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El comienzo de un cambio dietético

Aquel verano del 75 significó para Rosalía, una niña de doce años y de calles enlosadas, un cambio importante en su vida. Despertarse con el sol en la cara; trepar por las higueras; recoger huevos; jugar con Copito; ver a sus abuelos trajinar con las cabras, gallinas, cerdos… llegaba a su fin. Lo entendió al ver el Chrysler 180 aparcado bajo el gran olivo. Su padre le pareció menos alto y su madre, con su Chanel Nº 5 rivalizando con el olor a tierra, brevas maduras y caca de vaca, algo más delgada. 

Partirían después de comer y quiso despedirse de Copito. Lo encontró en el establo. Sus orejas pendían de las manos de su abuelo. Sus patitas bailaban el aire y bruscamente su cuerpo se paralizó. Después, unas palabras sonrientes que no acertó a digerir…

«¡Hoy comida especial, que han venido los papás!».

Apareció sobre la mesa envuelto en granos de arroz. El dolor, prisionero en un por qué infinito, clausuró su estómago.

Con el martilleo de los tenedores contra los platos aumentaron sus náuseas. 

Cuando la rabia se transformó en congoja y sus ojos consiguieron escupir sus lágrimas, tomó una decisión.  

Este precioso conejito, lo he tomado prestado de la red

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Teníamos… unos amigos animalistas

Todo terminó entre las dos parejas de amigos una semana después de que una de ellas aterrizara de su luna de miel. Luna de miel que disfrutaron durante siete kilométricas semanas visitando el país. Opinaban que realizar viajes allende los mares, de interminables horas, agotadores vuelos y pesadas escalas —teniendo en cuenta lo que aún les quedaba por descubrir dentro de nuestras fronteras—, no tenía perdón ni explicación. Recorrieron España de este a oeste, desde el  norte hasta Andalucía y allí se enamoraron de Sevilla donde llenaron de souvenirs el maletero de su ranchera para familiares y amigos.

—¡Pues no entiendo por qué se han ido así!, exclamaba Roberto con cara de asombro ante la estampida de Manuel y Chema.  

—¡Yo tampoco sé qué mosca les habrá picado!, se extrañaba Pilar con la boca abierta de par en par.   

—¡Están tontos o qué! Regalarnos tamaña barbaridad, ¡precisamente a nosotros!, ¡y de la Maestranza… con sus banderillas y todo!

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Corazón congelado

Resolvimos cambiárselo a todos los terrícolas que restaban. En su lugar les trasplantamos otro fabricado con rosas de Jericó, bayas de açai y algas del mar Rojo. 

Pretendíamos que el nuevo comenzara a palpitar de forma rítmica, ya que el anterior latía frío, descomedido y desacompasado. Llevábamos tiempo observándolo. Ya no se partía ante un niño hambriento o una mujer desesperada. Tampoco se ablandaba delante de un indigente aterido ni de un perro desamparado en la calle. Mucho menos se encogía frente a la muerte de un bosque, la desaparición de alguna especie, la agonía de los mares o el deshielo de los casquetes polares. Aunque no nos extrañó especialmente, era de esperar que, tras tantos conflictos, injusticias, guerras, holocaustos y genocidios, el de venas, músculo y arterias, finalmente terminara perdiendo toda sensibilidad.

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La bulldog

No estoy contenta con mi diseño. No sé de quién fue la idea de hacerme tan desproporcionada. De crearme unas patas tan fuertes y sin embargo tan cortas que me impiden correr ligero. Me agoto rápido —las diminutas fosas nasales de mi enorme cabeza no admiten el aire que necesito para poder llenar mi descomunal pecho—. En verano no quiero salir hasta que bajan las temperaturas. Además, por culpa de la también robusta morfología de mi compañero, no podemos aparearnos. Me preñarán artificialmente, y tras una gestación complicada, daré a luz un único espécimen, posiblemente y gracias a una cesárea.  

Dedicado a Lola, la Bulldog que me ha chivado cada palabra de este relato y que yo corroboro cada vez que la veo salir de paseo.

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Paseo infinito

«A estas edades no es prudente separarlos de sus seres más queridos». Nos advirtió su médico. Pero el reglamento de la residencia, ajeno a las necesidades de su corazón, no permitía que Golfo viviera con ella. 

Ya no sabía qué hacer para consolarla, su añoranza como su mal iban en aumento y una nebulosa madrugada se apagó su luz.   

Él tendió sus huesos en el quicio de su puerta, tres semanas más tarde se fue en busca del faro que le veló durante catorce años.  

Que algunos se escandalizasen y que otros me lo reprochasen, no me importó, yo sabía que mamá lo aprobaría y en la vasija donde ella guardaba sus chucherías mezclé para siempre sus almas convertidas en ceniza. 

Un radiante día de primavera y bajo la mirada cómplice de pinos y encinas, los eché a volar. Un halo travieso los arremolinó y entre jaras, aliagas y cantueso, retomaron juntos sus largos paseos.

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Todas contra mí

«Esto se está saliendo de madre. Como sabe que soy soltero, la del quinto ha empezado a provocarme colgando en el tendedero sus picardías, tanguitas y sujetadores embadurnados de un pachuli rancio insoportable. Lo que no sé es cómo se ha enterado la del cuarto que soy asmático, por eso cuelga sus mandiles y sus arcaicos calzones apestando a lejía. ¿Y la del tercero? todo el día desconcentrándome con ese maldito e insufrible bakalao, ¿quién le habrá dicho que soy escritor? Tengo que hacerlo. Antes de que termine septiembre y empiece la matanza del pobre cerdo y la del segundo se entere de que soy vegetariano y se ponga a colgar chorizos y jamones en la terraza, me piro de esta casa, pero de madrugada y con la cachaba nueva, por si hay que zurrarle a la del bajo que sé que me espía por la mirilla cada vez que salgo al descansillo».

