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La clínica veterinaria

Querido Daniel… esta carta es para decirte que a mi corazón no le queda ya mucho tiempo. Pero no te pongas triste, estoy tranquila, sé que mi alma seguirá contigo. Y como no hay nada en el mundo que me haga más feliz, voy a disponerlo todo para que cumplas tu sueño.  

Me la imagino amplia, dotada de todo lo necesario. Y a ti, tan guapo, vestido con ese color azul que tan bien te sienta. Siempre supe que contigo sería diferente. Con tu padre no tuve suerte, siguió los pasos de tu abuelo.

La fotografía que te mando lleva conmigo veinticinco años. Ha llegado el momento de que la tengas tú. Os la hizo tu abuelo la vez que les acompañaste —apenas tenías siete añitos—, y ¡vaya si se empeñaron en que lo hicieras! Me emociona pensar que hoy la mirarás con otros ojos.

Muchos besos para tus peludos.

Te amo infinito.

Tu abuela.

P.D.: Igual no te acuerdas, pero yo no he olvidado la cara de tu abuelo cuando al enseñártela le preguntaste, cómo lo había hecho para que ese bambi tan grande que estaba entre tu papá y tú, se pusiera para la foto. 

Esta foto la he cogido prestada de la red… 😦

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La sonrisa

Se había especializado en razas extintas y al investigar la del planeta Tierra se sorprendió de la semejanza de los terrícolas —aunque de carcasa menos metalizada—, con los de su planeta. Según los datos de su PENTEX-Z91 los terrícolas fueron portadores de un disco duro que les capacitaba para el entendimiento, la comprensión y la habilidad para resolver problemas. Pero avanzando en su investigación desterró cualquier vestigio de inteligencia. ¿Cómo calcular si no la necedad de sus acciones? Las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero a la atmósfera destruyeron la capa de ozono propiciando su propio exterminio y el de todos los seres orgánicos. 

Mas sus sensores alcanzaron niveles máximos de temperatura al encontrarse con el primer plano de una terrícola y la mueca de esta. Al procesar la información descubrió que se necesitaban doce músculos para generarla. Lleva dos ciclos galácticos calculando cómo programarla.

Imagen copiada de la red

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Corazón congelado

Resolvimos cambiárselo a todos los terrícolas que restaban. En su lugar les trasplantamos otro fabricado con rosas de Jericó, bayas de açai y algas del mar Rojo. 

Pretendíamos que el nuevo comenzara a palpitar de forma rítmica, ya que el anterior latía frío, descomedido y desacompasado. Llevábamos tiempo observándolo. Ya no se partía ante un niño hambriento o una mujer desesperada. Tampoco se ablandaba delante de un indigente aterido ni de un perro desamparado en la calle. Mucho menos se encogía frente a la muerte de un bosque, la desaparición de alguna especie, la agonía de los mares o el deshielo de los casquetes polares. Aunque no nos extrañó especialmente, era de esperar que, tras tantos conflictos, injusticias, guerras, holocaustos y genocidios, el de venas, músculo y arterias, finalmente terminara perdiendo toda sensibilidad.

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Fantasía y sin razón

Confeccionaban sus propias alas. Tenían unas para cada ocasión y en todos los colores. Para pasearse por las ciudades, Sílfides se vestía las de polivinilo, iguales a los tubos, mangueras y mayoría de juguetes para niños, ya que soportaban tormentas, heladas y todo tipo de vientos. 

Las de poliestireno —ligeras y suaves al tacto—, Dríades las utilizaba para sobrevolar los bosques en las tardes apacibles y con sol. Sus favoritas eran las blancas, semejantes a los protectores de aparatos domésticos y las bandejas para hamburguesas. 

Las preferidas de las Oceánides eran las de polipropileno, idénticas a las bolsas, los envases de los yogures, las botellas del agua, del aceite, las pajitas… básicamente porque aguantaban muy bien el frío y la humedad. 

Sin duda, estas hadas eran las más chics y modernas de las leyendas mitológicas: les encantaba ir a juego con los Océanos, especialmente con el Pacífico.

