Publicado en El amor y sus cositas, Viejecit@s

Una corredora, dos dorsales.

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Era su mayor ilusión, pero él se fue antes de que llegara el gran día. Sumida en la tristeza, guardó los dos dorsales que terminaban en 38 y 39, casualmente el mismo número de años que llevaban casados. Esta iba a ser la primera convocatoria a la que no acudirían. Dejó de ir a su panadería favorita porque en la puerta estaba el anuncio: “XXXIII San Silvestre Salmantina”. No quería oír hablar de carreras.

Nos tenía preocupados. Mamá ya no sonreía. Tan siquiera salía a pasear, decía que no tenía cuerpo para nada.

Como cada año nos situábamos cerca de la meta y disfrutábamos del evento con nuestros pequeños. Mi marido fue el primero en verla. Llegaba exhausta. Me acerqué a abrazarla. El sudor pintaba su cuerpo. El corazón se le escapaba del pecho, pero sonreía, pletórica. En su espalda llevaba su dorsal, debajo… el de papá.

Publicado en Diversidad Literaria, El amor y sus cositas, Premios y Regalos

Como anillo al dedo, elegido para el libro «La primavera la sangre altera»

Se fue la primavera y tú con ella. Mamá sacó del armario tu ropa, recogió tu calzado y guardó vuestras alianzas en una cajita. Desheredada de consuelo se sentó al piano, pero sus dedos se habían olvidado de emocionarnos. Arrinconó sus teclas. Hasta que un día… sus manos regresaron, sus dedos nos deleitaron, como entonces. Me fijé en ellos. Llevaba puestos los dos anillos.

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Este microrrelato seleccionado por Diversidad Literaria aparece en el libro «La primavera la sangre altera III».

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http://www.diversidadliteraria.com/info-concursos/resultados-concursos/primavera-3/

Publicado en El amor y sus cositas, Premios y Regalos, Wonderland

«El amor de mi vida», finalista en Wonderland

Se mete en la cocina en busca de una cena aniversario; hoy hace tres años que celebraron la Marcha nupcial de Mendelssohn. Se pone los cascos y se reboza en melodías que encajen con su estado de ánimo. Se rellena de melancolía, pocha la cebolla. Cada vez le cuesta más perdonarle. Rehoga el tomate al son de “Corazón partido”.

Amanece. Dos copas vacías y una botella sin abrir languidecen. En unos cascos se diluye “Si tú no estás aquí”. El agua de una afligida bañera hace juego con la salsa de unos espagueti que desde anoche, caducan sobre la mesa.

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Imagen de google

 

Muchas gracias al equipo de Wonderland por elegirlo. Si queréis comprobar lo bien acompañada que estoy, y leer sus estupendos trabajos, acercaos hasta el blog de los organizadores.

http://blog.rtve.es/wonderland/

 

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Publicado en El amor y sus cositas, Viernes creativo

Cambio de planes

¡Hemos sido tan felices en esta casa!, ¿por qué a los novatos no nos informan, que no siempre es para siempre?

Tu padre al norte, yo al sur. Tú conmigo. Y él, con ella…

Creo que lo llevamos todo, pero no mires atrás, hijo mío, que no se quede con nuestras caras, igual nos visita de nuevo, es un poco despistada, la felicidad a veces repite.

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Esto micro lo escribí para “Viernes creativo” creo que fue mi primer micro en el blog de Fernando Vicente, http://elbicnaranja.wordpress.com/ de vez en cuando colgaré alguno de los que vinieron después.

Publicado en El amor y sus cositas

Tres asuntos resueltos

A mí se me mueren todos, aunque yo no participe en sus decesos, y dado que los cementerios, con sus sepulcros, epitafios y toda esa parafernalia, no me gustan ni interesan nada, yo lo dejo en manos del azar y que sea él quien se ocupe… ¡bastante hago con aguantarlos mientras viven!

Con el primero el cielo me lo puso en bandeja. Qué oportuna aquella tromba de agua que lo anegó todo provocando una riada que pasaba, justo, por mi casa. ¡Si hasta arrastraba contenedores y coches! Solo tuve que dejarle en el primer escalón.

Con el segundo fue pan comido. Estábamos disfrutando de un safari cuando nos visitaron unas malas fiebres. Los leones, que lo fisgonean todo, estuvieron varios días merodeando. Finalmente entraron en nuestra tienda, ¡qué suerte la mía poder disponer del jeep en ese momento!

Y con el último fue coser y cantar. Lo introduje en el maletero y aparqué el auto en mi calle. Dormía a pierna suelta -soñando que algún ladrón de coches o un rayo despistado me resolviera el asunto-, cuando un estruendo me despertó. Al asomarme por la ventana vi gente alborotada corriendo de un lado para otro, policías, coches aparcados calcinándose. No reparé en los destrozos ni si había víctimas, solamente una traviesa sonrisa se posó en mis labios…

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Publicado en Cincuenta palabras, El amor y sus cositas, Esos locos bajitos

Hay cosas que el dinero no puede comprar

No eran ricos, ni vivían en una mansión. Lo del yate y los caballos; mentira. Tampoco celebraba sus cumpleaños con suntuosas fiestas.
Hacían vida sencilla. Cenaban, charlaban, veían televisión.
Sus compañeras la envidiaban… por las sobremesas, las veladas en el salón, porque sus padres después, se iban a la cama juntos.