Esta imagen la he tomado prestada de la red

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Doble fiasco

Viuda, sesentona y le encantaba Felisín, el hijo de su vecina. Muchas tardes pasaba por su casa, le daba de merendar, le llevaba al parque, jugaban en el césped. Sus larguísimas pestañas le recordaban a su hijo, pero a éste nunca le habló de querer a los animales, de respetar su vida en libertad, de proteger los árboles y que una cerilla podría traer mucho dolor…

Tenía catorce años cuando lo encontró capeando una muleta. Quiso quitarle importancia. Días después lo vio salir del pinar con una carabina y unos pájaros pendiendo de un aro sangriento.

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RELATO ENVIADO AL CONCURSO SOLIDARIO CINCO PALABRAS

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El abuelo canguro

De vuelta a casa despotrica como un descosido. Toñín apenas le entiende. No sabe de besos ni por qué a su abuela jamás le dio uno en público. Tampoco, de la poca vergüenza que tenían esos dos hombres y por qué antes no se veían esas cosas. No entiende de valores y por qué ya no los hay. ¡A él solo le gusta dibujar! Por eso aguarda, con las pinturas, las hojas en blanco y la merienda, a que su abuelo se atrinchere como cada tarde en su sillón con un cigarrillo y una copa de vino frente al televisor. Ayer eligió Machete, hoy le toca a El Padrino.  

Ciento setenta y cinco minutos después finaliza la venganza de la familia Corleone. El bocadillo ha desaparecido. La copa se vacía por tercera vez. El cenicero está lleno. El rojo acapara el folio y el timbre entra en escena. Toñín abre a su madre que viene a recogerlo y sin esperar a que su abuelo le dedique las mismas palabras de siempre… «¡qué bueno eres jodío!», deposita el folio con una cabeza ensangrentada de un caballo en un cajón. Debajo hay un hombre con una metralleta, más un par de katanas, dos toros con banderillas; un guante con cuchillas, pistolas de diferentes tamaños…

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El Mar

Quizá ocurra mañana Sol, pero hoy por hoy, el hombre es tan humano que sigue cayendo en idénticos errores. Y por mucho que Luna insista, dudo que cambie. Mi azul no se encuentra bien. Sufro de empacho, Sol, demasiados años soportando tanta inmundicia, desigualdad y sinrazón.

Esta madrugada han vuelto unos cuantos. Me han despertado sus lamentos en un vano intento de abrazarse a mí. Estrella los alumbraba, penaba conmigo desesperada, mientras yo me colaba sin remedio en sus pulmones, ahogaba su aliento y definitivamente mataba sus sueños. Y así una y otra vez.

Photo de Vince Clinches. Greenpeace PhilippinesScreenShot2017-05-12at11.44.43AM-nlkhyfukjtp5877bxvezbs58hma2f79ddup6zeju34.png110a69be9e1f2c6889939d7c89888b21d919f8fd.jpgImagen tomada de Internet

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Un amigo muy oportuno

Te falta su aroma. A lavanda, a puchero consumiendo brasa en el fogón. De esto hace ya tres meses, los mismos que llevas sin encender la chimenea; no sientes tus manos ni tus pies. Algo se ha congelado dentro de ti.
Evocas aquellos días sin pan y tu partida junto a una añosa maleta, para desafiar facturas de agua y luz. Para acallar penurias. Dentro, envueltos en tu pañuelo de yerbas, el llanto medroso del mayor, los pucheros de las gemelas, el abrazo roto de tu esposa.
Precisamente ahora, que ya no hay recibos devueltos y sí para algún capricho y pasar las Navidades en familia…

Dudas si te compensa seguir adelante.

Por fin te decides y sales a tirar al cubo de la basura sus zapatillas de desgastadas suelas y el delantal de su último guiso… ¡cuánto te cuesta desprenderte de sus cosas!
Entras de nuevo en casa. Sobrecogido, escuchas algo parecido a un gemido. Te acercas. Un rabito intermitente ondea las faldas de la camilla y en el otro extremo un hocico olisqueando tus babuchas. Lo acaricias. Huele a lavanda… y sientes frío; decides encender la chimenea.

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Esta foto la he tomado prestada de internet.

Con este relato quiero homenajear a perros y gatos, compañeros que alargan la vida a aquellas personas que se quedan solas.

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Se separan, o se van de vacaciones

Vais en coche muchas veces, pero hoy le sientes distinto. Igual es porque anoche discutieron. Últimamente lo hacen mucho. Los gritos no te gustan, te asustan, te alteran. A los más pequeños, Sarita y Toni, también les aterra, siempre lloran.
Es la primera vez que te pasa. Te has quedado dormida y no te has enterado del viaje. Te notas rara y la boca pastosa. Tienes sed. No sabes dónde estás. Nunca antes habías venido a este lugar. Le llamas. Él siempre acude. Por qué no viene. Tratas de alejarte, mas no puedes. Le llamas. Por qué tarda tanto. Apenas te sostienes. Ya sale la luna. Tienes frío. Le llamas. Te acurrucas. Tienes sed. Quieres huir, pero no puedes. Le llamas. No sabes qué haces aquí, atada a este árbol.

img_0226La guapa modelo, Nube Val -espero que no se le suba la fama a la cabeza-, ha posado gratuitamente para participar en este evento ¡doy fe! Gracias, preciosa, sin duda, serás recompensada…

Más que un micro, mi colaboración en «esta noche te cuento»,  es una denuncia. Salvaje es el que lo hace, salvaje es quien lo consiente. Por todos aquellos perros que perecen abandonados, colgados y  atados de forma tan inhumana por… ¿un humano?

