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«La cesta de la compra» relato ganador en Wonderland

Se levanta temprano y como cada mañana, no hace la cama. Tampoco se quita el pijama, tiene la fea costumbre de acostarse vestido. Sale con frío, sin sus Nike, sin el Actimel; no se acuerda de alimentar sus defensas. Le acompañan; un palo, un saco y un pañuelo que su madre le ata al cuello. Era de su padre, ahora, él es el hombre de la casa… “cúbrete hasta los ojos, no respires el humo traicionero”.
Tras recorrer el largo camino, divisa la montaña, cuando se acerca, no hay mucho donde rascar, una veintena de niños se le ha adelantado.

Esta imagen no me ha costado nada encontrarla, en la red hay millones de ellas, triste realidad de la que TODOS somos culpables.

Esta imagen no me ha sido difícil encontrarla, hay miles de ellas por la red. Una triste y desvergonzada realidad de la que TODOS somos culpables.

Elegido el 28 de marzo en Wonderland.

http://blog.rtve.es/wonderland/

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Atrapada en su destino…

Se bañaba desnuda en el río y una luna azul le acariciaba el pelo, libre y negro. Mas al despertar, todo seguía igual, su vestido le tapaba hasta los pies.
“Deja de soñar, sufrirás menos”, le aconsejaba su madre desde sus ojos estériles y escondidos en la oscuridad. Pero ella le replicaba rebelde; “Yo no soy como tú ni como ellas, nunca seré de nadie que yo no quiera”.

En alguna otra parte, otra mujer soporta en la piel de su cara un olor que nunca se va…

2796-62660-a-burkaImagen tomada de la red

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Malditas diferencias

Imagenimagen extraída de la red

Ya queda menos. Te sumerges, a modo de despedida, en esa bañera, la más grande que habías soñado nunca. Tu piel contrasta con la espuma blanca. Tu cuerpo delgado se complace en el agua, tus manos intentan apresarla, te parece mentira ¡tanta! para ti sola. Desde la puerta, las dos hermanas llevan un rato observándote en tu empeño, animadas se desnudan y se meten contigo. Jugáis, os salpicáis, de repente, te detienes y lloras, rompiendo ese mágico momento. La más pequeña te consuela… “no llores, tonta, si nosotras te queremos mucho”. La mayor, que sabe qué te pasa, llama a su madre…

Cariño, si dentro de nada estarás otra vez aquí de nuevo, ya verás qué rápido pasa el tiempo”.

Te aferras a tu maleta ocupada de regalos, feliz, vas en busca de tu gente.

No quieres separarte de ellos. Les odias. Te arrepientes. No quieres volver la cabeza, ver sus lágrimas, ni que vean las tuyas. Esta es la cuarta vez, te ocurre siempre que llega este momento: dudas si vivir los veranos en esa maravillosa casa y tener que volver de nuevo a la penuria… te compensan.

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Micro presentado a «esta noche te cuento», http://estanochetecuento.com, el tema del mes de junio, en el laberinto, y este tan particular es de Miguel Jimenez Salvador, «El perro que no ladra»,  si quieres conocerle un poquito más aquí te dejo el enlace a su blog…

http://arktos-themis.blogspot.com.es

 

 

 

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A las que estuvieron y están en esa isla.

Sé que las recuerdas… las carreras por el largo pasillo cada vez que te llamaba.

-Estoy en el váter, Tomás.

-¡Lo primero es atenderme a mí, no olvides gracias a quién comes!

No era menester, él te lo mentaba constantemente… corrías con las bragas casi por las rodillas para llevarle el vaso clarete.

-¡Y agradecida tienes que estar, mujer, jamás te he puesto la mano encima!

Entonces, pensabas en tu cuñado y en la suerte que tenías, que a tu hermana sí le dejaba marcas.

-Pero Tomás, estoy en cuarentena.

-¡Es tu obligación, eres mi hembra!

