Publicado en ¡Basta ya!, ¡Jóvenes!, CONCURSOS VARIOS, Premios y Regalos

Parafilia

No recuerda su niñez sin una canica en las manos. Era un fiera jugando con esas bolas de colores. Las tenía pequeñas, medianas, grandes. De las primeras andaba sobrado, se las fue ganando una a una a los chicos del barrio. De las segundas tenía menos, las robaba del tarro que su hermano tenía escondido en el armario. Sin embargo, de las últimas, que eran las más difíciles de conseguir, atesoraba unas cuantas. Se las regalaba el hombre de la esquina cada vez que le hacía uno de esos mandados. Él conocía muy bien a la gente del barrio y solo tenía que llamar al timbre y preguntar con su voz de chiquillo que si por favor le abrían la puerta. Se enteró de más mayor. Entonces, no sabía que cuando una mujer se encontraba sola en casa, era más fácil forzarla, sobre todo si tenía más de setenta años.

Publicado en ¡Basta ya!, ¡Jóvenes!, Esta noche te cuento, Microrrelatos indignados

Una pasmosa mañana de verano

Me desperté desazonada recordando las noticias sobre esa chica a la que habían destrozado la vida. Y según bajaba a desayunar pensaba en mi vecina, y en sus tres hijas, y al tiempo que me lamentaba por ella, me alegraba de no tener su suerte.  

Mis hijos preparaban el desayuno en la cocina. Le abrí a un sol que pedía entrar por la ventana y por la que se colaron también las risas de las tres jóvenes que se hallaban en el jardín. Mientras desayunábamos propicié la conversación. El de 17 opinaba que eso era de sinvergüenzas. Jaime, dos años menor, que eso no se le hacía a una chica. Cuando el mayor condenaba tamaña barbaridad, las risas de las chicas mutaron en algarabía y la voz de una de ellas viajó hasta nuestras tostadas pringándolas de desconcierto…

«No tienes ni idea, Marita, esa nos está troleando, te lo digo yo, ¡no quiero imaginarme la clase de padres que tendrá!». 

Seguidamente, la voz de otra de las jóvenes, más alterada y socarrona, aterrizó sobre nuestros cafés, zumos y colacaos, transformándolos en sorbetes y granizados de asombro y perplejidad…

«¡Zorra, es es lo que es, una zorra, anda que no se lo pasaría bien montándoselo con los cinco!»

Publicado en ¡Jóvenes!, El amor y sus cositas, Esta noche te cuento

Hola y Adiós

Quise irme de allí, de su lado y cariño, a un lugar cualquiera. No era mi momento. De lazadas ni de alianzas. Y tras hacer añicos su corazón le eché un pulso al mío y a mis veintidós primaveras. Cuando embarré bien mis botas y mis faldas se enredaron entre cardos y mil espinos, la melancolía, ávida de sus besos, me aconsejó retornar a sus brazos.

Llamé a su puerta. Me abrió una mujer delicada y serena. Una pitusa alojada en su regazo me trajo su mirada aceituna; un querubín aferrado a su pierna su ensortijado pelo. Pregunté por él pero no necesité respuesta… seis ojos me desvelaban que yo había muerto. Recogí mi turbación del felpudo, el bochorno de mis mejillas y partí de nuevo, pero mi estupidez todavía sigue allí, delante de su puerta.

Publicado en ¡Jóvenes!, CONCURSOS VARIOS, LEMCA de Esta noche te cuento, Microrrelatos indignados

Traumática decisión de una madre

«Al menos 30 muertos y 45 heridos en una gran superficie…». 

Rápidamente apaga el televisor, pero las imágenes de los sospechosos y los cuerpos de mujeres, hombres y niños bajo plata y mantas, continúan patentes en su memoria.