Amigos, Nube y yo, os damos las gracias por venir hasta aquí.

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Rompesuelas, ¡hasta siempre!

Llegarás por el puente despacio y aturdido o tal vez, ligero y soberbio, mas la gente, exaltada, ignorará tu desconcierto. Abajo el río Duero testigo de tantos miedos del pánico que ya alberga en tus adentros.

“¿Por qué me obligáis a huir?, ¿qué queréis de mí?, si lo único que poseo es la vida, tan solo eso”.

—No, tu vida es nuestra, nosotros decidimos cómo y cuándo caduca. Medirás tus fuerzas naturales y en igualdad de condiciones con las de un lancero.

“No comprendo… ¡igualdad de condiciones! yo soy uno… vosotros… ¡cientos!”

— Sí, acudimos en tropel, son las normas del torneo. Muchos te perseguirán cabalgando, los otros restantes lo harán corriendo.

“¿Hacia dónde huyo? Portáis en la mano un palo…”

—Los corredores y aficionados te conducirán desde la plaza del pueblo hasta la Vega del río Duero. Y no son palos sino lanzas que tendrás que salvar mientras estés en campo abierto.

“Lanceros… ahora entiendo, vais armados, con lanzas, como los antiguos soldados romanos…

—Y si consigues llegar a los límites sin que ninguna de ellas te alcance, vencerás el torneo.

“Acosado, extenuado y herido… ¡me temo que para entonces…!”

—Cuando finalmente caigas abatido te cortaremos el rabo y los testículos. En premio los colgará en su lanza el último que apague tu aliento.

“Pero antes os aseguraréis… ¡que estoy muerto!”.

—Difícil saberlo. Una vez derribado, amigo mío, te apuntillarán y entre tanto alborozo, polvareda y algarabía… ¡contigo se irá el misterio! y mientras te desangras puede que alguno se embadurne con tu sangre, por gozar de ese derecho y como símbolo de participación en el torneo. Cualquier torneante, hombre o mujer, puede hacerlo.

“Entonces… hoy, todos, hablarán de mi, de vuestro lugar, me haré famoso en el mundo entero”.

—Sí, eres un privilegiado. Morir alanceado en nuestro pueblo está declarado “Evento de Interés Cultural y Turístico Regional”. Saldrás con tu foto y con tu nombre en todos los periódicos y telediarios, como el año anterior y el que viene. Aunque, tranquilo, nadie sabrá cómo te matamos, nadie puede verlo, no permitimos grabaciones de cámaras ni de teléfonos.

“Eso es lo que os importa… lo que guardáis con sumo celo ¡que el mundo no vea mi absurda, irracional y lacerante muerte! Pero también veo mujeres, jóvenes, chicos, algunos… son muy pequeños”.

—Sí, nuestros hijos tienen que aprenderlo, son el futuro de nuestra ancestral costumbre. Ellas no alancean; eso es cosa de hombres, cosa nuestra.

“Entiendo… ellas lo apoyan y lo consienten, incluso, alguna saldrá en los medios defendiendo lo que hacen sus maridos, sus hijos, sus nietos… y tú, ¿quién eres?”

—Amigo, prefiero conservar el anónimo, declarar mis sentimientos sería peligroso… para mí, mi familia y mi negocio, tan solo soy un vecino más de este pueblo. Hoy, martes 15 de septiembre, morirás, pero los que permitimos esta locura lo haremos también un poquito por dentro. Hoy la inteligencia se pone de luto y ante tanta insania… tú eres el más cuerdo.

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Rompesuelas, serás el Toro de la Vega del año 2015, pertenecerás a la historia de Tordesillas, un precioso pueblo de la provincia de Valladolid, singular y desgraciadamente conocido por esta bárbara y obsoleta tradición de la España profunda, del medioevo.

¿Será verdad que en nuestra extensa geografía no existan pueblos en los que no se celebren fiestas cruentas?

¿Será cierto que los españoles no sabemos divertirnos sin infligir dolor?

¿La iglesia estará conforme, o por lo menos, al corriente, de que los tordesillanos utilicen a su patrona «Nuestra Señora la Virgen de la Peña» para justificar tamaña crueldad?

¿Será cosa de devotos honrar así a sus amados mártires?

Contradicciones varias entre la fe y la razón, ¡supongo!

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Esta foto de Rompesuelas la he tomado prestada de la red.

Por todos ellos:
Centello, Linaso, Morenito, Gañafiero, Rodanero, Olvidado, Rompesueños, Enrejado, Valentón, Moscatel, Platanito, Afligido, Volante, Vulcano…

 

11,30 de la mañana, Rompesuelas muere alanceado.

Ya perteneces a la nefasta historia de Tordesillas del Torneo «Toro de la Vega”. 

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Un regalo tuyo en mi cama.

