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La clínica veterinaria

Querido Daniel… esta carta es para decirte que a mi corazón no le queda ya mucho tiempo. Pero no te pongas triste, estoy tranquila, sé que mi alma seguirá contigo. Y como no hay nada en el mundo que me haga más feliz, voy a disponerlo todo para que cumplas tu sueño.  

Me la imagino amplia, dotada de todo lo necesario. Y a ti, tan guapo, vestido con ese color azul que tan bien te sienta. Siempre supe que contigo sería diferente. Con tu padre no tuve suerte, siguió los pasos de tu abuelo.

La fotografía que te mando lleva conmigo veinticinco años. Ha llegado el momento de que la tengas tú. Os la hizo tu abuelo la vez que les acompañaste —apenas tenías siete añitos—, y ¡vaya si se empeñaron en que lo hicieras! Me emociona pensar que hoy la mirarás con otros ojos.

Muchos besos para tus peludos.

Te amo infinito.

Tu abuela.

P.D.: Igual no te acuerdas, pero yo no he olvidado la cara de tu abuelo cuando al enseñártela le preguntaste, cómo lo había hecho para que ese bambi tan grande que estaba entre tu papá y tú, se pusiera para la foto. 

Esta foto la he cogido prestada de la red… 😦

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Qué pena de muerte…

Cada vez le gusta menos este trabajo; tener que disfrazarse para que no sepan cuándo, cómo ni dónde van a encontrársela. Por ejemplo, si va de chabolas, es casi imperativo  hacerlo de perro flaco, con infecciones varias; hepatitis, tifus, malaria…. En cambio, en un barrio de alto copete, tratar con directivos corruptos, arruinados, sicarios contratados por mujeres celosas, es otra cosa. Peor es cuando la envían a un instituto, con qué ganas se queda de equivocarse y cargarse al tocapelotas de turno, y no al gordito, a la pobre empollona o al que se viste y ama como le da la gana. Pero lo que no soporta es sacrificar a los que estudiaron en un seminario porque nunca superaron las tropelías que les infligieron los adornados con un impoluto alzacuellos. Los que predicaban la bondad y la misericordia. ¡Por Abadón!, se lamenta, que HAY MANERAS Y MANERAS. 

Imagen copiada de la red

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El paraguas vengador

Lleva toda la mañana triste y al ir a colgarse el bolso se le ha escapado un gemido de dolor. Se ha ido a trabajar sin mí y me ha cambiado por otro, claro, después de lo de ayer yo también ando algo resentido. Al menos hoy no tendrá que ocultar su cara, sus lágrimas se confundirán con la lluvia.  

Anochece y el otro deambula nervioso por la casa. Las baldosas del pasillo tiemblan. Su reloj tirita ante un acoso constante. Cuando por fin aparece la increpa fuera de sí. Ella recula asustada y acorralada de espaldas a la puerta trata de defenderse: que no ha sido culpa suya que salió más tarde del trabajo y perdió el autobús. Entonces me saca del paragüero y me levanta en alto…

Cómo me gustaría llevar un arma secreta dentro de mí, como la del protagonista con traje y bombín —el de aquella serie de los años sesenta—, y acertarle de lleno en el corazón.

Pero esto no es una película.  

Ayer me rompió dos varillas. Hoy sé que me dejará inútil, para siempre. 

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Hábitos culturales

Alika fantasea con su muñeca y juega a ponerle ropitas con los trapos que encuentra. Su mamá de vez en cuando se acerca y le cuenta que en nada crecerá y no podrá seguir jugando con ella. Se enamorará de algún chico de la aldea, pero tendrá que arrancárselo de la cabeza porque de su corazón no es la dueña. Después cubrirán su cuerpo con un vestido infinito, como el que lleva ella, holgado, de tela firme, que no marque las curvaturas de su figura. Un pañuelo también oscuro, tapará su cabello, ocultará su talento y sus ideas. Para entonces ya podrá fabricar hijos. Yacerá con quien no ha elegido ella, porque de su piel no es la dueña. Su sonrisa no se mostrará en la vanidad de ningún espejo, su boca será invisible, sin opinión y sin lengua, sus manos desconocerán la textura de un libro y puede que sus ojos mueran huérfanos de narraciones y leyendas.

