Le dejará la mochila en la entrada con el almuerzo dentro –hoy toca bocata y pera—, podría volver de repente y olvidar llevársela a la escuela. Igual que cada mañana se asomará al mar. Le buscará entre las olas, querrá saber si antes de bañarse se mojó la nuca y las muñecas. Colocará su cubierto en la mesa, un mediodía más, por si apareciera con un apetito voraz. A la hora de la merienda escalará montañas. Gritará su nombre, lástima que el eco ya afónico no tenga ganas de réplica. Calentará su cama, como si no intuyera que esta noche también la pasará fuera, y por si vuelve hecho un Adán, ropa limpia, como si no supiera que donde está no necesita vestimenta. Antes de acostarse le dejará las llaves bajo el felpudo, por si aún no ha aprendido a traspasar puertas, y mojará su almohada imprecando al cielo y le lloverán ángeles a cientos: Yéremi, Jonathan, Sonia, Amy, Mariluz, Gabriel… Entrada la madrugada se quedará dormida. Por muchos sueños que pasen nunca entenderá por qué se lo han robado.

una manera muy hermosa de contar esta historia, Muy buena.
Saludos Rosy.
Me gustaMe gusta
¡Beto, amigo!, cuánto tiempo. Espero que estés bien.
Muy agradecida por tu visita.
Un abrazo.
Me gustaMe gusta
Qué terrible historia Rosy y qué bien contada. Me ha gustado mucho, eres una preciosa escritora. Muchas felicidades.
Besicos muchos.
Me gustaMe gusta
Nani, tú sí que me lees con unos preciosos ojos. Gracias.
Un beso grande.
Me gustaMe gusta