Hacerse vegana. En eso pensaba Rocío cuando la última uva con su respectiva campanada dejaba paso al nuevo año. Liberaría de su armario todo aquello que antes de ser cosa, tuvo vida: bolsos, botas, abrigos… incluido el que le regaló Pedro la Navidad pasada. Estaba segura que al resentido bolsillo de Estrella, la amiga más antagonista del grupo y que llevaba un año en paro, le iba a encantar su decisión.
En la habitación Estrella se prueba el visón, lo manosea con lascivia mirándose al espejo. Le pregunta si a Pedro le parecerá bien… «ni se lo he dicho», le contesta Rocío quitándole importancia. La emocionada Estrella se va con su abrigo y con todo lo que le ha regalado su amiga.
Hoy, ambas, dormirán a pierna suelta.

Por la noche Rocío y Pedro suben al dormitorio. Ambos advierten sobre la cama un fular negro con rosas amarillas:
“¡Anda, mira, Estrella ha olvidado su pañuelo! ”, exclama ella. 
“¿Qué hace aquí el pañuelo de Estrella?”, comenta Pedro al mismo tiempo.
Rocio hace un recuento de toda la piel que le ha regalado a su amiga, mira perpleja a su marido y se pregunta, cuánto tiempo hará que él lleva regalándole la suya.

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Una mirada certera

Llevaba horas siguiendo su rastro, el inequívoco estigma sobre los blancos copos, le excitaba, presentía que cada vez estaba más cerca. La escopeta desafiante, a la espera del dedo apuntador. Se aproximaba, con sigilo, muy despacio, se recrudecía su ansia. Temblaba. Un mínimo rumor le haría perder su trofeo, se desvanecería su tesoro.                                                                                                                                                                      Dormita en su mecedora. Ahora dispone de mucho tiempo y aprovecha hasta el último rayo de sol de la tarde. Luna y Nube lo olisquean todo… hasta llegar a sus babuchas. Al abrir los ojos una tristeza asoma a su cara. Abuelo, le digo, ¡que ya ha llovido bastante! Lo sé, Lucía, pero no puedo evitarlo, estas juguetonas me devuelven aquella mirada… la de una madre aterrorizada más por el desamparo de sus lobeznos, que por su propia muerte.

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Microrrelato presentado en ESTA NOCHE TE CUENTO

Este mes nos inspiraba este precioso dibujo de Nicoletta Ionescu…. 

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Esta noche, cena con la familia

Mientras conduzco por la bulliciosa avenida… a riesgo de quedarme ciega por las tantas y derrochonas bombillas, voy repasando mi plan.

Repartiré besos y sonrisas a tutiplén, ¡como si me importasen esos desvirtuados festejos! Dejaré los juguetes bajo el moribundo abeto, a sabiendas que esos malcriados ya tienen demasiados. Durante la cena, esperaré paciente a que salga el bebé, entonces… los dejaré allí, secos, con sus mazapanes, cavas  turrones  y sus trasnochados y disonantes villancicos.

Todo transcurre como preveía. Cada beso, sonrisa y regalo en su lugar. Sentada a la mesa, acecho la puerta, ya viene, agarro el bolso, despacio arrastro la cremallera… de repente, el abuelo, desaforado, armado con cuchillo y tenedor,  repica la mesa al tiempo que vocifera:

«Pero ¡¡¡qué diantres es eso!!!, ¡¿dónde está el lechal?!»

No puedo creerlo, en una cama de barro, sobre un nido de patatas, aparece ella, verde, hermosa, redondita…

«Felicidades cariño: Col al horno con crujiente de sésamo, rellena de verduras caramelizadas al oporto con piñones y arándanos en salsa de almendras… esta Nochebuena hemos considerado que eres vegetariana».

Apenas contengo las lágrimas, emocionada saco la mano del bolso y abandono la pistola… para mejor ocasión.

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                             ¡¡¡FELICES FIESTAS!!!

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Tres textos para tres fotos, en casa de Luisa Hurtado

¡NO, NO LO TIRES POR EL FREGADERO!

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-¿Sabes cuánto puede contaminar eso?… Más de mil litros de agua por cada litro usado, que irá a parar al río y se quedará flotando en la superficie, impidiendo el paso de la luz y la oxigenación del agua. ¿Sabes lo costoso que es retirarlo… y a cuántos peces estarás matando?

-Pero, ¿qué quieres que haga con él?… si en este pueblo no tenemos reciclaje, ¡no habérmela regalado!, además me compraste la de tres litros, ¡la más grande!, ¿qué culpa tengo yo?

-Pues claro que es culpa tuya… de quién si no, la idea de poner “lista de boda”?, era el último regalo que quedaba… ¡la freidora, la maldita freidora! 

 

 

DESCANSO MERECIDO

Fotografía de Jose Luis Rafael

Tranquilo hijo, aquí no conocen la cecina, además estamos en peligro de extinción, ofrece tu mejor lado, ese señor tan solo quiere hacernos una foto.

 

¡INOCENTE!

27082013

«Voy a dar una vuelta mami, a lo mejor les veo»

Él había tenido suerte, a los demás se los llevaban antes de nacer.

Él tampoco sabía que ese olor a tortilla que frecuentemente salía de la casa, eran ellos.

 

 

 

En casa de Luisa Hurtado, su blog,  Microrrelatos al por mayor ,  las fotos son de Jose Luís Rafael,  que podéis admirar en PALABRAS, FOTOS, DÍAS 

 ¡Gracias, Luisa! ¡Gracias, Jose Luis!