Alika es aún muy pequeña para saber de lo que habla su mamá, también para entender por qué insiste en adelantarle una a una las piedras que debió encontrarse ella en su destino.

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Parafilia

No recuerda su niñez sin una canica en las manos. Era un fiera jugando con esas bolas de colores. Las tenía pequeñas, medianas, grandes. De las primeras andaba sobrado, se las fue ganando una a una a los chicos del barrio. De las segundas tenía menos, las robaba del tarro que su hermano tenía escondido en el armario. Sin embargo, de las últimas, que eran las más difíciles de conseguir, atesoraba unas cuantas. Se las regalaba el hombre de la esquina cada vez que le hacía uno de esos mandados. Él conocía muy bien a la gente del barrio y solo tenía que llamar al timbre y preguntar con su voz de chiquillo que si por favor le abrían la puerta. Se enteró de más mayor. Entonces, no sabía que cuando una mujer se encontraba sola en casa, era más fácil forzarla, sobre todo si tenía más de setenta años.

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El paraguas vengador

Lleva toda la mañana triste y al ir a colgarse el bolso se le ha escapado un gemido de dolor. Me ha cambiado por otro y se ha ido a trabajar sin mí, claro, después de lo de ayer yo también ando algo resentido. Al menos hoy no tendrá que ocultar su cara, sus lágrimas se confundirán con la lluvia.  

Anochece y el otro deambula nervioso por la casa. Las baldosas del pasillo tiemblan. Su reloj tirita ante el acoso constante. Cuando por fin aparece le increpa fuera de sí. Ella recula asustada y acorralada de espaldas a la puerta trata de defenderse: que no ha sido culpa suya que salió más tarde del trabajo y perdió el autobús. Entonces me saca del paragüero y me levanta en alto…

Cómo me gustaría llevar un arma secreta dentro de mí, como la del protagonista con traje y bombín —el de aquella serie de los años sesenta—, y acertarle de lleno en el corazón.

Pero esto no es una película.  

Ayer me rompió dos varillas. Hoy sé que me dejará inútil, para siempre. 

Miedo, denominador común en la violencia contra la mujer

La imagen la he cogido prestada de la red, incluido el pie de foto.

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Una pasmosa mañana de verano

Me desperté desazonada recordando las noticias sobre esa chica a la que habían destrozado la vida. Y según bajaba a desayunar pensaba en mi vecina, y en sus tres hijas, y al tiempo que me lamentaba por ella, me alegraba de no tener su suerte.  

Mis hijos preparaban el desayuno en la cocina. Le abrí a un sol que pedía entrar por la ventana y por la que se colaron también las risas de las tres jóvenes que se hallaban en el jardín. Mientras desayunábamos propicié la conversación. El de 17 opinaba que eso era de sinvergüenzas. Jaime, dos años menor, que eso no se le hacía a una chica. Cuando el mayor condenaba tamaña barbaridad, las risas de las chicas mutaron en algarabía y la voz de una de ellas viajó hasta nuestras tostadas pringándolas de desconcierto…

«No tienes ni idea, Marita, esa nos está troleando, te lo digo yo, ¡no quiero imaginarme la clase de padres que tendrá!». 

Seguidamente, la voz de otra de las jóvenes, más alterada y socarrona, aterrizó sobre nuestros cafés, zumos y colacaos, transformándolos en sorbetes y granizados de asombro y perplejidad…

«¡Zorra, es es lo que es, una zorra, anda que no se lo pasaría bien montándoselo con los cinco!»

