Todas las mañanas, aprovechando que sale a la calle a fumarse el cigarrillo, me llama por teléfono.

Hace dos semanas que ha dejado de fumar.
Miraba las noticias en el telediario, cuando la ira ante unas imágenes, me hizo soltar un juramento.
-¡Mamá, gritó mi hija desde su habitación, no te hagas mala sangre, recuerda que esta tarde tienes que ir a donarla!
¿Una película de terror? deja, estoy viendo el telediario.
El pobre miró atónito el cubo de basura de la anoréxica.
La anoréxica miró con deseo los huesitos del pobre.