Publicado en Esos locos bajitos, Microrrelatos animalistas

Se enseña a matar

 

Entendiste que la vida había que valorarla, por eso no te costó decir que no, aunque sí ponerte en su contra y orgulloso de no seguir su atavismo, te procuraste un futuro digno y ausente de maltratos.
Tu padre nunca se enteró que cuando acababas con sus clases yo te impregnaba el alma de empatía, conmiseración, respeto… y ahora las pones en práctica en la clínica veterinaria donde trabajas.
A ti te cogí a tiempo. Con tu padre no tuve la misma suerte… siguió los pasos de tu abuelo.
Te envío la foto, cuídala, lleva conmigo mucho tiempo. Cuando tengas a quién enseñársela, cuéntale que tenías diez años cuando te la mostré por primera vez. Espero que te haga la misma pregunta que me hiciste a mi…
“¿Quiénes son esos dos bebés, abuela?”

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Publicado en Microrrelatos animalistas, Microydibujos con Juanlu

El humano y su mala memoria

TONI CANTÓ, ¡VA POR TI! 

Lobos

El animal enfurecido se encaró con ganas de sangre…

“Se te olvidó que le di sosiego a tus noches, acompañé tus días y te entregué lealtad. Que te nutriste de mi y te cobijaste con mi abrigo. Que mis colores avivaron tu mirada y mis sonidos alegraron tus mañanas. Que trabajé para ti de sol a sol hasta que las fuerzas me abandonaban. Ya no te acuerdas acaso, cuánto dolor tuvo que aguantar mi cuerpo para sanar el tuyo y con qué malas artes te lucraste, te divertiste con mi padecer”.

A punto de devorarlo, frenó su impulso, lo vio tan indefenso que se marchó cabizbajo pensando… “no quiero ser como tú, yo sí creo que tienes derecho a la vida”.

 

El dibujo es de Juanlu, su blog  ilustraciones para un loco,

Anímate a participar en su  2ª Ilustración para el concurso COLABORACIONES III

 

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Un regalo tuyo en mi cama

 “Tengo que buscar a quién dárselo, que lo entienda y que lo necesite y por supuesto,  que no tenga mis mismas inquietudes, tendré que hacer un repaso a mis amigas”. Lo pensaba al tiempo que iba llenando bolsas.

“No, a Sofía no… en esta irá el calzado… demasiado estirada… estas marrones, qué gasto inútil… a Carmen, ¡tampoco! se parece más a mí que ninguna… también me las compré en azul marino… le sobra el dinero, quizá a Encarna… aunque son cómodas… ¡qué bah!, con lo gorrona que es, capaz de venderlo en el mercadillo… todas a la bolsa… y ¿Cristina?… estos botines y los zapatos de fiesta… pobre, acaba de separarse… no volveré a ponérmelos, en esta bolsa que es más grande, meteré los bolsos… y con dos niños, pero ¡qué digo!… todos dentro… a Cristina, ¡no!, se ofendería… el blanco y estos dos marrones… demasiado orgullosa, y ¿Estrella?, ¡pues claro! es mi antagonista… y los monederos… no le gusta leer… aquí con los bolsos, todos juntos… no se pierde el Sálvame… ¡uy qué color más mono!… le encantan los toros… es igual, fuera de mi armario… jamás ha pisado un camping… ésta cartera es horrible… y va a misa todos los domingos, es la candidata perfecta… también a la bolsa y ésta billetera, no pienso usarla más…  han despido a su marido… y ¿estos cintos? no quiero ni uno… cómo se puede acumular tanto habiendo gente con tan poco… sí, Estrella, es perfecta… ¿y esta cazadora?… creo que tenemos la misma talla… hasta con la etiqueta…  y el chaquetón, también, dentro, a la bolsa… a pesar de todo es buena gente… y el abrigo que me regaló Pedro, dónde lo puse… pobre animal, me lo imagino corriendo por la selva, los de ahora son de criadero… aquél San Valentín, aquí está, lo encontré, ¡bah!, con lo despistado que es mi Pedro, … aunque, pobres animales,  no sé qué es peor… ¡ni se acuerda!… bueno, creo que ya he terminado, ya no hay objetos en mi armario que antes tuvieran vida”.

A Estrella no le sorprende que su amiga quiera deshacerse de todos los objetos que tiene de piel, sabe que es animalista.

En la habitación se prueba el abrigo y queda fascinada. Le pregunta; si a Pedro le parecerá bien… “ni se lo he dicho”, le contesta.

Estrella se va feliz con todo lo que su amiga le ha dado. Decididamente las dos, han salvado a dos pájaros de un tiro.

Cuando por la noche su marido y ella suben al dormitorio, advierten que sobre la cama hay un fular negro con rosas amarillas. Los dos al tiempo exclaman…

“¡Anda, mira, Estrella ha olvidado su pañuelo! ”,

«¿Qué hace aquí el pañuelo de Estrella?»

Perpleja, hace un recuento de toda la piel que le ha regalado a Estrella, mirando a Pedro se pregunta, cuánto tiempo hará que él lleva regalándole la suya.

 

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Publicado en Colaboraciones con Luisa Hurtado, Ecologistas, Microrrelatos animalistas, Microydibujos con Juanlu

I Carrera Verde por Relevos, libro digital

I Carrera Verde Digital Un proyecto de Luisa Hurtado Gonzalez, Microrrelatos al por mayor.

http://issuu.com/microsalpormayor/docs/icarreraverde/1?e=7323026/1865233

Ilustración de Sara Lew de Microrrelatos ilustrados

Recojo el testigo de Nicolás Jarque (escritor), El rincón de Nicolás Jarque, y continuando con sus últimas palabras…

POR UNA AMIGA… CASI TODO

Como recogen las hemerotecas y todos deberíamos estar de acuerdo, “la emisión de gases contaminantes, afecta directamente al ecosistema, siendo el humano el máximo responsable”. Pues bien, estaba decidida a aportar soluciones, empezaría ese mismo día a sumarme a ese reto de la no contaminación ambiental, por otro lado objetivo imperante en la comunidad suiza.