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Tomando de su propia medicina

Cuando aquella mañana vio a su padre levantarla en volandas, meterla en el contenedor de los castigos y cerrar la tapa, se la imaginó muerta de miedo, acurrucada, con la cabecita escondida entre sus rodillas esperando a que terminara su castigo y no iba a consentirlo. Él y su hermano mayor nunca lo superaron, sabía que su hermanita tampoco. 

Fue fácil rodarlo hasta allí. Luego esperaron a que el agua anegara sus gritos y llegara hasta el fondo. Una cadena y un candado le impidieron salir. La llave, nadie supo jamás, en el fondo de qué mar se pudría.

Imagen prestada de la red

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Fantasía y sin razón

Confeccionaban sus propias alas. Tenían unas para cada ocasión y en todos los colores. Para pasearse por las ciudades, Sílfides se vestía las de polivinilo, iguales a los tubos, mangueras y mayoría de juguetes para niños, ya que soportaban tormentas, heladas y todo tipo de vientos. 

Las de poliestireno —ligeras y suaves al tacto—, Dríades las utilizaba para sobrevolar los bosques en las tardes apacibles y con sol. Sus favoritas eran las blancas, semejantes a los protectores de aparatos domésticos y las bandejas para hamburguesas. 

Las preferidas de las Oceánides eran las de polipropileno, idénticas a las bolsas, los envases de los yogures, las botellas del agua, del aceite, las pajitas… básicamente porque aguantaban muy bien el frío y la humedad. 

Sin duda, estas hadas eran las más chics y modernas de las leyendas mitológicas: les encantaba ir a juego con los Océanos, especialmente con el Pacífico.

Esta imagen la he tomado prestada de internet

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Doble acto de amor

Hoy cumple 22 años y le llevas su colonia favorita. Entras en el recinto. Estás nerviosa, ella más delgada. Coges el teléfono y a través del cristal le reiteras cuánto la quieres. 

«Mamá, tranquila, estoy bien, prefiero esto a lo de antes…». 

Te mira a los ojos y te insiste en lo que no debes hacer…

 «Jamás revelarás que cuando vi a papá en el suelo te arrebaté el cuchillo y me unté de sangre el vestido».

Ella no hubiera podido cuidarlas, desde la cárcel tú tampoco. 

Ahora sus hermanas crecen a salvo. Ya no os preocupa que se hagan mayores.

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Un brindis valiente

«Brindemos». Te dijo alzando la copa de vino al tiempo que los acordes de un anacrónico Julio Iglesias —su cantante favorito—, acompañaban sus buenos deseos… 

«Para que estés siempre conmigo». 

Y como el costado derecho aún te dolía, alzaste la tuya con la mano izquierda, por su distrito, sus preceptos, sus advertencias… por el portazo que desataría tu melena y tus tobillos, por recuperar tus pies, el carmín en tus labios, las palabras de tu boca…

«Brindemos». Repetiste mientras lavabas minuciosamente su copa y «Lo mejor de tu vida» empezaba por fin.

Esta imagen la he cogido prestada de internet

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Los ojos de Manuela

«Esta tarde les oí hablar en la cocina. Mamá decía que al volver del mercado se había encontrado con el niño de la casona —creo que se refiere a ese que nació tan malito, el que llevaron a curar al extranjero—, que iba con un señor que trabajaba en su casa, y que le lleva a todos los sitios. Que se imaginaba —por la funda de violín que llevaba en la mano—, que iban a clases de música. Hablaron de lo mucho que a ti te gustaba la música. Igual que a mí. Pero que nosotros no podíamos permitirnos esas cosas. También dijo que tenía mi mirada. Y la tuya. Que sus ojos eran bellos y claros como el día. Igual que los míos. Y los tuyos. Entonces mamá se puso a llorar y papá la consoló. Que no llorase, que nada podían hacer, que los que tenían dinero y abogados eran ellos, que era hora de olvidar, que ya habían pasado diez años… qué casualidad, Manuela, los mismos que hace que desapareciste tú. Te quiero, buenas noches».

