Se hartó de ilusionarse con sus llegadas, de emocionarse con sus partidas, de hurgar en sus maletas, de escuchar sus insinuantes silbidos…
Cerró los postigos y alisó los cenicientos visillos, se apartó de la ventana. Desatrancó los pesados cerrojos y en el descansillo, junto al cubo de enmohecidas esperas, abandonó su desganada maleta, un vino caduco y las dos copas sobre la mesa. Huyó en sus babuchas dejando la puerta de par en par.
Llegó justo cuando pasaba el de las cinco… y de sus nubladas sienes se esfumó, para siempre, un lacerante recuerdo:
«Espérame amor mío, volveré».

Me encantó Rosy, hace muy bien en no esperar más. La vida pasa demasiado rápida y las cinco en punto se hacen enseguida. Besos.
Me gustaMe gusta
Me alegro que te guste, preciosa, un millón de gracias por visitar mi casa.
Un abrazo enorme.
Me gustaMe gusta
Qué bonito es tu relato. Mucha suerte en el concurso. Voy a ver si participo con algo que tengo por ahí, me ha parecido interesante esta apuesta, además estoy demasiado parada y ya va siendo hora de que me ponga las pilas.
Besicos muchos.
Me gustaMe gusta
Hola, Nani, anímate –aunque ganar este concurso es muy difícil–, pero por probar no se pierde nada, ya sabes, lo importante es escribir.
Muchas gracias, bonita, un beso enorme.
Me gustaMe gusta