Apenas te daba tiempo a dejar a mi hermanito en el capazo y guardarte la teta aún rezumando tibio calostro.

-¡Mi madre parió once varones, dos más que tú y además faenaba en la era!

Se esfumó tu vida complaciéndole y cautiva en tu isla, se empañó tu pelo negro.

Has descansado, pero no lo dices, pensaríamos entonces que eres una desagradecida, que no te mereces los cuatrocientos setenta y cinco euros de su pensión, ¡que como comes gracias a él y nunca trabajaste!

Por eso sigues llevándole flores.

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Este micro participó en «Esta noche te cuento», mes de mayo, bajo el lema, en la isla de las mujeres.

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Ostracismo político

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“No, no quiero coche oficial, prefiero conducir el mío, ni que me reservéis hotel en la capital, ¡pero si tengo el piso de cuando vivía allí, antes de trasladarme!”

 

-Este tío nos está jorobando ¡pero bien!; ni dietas, ni coche oficial, y no solo eso, ayer me dijo que al mayor de sus hijos ¡piensa matricularle en una universidad pública!

-Está claro que lo que quiere es sobresalir y jodernos, si no tiene vocación de político que se vaya de maestro, a ver qué tal vive con esa mierda de sueldo.

-También se comenta que a su mujer la han visto entrando en un ambulatorio de la Seguridad Social.

-¡Me cagüen la clase baja!

-Pues algo habrá que hacer, cae bien a la gente y se avecina el proceso de primarias…

-Tranquilo, si no es por las buenas, se le saca un asunto de faldas y fuera, eso es infalible.

 

“Papá, dice la abuela que dejaste la política porque tus compañeros no te apoyaron”.

“Más bien hijo, me invitaron a presentar mi dimisión, pero he salido ganando, me gusta impartir clases, vivir de la literatura, prefiero que me recuerden como un profesor honesto que como un político corrupto”.

La Primavera de Microrrelatos Indignados 2014,  pretende que hoy 15 de mayo de 2014 la red se llene de microrrelatos indignados que denuncien el avance de la desigualdad social, las injusticias, los abusos de poder, las humillaciones colectivas, las corrupciones impunes o la desprotección social que en los últimos tiempos estamos padeciendo, gracias a Miguel Torija, de LA COLINA NARANJA, por hacerlo posible.

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Una mirada certera

Llevaba horas siguiendo su rastro, el inequívoco estigma sobre los blancos copos, le excitaba, presentía que cada vez estaba más cerca. La escopeta desafiante, a la espera del dedo apuntador. Se aproximaba, con sigilo, muy despacio, se recrudecía su ansia. Temblaba. Un mínimo rumor le haría perder su trofeo, se desvanecería su tesoro.                                                                                                                                                                      Dormita en su mecedora. Ahora dispone de mucho tiempo y aprovecha hasta el último rayo de sol de la tarde. Luna y Nube lo olisquean todo… hasta llegar a sus babuchas. Al abrir los ojos una tristeza asoma a su cara. Abuelo, le digo, ¡que ya ha llovido bastante! Lo sé, Lucía, pero no puedo evitarlo, estas juguetonas me devuelven aquella mirada… la de una madre aterrorizada más por el desamparo de sus lobeznos, que por su propia muerte.

HHzZJDhqPnIEnWt-320x240-croppedImagen de Google

Microrrelato presentado en ESTA NOCHE TE CUENTO

Este mes nos inspiraba este precioso dibujo de Nicoletta Ionescu…. 

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Hoy, comemos.


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Se levanta amanecido, por un camino angosto y frío llega a la gran montaña. Ya hay manos que buscan y rebuscan y que han madrugado más que las suyas. Pero ¡hoy está de suerte! encuentra un saco con algo dentro. Se lo lleva a la cabaña, veloz y complacido. Ya no siente sus pies descalzos y ateridos.

