Publicado en Esta noche te cuento

La pintora y el barbero

Hoy se levanta excitada, con deseos de pintar un cuadro. Se despereza asomada a la ventana y milagrosamente lo ve entrar. Presurosa baja y cuelga el cartel de “cerrado” en la puerta.
Sube a su cuarto emocionada, se quita la ropa interior, se ciñe un vestido y unas sandalias rojas. Antes de salir admira en las paredes sus retratos, ¡son su única pasión! Acaricia el último; lo pintó apenas hace un mes. Le gusta la fuerza que imprime su color favorito, un toque de vida casi real a sus protagonistas.

Armada de pinceles, paleta y lienzo se sienta frente al espejo. Clava sus ojos en el atractivo y desconocido joven. Cruza las piernas, con un impúdico movimiento las separa, despaciosamente las vuelve a cruzar. Él la mira nervioso y traga saliva. Su marido, celoso y herido en su agravio, al que no se le escapa uno, no tarda en deslizar la tajante navaja…
Eufórica y rauda va a por la palangana; aguarda inspirada a que la glutinosa y caliente pintura del modelo cuaje…

Sweeney-Todd-El-barbero-diabolico-de-la-calle-Fleet-Cartel-714x520Imagen perteneciente a la película «El Barbero Diabolico de la Calle Fleet»

Publicado en Cincuenta palabras, Viejitos

Quid pro quo, en el libro de «cincuenta palabras»

Se le cayó la gorra cuando trataba de colocar un tablero carcomido a modo de puerta en su casi derruida cabaña. Fui a recogérsela, entonces, nos miramos a los ojos. Lo traje a casa. Me confesó que jamás había vivido en una, y yo… que nunca había tenido un abuelo.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAImagen tomada de la red.

http://www.cincuentapalabras.com/2015/06/quid-pro-quo.html

Publicado en El amor y sus cositas, Esta noche te cuento

Candidato equivocado

Esta noche se lo pediré, le diré… que me ha llegado el momento.

Las sensuales luces, en el rincón más íntimo de la habitación, rivalizaban con el champan helado. En una halagüeña caja corazón y haciendo juego con mi vestido, sus bombones favoritos. Mi sujetador y unas sugestivas braguitas, aguardaban, embriagados, con el último perfume que él me regaló. Mientras Albinoni cortejaba nuestras bocas, una celosa luna luchaba por interponerse entre los dos. Aprovechando que la pasión se ponía de mi parte, le susurré mimosa…
“Necesito sentir algo de los dos y acurrucarlo entre mis brazos”

Repentinamente… unas cegadoras luces cañonearon mis corneas. Un desafinado adagio retumbó en mis oídos. Un vulgar espumoso y un sucedáneo de chocolate caducaban… cuando su voz, como un jarro de agua fría, me espetó insolente;
“Vale, ¡cuándo empezamos a ahorrar!”

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