Sentada en tu mecedora tu cabeza gacha me dice que algo te inquieta. Tus manos acarician un retrato, ese en el que estás vestida de blanco. Con un dedo señalas al que está a tu lado, me miras, me preguntas por mí y no sé cómo rescatarme.
Porque soy yo quien se pierde cada vez que viajas a las estrellas; el que se vacía cuando te desprendes de uno de nuestros recuerdos; el que poco a poco vas arrinconando en tu niebla; el que se duele de que no me reconozcas.
Te abrazo y te lleno de besos… por si con ellos vuelves.
Imagen prestada de la red
Microrrelato presentado en el concurso Wonderland