En la maltrecha olla el agua hierve sola a la espera de que algo se ahogue en ella. Qué importan los gérmenes, bacterias y demás bagatelas… cinco estómagos rugen, diez ojos de hambruna se escapan de sus cuencas. ¿Qué es eso?, pregunta el de la mirada más grande. Nadie contesta. 

«Mamá tengo hambre» es el nombre de la pintura que me ha inspirado esta relato, su artista Luisa Olguín

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Enganchada

Demasiado tarde, ocho meses es mucho tiempo. Cuando lo advirtieron estabas atrapada, ya eras juguete de aquel guiñol.

Pendiente de él a todas horas, no hacías otra cosa que seguirle, llenaba tu vida, te sentías viva. Una de esas noches te informaron que se iría, que no volverías a verle, comer, lavarse los dientes, bailar, dormir, te preguntaste alarmada, ¿qué será de mí?

Su marcha te llenó de tristeza, pensabas morirte de pena.

Esa madrugada al entrar en tu cuarto, te encontraron tendida en el suelo. En tu mano ya fría, el mando, definitivamente él se había ido, el reality había llegado a su fin.


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Esta particular marioneta me inspiró este micro. Ella es obra de Juanlu,  que nos la presentó allá por el mes de marzo de 20013, participando en la convocatoria para su libro, Colaboraciones III. Si quieres ver más cosas de él, aquí su blog… http://dididibujos.blogspot.com.es

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El helado de leche merengada

Está sobre ti, pero tu mente vuela. Dejas a la mujer en la cama, la que se gana la vida con quien la desea y te lo llevas a él, contigo. Cogidos de la mano, camináis por el paseo marítimo, globos de colores os miran al pasar. En el mercaillo del puerto te paras en cada puesto, todo te encandila, babuchas, chucherías, pañuelos… quiere regalarte uno; el de flores, el grana, o quizá el azul… te cuesta elegir ¡son todos tan bonitos! Disfrutando como una niña chica, corres hasta el carrito de los helados, te pides uno, bien grande. Te sabe a casa, a tu madre, a sus maravillosas gachas con leche, con su canela en rama y una mijita de matalahúga, ese ingrediente estrella que ella a nadie desvelaba. Hace poco que se fue, cansada de parir, estropeada. De tu padre, prefieres no acordarte.

Dejas de soñar. Se acaba el helado, vuelan los globos, se esfuma el pañuelo. Sabes que nunca te llevará de paseo, es como los otros, solo paga lo que consume. Vuelves. Él sigue ahí, sobre ti.

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Simple alergia


20130806-132632.jpg«Sí, señora, me ha quedado claro, ¡que ni una mota de polvo le toque»
-Y esta foto, papá…
-Yo, de pequeño…  ¡qué días! lo bien que lo pasábamos jugando al escondite en aquél caserón abandonado.
Se acuesta malhumorado. En su aséptica habitación, entre níveas sábanas, dentro de un impoluto pijama. Daría su mejor consola por llegar así, como su papá en esa foto, sucio, despeinado…

 

Colaborando con Viernes creativo: escribe una historia, El blog de  Fernando Vicente

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Malditos recortes

Nada más llegar se lo dije al de la puerta, que eras asmática.

