Hoy se levanta indeciso. Fisga en el armario, y no sabe cuál ponerse; si el pantalón de pana o uno vaquero. Guarda la carta en el bolsillo de la chaqueta. Decide no afeitarse, pero al verse las ojeras, resuelve pasarse la maquinilla. Entra en la cocina, después de vacilar durante unos minutos, se marcha sin tomar nada. Se acerca a la parada y cuando está a punto de coger el bus, determina ir andando. Saca la carta de la chaqueta y se la mete en el bolsillo del pantalón. Llega al edificio, duda entre coger el ascensor o subir las tres plantas a pie. Tras recuperar el aliento, entra en la oficina. Al salir, diez minutos más tarde, no sabe si reír o llorar… si en las vías del metro o desde el quinto piso de una casa que a partir de mañana, será del banco.

Imagen tomada de la red
Semifinalista do I Certame de Micro-Relatos do Gato-Neghro e Onda-Cero (Lugo)
Gracias al jurado por elegir este micro.
http://microrrelatosdogatoneghro.blogspot.com.es/2016/06/semifinalistas-do-i-certame-de-micro.html



Imagen de Google
Acaricia el sonajero, el chupete y la ropita que, aunque no es nueva, le huele a gloria. Antes de meterlo todo en la mochila saca sus libros y una agenda. Abajo un taxi la espera.
Lleva seis meses deseando este momento, de los tres primeros prefiere no acordarse, fueron de dudas, miedos, consejos, advertencias…
Antes de entrar le insisten, otra vez, pero ella ya ha decidido.
Lo mece en sus brazos. Cuenta sus deditos. Contempla su carita. Se mira en sus ojos…. y de nuevo, aquella misma mirada, jadeante y loca, y el mismo dolor punzando su cuello y vuelve el pánico, inmovilizándola contra el suelo…
Lo retira de su pecho y pide que le traigan los papeles.
Este micro concursa en el «I Certame Micro-Relatos do Gato Neghro e Onda Cero Lugo»
En el blog de los organizadores podréis encontrar otros relatos que participan.
Lleva la chaqueta puesta. Hace mucho calor, pero dice que tiene frío. También, que está encantada con su visita. Miente muy bien.
Cuando por fin se queda sola, se quita la chaqueta y sube a darse una ducha. Frota su cuerpo, suave y lentamente, el agua le calma pero en el espejo se delatan, aún se ven mucho… «Igual tiene razón madre, es mi marido, tengo que aprender a bregar con él, a ser más sumisa».
Se sienta frente a ella, es su consuelo: «¡Qué sería de mí, sin estos ratitos contigo!».
La pone boca abajo, no sale ni gota.
Se va a comprar más. Afuera un calor sofocante. Lleva la chaqueta puesta.
La bebedora de absenta de Picasso
Este micro concursa en el I Certame Micro-Relatos do Gato Neghro e Onda Cero Lugo.


Podéis escuchar la lectura en Onda Cero pinchando aquí:
http://www.ondacero.es/emisoras/galicia/lugo/audios-podcast/lugo-en-la-onda-17022016_2016021756c46fe96584a8b27ecb2a4c.html
Cuando llegó a casa odiando las mates, el inglés y el aburrido golf, su madre contrató un profe particular y la apuntó a clases de paddle.
Cuando su madre le instó a que se fuera de nuevo con ese hombre, llorando miró a sus hermanos. Tampoco hoy morirían de hambre.
Imagen Tomada de la red
http://www.cincuentapalabras.com/2015/10/dos-ninas-desemejantes.html
La familia García se dispone a desayunar, sobre la mesa…
Tres clases de puleva, una de ellas, semidesnatada con vitaminasD+K. Petisuises enriquecidos, yogures fibraplus 0%MG. Café. Tostadas; quince semillas, sin sal, integrales. Mermelada frutapunto antigoteo. Ligeresa sin colesterol. Galletas y magdalenas más sabor, menos grasas…
Ahmed de 11 años, está de acogida, este es su primer desayuno con ellos. Mira la mesa… de derecha a izquierda, de izquierda a derecha. Le preguntan, por qué no empieza.
“Estaba buscando leche, algunas veces la reparten en nuestra aldea, y pan… a mí me gusta mucho la leche migada con pan”.
imagen tomada de la red. 
Me hace especial ilusión que este micro haya sido finalista en Wonderland. Muchas gracias por elegirlo. Si quieres ver más fabulosas historias, pincha en: http://blog.rtve.es/wonderland/

Se levanta temprano y como cada mañana, no hace la cama. Tampoco se quita el pijama, tiene la fea costumbre de acostarse vestido. Sale con frío, sin sus Nike, sin el Actimel; no se acuerda de alimentar sus defensas. Le acompañan; un palo, un saco y un pañuelo que su madre le ata al cuello. Era de su padre, ahora, él es el hombre de la casa… “cúbrete hasta los ojos, no respires el humo traicionero”.
Tras recorrer el largo camino, divisa la montaña, cuando se acerca, no hay mucho donde rascar, una veintena de niños se le ha adelantado.

