Publicado en Con mucha miga

Una dulce y rosada venganza

 

¡Justo hoy se me pegan las sábanas! Me levanto como un rayo. Ultimo mi equipaje. Compruebo grifos y ventanas, llamo a un taxi y meto en el bolso el sobre para Mariano, el albañil. Anoche le llamé a casa pero no estaba, hablé con Marisi, su mujer y le dejé un recado; antes de partir le acercaría lo acordado por el arreglo del cuarto de baño. Siempre que puedo les echo una mano, están pasando una mala racha; Mariano se ha quedado sin trabajo y a ella le han reducido la jornada. A las mellizas les compré unos cuentos, lápices de colores y unos petisuis de fresa, sus preferidos.
El portero me apremia por el telefonillo; el taxi espera, la maleta y mis pies vuelan con idéntica prisa.
Estoy en la puerta de embarque, el avión sale en media hora, y solo al buscar el pasaporte me doy cuenta de que ¡el sobre de Mariano sigue en mi bolso!
Llego a mi destino y les llamo excusándome por mi involuntario olvido. Espero al lunes para ingresar el dinero en una cuenta que ella, cortante y con enojo mal disimulado, me indica.
Han pasado tres meses cuando vuelvo al piso de la playa pero… ¿qué le ha pasado a mi puerta?, en vano busco la cerradura. Acerco mi nariz… me huele a algo familiar que no consigo desvelar. Solo al ponerme las gafas descubro que un cuarteado y suave rosa embadurna lo que era mi preciosa puerta de nogal.

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Publicado en Esos locos bajitos, Microrrelatos indignados

Malditos recortes

Nada más llegar se lo dije al de la puerta, que eras asmática.

El médico ha salido por una urgencia… ya, pero es que mi niña… cálmese, señora, vendrá enseguida, está solo, con esto de los recortes … entonces me la llevo al hospital… el médico vendrá enseguida…. pues llámeme a una ambulan… pero tendría que pagarla usted… ¡pero si ya pago a la Seguridad social…! pues entonces siéntese que solo son cinco minutos… ¡pero si ya llevamos más de quince!, ¿quién atiende las urgencias?… pues el médico… pero si no está, ¿quién atiende a mi… señora que ya se lo he dicho, el médico llegará en… claro ¡si fuera su hija… no empecemos, qué tendrá que ver que… no voy a repetírselo más, mi niña está mal… pues entonces señora llame a un taxi… ¿y quién lo paga? yo no puedo… ni yo, ¿qué se cree? me han reducido la jornada… por Dios, cuándo viene el doctor… y mi mujer está en paro y tengo cinco bocas que aliment… ¿viene ya de una puñetera vez…? y apenas puedo con la hipoteca y encima mi suegra en silla de ruedas… por favor, cállese ya, me está empezando a doler la… y le han denegado la asistencia… ¡mañana mismo les pongo una denuncia!… y dele señora… qué culpa tendré yo… ¿no ve la carita que tiene mi niña?… igual es que tiene sueño, verdad chiquitina que tienes… ¡oiga, que yo conozco a mi hija, voy a llamar un taxi y que lo pague quien sea… señora, mire, por ahí viene el médico, ¿ve? ¡ande entre!

Parecía cansado, te desnudé, te acarició la carita y te auscultó. Ya no recuerdo si le dije que eras asmática. Te puso una inyección para bajarte la fiebre, tenías 39. Te dio un jarabe. Me dijo que no me preocupase, que te pondrías bien y que por la mañana pidiera cita con el de cabecera.

Pero esa madrugada te ingresamos en urgencias, cuando volví a verte, tus hoyuelos habían desaparecido, tus mejillas no tenían color, ni tus ojitos azules estaban abiertos. Tu padre ha denunciado al centro de salud, al médico, al celador, lleva semanas en los juzgados. Hoy hace un mes. Llevo treinta días y cinco horas sin ganas de vivir, sin coraje. Me has desheredado de consuelo. La abogada me dio el nombre de ese jarabe, lo he conseguido en pastillas, he comprado dos botes, ya sabes, yo también soy asmática…

imagesLa imagen es de Google

Publicado en Con mucha miga, El amor y sus cositas

Mi novia y mi madre

Están a punto de conocerse, pero antes incluso de estar frente a frente, sus mentes empiezan a cavilar, casi al mismo tiempo, y a escudriñarse de arriba abajo:

«¿Le gustaré? Tengo que caerle bien, que la primera impresión es muy importante. Desde aquí parece mona; a ver si de cerca… aunque creo que se parece un poco a la anterior, ¡vaya lagarta! un día más y nos lleva a la ruina. ¡Ay, mi pobre niño! Tendré que averiguar si fuma, qué persigue y qué clase de valores le inculcaron sus padres. Esta misma noche les invito a cenar a casa… ¿cuál será su plato preferido?… de lo que estoy segura es de que bebe»  

«Ya verás, fijo que no le gusto. Jo, ¡vaya miradas!, me está taladrando. ¡Si ya me habían advertido mis amigas! pero tranquilas, que mañana mismo empiezo a mirar… Será lejos, sobre todo de este barrio, ¡qué digo!, en otra ciudad. Al principio iremos a verla una vez al mes, con eso será suficiente. Más tarde solo iremos en Navidad y quizá también en Semana Santa. Porque yo estaré ocupadísima criando a mis… tres, si, tres hijos serán suficiente. Por cierto, ¿le llegará la pensión para pagarse esa residencia que acaban de abrir en Zamora?»

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