Sube cinco pisos hasta la azotea. Se sienta a coger aire. Segundos despuĂ©s se asoma a la calle. Divisa a ToñĂn pegándole una patada a un perro. A Rogelio, el kiosquero, persiguiendo a unos chicos como un loco. Avista en la puerta de la iglesia a un hombre sin abrigo tendiendo su mano al que pasa por su lado. Una moto desaparece a lo lejos mientras una señora se lamenta en el suelo; «¡Socorro, mi bolso!».
Cinco pisos despuĂ©s, entra en casa. Coge el bocata de nocilla y rompe la carta donde anunciaba a sus padres que habĂa suspendido cuatro.

¡Gracias, Wonderland, por elegirlo!