El médico ha salido por una urgencia… ya, pero es que mi niña… cálmese, señora, vendrá enseguida, está solo, con esto de los recortes … entonces me la llevo al hospital… el médico vendrá enseguida…. pues llámeme a una ambulan… pero tendría que pagarla usted… ¡pero si ya pago a la Seguridad social…! pues entonces siéntese que solo son cinco minutos… ¡pero si ya llevamos más de quince!, ¿quién atiende las urgencias?… pues el médico… pero si no está, ¿quién atiende a mi… señora que ya se lo he dicho, el médico llegará en… claro ¡si fuera su hija… no empecemos, qué tendrá que ver que… no voy a repetírselo más, mi niña está mal… pues entonces señora llame a un taxi… ¿y quién lo paga? yo no puedo… ni yo, ¿qué se cree? me han reducido la jornada… por Dios, cuándo viene el doctor… y mi mujer está en paro y tengo cinco bocas que aliment… ¿viene ya de una puñetera vez…? y apenas puedo con la hipoteca y encima mi suegra en silla de ruedas… por favor, cállese ya, me está empezando a doler la… y le han denegado la asistencia… ¡mañana mismo les pongo una denuncia!… y dele señora… qué culpa tendré yo… ¿no ve la carita que tiene mi niña?… igual es que tiene sueño, verdad chiquitina que tienes… ¡oiga, que yo conozco a mi hija, voy a llamar un taxi y que lo pague quien sea… señora, mire, por ahí viene el médico, ¿ve? ¡ande entre!

Parecía cansado, te desnudé, te acarició la carita y te auscultó. Ya no recuerdo si le dije que eras asmática. Te puso una inyección para bajarte la fiebre, tenías 39. Te dio un jarabe. Me dijo que no me preocupase, que te pondrías bien y que por la mañana pidiera cita con el de cabecera.

Pero esa madrugada te ingresamos en urgencias, cuando volví a verte, tus hoyuelos habían desaparecido, tus mejillas no tenían color, ni tus ojitos azules estaban abiertos. Tu padre ha denunciado al centro de salud, al médico, al celador, lleva semanas en los juzgados. Hoy hace un mes. Llevo treinta días y cinco horas sin ganas de vivir, sin coraje. Me has desheredado de consuelo. La abogada me dio el nombre de ese jarabe, lo he conseguido en pastillas, he comprado dos botes, ya sabes, yo también soy asmática…

imagesLa imagen es de Google

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El horno de leña

Acurrucada en el suelo y el miedo ocupando tu cerebro, esperas a que la bestia descargue sobre ti su furia. Te viene a la memoria un juramento y te ves de nuevo agazapada, con tu muñeca, debajo de aquella tambaleante mesa que tu padre golpeaba con rabia. Tras el mantel de hule transparente veías sus patadas mientras ella gemía. Sin importarte lo que pueda pasar, valiente te alzas, decides que no habrá más últimas veces.

“Cuando termine de limpiar la sangre y de curarme las heridas, meteré el bate con tus últimos trozos, ya no te quejarás más de que no lo uso. Ya casi ni lo noto, poco a poco me voy acostumbrando a este olor a quemado, también a este solaz”

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Un micro «bestia». Requisitos: 666 caracteres exactos, que empezase por  A y terminase por Z. Que la palabra malo y sus derivados no apareciesen entre sus letras, y por último que fuese de lo más bestial.  Me gustó sacar a pasear a la bestia, que parece ser, y por esta vez, llevo dentro.

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Papi, también te quiere

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Les echo de menos. Hace un mes que no están. Su madre se los ha llevado a miles de kilómetros. En la embajada alegan, que no es pertinente enturbiar las relaciones entre ambos países.
Qué fácil separarme de ellos y obviar… ¡quién de noche les contaba cuentos, cuidaba su frente, les llevaba al colegio!
Pretenden que deje de ser padre, como dejé de ser marido, y se llevan impunemente también mi corazón, igual que aquella otra vez…

La recuerdo llorando, implorando a unos señores vestidos de uniforme, que me permitan ir con ella, que un contrato de trabajo, en un país vecino, la espera. Mientras, sobre una desgastada maleta y con la tiza que me había regalado el más alto, dibujo premonitorias equis, como si desconociera otra consonante. Y me veo saliendo del aeropuerto y entrando de nuevo en aquel colegio. Antes de dormirme, sobre una almohada mojada, su pálida mano diciéndome adiós.
Cuántos meses añorándola, hasta reencontrarla de nuevo. Cuántos pasos, plegarias y citas en los juzgados hasta probar, que él nunca profesó como padre, que solo ella me estaba haciendo grande.
Inocentemente me sigo preguntando… por qué las leyes quedan tan a desmano de los corazones.