Besa la manoseada foto y la guarda en el cajón junto a las inmensas ganas de que su gemela aparezca algún día. 

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Hábitos culturales

Alika fantasea con su muñeca y juega a ponerle ropitas con los trapos que encuentra. Su mamá le dice que en nada crecerá y no podrá seguir jugando con ella. Que se enamorará de algún chico de la aldea, pero tendrá que arrancárselo de la cabeza porque de su corazón no es la dueña. Que cubrirán su cuerpo con un vestido infinito, como el que lleva ella, holgado, de tela firme, que no marque las curvaturas de su figura. Un pañuelo también oscuro, tapará su cabello, ocultará su talento y sus ideas. Y para entonces ya podrá fabricar hijos. Y yacerá con quien no ha elegido ella, porque de su piel no es la dueña. Y su sonrisa no se mostrará en la vanidad de ningún espejo, su boca será invisible, sin opinión y sin lengua, sus manos desconocerán la textura de un libro y sus ojos quizá mueran huérfanos de narraciones y leyendas.

Alika es aún muy pequeña para saber de lo que habla su mamá, también para entender por qué quiere adelantarle una a una las piedras que debió encontrarse ella en su destino.

Esta imagen la he tomado prestada de la red.

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Despistada equidad

Están sentados en un mismo banco de la comisaría. El más joven, en el medio, está aterrado. Ha robado una gallina y podría caerle un buen marrón; si lo encarcelan, quién cuidará de su madre y sus hermanos. 

El de la derecha respira tranquilo —su padre está en la oficina del jefe—, se divierte mirando chicas ligeras de ropa en su Ipad. Se escuchan risas. Él sabe que, aparte de elegante y generoso, su papá cuenta unos chistes fenomenales. También hablará de hombres. De su condición. Que son como son; que no pueden evitarlo. Y de mujeres. De cómo van algunas.

El que está a la izquierda del banco es un hombre con cara de pobre. Uno de los guardias, parco en educación, se dirige a él espetándole que se ha desestimado su denuncia porque su hija vestía como una puta, iba muy provocativa. 

Encogido y evitando mirar a los presentes, huye arrastrando sus pies y su impotencia. 

Es hora de comer. El bien trajeado sale del despacho. Recoge a su hijo que restaba solo en el banco. Apaga su Montecristo con la punta de sus Louis Vuitton y reserva mesa para tres en un afamado restaurante de la ciudad. 

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El desahucio

Cuidado con los tréboles de cuatro hojas, el mismo día que Tamara cumplía doce años se encontró con uno y les arrebataron el hogar en el que había nacido y sido tan feliz. No entendía por qué. Demasiado joven para comprender las tropelías y desatinos de los mayores. Aún así, antes de abandonarlo, como si una vieja hechicera la hubiera poseído, echó una maldición…
«¡Que el que venga a vivir aquí nunca sea feliz».
Hoy, cinco años más tarde, su casa es un prostíbulo de explotación de mujeres y solo son felices quienes la visitan.

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Microrrelato presentado a ENTCerrados. Si clicas en la página verás las bases del concurso…

ENTCERRADO 5 … la suerte esquiva …

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El Mar

Quizá ocurra mañana Sol, pero hoy por hoy, el hombre es tan humano que sigue cayendo en idénticos errores. Y por mucho que Luna insista, dudo que cambie. Mi azul no se encuentra bien. Sufro de empacho, Sol, demasiados años soportando tanta inmundicia, desigualdad y sinrazón.

Esta madrugada han vuelto unos cuantos. Me han despertado sus lamentos en un vano intento de abrazarse a mí. Estrella los alumbraba, penaba conmigo desesperada, mientras yo me colaba sin remedio en sus pulmones, ahogaba su aliento y definitivamente mataba sus sueños. Y así una y otra vez.