Esta imagen la he tomado prestada de internet

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Doble fiasco

Viuda, sesentona y le encantaba Felisín, el hijo de su vecina. Muchas tardes pasaba por su casa, le daba de merendar, le llevaba al parque, jugaban en el césped. Sus larguísimas pestañas le recordaban a su hijo, pero a éste nunca le habló de querer a los animales, de respetar su vida en libertad, de proteger los árboles y que una cerilla podría traer mucho dolor…

Tenía catorce años cuando lo encontró capeando una muleta. Quiso quitarle importancia. Días después lo vio salir del pinar con una carabina y unos pájaros pendiendo de un aro sangriento.

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RELATO ENVIADO AL CONCURSO SOLIDARIO CINCO PALABRAS

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El Mar

Quizá ocurra mañana Sol, pero hoy por hoy, el hombre es tan humano que sigue cayendo en idénticos errores. Y por mucho que Luna insista, dudo que cambie. Mi azul no se encuentra bien. Sufro de empacho, Sol, demasiados años soportando tanta inmundicia, desigualdad y sinrazón.

Esta madrugada han vuelto unos cuantos. Me han despertado sus lamentos en un vano intento de abrazarse a mí. Estrella los alumbraba, penaba conmigo desesperada, mientras yo me colaba sin remedio en sus pulmones, ahogaba su aliento y definitivamente mataba sus sueños. Y así una y otra vez.

Photo de Vince Clinches. Greenpeace PhilippinesScreenShot2017-05-12at11.44.43AM-nlkhyfukjtp5877bxvezbs58hma2f79ddup6zeju34.png110a69be9e1f2c6889939d7c89888b21d919f8fd.jpgImagen tomada de Internet

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Verde no te quiero verde

Venían encerradas en unas mallas de plástico de un subidito color bermejo que te sugerían en el paladar sensaciones dulces y jugosas.

Otros aparecían envueltos en redes de nylon de un atrayente amarillo ambarino que te sumergían en un viaje gástrico y que comenzaba en las papilas gustativas hasta llegar al estómago.

Otras se alojaban en unas bolsas tipo rafia de un tono ocre siena. Las intuías de color pardo suave con toques dorados prontas para ser saboreadas al vapor o en tiras ahogadas en un ardiente aceite.

Una vez en casa, al tiempo que eran despojados de su disfraz y el efecto óptico se desvanecía, descubrías cuán prematuros estaban y la estafa en la que colaboraban, primero los recolectores y después los supermercados y tiendas… ¡Anda que no les faltaba a aquellas naranjas, limones y patatas, tiempo y sol para madurar!

naranjaverde.jpg

Microrrelato presentado en Entc que gira en torno al verde. Como veis en el mío esta todo muy  verde. 

Aquí podéis ver la pagina pratocinadora:

https://estanochetecuento.com/verde-no-te-quiero-verde-rosy-val/#respond

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¡Caos!

Nos lamentamos, hipócritas, de no haberlo visto venir, pero sabíamos que irremediablemente escaparía de la sombra que lo cobijaba. Que llegaría hasta los lagos, salándolos, treparía las montañas y la edelweiss dejaría de ser flor. Avanzaría hasta los bosques para agriar sus frutas. Vaciaría los parques de risas, de besos los hogares. Malgastaría sabores, perseguiría los colores, emponzoñaría la música.  Extinguiría los cuentos. Colmaría al hombre de incertidumbre, de aburridos pálpitos. Novios sin te quiero, caricias sin ancianos, juegos huérfanos de niños, sin perro.

El planeta ya no era de tierra, olía a desaparición.

Imagen

Esta impresionante foto pertenece a Sustentator.

¡Marchando otro despojito!

Micro presentado a la VII Edición de RelatosenCadena de La Ser

Publicado en Colaboraciones con Luisa Hurtado, Ecologistas, Fotos con letras, Microrrelatos animalistas

Tres textos para tres fotos, en casa de Luisa Hurtado

¡NO, NO LO TIRES POR EL FREGADERO!

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-¿Sabes cuánto puede contaminar eso?… Más de mil litros de agua por cada litro usado, que irá a parar al río y se quedará flotando en la superficie, impidiendo el paso de la luz y la oxigenación del agua. ¿Sabes lo costoso que es retirarlo… y a cuántos peces estarás matando?

-Pero, ¿qué quieres que haga con él?… si en este pueblo no tenemos reciclaje, ¡no habérmela regalado!, además me compraste la de tres litros, ¡la más grande!, ¿qué culpa tengo yo?

-Pues claro que es culpa tuya… de quién si no, la idea de poner “lista de boda”?, era el último regalo que quedaba… ¡la freidora, la maldita freidora! 