Quería celebrar su cumpleaños y hacer una gran fiesta. Cuando me pidió que la ayudase con las últimas compras le sugerí hacerlo con el transporte público. Salimos de casa y acompañadas por un debilitado sol nos dirigimos a la carnicería. Los ingredientes para una paella nos aguardaban. Un italiano y fornido carnicero me entregó dos bolsas, al tiempo me informaba; que en una había metido 14 muslos de pollo y en la otra 12 patas de conejo.                                                                            

Cuando salimos de allí, algodonosos copos de nieve empezaban a caer sobre nuestras cabezas. Diez grados bajo cero nos acecharon hasta la parada del tranvía. Sonreí al ver, como si de una postal se tratase, a dos ciclistas y sus mochilas paseando por la ciudad, ignorando ese manto blanco que los envolvía. Me sentí en desventaja… “siempre hay alguien que hace más que tú por el medio ambiente”.        

Ella caminaba delante con más bolsas. De pronto se giró, y, no sé qué notó en la única parte de mi cara que no iba tapada, porque me preguntó: “¿Estás bien?” .Como pude, saqué la nariz del escondite de mi bufanda. De una acobardada garganta, miedosa a que se le congelara la voz, se escapó un tolerante… Bueno… podría estar mejor, teniendo en cuenta que en una mano llevo 7 pollos y en la otra 3 conejos… ¡descuartizados!”.                                      

Creo, que en ese mismo instante, mi mejor amiga cayó en la cuenta de que yo era vegetariana.

Le paso el relevo a mi compañero, Juanlu, Ilustraciones para un loco

¡¡¡SUERTE!!! , ¡¡¡vamos kiwis!!!

Y esta es su magnífica aportación, gracias Juanlu, su blog http://dididibujos.blogspot.com.es/

lustración de Juanlu
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Antonio se propuso no celebrar aquella navidad

Cuando era un niño no sabía lo que esas fiestas encerraban, ahora de mayor se cuestionaba… por qué precisamente en Navidad a sus padres les preocupaba tanto traer a la abuela a casa, para luego aparcarla todo el año en la residencia. Tampoco se explicaba la repentina amabilidad de los del quinto.

Se preguntaba porqué siempre en Nochebuena, se cenaba lo que parecía un bebé recién salido del vientre de su madre… dormidito en una bandeja.

No comprendía lo del abeto muriendo lentamente y sin remedio fuera de su hábitat.

Por qué cada Navidad, algunos de los muchos regalos que traían los Reyes Magos a sus hermanos y primos, terminaban en el desván sin estrenarse, y algún otro, pasada la época en la que ya no les hacía tanta gracia, abandonado sin piedad en la calle.

No entendía que atiborrasen al frigorífico… días después mucha de esa comida iría a parar a los contenedores de la esquina.

Tampoco entendía el despilfarro de luz y de colores… cuando a pocos kilómetros de allí, había gente viviendo a oscuras, gente pasando penuria.

Y porque así pensaba y lo proclamaba, le llamaban rarito. Como si él estuviera diciendo algo que no fuera cierto…

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esta noche te cuento: DIC61. ANTONIO SE PROPUSO NO 

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La fiesta

Salió aprisa, pensando que allí al aire libre se celebraba una fiesta.

La música sonaba optimista. Un sol encendido como el fuego, oscureció sus ojos negros. Corrió al ver que alguien lo llamaba, mas, algo no iba bien…

¡No medía las distancias!. Deambulaba de un lado a otro. Sus ojos aún velados, buscaban desesperados una salida. Atisbó a uno de los suyos, corrió hacia él, pero cuando estaba a su lado, un incisivo, lento y doloroso ataque le hizo tambalearse. Notó que sus fuerzas mermaban.

Algo llamó su atención, cuando se acercó, un nuevo impacto lo hizo revolverse. Estaba confuso, no sabía para dónde ir, se desplazó hacia delante y percibió otro. Nuevamente alguien levantó su interés, avanzó unos metros y recibió un impacto más, siempre en el mismo sitio.

El clarín sonaba, como su cuerpo, enardecido. Llegaron más… no pararon, hasta el fin.

Todo se tornó turbio, su latido se derramaba, dejando constancia de su sentir.

No entendía porqué yacía en el suelo. Unas horas antes corría por un jardín inmenso. 

 

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 Dehesa andaluza, imagen tomada de Google

Con este relato participé en,

esta noche te cuento: NOV128. LA FIESTA, de Mª del Rosario Val 

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Flora

Me llamo Flora y he vuelto a caer… he pasado por un escaparate y no he podido resistirme; ¡me he comprado otro bolso!

Los bolsos me fascinan y no concibo salir a la calle sin uno, ¡eso sería como salir desnuda! Aunque la lenguaraz del quinto dice que en ese caso, bien podría taparme con tan solo uno… por lo poquita cosa que soy.

Mis amigos y familiares saben que si me quieren hacer feliz, pueden regalarme alguno. En el fondo les hago un favor, conmigo las Navidades y cumpleaños no son un quebradero de cabeza. Aunque a veces me encuentre con dos iguales y haya que cambiarlo. Como aquél de rayas que me regaló mi primer novio, entre berenjena y zanahoria, difícil de definir. Lo descambió, sí, ¡pero por uno rojo amapola chillón! Llevábamos cinco meses saliendo y aquello no prosperaba… y qué iba a esperar de alguien que regalaba bolsos así. Yo lo tengo muy claro, dime qué bolso me regalas y te diré cómo eres. Una mañana le escribí decidida: “Te dejo, tu corazón está como mi bolso, plastificado”. No sufrió mucho, esa misma noche mi hermana le vio por ahí, de juerga con otra.