Photo de Vince Clinches. Greenpeace PhilippinesScreenShot2017-05-12at11.44.43AM-nlkhyfukjtp5877bxvezbs58hma2f79ddup6zeju34.png110a69be9e1f2c6889939d7c89888b21d919f8fd.jpgImagen tomada de Internet

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Verde no te quiero verde

Venían encerradas en unas mallas de plástico de un subidito color bermejo que te sugerían en el paladar sensaciones dulces y jugosas.

Otros aparecían envueltos en redes de nylon de un atrayente amarillo ambarino que te sumergían en un viaje gástrico y que comenzaba en las papilas gustativas hasta llegar al estómago.

Otras se alojaban en unas bolsas tipo rafia de un tono ocre siena. Las intuías de color pardo suave con toques dorados prontas para ser saboreadas al vapor o en tiras ahogadas en un ardiente aceite.

Una vez en casa, al tiempo que eran despojados de su disfraz y el efecto óptico se desvanecía, descubrías cuán prematuros estaban y la estafa en la que colaboraban, primero los recolectores y después los supermercados y tiendas… ¡Anda que no les faltaba a aquellas naranjas, limones y patatas, tiempo y sol para madurar!

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Microrrelato presentado en Entc que gira en torno al verde. Como veis en el mío esta todo muy  verde. 

Aquí podéis ver la pagina pratocinadora:

https://estanochetecuento.com/verde-no-te-quiero-verde-rosy-val/#respond

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Mi aliado el vino

Estreno vestido y guantes de satén. Sobre la mesa dos copas con vino y una botella. Espero paciente. Querrás desvestirme, poseerme, como un loco, hasta quitarme el sentido, como tantas veces…
Cuando llegas elijo una copa y deslizo el dedo por el borde. La acerco a mi boca, pero me la arrebatas y la bebes de un sorbo.
Apenas unos segundos tu cuerpo vacila. Extiendes una mano. En la otra llevas un puño, fiel testigo de tantas e inútiles resistencias. Nuestros ojos se encuentran. En los míos ya no hay miedo. Te dejo en el suelo, a tu lado ella, hecha añicos, tu compañera, que me devuelve mis alas que por fin despliegan.

Microrrelato presentado al 1º CONCURSO Bodegas MIRADORIO

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Vaticinio, finalista en Wonderland

Hoy, al mirarme en el espejo, me he topado con un dolor violeta alrededor de mi ojo izquierdo. Al bajar a desayunar, unos lagrimones chapoteaban en la encimera. De la taza del café humeaban unos malolientes gritos y en la tostadora se chamuscaban unos exabruptos integrales. El colmo ha sido encontrarme en la nevera unos insultos bastante frescos, como de la noche anterior…

Hoy me apetece prepararte un suculento menú y regarlo con una botella de vino de mi mejor revancha. Hoy estoy por asegurarte, que definitivamente y contra todo pronóstico, no seré yo la que salga en las noticias. 

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Gracias al equipo del Wonderland por elegirlo. Aquí su página con todos los relatos ganadores.

http://blog.rtve.es/wonderland/

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Crónica conmemorativa

Le dejará la mochila en la entrada con el almuerzo dentro –hoy toca bocata y pera—, podría volver de repente y olvidar llevársela a la escuela. Igual que cada mañana se asomará al mar. Le buscará entre las olas, querrá saber si antes de bañarse se mojó la nuca y las muñecas. Colocará su cubierto en la mesa, un mediodía más, por si apareciera con un apetito voraz. A la hora de la merienda escalará montañas. Gritará su nombre, lástima que el eco ya afónico no tenga ganas de réplica. Calentará su cama, como si no intuyera que esta noche también la pasará fuera, y por si vuelve hecho un Adán, ropa limpia, como si no supiera que donde está no necesita vestimenta. Antes de acostarse le dejará las llaves bajo el felpudo, por si aún no ha aprendido a traspasar puertas, y mojará su almohada imprecando al cielo y le lloverán ángeles a cientos: Yéremi, Jonathan, Sonia, Amy, Mariluz, Gabriel… Entrada la madrugada se quedará dormida. Por muchos sueños que pasen nunca entenderá por qué se lo han robado.

