Publicado en ¿Dulce Navidad?, Esta noche te cuento, Microrrelatos animalistas

Antonio se propuso no celebrar aquella navidad

Cuando era un niño no sabía lo que esas fiestas encerraban, ahora de mayor se cuestionaba… por qué precisamente en Navidad a sus padres les preocupaba tanto traer a la abuela a casa, para luego aparcarla todo el año en la residencia. Tampoco se explicaba la repentina amabilidad de los del quinto.

Se preguntaba porqué siempre en Nochebuena, se cenaba lo que parecía un bebé recién salido del vientre de su madre… dormidito en una bandeja.

No comprendía lo del abeto muriendo lentamente y sin remedio fuera de su hábitat.

Por qué cada Navidad, algunos de los muchos regalos que traían los Reyes Magos a sus hermanos y primos, terminaban en el desván sin estrenarse, y algún otro, pasada la época en la que ya no les hacía tanta gracia, abandonado sin piedad en la calle.

No entendía que atiborrasen al frigorífico… días después mucha de esa comida iría a parar a los contenedores de la esquina.

Tampoco entendía el despilfarro de luz y de colores… cuando a pocos kilómetros de allí, había gente viviendo a oscuras, gente pasando penuria.

Y porque así pensaba y lo proclamaba, le llamaban rarito. Como si él estuviera diciendo algo que no fuera cierto…

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esta noche te cuento: DIC61. ANTONIO SE PROPUSO NO 

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La fiesta

Salió aprisa, pensando que allí al aire libre se celebraba una fiesta.

La música sonaba optimista. Un sol encendido como el fuego, oscureció sus ojos negros. Corrió al ver que alguien lo llamaba, mas, algo no iba bien…

¡No medía las distancias!. Deambulaba de un lado a otro. Sus ojos aún velados, buscaban desesperados una salida. Atisbó a uno de los suyos, corrió hacia él, pero cuando estaba a su lado, un incisivo, lento y doloroso ataque le hizo tambalearse. Notó que sus fuerzas mermaban.

Algo llamó su atención, cuando se acercó, un nuevo impacto lo hizo revolverse. Estaba confuso, no sabía para dónde ir, se desplazó hacia delante y percibió otro. Nuevamente alguien levantó su interés, avanzó unos metros y recibió un impacto más, siempre en el mismo sitio.

El clarín sonaba, como su cuerpo, enardecido. Llegaron más… no pararon, hasta el fin.

Todo se tornó turbio, su latido se derramaba, dejando constancia de su sentir.

No entendía porqué yacía en el suelo. Unas horas antes corría por un jardín inmenso. 

 

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 Dehesa andaluza, imagen tomada de Google

Con este relato participé en,

esta noche te cuento: NOV128. LA FIESTA, de Mª del Rosario Val 

Publicado en Con mucha miga

Pidió socorro y nadie la auxilió

Compraba el pan, la carne, el pescado, la fruta… en el pueblo de al lado, decía que era más grande y más bonito. No le gustaba su iglesia, demasiado gótica, tampoco el cura, demasiado viejo. Detestaba a los niños, no le dejaban dormir la siesta. No se mezclaba con su gente, ¡ella no merendaba mortadela!.

El domingo, a la salida de misa, algunas mujeres murmuraban que… de una caída en el baño, otras… de una cuerda colgada en el desván. Los más mayores… de un escape de gas. De un ataque al corazón, cuchicheaban algunos jóvenes.

De repente desaparecieron todos… cuando vieron que el médico venía acompañado del forense.

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Publicado en ¡Jóvenes!, Con mucha miga

Y a ti, ¿qué te duele?

¡Esta puta pierna va a acabar conmigo, estoy hasta los mismísimos de este insoportable dolor!

Hace dos meses que Ramón se levanta todas las mañanas con esta cantilena, decide ir al especialista:

-Veamos, ¿dónde te duele?

-¡Uf, aquí, en el tobillo, lo tengo hecho polvo!. Le refiere con un triste rictus de oreja a oreja.

-Bien, con diez sesiones de rehabilitación se te pasará, pasa y espera un momentito.

Convencido de que aquél médico no tenía ni idea, entró en un recinto que olía a limón desodorante. Camillas y aparatos por todos lados. Una mujer de mediana edad le sonrió, luchaba con fuerzas por levantar un brazo. Viendo que Ramón lo observaba todo…

-A esa mujer… del tirón desde una moto la arrastraron por el suelo, ¡20 euros llevaba en el bolso!. Le rompieron la cadera y un brazo. Y aquél, el de la camilla, se cayó desde un andamio, no llevaba arnés de seguridad. Se rompió las dos piernas y no sé cuántas costillas. Siempre va en silla de ruedas. A esa chica, la de las paralelas, la atropelló un coche, dicen que en un paso de cebra. Le amputaron una pierna, tiene que aprender a andar de nuevo.

Ramón desconcertado le preguntó, que qué le pasaba a ella.

-Hace un año me quitaron un pecho, desde entonces he perdido la movilidad de este brazo.

Se hizo un silencio. La mujer amablemente…

-Y a ti ¿qué te duele?. Ramón suspiró algo inquieto…

– Bueno… a mi… en realidad…. me di un retortijón… nada… jugando al tenis… con… con un amiguete… me… duele… al levantarme pero a lo largo del día se me va pasando dice el médico que con unas pocas sesiones dejará de dolerme del todo.

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