Mes: enero 2014
Hoy, comemos.
Se levanta amanecido, por un camino angosto y frío llega a la gran montaña. Ya hay manos que buscan y rebuscan y que han madrugado más que las suyas. Pero ¡hoy está de suerte! encuentra un saco con algo dentro. Se lo lleva a la cabaña, veloz y complacido. Ya no siente sus pies descalzos y ateridos.
En la maltrecha olla el agua hierve sola a la espera de que algo se ahogue en ella. Qué importan los gérmenes, bacterias y demás bagatelas… cinco estómagos rugen, diez ojos de hambruna se escapan de sus cuencas. ¿Qué es eso?, pregunta el de la mirada más grande. Nadie contesta.
«Mamá tengo hambre» es el nombre de la pintura que me ha inspirado esta relato, su artista Luisa Olguín
¡Me siento tan mujer!
Le parecía increíble. Su pelo al viento mientras todo lo de abajo se hacía más pequeño. Las casas, los coches, minúsculos, como anclados en la carretera. Los caminos serpenteando montañas hasta donde le alcanzaba la vista. Se sentía libre, intrépida, dinámica, ¡volaba! Llevaba deseándolo desde los 13 y ahora con 45, gracias a su perseverancia, cumplía su deseo. Aún recuerda cuando las veía por televisión: qué envidia, poder sentirme como ellas, realizada, segura, más mujer. Y su madre y sus palabras de aliento… «No desesperes cariño, que aunque yo no lo haya conseguido, tú volarás algún día».
Y ahora, ansiaba el momento de pisar tierra y zampárselo a sus amigas, incrédulas y desconfiadas, esas que decían que eran mentiras, patrañas de la tele.
Los fogonazos de una descomunal tormenta que amenazan con anegarlo todo la despiertan. Azorada se levanta. El frío eriza su piel, se cuela por sus pies desnudos y sube hasta su sien. Siente un dolor agudo que le obliga a encogerse, corre hasta el cuarto de baño…
«¡Vaya, otra vez la regla, la maldita regla!»
La imagen es de Google