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Llueve sobre mojado; Finalista en el VII Concurso de Microrrelatos “El Roblón”

Su madre no pudo hacer cosa peor que morirse y dejarles a los tres huérfanos. Que su padre les abandonara después, no estaba previsto, tampoco tener que vivir en ese lugar de trasnochada bonhomía. En eso pensaba Pablo cuando vio pasar por delante de su cama una sombra que fue a pararse en la de David… y volvió a su piel un pegajoso escalofrío, un revoltijo de asco, odio, deseos de volar. Se cansó de implorar que su hermano volviese cuanto antes a la cama. Contiguo a él, y ajeno a todo, Miguelín dormía. Le miró con los ojos lagrimosos. Por primera vez reparó en que se estaba haciendo mayor. Exhausto de llorar se quedó dormido. Se despertó de madrugada… David volvía.

Apenas un golpe, un leve crujido pero contundente, en la calva redonda con la vara de hierro que llevaba meses esperando bajo su colchón. Quizá fue el sitio, justo en el punto exacto, o ese Dios despistado que ahora se confabulaba con él. Huyeron de allí los tres. Había jurado que el más pequeño no pasaría por lo mismo. En el suelo una sotana empezaba a teñirse de rojo.

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Agradezco infinito al jurado por elegir mi relato entre los diez finalistas. Pinchad en el enlace para que veáis la página de los organizadores.

http://asociacionfelixdemartino.blogspot.com/p/finalistas-vii-con.html

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Dudoso rescate, finalista «I Certamen Microrrelatos “María De Molina 24 Ediciones”»

IMG-20180218-WA0003.jpg Desde la escotilla del barco contempla un débil sol anegándose en las entrañas del mar, un mar que conoce demasiado bien; su inmensidad, sus colores, su frío infernal.

No sabe dónde está. No se acuerda que ayer la subieron a un bote ni que unas manos y manta cálidas cubrieron su cuerpo, tampoco que momentos antes un hombre sentado a su lado soñaba una vida nueva, mucho menos de los dos jóvenes que ateridos de frío buscaban calor en el otro, qué decir de la mujer que abrazada a su barriga se quejaba mirando al cielo…

De su bebé colgando de su teta reseca, de sus ojos hundidos de par en par; del sabor salado en su boca y de los cuantiosos gritos ahogándose en el agua, de eso, será imposible no acordarse.

Gracias al equipo de «Maria de Molina 24 Ediciones», por elegirlo.  Aquí os dejo el enlace para que leáis los demás trabajos.

https://www.mariademolina24ediciones.es/resultados-del-certamen

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Sonámbula, Finalista en Wonderland

Como una autómata se dirige a la cocina; lo encuentra apoyado en la mesa. Harta de renuncias coge el cuchillo y lo introduce hasta el fondo. La roja jalea salpica su cuello, resbala caliente por sus pechos. Vuelve a la cama. En el suelo, el tarro vacío de mermelada.

Se despierta; no está a su lado. Lo descubre en la cocina… Limpia el charco y el cuchillo. Apila los abusos y vejaciones, su último «foca», las lágrimas, el miedo, las ganas de morirse, y lo enrolla todo en una manta. La tira por ese terraplén, desconocido, de tan difícil acceso. 

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Microrrelato finalista el 7 de abril, 2018. Gracias al jurado del concurso por elegirlo.