 

 

DESCANSO MERECIDO

Fotografía de Jose Luis Rafael

Tranquilo hijo, aquí no conocen la cecina, además estamos en peligro de extinción, ofrece tu mejor lado, ese señor tan solo quiere hacernos una foto.

 

¡INOCENTE!

27082013

«Voy a dar una vuelta mami, a lo mejor les veo»

Él había tenido suerte, a los demás se los llevaban antes de nacer.

Él tampoco sabía que ese olor a tortilla que frecuentemente salía de la casa, eran ellos.

 

 

 

En casa de Luisa Hurtado, su blog,  Microrrelatos al por mayor ,  las fotos son de Jose Luís Rafael,  que podéis admirar en PALABRAS, FOTOS, DÍAS 

 ¡Gracias, Luisa! ¡Gracias, Jose Luis!

Publicado en Colaboraciones con Luisa Hurtado, Ecologistas

Dicotomía

Dicotomia-Rosy-Juanlu          Acaba de despertarse, se despereza delante de la ventana, una bocanada de sol se detiene en su cara. A un lado, el jardín rebosante de primavera, le regala su primer aroma de la mañana. Risas de niños cabalgando en bicicleta, el peloteo en la cancha, el azul de la piscina rivalizando con un sereno cielo… le armonizan los sentidos. Al otro lado el pinar; árboles centenarios, acogedores caminos, algún corzo bailando el aire, ágiles ardillas explorando el suelo, la invitan a solazarse en él.

Se viste de chándal. Se monta en su coche.

Después de veinte kilómetros llega a la turbia ciudad. Recorre calles completas de vehículos hasta aparcar el suyo. Tras quince minutos a pie por el rígido e impasible asfalto, se mete en el gimnasio. En cuarenta metros cuadrados y con diecinueve personas, entrena durante un par de horas. El bochorno, el ambiente, el sudor, agobiantes, se cosen a su cuerpo. Extenuada, espera a la cola para darse una ducha.

Llega a casa. La miran al pasar… el aire, los pinos, los pájaros, las rosas…

Ella es humana, tremendamente humana.

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Si tienes un microrrelato con temática ecologista, ponte en contacto con Luisa, su blog……

 Microrrelatos al por mayor

Gracias por tu generosidad, por este proyecto tan hermoso.

La ilustración es de Juanlu, si quieres ver más joyitas, visita su blog …

ilustraciones para un loco

Publicado en Colaboraciones con Luisa Hurtado, Ecologistas, Microrrelatos animalistas, Microydibujos con Juanlu

I Carrera Verde por Relevos, libro digital

I Carrera Verde Digital Un proyecto de Luisa Hurtado Gonzalez, Microrrelatos al por mayor.

http://issuu.com/microsalpormayor/docs/icarreraverde/1?e=7323026/1865233

Ilustración de Sara Lew de Microrrelatos ilustrados

Recojo el testigo de Nicolás Jarque (escritor), El rincón de Nicolás Jarque, y continuando con sus últimas palabras…

POR UNA AMIGA… CASI TODO

Como recogen las hemerotecas y todos deberíamos estar de acuerdo, “la emisión de gases contaminantes, afecta directamente al ecosistema, siendo el humano el máximo responsable”. Pues bien, estaba decidida a aportar soluciones, empezaría ese mismo día a sumarme a ese reto de la no contaminación ambiental, por otro lado objetivo imperante en la comunidad suiza.

Quería celebrar su cumpleaños y hacer una gran fiesta. Cuando me pidió que la ayudase con las últimas compras le sugerí hacerlo con el transporte público. Salimos de casa y acompañadas por un debilitado sol nos dirigimos a la carnicería. Los ingredientes para una paella nos aguardaban. Un italiano y fornido carnicero me entregó dos bolsas, al tiempo me informaba; que en una había metido 14 muslos de pollo y en la otra 12 patas de conejo.                                                                            

Cuando salimos de allí, algodonosos copos de nieve empezaban a caer sobre nuestras cabezas. Diez grados bajo cero nos acecharon hasta la parada del tranvía. Sonreí al ver, como si de una postal se tratase, a dos ciclistas y sus mochilas paseando por la ciudad, ignorando ese manto blanco que los envolvía. Me sentí en desventaja… “siempre hay alguien que hace más que tú por el medio ambiente”.        