Hoy le resta un año y como una autómata sopla, vela a vela, los indicios que su incuria no supo ver a tiempo; las intempestivas reuniones de madrugada con sus colegas; los cuchicheos al teléfono siempre que ella le rondaba cerca; sus incomprensibles giros de humor; el subversivo tatuaje, como un indescriptible mapa topográfico grabado en su espalda… 

Aquella aciaga mañana levantó despacio el auricular. Carraspeó repetidamente. De su boca se escapó una voz temblona, pero con agallas suficientes para dirigirse al agente.   

Hoy, el nudo que asfixia su garganta delatora, se hace más grande y voraz. 

Imagen prestada de la red
Publicado en ¡Jóvenes!, CONCURSOS VARIOS, LEMCA de Esta noche te cuento

Una historia de Jesús Motilva; el pucelano al que, sobre todo, le gustaba correr

Era su ilusión, hiciera frío o calor —la lluvia tampoco era impedimento—. Corría por la mañana y por la tarde, desde la Plaza de España hasta el barrio La Rubia, por la calle más transitable; el Paseo de Zorrilla. Ida y vuelta. Y únicamente por la calzada. Decía que por la acera la gente interrumpía su paso. A este joven de 27 años, de aspecto frágil, que trabajaba en un taller de encuadernación con otros chicos como él, las madres —intuyendo quizá que la suya muriera cuando él nació—, lo miraban con pena; los chavales con guasa; los más mayores como si fuera un tarado. Porque Jesús no corría como los demás; sus piernas —aunque su padre presumía que las tenía duras como el cemento—, se desplazaban con pasos cortos y cierta dificultad. Y tuvieron que pasar unos años para que, junto a la complicidad de la policía municipal y los conductores, finalmente todo el mundo terminara entendiendo su afición e interpretara como una estampa ciudadana eso de querer correr siempre solo y solamente para desafiar al autobús.

Imagen tomada de el periódico El Norte de Castilla

Publicado en ¡Jóvenes!, CONCURSOS VARIOS, Ecologistas, Microrrelatos animalistas, Microrrelatos indignados

Doble fiasco

Viuda, sesentona y le encantaba Felisín, el hijo de su vecina. Muchas tardes pasaba por su casa, le daba de merendar, le llevaba al parque, jugaban en el césped. Sus larguísimas pestañas le recordaban a su hijo, pero a éste nunca le habló de querer a los animales, de respetar su vida en libertad, de proteger los árboles y que una cerilla podría traer mucho dolor…

Tenía catorce años cuando lo encontró capeando una muleta. Quiso quitarle importancia. Días después lo vio salir del pinar con una carabina y unos pájaros pendiendo de un aro sangriento.

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RELATO ENVIADO AL CONCURSO SOLIDARIO CINCO PALABRAS

Publicado en ¡Jóvenes!, ENTCERRADOS de Esta Noche te Cuento

Calor de hogar

Había cambiado la forma de vernos y amenazó con irse. Porque estaba harta. De nosotros, de sus hermanos, de cariños, besos y arrumacos. ¡A nosotros, más que un sueño, nos parecía un mentira que a sus treinta y tres decidiera dar el paso! 

Me pidió que le acompañara a ver uno, amplio, con buen precio, en una excelente zona, con dos chicas universitarias, un médico…

 «Mamá, que dejo el piso». Me dijo por teléfono apenas un mes de cambiarse.

«Pero hija, si es perfecto y tus compañeros son majísimos». 

«Sí, mamá, el piso está bien y mis compañeros son muy majos pero les noto algo fríos y distantes… tengo que seguir buscando». 

Lo teníamos clarísimo, al mes sabíamos que volvería a casa.

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Microrrelato presentado a ENTCERRADO 1… de maneras y regresos

Frase de inicio; Había cambiado la forma …

Frase final; … sabíamos que volvería.