Esta imagen no me ha sido difícil encontrarla, hay miles de ellas por la red. Una triste y desvergonzada realidad de la que TODOS somos culpables.
Elegido el 28 de marzo en Wonderland.
http://blog.rtve.es/wonderland/

imagen extraída de la red
Ya queda menos. Te sumerges, a modo de despedida, en esa bañera, la más grande que habías soñado nunca. Tu piel contrasta con la espuma blanca. Tu cuerpo delgado se complace en el agua, tus manos intentan apresarla, te parece mentira ¡tanta! para ti sola. Desde la puerta, las dos hermanas llevan un rato observándote en tu empeño, animadas se desnudan y se meten contigo. Jugáis, os salpicáis, de repente, te detienes y lloras, rompiendo ese mágico momento. La más pequeña te consuela… “no llores, tonta, si nosotras te queremos mucho”. La mayor, que sabe qué te pasa, llama a su madre…
“Cariño, si dentro de nada estarás otra vez aquí de nuevo, ya verás qué rápido pasa el tiempo”.
Te aferras a tu maleta ocupada de regalos, feliz, vas en busca de tu gente.
No quieres separarte de ellos. Les odias. Te arrepientes. No quieres volver la cabeza, ver sus lágrimas, ni que vean las tuyas. Esta es la cuarta vez, te ocurre siempre que llega este momento: dudas si vivir los veranos en esa maravillosa casa y tener que volver de nuevo a la penuria… te compensan.

Micro presentado a «esta noche te cuento», http://estanochetecuento.com, el tema del mes de junio, en el laberinto, y este tan particular es de Miguel Jimenez Salvador, «El perro que no ladra», si quieres conocerle un poquito más aquí te dejo el enlace a su blog…
http://arktos-themis.blogspot.com.es
Sé que las recuerdas… las carreras por el largo pasillo cada vez que te llamaba.
-Estoy en el váter, Tomás.
-¡Lo primero es atenderme a mí, no olvides gracias a quién comes!
No era menester, él te lo mentaba constantemente… corrías con las bragas casi por las rodillas para llevarle el vaso clarete.
-¡Y agradecida tienes que estar, mujer, jamás te he puesto la mano encima!
Entonces, pensabas en tu cuñado y en la suerte que tenías, que a tu hermana sí le dejaba marcas.
-Pero Tomás, estoy en cuarentena.
-¡Es tu obligación, eres mi hembra!
Apenas te daba tiempo a dejar a mi hermanito en el capazo y guardarte la teta aún rezumando tibio calostro.
-¡Mi madre parió once varones, dos más que tú y además faenaba en la era!
Se esfumó tu vida complaciéndole y cautiva en tu isla, se empañó tu pelo negro.
Has descansado, pero no lo dices, pensaríamos entonces que eres una desagradecida, que no te mereces los cuatrocientos setenta y cinco euros de su pensión, ¡que como comes gracias a él y nunca trabajaste!
Por eso sigues llevándole flores.

Este micro participó en «Esta noche te cuento», mes de mayo, bajo el lema, en la isla de las mujeres.
Ahora se dirige a mí con respeto, sin insultos. A mis amigas y vecinas les habla maravillas: buena cocinera, excelente madre, ejemplar esposa. A veces, también llama a mis padres alabando y resaltando mis virtudes… ¡Si hasta me compra flores y antes, ni en mi cumple!
Aunque observo, que todo eso lo hace cuando está con alguien; nuestras hijas, mi hermano, su madre, la tía. Sin embargo, cada noche, cuando está solo tomándose unas copas y antes de caer rendido, me mira desafiante y me habla raro, palabras que creo se inventa… “jadelagranmismisma, yatasidcantotodie, jalatepudrasnelinfiern”.
Sospecho que lo celebra, se alegra de que una losa me cubra.
NOV93. ¡CUÁNTO HA CAMBIADO ESTE HOMBRE!, de Mª Rosario Val Gracia (Rosy)