Los marrones son mis preferidos. Los tengo en todos los tonos: tierra, chocolate, canelo. Mi buen amigo Ramiro, médico y pacifista, me trajo uno, color café, de Tetuán. Se marchó a Suiza para no hacer la mili y ¡mira por dónde! se fue a enamorar de la hija de un alto mando de la Fuerza Aérea. Se mosquea conmigo, siempre que le recuerdo, que gracias a las armas conoció al amor de su vida.

Mi madre dice que los bolsos tienen que ser bien grandes. De sus vacaciones en Egipto, me trajo uno en el que se me pierde el móvil, la cartera y nunca encuentro las llaves. No lo sabe, pero lo uso como bolso de viaje.

Los azules también me gustan, desde el marino, cielo, turquesa, hasta el pizarra. Excepto el azul real. Como el que me regaló mi prima, que por cierto aún no he estrenado, posiblemente por su tono aristocrático. Nunca me gustaron los disfraces de reinas ni princesas, ¡ya de pequeña apuntaba maneras! Cuenta mi madre, que esa animadversión hacia lo monárquico la heredé de mi abuela, ahora acrecentada gracias a un rey, que no contento con la crisis que reina en nuestro país, se fue a cazar paquidermos a Botsuana… aparte de ser una indecencia, ¡vaya un curioso y lujoso hobby!, nada apto para cualquier bolsillo.

Otra que me regala bolsos es Susana, una amiga de mamá. Habla hasta por los codos y siempre con sus eternas preguntas: «que si tengo novio, que porqué no me caso, que cuándo voy a hacer abuela a mi madre». Por dios, le contesto con cierta vehemencia… «¡yo no pienso tener hijos, o por lo menos hasta que la maternidad no llame a mi puerta!»

Pero volviendo a mis bolsos, tengo muchos en color verde, en todas sus gamas: musgo, menta, pistacho, militar… vaya, militar, como mi segundo novio… ¡qué recuerdos! Me regaló un Miu Miu, carísimo, pero saliendo de la zapatería donde fui a comprarme unos zapatos que le hicieran juego, le vi con una del brazo… ¡era un hombre casado! Aunque estaba bastante enamorada de él, decidí dejarle. Entonces me convenció de que se divorciaría. Pasaron cuatro meses y yo seguía esperando, ¡ingenua de mí! Pero de nuevo la casualidad se puso de mi parte… ¡volví a pillarle y esta vez, no con su mujer! Despechada se lo dije a ella y le puso la maleta en la puerta. El padre de la otra, que también desconocía su situación, amenazante, le leyó la cartilla y huyó de la ciudad. Por supuesto que las tres salimos ganando.

Tengo varios blancos, pero mi favorito es uno que no es de piel, me lo regaló mi mejor amiga que ahora es vegetariana. Viendo un documental descubrió cómo mataban a las focas bebé para arrancarles la piel, desde entonces ni come carne ni usa pieles de animales.

Los negros me encantan; lisos, con flores, en bandolera, con asas, en mochila, de fiesta. El último que me regaló la hermana de mamá, es para eventos elegantes. Es la mujer más besucona del mundo. Cuando éramos pequeños, nos escondíamos cada vez que venía al grito de: «¡que viene la tía Aquilina!». Fiel a su costumbre, me los sigue regalando negros.

También los tengo grises, como uno en marengo, precioso, que me regaló Gregorio, mi tercer novio. Paseábamos una tarde fría y lluviosa cuando un viento fuerte me lo llevó y fue a parar a un charco. Me puse histérica, mi preciado bolso dentro de aquél lodo, nunca recuperó su color, su textura. Se me puso blandengue, como Gregorio, que me confesó que no podía superarlo, que mis bolsos le perseguían, que soñaba con ellos. ¡Qué ridícula excusa!, a los pocos días le vi con Matilde, esa no tenía tantos bolsos como yo, pero sí dos poderosas razones. Mi hermana para consolarme me trajo uno amarillo, decía que de existir el alma, ese sería su color.

Por culpa de los bolsos me dejó Gregorio, y gracias a eso he conocido al hombre de mi vida, me da que éste es el definitivo, además de tener muchas cosas en común conmigo, ¡tiene una excelente boutique de bolsos!

Para mí el bolso, más que un objeto, es una prolongación de mí misma. Él es importante por todo lo que lleva dentro; el perfume que me identifica, algunas de mis fotos favoritas,  direcciones y teléfonos de mis seres queridos, la agenda que me recuerda lo puntual, caramelos para endulzar un momento amargo, el bolígrafo y la libreta siempre prontos cuando me asalta una idea, la apasionada historia que me alimenta hasta que una nueva la reemplaza, la llave del buzón donde siempre espero encontrar buenas noticias, pañuelos para enjugar la emoción…

Por cierto, no me molesta que digan que soy una mujer a un bolso pegada, ¡me gusta ese aire quevediano!, porque aparte de los bolsos, y al igual que el maestro de la sátira, poseo un inagotable sentido del humor. Seguro que estáis de acuerdo conmigo con aquél refrán que dice…

«Más vale bolso en mano, que cien cosas dispersas por los bolsillos».