Ella caminaba delante con más bolsas. De pronto se giró, y, no sé qué notó en la única parte de mi cara que no iba tapada, porque me preguntó: “¿Estás bien?” .Como pude, saqué la nariz del escondite de mi bufanda. De una acobardada garganta, miedosa a que se le congelara la voz, se escapó un tolerante… Bueno… podría estar mejor, teniendo en cuenta que en una mano llevo 7 pollos y en la otra 3 conejos… ¡descuartizados!”.                                      

Creo, que en ese mismo instante, mi mejor amiga cayó en la cuenta de que yo era vegetariana.

Le paso el relevo a mi compañero, Juanlu, Ilustraciones para un loco

¡¡¡SUERTE!!! , ¡¡¡vamos kiwis!!!

Y esta es su magnífica aportación, gracias Juanlu, su blog http://dididibujos.blogspot.com.es/

lustración de Juanlu
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Flora

Me llamo Flora y he vuelto a caer… he pasado por un escaparate y no he podido resistirme; ¡me he comprado otro bolso!

Los bolsos me fascinan y no concibo salir a la calle sin uno, ¡eso sería como salir desnuda! Aunque la lenguaraz del quinto dice que en ese caso, bien podría taparme con tan solo uno… por lo poquita cosa que soy.

Mis amigos y familiares saben que si me quieren hacer feliz, pueden regalarme alguno. En el fondo les hago un favor, conmigo las Navidades y cumpleaños no son un quebradero de cabeza. Aunque a veces me encuentre con dos iguales y haya que cambiarlo. Como aquél de rayas que me regaló mi primer novio, entre berenjena y zanahoria, difícil de definir. Lo descambió, sí, ¡pero por uno rojo amapola chillón! Llevábamos cinco meses saliendo y aquello no prosperaba… y qué iba a esperar de alguien que regalaba bolsos así. Yo lo tengo muy claro, dime qué bolso me regalas y te diré cómo eres. Una mañana le escribí decidida: “Te dejo, tu corazón está como mi bolso, plastificado”. No sufrió mucho, esa misma noche mi hermana le vio por ahí, de juerga con otra.

Los marrones son mis preferidos. Los tengo en todos los tonos: tierra, chocolate, canelo. Mi buen amigo Ramiro, médico y pacifista, me trajo uno, color café, de Tetuán. Se marchó a Suiza para no hacer la mili y ¡mira por dónde! se fue a enamorar de la hija de un alto mando de la Fuerza Aérea. Se mosquea conmigo, siempre que le recuerdo, que gracias a las armas conoció al amor de su vida.

Mi madre dice que los bolsos tienen que ser bien grandes. De sus vacaciones en Egipto, me trajo uno en el que se me pierde el móvil, la cartera y nunca encuentro las llaves. No lo sabe, pero lo uso como bolso de viaje.

Los azules también me gustan, desde el marino, cielo, turquesa, hasta el pizarra. Excepto el azul real. Como el que me regaló mi prima, que por cierto aún no he estrenado, posiblemente por su tono aristocrático. Nunca me gustaron los disfraces de reinas ni princesas, ¡ya de pequeña apuntaba maneras! Cuenta mi madre, que esa animadversión hacia lo monárquico la heredé de mi abuela, ahora acrecentada gracias a un rey, que no contento con la crisis que reina en nuestro país, se fue a cazar paquidermos a Botsuana… aparte de ser una indecencia, ¡vaya un curioso y lujoso hobby!, nada apto para cualquier bolsillo.

Otra que me regala bolsos es Susana, una amiga de mamá. Habla hasta por los codos y siempre con sus eternas preguntas: «que si tengo novio, que porqué no me caso, que cuándo voy a hacer abuela a mi madre». Por dios, le contesto con cierta vehemencia… «¡yo no pienso tener hijos, o por lo menos hasta que la maternidad no llame a mi puerta!»

Pero volviendo a mis bolsos, tengo muchos en color verde, en todas sus gamas: musgo, menta, pistacho, militar… vaya, militar, como mi segundo novio… ¡qué recuerdos! Me regaló un Miu Miu, carísimo, pero saliendo de la zapatería donde fui a comprarme unos zapatos que le hicieran juego, le vi con una del brazo… ¡era un hombre casado! Aunque estaba bastante enamorada de él, decidí dejarle. Entonces me convenció de que se divorciaría. Pasaron cuatro meses y yo seguía esperando, ¡ingenua de mí! Pero de nuevo la casualidad se puso de mi parte… ¡volví a pillarle y esta vez, no con su mujer! Despechada se lo dije a ella y le puso la maleta en la puerta. El padre de la otra, que también desconocía su situación, amenazante, le leyó la cartilla y huyó de la ciudad. Por supuesto que las tres salimos ganando.

