Mis hijas estaban encantadas con aquella casa rural que habíamos encontrado en internet. Preparaban su equipaje. A la de 11 años le aconsejé qué llevar. “Yo ya soy mayor para que me ayudes”, me espetó la de 13 con autosuficiencia, aún así, le recordé, que no se olvidara de lo más importante y necesario, que luego no se arrepintiera de no haberlo llevado.
Durante el viaje, la pequeña leía mi último libro “Los arándanos de Juan”, la otra escuchaba música de una banda pop que estaba revolucionando a las jóvenes.
Al llegar, les propuse ir a la playa. La menor, en traje de baño, esperaba en el porche, su hermana, sobre la cama, tarareaba con sus inseparables cascos. “Ponte el bikini” le dije cuando logré que me escuchara.
-No lo he traído, contestó sin inmutarse apenas.
-¡¡¡Tanta maleta y has olvidado los más importante!!!
-No, lo importante lo he traído.
Abrió su maleta, en una bolsita de plástico estaba su camisón y su cepillo de dientes… debajo; dos tazas, un paraguas, tres videocintas, dos álbumes de fotos, cuatro cancioneros, seis gorras, dos retratos, tres revistas, pines, cinco discos, llaveros, una carpeta con recortes de prensa… ¡TODO! de los Baquestribois esos…
Imagen tomada de la red
A la kedada de ENTC, Urueña, Valladolid, teníamos que llevar un micro, y yo llevé este que acabas de leer.
Lo de la casa rural y todo lo relacionado con Jams, era la “trampa” que yo le tenía preparada; cada uno de los trabajos presentados, de una manera u otra, “debía” hacer alusión a su nombre. Me lo pasé bien, con su cara de extrañeza, cuando empezó a sospechar que en nuestros micros, había gato encerrado.
Un fin de semana muy especial, me encantó conocer a personas a las que llevaba meses leyendo, y ponerles cara y voz, fue sorpresivo y muy grato, con alguna, especialmente, y me reafirmó en esa teoría que reza; “el roce hace el cariño».
Daros las gracias, compañeros, ¡¡¡hasta la próxima!!!