Aquí, en la página del programa, podéis leer este y los de mis compañeros…

http://blog.rtve.es/wonderland/2018/04/

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Un rival demasiado fuerte el miedo, finalista en Wonderland

Vaciaron tu boca de palabras, tus ojos de miradas. Disfrazaron tu talle de pecado. Te llenaron la cabeza de pájaros y el vientre de hijos. Cuando observaste tu imagen en el espejo, no te reconocías. Tiraste con fuerza, pero estaba pegado a tu piel, inevitablemente el disfraz y tú erais uno.

Ya no sientes mariposas en tu estómago, volaron con tu pelo negro al viento, también de tus labios se fueron todos los besos. En tu cuerpo solo hay rastros de manos, de dedos baldíos de caricias. Pudiste huir, mas te conformaste con seguir durmiendo una vida de solo sueños.

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Este micro resultó finalista el 4 de noviembre… gracias al equipo por  elegirlo.

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Salvando las apariencias, finalista en Wonderland

Querida niña, esa pena es tuya, deja que te atrape, que esté contigo mientras palpites, que su recuerdo sea tu dueño y que perturbe tus sueños, de noche, todos los días; no pretendas vivir sin esa agonía. Que esos instantes atroces, de sus penes humillando tu espíritu, forzando tu esencia, no se vayan nunca. En tu mente, eternamente imborrables, diez garras manoseando tu cuerpo, maltratando tu estima. Porque para que el mundo te crea y ellos paguen por su mala vergüenza, no solo tienes que estar rota por dentro, también por fuera tienes que parecer que estás hecha una mierda.

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Sarcasmo e indignación ante la noticia:

«El juez admite un informe sobre la víctima encargado por un miembro de ‘La Manada’ a un detective».

http://www.publico.es/sociedad/juez-admite-informe-victima-encargado.html

Gracias al equipo de Wonderland por elegir este micro.

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Tejiendo una venganza (Pase a la 2ª ronda, Monstruoscopio de Entc)

Guarda un secreto que no puedes conocer; cuando te vas, baila boleros y cuando regresas, desconecta sus piernas. Se sienta y continúa tejiendo la bufanda que te prometió. Te la regalará una madrugada de sábado en la que vuelvas borracho.

Tu bufanda está terminada. Sueña con ponértela ella misma; ¡es tan acolchadita! Además de tus colores favoritos lleva un doblez oculto donde se esconde una brida de plástico que una vez encajada…

Sábado noche. Entras tambaleándote. Te acercas a ella. Te la coloca y justo donde tienes tatuado ese inquietante pentáculo, aprieta. Ya no podrás forzarla ni quedar impune ante sus denuncias, tampoco inventarte falsos accidentes delante de tus colegas.
Se levanta de su silla de ruedas; va en busca de la azada.

La PEREZA

Extensión: 123 palabras EXACTAS  (título NO incluido). Con las palabras : pentáculo y una azada.

Gracias a Mel,, http://melodiasdecuentos.blogspot.com.es/ al jurado y participantes entecianos  de http://estanochetecuento.com, por darme la posibilidad de pasar de ronda. Y sigo, como Noctámbula, en busca del tercer pecado capital…  la GULA.

Esta es la preciosa ilustración que NO debía de sugestionarnos 😉 en esta ronda…

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Doy las gracias a todos, pero de forma especial a los amigos que a pesar de no ser de Entc, estáis siguiendo mis escritos. Besotes.

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Dos bodas desemejantes, finalista en Wonderland

Elisa cree que esta vez es la definitiva. Después de cinco desengaños amorosos, dos pedidas de mano y las incontables cantinelas de sus padres —-advirtiéndole que se le está pasando el arroz—, ha encontrado en Antonio, un compañero de su trabajo, a su otra mitad.

Indira no sabe muy bien lo que es estar enamorada, pero le gusta mucho Batuk, un chico que vive en su misma calle. Su madre le advierte que no se ilusione que para ella ya tiene otros planes. Desde que su padre y su hermano mayor desaparecieron, también lo hacen los últimos granos de arroz.