Flora nació para una despedida de curso. Quise hacer algo jovial. La original llevaba los nombres de mis compañeras, solo he obviado eso y algún detalle que ahora no viene a cuento. Si con Flora consigo sacarte una sonrisa, aunque sea fugaz, me daré por satisfecha.

Publicado en Microrrelatos animalistas

Pregunté a la luna

Cuando te encontré en la cuneta, la noche desparramaba vientos y el frío helaba tu aliento. Estremecida te cogí en mis brazos, noté que aún conservabas calor, pero un hilo rojo delator se escapaba por tus labios. Tus extremidades cedían al suave masaje de mis manos, en cambio tu cuerpo permanecía inerte. Creí ver vida en tus grandes ojos abiertos, aunque sospechaba si la misma seguía latiendo en tu interior.

Mientras caminaba contigo en mi regazo, maldije al que te había abandonado así. Le pregunté a la luna, si testigo de tu desventura. Más cuando ya no había duda y tus pupilas blanquecinas abandonaron tu mirada, refugié tu cuerpo y lo arropé entre hojas secas. Ellas y mis lágrimas, fueron tus aliadas en la última de tus batallas.

Sé que me estabas esperando, que no querías irte así, solo y desamparado, con el frío paseándose entre tu pelaje atigrado. Lo hiciste con la quietud y la serenidad del que se sabe amado.

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El cabritillo y el lobo

Me encargaron un reportaje sobre un Mercado Medieval que se celebraba en mi ciudad. En él se presentaban diversos trabajos artesanales; utensilios de barro, jabones, semillas, libros antiguos, anillos y pulseras cuyas piedras naturales competían con el brillo de un sol de justicia. También se destinó un lugar para los animales, que estoicos, aguantaban el constante ir y venir de personas que no cesaban de hacer corro a su alrededor.
Mi cámara tomaba buena nota del número de gansos, patos y gallinas y de las dimensiones tan pequeñas, que unido al excesivo calor y la falta de agua fresca y limpia, estaban haciendo de su estancia un infierno. Me dirigí después al cercado donde estaban, una mamá cabra con sus tres cabritos. Aprecié, como espectadores, a unos niños en primera fila intentando tocar con sus manitas a uno de ellos, al más chiquitín.
La mamá cabra le perseguía por el diminuto espacio, a pesar de no poder escaparse,  pendiente de él en todo momento.
Dirigía mi objetivo hacia el pequeñajo cuando unas palabras me sacaron de mi afán…
Ese tiene que estar riquísimo a la brasa”.
¡La voz era la de un niño!, perpleja e incrédula giré la cabeza. Efectivamente me topé con un niño que por su edad, aún no debería saber que eso pudiera ser comestible. Lo más atroz si cabe, es que al mismo tiempo que pronunciaba estas palabras, con su manita frotaba su abdomen, haciendo círculos sobre él.
Deduje que sus padres consentían este comentario, porque rieron satisfechos su ocurrencia. Cómplices, los tres, se miraron, mientras, el pequeño con la mano aún manoseando su barriga, les decía aclarando a la vez que informaba…
Es que… el más pequeño, es el más tierno”.
Intentando calmar mi primera reacción y dirigiéndome, especialmente a sus padres…
Pero ¿cómo puede decir eso?, ¡cómo es posible que siendo tan pequeño, en vez de un cachorrito o un amiguito con quien jugar, esté viendo un filete en su plato!”.
Podía haberlo intentado. Haberle hablado sobre la empatía, la conmiseración, el respeto a la vida. Descubrirle que ese animal, mamífero como él, sentía el dolor, el frío, la sed, una caricia. Podía haber tratado de explicarle las diferencias entre nutrirse y consumir, alimentarse y ser voraz. Podía haberle sugerido que si ya no apreciaba la vida de un ser vivo, en un futuro podría no valorar, las que le rodearan, alguna quizá más allegada.
En la necesidad de seguir recopilando datos sobre el estado de los demás animales, me fui de allí más triste que decepcionada, convencida de que ese niño no me habría entendido y sus padres tampoco. A juzgar por sus exultantes caras, estaban realmente orgullosos de estar criando a una bestia…. un tipo de bestia que nada tiene que ver con mis amigos animales.
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La sangre y el arte, no son parejas

Escucha la televisión mientras lava los platos. El ruido del agua la transporta al río de su niñez, entonces, sentada en la orilla desdibujaba la luna con el «palante y patrás» de sus pies. Le salpicaba el agua, templada, suave. 

A sus oídos llega la palabra arte. 

Ella es una apasionada de Sorolla, de Rodin, de Yepes. Absorta, gira la cabeza hacia el televisor, pero ¿dónde están las imágenes de mujeres paseando por la playa, o la de esos amantes desnudos fundiéndose en un beso?, ¡Tampoco oye al músico sonar con su guitarra el Concierto de Aranjuez!

Se seca las manos, va en busca de sus gafas.

Una mueca de horror invade su rostro, abre los ojos de par en par, se lleva las manos a la cabeza, mientras un gemido desesperado, colérico, asoma a su garganta.

¡Un hombre está atravesando con una espada la parte baja del cuello de un animal, hiriéndolo, torturándolo!

Se oyen voces, música, aplausos. La sangre le resbala destacando sobre su cuerpo negro y cae al suelo, agonizante.

No ha llegado a tiempo de ver algo artístico, laudable, bello… pero sí, el martirio a ese animal lastimero. 

 

                           Paseo a orillas del mar, Joaquín Sorolla.
                                                            imagen de Google