Publicado en El amor y sus cositas, Esta noche te cuento, Premios y Regalos

La añada

No es del pueblo, lo acaba de descubrir y le gusta. A ella le atrae lo de fuera, lo diferente. Y no hay rubio con ojos azules que no la encandile. Pero este también se irá—en cuanto acabe la cosecha de la uva— dejándole una pena casi tan grande como el chasco que se llevará cuando compruebe, pasados unos cuantos meses, que tampoco su cosecha heredará sus rasgos; será moreno, igual que ella, con los ojos negros, como los de ella. Y ya van tres.

Imagen prestada de la red

Premiado en «Esta Noche Te Cuento»

Publicado en ¡Jóvenes!, El amor y sus cositas, Esta noche te cuento

Hola y Adiós

Quise irme de allí, de su lado y cariño, a un lugar cualquiera. No era mi momento. De lazadas ni de alianzas. Y tras hacer añicos su corazón le eché un pulso al mío y a mis veintidós primaveras. Cuando embarré bien mis botas y mis faldas se enredaron entre cardos y mil espinos, la melancolía, ávida de sus besos, me aconsejó retornar a sus brazos.

Llamé a su puerta. Me abrió una mujer delicada y serena. Una pitusa alojada en su regazo me trajo su mirada aceituna; un querubín aferrado a su pierna su ensortijado pelo. Pregunté por él pero no necesité respuesta… seis ojos me desvelaban que yo había muerto. Recogí mi turbación del felpudo, el bochorno de mis mejillas y partí de nuevo, pero mi estupidez todavía sigue allí, delante de su puerta.

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Desde siempre. Para siempre

Se conocieron en el instituto y la universidad separó sus vidas. Años después, Julia se casaría con un aspirante que la acomodó como sus padres pretendían. A Benita, uno que decía amarla, la abandonó dejando su vientre ilusionado. 

Hoy el tiempo las ha encontrado en un hogar para ancianos. 

Pasan las tardes en la biblioteca. Julia desde su sillón se esconde tras su abanico. Benita no pierde detalle y disimula pasando las páginas de un libro. 

Si la una se levanta la otra le sigue detrás. También al acostarse piensan la una en la otra. Julia promete que mañana se sentará a su lado; le dirá que sus ojos azules le recuerdan a alguien que una vez amó. 

Mas esa madrugada la salud le dicta sentencia. 

Una tarde más Benita acude a la biblioteca, pero hoy hace nueve días que nadie va tras ella. ¡Cuánto le pesa no haberle dicho a Julia que su voz le recordaba a alguien que una vez amó!

Sin embargo, el desconsuelo y el alba se compinchan y citan a las dos amantes. De seguida, un par de margaritas deshojadas de vergüenzas cayeron del cielo y dos eufóricos «me quiere» estremecieron la residencia. 

Imagen copiada de internet

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El accidente

Me paso la vida amándote. No hago otra cosa que soñarte. Hurgando en tus rincones…, pero mi pasión se doblega cada vez que suena el timbre de la puerta. 

Entras. Mis ojos hambrientos husmean debajo de tu blusa. Tú apenas me miras. Coges la pizarra. Mis manos viajan por tu cuerpo. Te sientas con desgana doblando tus kilométricas piernas. 

Recuerdo que antes… las cruzabas despacio. Me descubrías un paisaje desnudo al que mi lengua embriagada y lasciva sucumbía sin voluntad. Ahora no. Ya nunca juegas a esconderlas en el bolsillo de mi pantalón. Ahora siempre las llevas puestas.

Empezamos los ejercicios del logopeda. Y mientras yo muero por ser la tiza en tus manos, tú bostezas aburrida vigilando el tiempo en tu muñeca. 

Sé que te cansarás muy pronto de empujar mi silla. En cuanto mis pies, huérfanos de pasos, dejen de ser tu remordimiento, compromiso y culpabilidad. Pero hasta entonces, ¡qué te costará mentirme un simple «te quiero»!  

Esta imagen la he cogido prestada de internet

Relato presentado en la Lemca (Liga de Escritores de Microrrelatos por Comunidades Autónomas), las zonas picantes son exigencias del guión.

Publicado en El amor y sus cositas, LEMCA de Esta noche te cuento

Es culto, guapo, educado y ¡quiere presentarme a sus padres!

Al fondo del camino, acotada por ingentes cipreses, diviso una casa que crece según nos vamos acercando. En vano busco otra, algo más pequeña. 

Aparcamos frente a una escalinata donde descubro a cuatro personas uniformadas. Bajamos del coche y una pareja se nos acerca. Me aferro a su brazo, perpleja y nerviosa, tratando de que no se me caiga al suelo el ramo de flores que traigo para sus padres. 

«Tranquila, cariño, vas a encantarles». 

Él; elegante, alto, bien parecido, me extiende su mano segura. Ella; chaparrita, con lujoso traje Chanel, cara acecinada, prominente barbilla, ojos saltones, generosa nariz, exquisitamente maquillada y peinada, me abraza emocionada.

A la vuelta de la inolvidable y maravillosa jornada, le reprocho que me ocultase que su familia era rica.

—No lo consideré importante —contestó tajante—, pero… ¡a que mi padre es un fenómeno y mi madre, adorable y guapa!

El amor de un hijo por su madre, una cruzada que no estaba dispuesta a batallar. 

