Como una autómata se dirige a la cocina; lo encuentra apoyado en la mesa. Harta de renuncias coge el cuchillo y lo introduce hasta el fondo. La roja jalea salpica su cuello, resbala caliente por sus pechos. Vuelve a la cama. En el suelo, el tarro vacío de mermelada.
Se despierta; no está a su lado. Lo descubre en la cocina… Limpia el charco y el cuchillo. Apila los abusos y vejaciones, su último «foca», las lágrimas, el miedo, las ganas de morirse, y lo enrolla todo en una manta. La tira por ese terraplén, desconocido, de tan difícil acceso.

Microrrelato finalista el 7 de abril, 2018. Gracias al jurado del concurso por elegirlo.
Aquí, en la página del programa, podéis leer este y los de mis compañeros…

