y olvidar llevársela a la escuela. Igual que cada mañana se asomará al mar. Le buscará entre las olas, querrá saber si antes de bañarse se mojó la nuca y las muñecas. Colocará su cubierto en la mesa, un mediodía más, por si apareciera con un apetito voraz. A la hora de la merienda escalará montañas. Gritará su nombre, lástima que el eco ya afónico no tenga ganas de réplica. Calentará su cama, como si no intuyera que esta noche también la pasará fuera, y por si vuelve hecho un Adán, ropa limpia, como si no supiera que donde está no necesita vestimenta. Antes de acostarse le dejará las llaves bajo el felpudo, por si aún no ha aprendido a traspasar puertas, y mojará su almohada imprecando al cielo y le lloverán ángeles a cientos: Yéremi, Jonathan, Sonia, Amy, Mariluz, Gabriel… Entrada la madrugada se quedará dormida. Por muchos sueños que pasen nunca entenderá por qué se lo han robado.

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Llueve sobre mojado; Finalista en el VII Concurso de Microrrelatos “El Roblón”

Su madre no pudo hacer cosa peor que morirse y dejarles a los tres huérfanos. Que su padre les abandonara después, no estaba previsto, tampoco tener que vivir en ese lugar de trasnochada bonhomía. En eso pensaba Pablo cuando vio pasar por delante de su cama una sombra que fue a pararse en la de David… y volvió a su piel un pegajoso escalofrío, un revoltijo de asco, odio, deseos de volar. Se cansó de implorar que su hermano volviese cuanto antes a la cama. Contiguo a él, y ajeno a todo, Miguelín dormía. Le miró con los ojos lagrimosos. Por primera vez reparó en que se estaba haciendo mayor. Exhausto de llorar se quedó dormido. Se despertó de madrugada… David volvía.

Apenas un golpe, un leve crujido pero contundente, en la calva redonda con la vara de hierro que llevaba meses esperando bajo su colchón. Quizá fue el sitio, justo en el punto exacto, o ese Dios despistado que ahora se confabulaba con él. Huyeron de allí los tres. Había jurado que el más pequeño no pasaría por lo mismo. En el suelo una sotana empezaba a teñirse de rojo.

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Agradezco infinito al jurado por elegir mi relato entre los diez finalistas. Pinchad en el enlace para que veáis la página de los organizadores.

http://asociacionfelixdemartino.blogspot.com/p/finalistas-vii-con.html