Se levanta temprano y como cada mañana, no hace la cama. Tampoco se quita el pijama, tiene la fea costumbre de acostarse vestido. Sale con frío, sin sus Nike, sin el Actimel; no se acuerda de alimentar sus defensas. Le acompañan; un palo, un saco y un pañuelo que su madre le ata al cuello. Era de su padre, ahora, él es el hombre de la casa… “cúbrete hasta los ojos, no respires el humo traicionero”.
Tras recorrer el largo camino, divisa la montaña, cuando se acerca, no hay mucho donde rascar, una veintena de niños se le ha adelantado.
Esta imagen no me ha sido difícil encontrarla, hay miles de ellas por la red. Una triste y desvergonzada realidad de la que TODOS somos culpables.
Elegido el 28 de marzo en Wonderland.