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Estoy especialmente agradecida al equipo del wonderland por elegir este micro/denuncia que relata la triste realidad que sufren miles de niñas que, aunque lejos de nuestras fronteras, no debemos olvidar.

Si queréis saber quiénes me acompañan clicad en la página de los patrocinadores del concurso…

http://blog.rtve.es/wonderland/

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Se separan, o se van de vacaciones

Vais en coche muchas veces, pero hoy le sientes distinto. Igual es porque anoche discutieron. Últimamente lo hacen mucho. Los gritos no te gustan, te asustan, te alteran. A los más pequeños, Sarita y Toni, también les aterra, siempre lloran.
Es la primera vez que te pasa. Te has quedado dormida y no te has enterado del viaje. Te notas rara y la boca pastosa. Tienes sed. No sabes dónde estás. Nunca antes habías venido a este lugar. Le llamas. Él siempre acude. Por qué no viene. Tratas de alejarte, mas no puedes. Le llamas. Por qué tarda tanto. Apenas te sostienes. Ya sale la luna. Tienes frío. Le llamas. Te acurrucas. Tienes sed. Quieres huir, pero no puedes. Le llamas. No sabes qué haces aquí, atada a este árbol.

img_0226La guapa modelo, Nube Val -espero que no se le suba la fama a la cabeza-, ha posado gratuitamente para participar en este evento ¡doy fe! Gracias, preciosa, sin duda, serás recompensada…

Más que un micro, mi colaboración en «esta noche te cuento»,  es una denuncia. Salvaje es el que lo hace, salvaje es quien lo consiente. Por todos aquellos perros que perecen abandonados, colgados y  atados de forma tan inhumana por… ¿un humano?

Amigos, Nube y yo, os damos las gracias por venir hasta aquí.

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Salir corriendo, finalista en Wonderland.

Hoy no me miraré en tu espejo. Me pondré un vestido de espalda ancha, para que me resbalen los improperios que dirás al verme maquillada.
Será corto, amarillo, sin mangas, que resalten los morados de la semana pasada. En el cuello llevaré un pañuelo suelto, verde confianza, que contraste con la ira de tu mirada. Estrenaré un bolso de boca grande, lo llenaré de ganas; de recuperar la ilusión, decir cosas, seguir creciendo. Me calzaré unos zapatos valientes, de punta afilada y lanzaré muy lejos años de coacciones, chantajes y amenazas. Sin miedos, sin cordones ni tacones, para salir ligera.

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Este micro lo escribí el 25 de noviembre con un deseo muy especial;  no tener que soportar más el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Gracias al equipo de Wonderland por elegirlo.

Pinchando en la página de los patrocinadores podréis ver a los demás ganadores. Todo un orgullo estar ahí junto a tantas buenas plumas.

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Publicado en ¡Basta ya!, Esta noche te cuento

Artículo de comercio

La peinan y maquillan, si bien ella no necesita acicalarse. Se mira en el espejo y un miedo desconocido tizna su vestido inmaculado. Tampoco le atacan los típicos nervios del momento, pero está confusa y aunque se lo hayan explicado cien veces, sigue sin entender esta parafernalia. En cambio, sí recuerda las mil que le han martilleado que tiene que caminar derecha, lentamente y por el pasillo central.
Según se acerca al hombre, un océano de escarcha le recorre desde sus bucles hasta sus zapatos blancos. A un lado del pasillo están sus padres, que con mirada suplicante le reiteran que en nada aprenderá a quererlo. Al otro lado, ajenas a sus silentes lágrimas, dos amigas suyas le dicen por lo bajini que si después se apunta a jugar a las muñecas.

Stephanie Sinclair - Yemen jul 26 2010.jpg                                      Fotografía: Stephanie Sinclair – Yemen, julio 26 2010
Tahani, de 8 años, con su esposo Majed, de 27 años, y su compañera de clase Ghada, de 8 años, y su esposo afuera de su casa en Hajjad, Yemen.