De niño, me separaron de mi madre porque exigían la firma de un fantasma, al que solo me unía un apellido y jamás asumió su responsabilidad. Hoy me separan de mis hijos… por todo lo contrario.

Esta en mi aportación a microrrelatosindignados@gmail.com. Un hermoso proyecto  para denunciar, decir ¡basta!, exigir que las cosas empiecen a cambiar. Gracias a:  La colina naranja       Explorando Lilliput     Pliegos volantes       Relatos de andar por casa,  por crearlo.

Y tú, qué desayunas…

La familia García sentada a la mesa de su flamante salón, se dispone a desayunar.

El padre, Roberto, se sirve:

Un café instantáneo sin cafeína, dulce, pero suave, con semidesnatada, sin lactosa, a las nueces, con sacarina. En unas rebanadas a las doce semillas, sin corteza, sin sal, sin azúcar, unta margarina vegetal, sin grasas. Mermelada sin trozos sabor a frambuesa, sin colorantes, en dosificador antigoteo.

La madre, Elvira, al otro extremo de la mesa toma:

Un te rojo parcialmente desteinado con antioxidantes naturales, sin azúcares añadidos. Le añade desnatada uperisada con lactosa, sin colesterol enriquecida con calcio 100% natural + vitamina D, 2ug. Barritas con el 33,01% de fibra con salvado de trigo salvaje, más plus de soja manzana y pera, que le ayudan a regular el tránsito intestinal.

Laura, la hija mayor siempre desayuna:

Un preparado soluble multi- cereales de disolución instantáneo y le añade leche en polvo entera deshidratada con vitaminas A+ D + E. Un yogur griego desnatado semiedulcorado con sabor, sin trozos de papaya salvaje y cereales integral de con frutos secos bañados en copos de arroz ligeramente azucarados.

Frente a Laura, Jorge, diariamente toma:

Leche entera azucarada, O% M.G con sabor a frutas del campo, enriquecido con calcio + vitamina C. Un chocolate sin cacao desgrasado con trocitos de chocolate blanco sin azúcar. Los mini crujientes ositos dorados al horno de leña de pino, con sabor a higos tiernos, ligeramente chocolateados que pueden contener,  trazas de plátano, almendras, pipas, avellanas, pistachos y huevos de granja, no faltan jamás en la mesa.

Jaquim, está sentado al lado de Jorge. Es de Guinea Ecuatorial, tiene 12 años y está de acogida en la casa de los García. Este es su primer desayuno con ellos. Lo observa todo. Cuando le preguntan, por qué no empieza, mira la mesa detenidamente… de derecha a izquierda, de izquierda a derecha:

“Estoy buscando la leche, algunas veces la reparten en nuestra aldea, y también el pan… a mi me gusta mucho la leche migada con pan”.

 

(la imagen es de Google)
Publicado en Con mucha miga, Microrrelatos indignados

La Sherlock Holmes

-¡Mamá!, ¿has planchado el pantalón y mi camisa azul?, he quedado con mis amigos.

-¡Mama!, yo estaba primero, ¿me has lavado el chandal?, y mis patines, ¿dónde están mis patines? 

-¡Mama, mamá!, ¿dónde están mis gafas?, ¡se ha acabado el papel higiénico! 

-Luisa, ¿ has visto mi móvil?, y el Marca, ¿quién ha cogido el Marca?

Mamá, ante tanto requerimiento, aturdida y extrañada les dice…

-Pero… ¿qué hacéis un martes por la mañana en casa?

Todos al unísono le contestan…

-¡HOY ES FIEEESTA!

Y el padre añade…

-Luisa, hoy no voy a la oficina y los chicos no tienen clase. ¡Claro, como tú no trabajas… no te enteras!

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