Tengo varios blancos, pero mi favorito es uno que no es de piel, me lo regaló mi mejor amiga que ahora es vegetariana. Viendo un documental descubrió cómo mataban a las focas bebé para arrancarles la piel, desde entonces ni come carne ni usa pieles de animales.

Los negros me encantan; lisos, con flores, en bandolera, con asas, en mochila, de fiesta. El último que me regaló la hermana de mamá, es para eventos elegantes. Es la mujer más besucona del mundo. Cuando éramos pequeños, nos escondíamos cada vez que venía al grito de: «¡que viene la tía Aquilina!». Fiel a su costumbre, me los sigue regalando negros.

También los tengo grises, como uno en marengo, precioso, que me regaló Gregorio, mi tercer novio. Paseábamos una tarde fría y lluviosa cuando un viento fuerte me lo llevó y fue a parar a un charco. Me puse histérica, mi preciado bolso dentro de aquél lodo, nunca recuperó su color, su textura. Se me puso blandengue, como Gregorio, que me confesó que no podía superarlo, que mis bolsos le perseguían, que soñaba con ellos. ¡Qué ridícula excusa!, a los pocos días le vi con Matilde, esa no tenía tantos bolsos como yo, pero sí dos poderosas razones. Mi hermana para consolarme me trajo uno amarillo, decía que de existir el alma, ese sería su color.

Por culpa de los bolsos me dejó Gregorio, y gracias a eso he conocido al hombre de mi vida, me da que éste es el definitivo, además de tener muchas cosas en común conmigo, ¡tiene una excelente boutique de bolsos!

Para mí el bolso, más que un objeto, es una prolongación de mí misma. Él es importante por todo lo que lleva dentro; el perfume que me identifica, algunas de mis fotos favoritas,  direcciones y teléfonos de mis seres queridos, la agenda que me recuerda lo puntual, caramelos para endulzar un momento amargo, el bolígrafo y la libreta siempre prontos cuando me asalta una idea, la apasionada historia que me alimenta hasta que una nueva la reemplaza, la llave del buzón donde siempre espero encontrar buenas noticias, pañuelos para enjugar la emoción…

Por cierto, no me molesta que digan que soy una mujer a un bolso pegada, ¡me gusta ese aire quevediano!, porque aparte de los bolsos, y al igual que el maestro de la sátira, poseo un inagotable sentido del humor. Seguro que estáis de acuerdo conmigo con aquél refrán que dice…

«Más vale bolso en mano, que cien cosas dispersas por los bolsillos».

Flora nació para una despedida de curso. Quise hacer algo jovial. La original llevaba los nombres de mis compañeras, solo he obviado eso y algún detalle que ahora no viene a cuento. Si con Flora consigo sacarte una sonrisa, aunque sea fugaz, me daré por satisfecha.

Publicado en Colaboraciones con Luisa Hurtado, Ecologistas, Microydibujos con Juanlu

DICOTOMÍA

Acaba de despertarse y se despereza delante de la ventana, una bocanada de sol se detiene en su cara. A un lado, el jardín rebosante de primavera le regala su primer aroma de la mañana. Risas de niños cabalgando en bicicleta, el peloteo en la cancha y el azul de la piscina rivalizando con un sereno cielo… le armonizan los sentidos. Del otro lado, un pinar; árboles centenarios y acogedores caminos. Algún corzo bailando el aire y ágiles ardillas explorando el suelo que la invitan a solazarse en él.

Se viste de chandal. Se monta en su coche.

Después de veinte kilómetros llega a la turbia ciudad. Recorre calles completas de vehículos hasta aparcar el suyo. Quince minutos a pie por el rígido e impasible asfalto la separan del gimnasio. En cuarenta metros cuadrados y con diecinueve personas entrena durante un par de horas. El bochorno, el ambiente, el sudor… agobiantes se cosen a su cuerpo. Extenuada, espera a la cola para darse una ducha.

Llega a casa. La miran al pasar… el aire, los pinos, los pájaros, las rosas…

Ella es humana, tremendamente humana.

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