Publicado en ¡Jóvenes!, Premios y Regalos, Wonderland

Chiquito, pero…, finalista en Wonderland

Nació como una culebrilla de agua, sietemesino, con un kilo novecientos y treinta centímetros de largo. Se aferró con ahínco a la vida y a las tetas de su madre. En la guardería fue el más bajito. Durante la EGB el repetidor más retaco y añoso. Al grito de «tonto el último» galopaba al recreo. En su casa cortaba el bacalao, en la calle era un buscavidas. Con los amigos sacaba pecho, con las chicas metía tripa. Su sueño, hacer la mili pero al no dar la talla vendió su alma al diablo. Se hizo matón, en honor al dicho.

 

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Aquí os dejo el blog de los patrocinadores, a los que agradezco infinito que lo hayan elegido.

http://blog.rtve.es/wonderland/

Publicado en ¡Jóvenes!, Monstruoscopio de Entc, Premios y Regalos

Si le hablas al adicto de mesuras y de estofados al hambriento, te enviarán a tomar viento (Pase a la 3ª ronda, Monstruoscopio de Entc)

«Solo estará tres meses, le insisten sus padres, tienes que tratarlo como a uno más de la familia». A Julia le costaba congeniar con la gente, pero con Zamir hizo buenas migas enseguida.

Hoy meriendan solos. Zamir se sacia rápido—¡qué bien le vendrían unos kilitos!—, en cambio Julia necesita más. Revisa de nuevo el frigo y saca la nocilla, unas magdalenas y unta tostadas con mermelada y mantequilla.

Han pasado siete semanas y Zamir no deja de pensar en sus padres, sus cinco hermanos, en la penuria, en su precario país. No termina de acostumbrarse a estar rodeado de tanta comida. Le desconcierta la variedad de galletas, embutido, frutas, la ingente cantidad de carne y pescado en el congelador. Pero lo que no consigue entender es por qué Julia cada vez que meriendan se va al baño… y es que Zamir desconoce que ella está loquita por sus huesos.

 

Llegamos a la GULA.

Extensión: 150 palabras MÁXIMAS  (título NO incluido). El TÍTULO debe contener una palabra de la lista 1 y además otra palabra de la lista 2.  Admitimos singulares/plurales y cambios de género (femenino/masculino) de las palabras propuestas.

LISTA 1 :  estofado – coleccionista – adicto

LISTA 2 : algas – viento – música

Gracias al jurado y demás votantes, por posibilitarme el paso a la siguiente ronda.

 

R3_Gula

Esta ilustración, que debía inspirarnos a los tragoncetes de turno, es de Susana Revuelta, echa un vistazo a su blog, una joyita…

http://estelasdetinta.blogspot.com

Publicado en ¡Jóvenes!, Esta noche te cuento

Te conozco bacalao, aunque vayas disfrazao

—¡5.000 pelas, tronca… vaya un marrón! Empezamos bien las vacas…
—Tranki, tía, que el picoleto venía rayao, ¡si nada más pararnos empezó la movida!… que si el cinturón, que si los papeles del buga, que si la ele…
—¿Y el rollo macabeo que nos largó después?, ¡que vaya pintas…… que si ya no hay valores… que dónde vamos a llegar… que si nuestros viejos supieran!
—No te comas el tarro, Sofi, nos tocó el chungo, el carroza… lo pagamos a medias y punto.

Con la multa en el bolsillo de sus vaqueros, Sofía y su chica retomaron el viaje hasta el hotel de la playa. Apenas llegaron a la habitación y sin ánimo para deshacer maletas decidieron ir a cenar. Salieron al tapizado pasillo y camino del ascensor dos hombres que llevaban idénticas intenciones. Uno de ellos, el más bajo, presintiendo que quizá había alguien en la retaguardia, retiró la mano del culo —enlatado en unos pantalones negros de cuero brillante— de su acompañante.
Sofía, adelantándose dos pasos deslizó su mano dentro del bolsillo de sus vaqueros y al tiempo que sacaba la multa palmeó con la otra el hombro del más alto… Lo reconoció enseguida, aunque ahora no llevase tricornio.

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