Sé que las recuerdas… las carreras por el largo pasillo cada vez que te llamaba.
-Estoy en el váter, Tomás.
-¡Lo primero es atenderme a mí, no olvides gracias a quién comes!
No era menester, él te lo mentaba constantemente… corrías con las bragas casi por las rodillas para llevarle el vaso clarete.
-¡Y agradecida tienes que estar, mujer, jamás te he puesto la mano encima!
Entonces, pensabas en tu cuñado y en la suerte que tenías, que a tu hermana sí le dejaba marcas.
-Pero Tomás, estoy en cuarentena.
-¡Es tu obligación, eres mi hembra!
Apenas te daba tiempo a dejar a mi hermanito en el capazo y guardarte la teta aún rezumando tibio calostro.
-¡Mi madre parió once varones, dos más que tú y además faenaba en la era!
Se esfumó tu vida complaciéndole y cautiva en tu isla, se empañó tu pelo negro.
Has descansado, pero no lo dices, pensaríamos entonces que eres una desagradecida, que no te mereces los cuatrocientos setenta y cinco euros de su pensión, ¡que como comes gracias a él y nunca trabajaste!
Por eso sigues llevándole flores.
Este micro participó en «Esta noche te cuento», mes de mayo, bajo el lema, en la isla de las mujeres.

Esos “cuatrocientos setenta y cinco euros” por lo menos alcanzan para llevarle flores. Muy bueno Rosy, como para ser tomado en cuenta este mes. ¡Suerte!
Saludos.
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No te creas Beto, la experiencia en ENTC, me dice que lo costumbrista no gusta mucho, por lo menos no lo suficiente para ser tenido en cuenta. pero a mi me gusta escribir este tipo de relatos, lo social con su correspondiente denuncia me atrae más que lo transgresor…
Gracias por tu visita, da gusto verte por mi casa.
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Cierto Rosy, habrá que escribir relatos de autoayuda.
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Me suena mucho. Mi madre tenía a un cara como ese, sólo que en este caso se divorció de él. Todo lo hacen ellos, los demás apenas valemos para nada.
Saludos
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Es una lastima que ese tipo de hombres pierdan a mujeres como tu madre por ser tan mandones y abusivos… pero es evidente que eso es lo que hay que hacer.
Un abrazo, amigo.
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Joder, cuanto bestia…
Besos.
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Me gusta que los tíos hagáis comentarios como ese.
Un beso, Toro.
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Hola, Rosy.
Lo leí el día que lo publicaste en ENTC y te juro que comenté algo que me salió desde los adentros. No sé and’anda lo que te decía.
Eran palabras que me enervaron porque lo que leía me iba poniendo los pelos de punta y me hacía aborrecer al cacho-asqueroso que estaba imaginando…
Es una historia cruda, pero real. Cuanta pena me da todo esto, amiga.
Un beso muy grande para ti y para todas ellas, las que estuvieron y las que están.
Pd: Tú sí que eres una microrrelatista como la copa de un pino, ¡vamos, de un pinar entero!
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No me extraña Towanda, cuando piensas en esas mujeres que aguantan tamañas injusticias, dan ganas de decir y hacer cualquier cosa.
No te preocupes, sé que estás ahí, aunque alguna vez no vea tus comentarios, lo importante es lo otro.
Un beso enorme, tan grande como mi pinar.
¡¡¡GRACIAS!!!
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