Desde la escotilla del barco contempla un débil sol anegándose en las entrañas del mar, un mar que conoce demasiado bien; su inmensidad, sus colores, su frío infernal.
No sabe dónde está. No se acuerda que ayer la subieron a un bote ni que unas manos y manta cálidas cubrieron su cuerpo, tampoco que momentos antes un hombre sentado a su lado soñaba una vida nueva, mucho menos de los dos jóvenes que ateridos de frío buscaban calor en el otro, qué decir de la mujer que abrazada a su barriga se quejaba mirando al cielo…
De su bebé colgando de su teta reseca, de sus ojos hundidos de par en par; del sabor salado en su boca y de los cuantiosos gritos ahogándose en el agua, de eso, será imposible no acordarse.
Gracias al equipo de «Maria de Molina 24 Ediciones», por elegirlo.