En el mismo instante que le sentí dentro, supe que ese sentimiento perduraría en mi hasta que se me acabase la vida. Es curioso, te lo explican… tu madre, otras mujeres, incluso la amiga que se te ha adelantado, pero solo lo comprendes si lo haces plástico, si por fin, lo vives.
Cuando nació me creí realizada, la más feliz, él ocupaba mi tiempo, mi existir. Era aún pequeño y decidimos darle una hermanita. Pensábamos que a nuestro hogar ya no le faltaba nada… nos equivocábamos.
El día que me insultó, la primera vez, yo le excusé:
“¡Pobre, echa de menos a su padre, cuando crezca se dará cuenta aún es un niño!”.
Pero creció y no cambió, eso y otras cosas que me avergonzaban. Él hacía lo que quería en cada momento. Entraba y salía a su antojo, “yo soy mi dueño”, decía. Con el dinero que encontraba en sus bolsillos… “no te metas, eso es cosa mía”. Traté de inculcarle el sentido común, llevarle por un camino recto. Las idas y venidas al psicólogo eran constantes.
Se convirtió en una costumbre… tenía que hallar mi cartera siempre en el mismo sitio, cuando no, se enfadaba tanto que temía me agrediese. Dentro, algún billete para que él pudiera quitármelo, si estaba vacía se enfurecía podía romper lo que encontrase en su camino.
Mi familia y amigos habían dejado de venir a casa, le tenían miedo.
Intenté todo lo que estaba a mi alcance. Visitamos los mejores centros, no acudía dos veces al mismo si no le decían lo que él quería escuchar. Me engañaba, mi hijo no deseaba cambiar ni curarse. Me costó asumir que él quería ser así, destruir lo bueno y a nosotros. Ya no tenía fuerzas para recuperarle aunque quizá nunca le tuve.
Probé echándole, pero, le admitía de nuevo. Pasaba las noches fuera no dormía en casa. Volvía cuando el alcohol ya mandaba en su cuerpo. Los surcos en sus brazos delataban que también su cerebro tenía dueño, empezó a necesitar más dinero.
Aquella soleada mañana estábamos desayunando. Una figura envuelta en luz, transparente y limpia se coló por la puerta. Emocionada le vi renovado, hasta sonreía… pero ese deseo formaba parte de mi anhelo que se esfumó en el mismo instante en que abriendo la nevera cogió el zumo de naranja y lo vertió por el suelo. Se dirigió a su hermana amenazante…
“¡Recógelo, puta, si no te voy a meter un par de hostias!”. No se comunicaba, hacía tiempo que solo mandaba, voceaba. Ella, inevitablemente lloraba, eso le hacía más fuerte, creído, dominante. Seguidamente cogió del consabido lugar mi cartera y la vació dirigiéndome una mirada desafiante…
“Quiero más”.
Salió tras de mi. Su respiración agitada en mi nuca alteró mi aplomo. Pero yo seguía en la cocina, con mi hija, que esperaba aterrorizada a que yo volviera a su lado. Por eso para que ella no sufriera lo que irremediablemente ocurriría, le entregué un cheque con una generosa cifra. Extrañado y con mirada triunfante se marchó diciendo…
“Así me gusta, aquí mando yo”.
Al mediodía llegó eufórico, traía consigo un par de bolsas de las que se transparentaban unas botellas. Con voz autoritaria miró a su hermana:
“Tráeme un vaso con hielo”. Temblaba, ella siempre temblaba cuando él estaba cerca.
Rocé su mano al tiempo que le daba el vaso y le besé con la mirada… el único modo que no podía rechazar. De nuevo esa disimulada seguridad que aplastaba el miedo en mis adentros y que no le daba tregua… “Tranquilo, le dije, te quedas solo, por nosotras no te preocupes, nos vamos de compras”.
Pasamos la tarde por ahí. Mi hija advirtió que yo estaba rara que nunca me había visto así. Ella en cambio estaba feliz, como siempre que estábamos fuera.
Al llegar a casa me metí en su cuarto y cerré la puerta. Apagué la luz. Subí la persiana y al abrir la ventana, un aire nuevo entró en ella. Cogí sus manos, las besé. Ya no podía negarse. Le cerré los ojos.
De vez en cuando entramos en su habitación, nos sentamos en su cama, nos miramos, en silencio…