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http://www.cincuentapalabras.com/2015/08/hay-cosas-que-el-dinero-no-puede-comprar.html

Publicado en El amor y sus cositas

Odio a las bicicletas

 No sé el por qué de esta animadversión, ¡si nunca me han hecho nada!, pero jamás se me ocurrió pedirle una a los Reyes ni me daba envidia ver a amigos montados en ellas. Mis hermanos sí que tuvieron alguna, aunque eso fue antes de nacer yo, justo entonces desapareció papá.

Cada domingo nos reunimos en casa y observo la foto que está sobre el aparador, a la que le falta un trozo. Además de a mamá, Josechu y Felisín, se ve un cachito de lo que parece el manillar de una bici. Como no sacian mi curiosidad empiezo a sospechar, creo que mi madre y mis hermanos están compinchados… también que son los autores de las pintadas que, de vez en cuando, aparecen en el escaparate de la tienda de bicicletas de debajo de casa. Ahora la regenta Rosaura, sobrina de la anterior dueña. Me cuenta que su tía era guapísima, pero que repentinamente se fue de la ciudad y lo abandonó todo. Alguna vez me invita a dar una vuelta. Creo que le gusto, mas yo le digo que las detesto y que no sea tan fresca: ¡Que estoy casado, que tengo una niña y otra en camino!

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Mes de julio y mi aportación a «esta noche te cuento» es la de un chico muy especial, más que tontorrón, es buenico…

Publicado en El amor y sus cositas, Esta noche te cuento

Candidato equivocado

Esta noche se lo pediré, le diré… que me ha llegado el momento.

Las sensuales luces, en el rincón más íntimo de la habitación, rivalizaban con el champan helado. En una halagüeña caja corazón y haciendo juego con mi vestido, sus bombones favoritos. Mi sujetador y unas sugestivas braguitas, aguardaban, embriagados, con el último perfume que él me regaló. Mientras Albinoni cortejaba nuestras bocas, una celosa luna luchaba por interponerse entre los dos. Aprovechando que la pasión se ponía de mi parte, le susurré mimosa…
“Necesito sentir algo de los dos y acurrucarlo entre mis brazos”

Repentinamente… unas cegadoras luces cañonearon mis corneas. Un desafinado adagio retumbó en mis oídos. Un vulgar espumoso y un sucedáneo de chocolate caducaban… cuando su voz, como un jarro de agua fría, me espetó insolente;
“Vale, ¡cuándo empezamos a ahorrar!”

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Publicado en ¡Jóvenes!, Con mucha miga, El amor y sus cositas

La chica de ayer

Acababa de divorciarse, y sin saber por qué, recordó a Margarita. La nostalgia le llevó al anuario escolar de 1980, ¡allí estaba!, aquella chica tenía algo que la hacía diferente a las demás. Se preguntó, qué habría sido de todos ellos. Llevado por ese interés, se animó a reunirlos, sería la primera concentración de su promoción.
Jugar a identificar las caras con los nombres de sus antiguos compañeros les costó, a unos más que a otros. Decepcionante, que no acudiese Margarita, siendo el motivo especial del acontecimiento, pero lo fue más descubrir, quién se escondía tras ese elegante y apuesto hombre que él no recordaba en su promoción.

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Publicado en El amor y sus cositas, Microrrelatos animalistas

Un regalo tuyo en mi cama.

Hacerse vegana. En eso pensaba Rocío cuando la última uva con su respectiva campanada dejaba paso al nuevo año. Liberaría de su armario todo aquello que antes de ser cosa, tuvo vida: bolsos, botas, abrigos… incluido el que le regaló Pedro la Navidad pasada. Estaba segura que al resentido bolsillo de Estrella, la amiga más antagonista del grupo y que llevaba un año en paro, le iba a encantar su decisión.
En la habitación Estrella se prueba el visón, lo manosea con lascivia mirándose al espejo. Le pregunta si a Pedro le parecerá bien… «ni se lo he dicho», le contesta Rocío quitándole importancia. La emocionada Estrella se va con su abrigo y con todo lo que le ha regalado su amiga.
Hoy, ambas, dormirán a pierna suelta.

Por la noche Rocío y Pedro suben al dormitorio. Ambos advierten sobre la cama un fular negro con rosas amarillas:
“¡Anda, mira, Estrella ha olvidado su pañuelo! ”, exclama ella. 
“¿Qué hace aquí el pañuelo de Estrella?”, comenta Pedro al mismo tiempo.
Rocio hace un recuento de toda la piel que le ha regalado a su amiga, mira perpleja a su marido y se pregunta, cuánto tiempo hará que él lleva regalándole la suya.

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