—Sí, tu padre es encantador y tu madre adorable —y mordiéndome la lengua añado—, y guapa… ¡muy guapa!

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Liberación

Se levanta rara, contradictoria. Cuando se acerca al espejo observa cierto brote de conformismo durmiendo en sus ojos. Se detiene en su boca y descubre miríadas de besos  por estrenar. Toma aire, lentamente, y como por arte de magia se desvanece la autómata que la tenía secuestrada. Apiña los sermones de su madre. Los mandamientos de su padre. Los malos humos de ambos. El repintado rosa chicle de su habitación —que lleva padeciendo desde su séptimo cumpleaños—, y tira de la cadena. Después se borra de su grupo de wasap «Las parranderas». Ya está harta de sufrirlas cada finde tiradas en la calle. También de los botellones. Le están costando un ojo de la cara y ella solo bebe cocacola. Queda con Fidel. Se lo dice sin tapujos. Que no le molan nada los ramos de rosas, que ella es más de macetas al sol, con su tierra y su aire. Que está harta de aparentar y fingir orgasmos. Que se muere de ganas por entrar en el bar de su calle, dirigirse a la barra y tras sortear los dimes y diretes del personal llegar hasta Soraya y entregarle un corazón abrazado a los colores del arcoíris.

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El hombre bala

No pudo encontrar la paz; quizá tampoco la buscaba. Momentos antes un público expectante de emociones fuertes le esperaba. Tras el silencio mortuorio respiró profundo, un olor a tulipanes frescos, el preferido de su amada, inundó toda la cápsula. Pensó en ella.
«Esta noche le daré la sorpresa. Llegó el momento de dejarlo; está será mi última actuación».
A la voz de «cinco, cuatro, tres, dos, uno» salió disparado. Repentinamente se desinflaron sus alas. Fue asombroso verla desde el aire del brazo del domador. Antes de estrellarse contra el suelo ya estaba muerto. Cada año, en el mismo sitio, florecen cinco tulipanes púrpuras.

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Micro presentado en ENTCerrados, para Esta Noche Te Cuento. Frases obligatorias «no pudo encontrar la paz», para el inicio. Para cerrarlo… «cinco tulipanes púrpuras».

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Vox populi, finalista en Wonderland

«Pilar, necesito verte… tengo que contarte algo muy importante».
Al escuchar el mensaje que mi mejor amiga me había dejado en el contestador barajé dos opciones:
«O tenía que repetir la última mamografía… o que una de sus célibes hijas tenía que casarse de penalti».
¿Qué otros motivos tendría una cincuentona, bien situada, devota cumplidora, sufridora, abnegada madre y obediente esposa, para alarmarme?

Me abrió la puerta entre sollozos. Frente a una taza de tila me confiaba, ingenua, lo que yo jamás hubiera osado revelarle…
«Don Teófilo me mintió, un hombre sí puede separar lo que ha unido Dios».

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El tren de las cinco

Se hartó de ilusionarse con sus llegadas, de emocionarse con sus partidas, de hurgar en sus maletas, de escuchar sus insinuantes silbidos…

Cerró los postigos y alisó los cenicientos visillos, se apartó de la ventana. Desatrancó los pesados cerrojos y en el descansillo, junto al cubo de enmohecidas esperas, abandonó su desganada maleta, un vino caduco y las dos copas sobre la mesa. Huyó en sus babuchas dejando la puerta de par en par.

Llegó justo cuando pasaba el de las cinco… y de sus nubladas sienes se esfumó, para siempre, un lacerante recuerdo:
«Espérame amor mío, volveré».

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¿Fingir?, no eternamente.

Invité a unos amigos a la casa de la playa, antes de venderla quería despedirme de ella; celebraríamos allí la Noche Vieja y la última Navidad. Les propuse que podían venir acompañados, yo, a cambio, y teniendo en cuenta que la cocina no era mi fuerte ni me consideraba una buena gourmet, me esmeraría en preparar suculentos y originales platos.
Sentados a la mesa y frente a mí, Álvaro, recién llegado a la ciudad a quien no conocía ni quité ojo durante toda la cena. Venía con Laura, mi mejor amiga, un tanto compungida porque había roto con Raquel. “Alguien que come con tan buen gusto, tiene que ser un buen amante” pensé de él antes de llegar a los turrones. Y lo comprobé. Apenas una semana más tarde, entre plato y plato, nos estábamos jurando amor eterno.
Cambié de opinión y descolgué el cartel de “Se vende”. Pasábamos días enteros en la casa y como buena anfitriona me afanaba en una faceta que nunca antes me interesó lo más mínimo. Estaba encantada, mi enamorado no le ponía un pero a mis recetas y empecé a sospechar si no llevarían razón quienes aseguraban que a un hombre se le conquista por el estómago.

Se acercaba mi cumpleaños. Aquella mañana marcera se presentó en mi apartamento con dos regalos. El primero, al tiempo que me entregaba un ardiente beso, me lo deslizó en el dedo. El otro, venía envuelto en un papel rojo pasión; en su impresionante portada podía leerse: “Grandes Chefs”

Me quedé de piedra cuando vi que, en la parte inferior con estiladas y doradas letras, aparecía su nombre.

Relato para el concurso de #CuentosdeNavidad de Zenda Libros

http://www.zendalibros.com/concurso-cuentos-navidad/