Publicado en Esta noche te cuento, Viejecit@s

Una vida de fotos

Ha desaparecido todo. Ya no están los trípodes, los focos, las Canon ni la última que comprasteis a plazos, la Mamiya. Qué ilusos pensar que vuestro hijo Mario heredaría el gusto por las puestas de sol, las olas embravecidas, los tapices de flores en primavera, y con esa duda se fue tu marido, si el chico seguiría con un negocio que tanto esfuerzo os costó levantar.

Las miras, lo haces siempre que lo añoras…
«Qué ricitos… aquí tenía tres años… en esta, aprendiendo a nadar… y aquí, en su primer día de cole, qué guapo estaba con su uniforme…». Paras en seco. Mario irrumpe en la salita. Cierras el álbum y te ocultas tras tu caja de costura. Sin tan siquiera mirarte abre el cajón. Después huye dando un portazo con la mirada roja, deshabitada y tu pensión de viudedad en su bolsillo.

Últimamente la cola es más larga. Mientras esperas hablas con tu Ernesto. Le dices que no se preocupe que estáis bien… que Mario está en el estudio, entre flashes y zums. De repente, el aroma te llega más nítido, pegas tu boca a la foto y la guardas en el bolso. El comedor social acaba de abrir sus puertas.

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Esta foto la he cogido prestada de la red

Publicado en Esta noche te cuento, Premios y Regalos, Viejecit@s

Mi padre, en el libro «Aletreos» de ENTC

Cuando no es la pata de una mesa que cojea le ocupa un cuadro que ladea. A veces, coge la bolsa de la basura y la lleva al contenedor. Otras, me lo encuentro llenando de agua el bebedero del perro. Lo mismo le echa una mano al mayor con un pinchazo en la bicicleta que se acerca a la parada del bus para recoger al pequeño.

La tarde invita a disfrutar del porche. Entre rosas y clavellinas se toma una cervecita con Eustaquio, un amigo que vive dos casas más abajo. Al acercarme para llevarles un platillo con aceitunas le oigo decir:
«La verdad es que no tengo mucho tiempo para pensar en ella… mañana por la mañana he quedado con mi yerno, le ayudaré a podar las azaleas y por la tarde con mi nieta, repasaremos la tabla del siete».
Su amigo, nonagenario como él, acababa de preguntarle si no le tenía miedo a la muerte.

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Esta imagen la he cogido prestada de internet

Este relato ha sido incluido en el libro anual de «estanochetecuento»,

ALETREOS

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Publicado en Microrrelatos indignados, Viejecit@s

Ignorada depresión

No llegaron a tiempo a la soledad que llenaba tu casa, vacía de compañera, vacía de cuatro hijos, vacía de cuatro nueras, pero sí al hilo de vida que te quedaba.

Tras dos meses en la UCI te despiertas. No entiendes por qué unas cintas rodean tus muñecas y un tubo de plástico baja hasta tu estómago. Has dejado de hablar, de conocer, estás rodeado de extraños que te besan en las mejillas, y una incertidumbre se ahoga en tu boca…
«¡Dónde estoy; quién es toda esta gente!».

Tampoco recuerdas lo de las pastillas.

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Publicado en El amor y sus cositas, Viejecit@s

Una corredora, dos dorsales.

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Era su mayor ilusión, pero él se fue antes de que llegara el gran día. Sumida en la tristeza, guardó los dos dorsales que terminaban en 38 y 39, casualmente el mismo número de años que llevaban casados. Esta iba a ser la primera convocatoria a la que no acudirían. Dejó de ir a su panadería favorita porque en la puerta estaba el anuncio: “XXXIII San Silvestre Salmantina”. No quería oír hablar de carreras.

Nos tenía preocupados. Mamá ya no sonreía. Tan siquiera salía a pasear, decía que no tenía cuerpo para nada.

Como cada año nos situábamos cerca de la meta y disfrutábamos del evento con nuestros pequeños. Mi marido fue el primero en verla. Llegaba exhausta. Me acerqué a abrazarla. El sudor pintaba su cuerpo. El corazón se le escapaba del pecho, pero sonreía, pletórica. En su espalda llevaba su dorsal, debajo… el de papá.

Publicado en Premios y Regalos, Realidad ilusoria, Viejecit@s

Cruda realidad, mención en «Realidad ilusoria»

Se sienta a la mesa Luis XV. Se estira su batín de raso y con aire burgués toca la campanilla. Mientras, ojea la gaceta aguardando a que sus criados le sirvan el desayuno. Llaman a la puerta.
“Pasad joven, ahora os atiendo”

Sobre la mesa con mantel plastificado, un destartalado timbre y un catálogo de Ikea, los aparta y deja el paquete. Le abrocha su bata de guata. Antes de que el viejito suene la campanilla llamando al mayordomo para que le sirva un Jerez con pastas, se va con la furgoneta a por más comida al Banco de Alimentos.

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Este micro ha tenido la suerte de estar mencionado en el III Concurso de Microrrelatos «Realidad Ilusoria» de Miguel Ángel Page.

¡¡¡Gracias!!!

 

Haz cic en la página para que veas a mis flamantes compañeros…

http://page-realidadilusoria.blogspot.com.es/2016/01/fallo-del-iii-certamen-de-microrrelato.html?showComment=1452528711814

 

Publicado en Cincuenta palabras, Viejecit@s

Quid pro quo, en el libro de «cincuenta palabras»

Se le cayó la gorra cuando trataba de colocar un tablero carcomido a modo de puerta en su casi derruida cabaña. Fui a recogérsela, entonces, nos miramos a los ojos. Lo traje a casa. Me confesó que jamás había vivido en una, y yo… que nunca había tenido un abuelo.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAImagen tomada de la red.

http://www.cincuentapalabras.com/2015/06/quid-pro-quo.html

Publicado en Viejecit@s, Wonderland

¡Qué haré sin ti! en Wonderland

Sentada en tu mecedora tu cabeza gacha me dice que algo te inquieta. Tus manos acarician un retrato, ese en el que estás vestida de blanco. Con un dedo señalas al que está a tu lado, me miras, me preguntas por mí y no sé cómo rescatarme.
Porque soy yo quien se pierde cada vez que viajas a las estrellas; el que se vacía cuando te desprendes de uno de nuestros recuerdos; el que poco a poco vas arrinconando en tu niebla; el que se duele de que no me reconozcas.

Te abrazo y te lleno de besos… por si con ellos vuelves.

viejo-hombre-solo-y-triste-27096303                                                     Imagen prestada de la red

Microrrelato presentado en el concurso Wonderland

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Publicado en Con mucha miga, CONCURSOS VARIOS, La radio en colectivo, Viejecit@s

No era el cuerpo lo que más le dolía…

Acaba de despertarse y un entrometido sol que traspasa el ventanal le obliga a cerrar los ojos. El aire sabe a desinfección. Todo le es extraño. Del armario abierto asoma una maleta. En el respaldo de una silla, una cachaba que no conoce. Resuelto sale de la cama y amparado en la desconocida pero con paso decidido se acerca a la puerta cuando una mujer, de sobria bata blanca portando en sus manos pequeños cuencos de colorines, entra en la habitación.

-Buenos días don Gregorio ¡ya se ha levantado!

-Buenos días… sí, pero ¿qué hago yo aquí?

-Le trajeron ayer, ¡ya lo sabe! Aquí tiene sus pastillas; estas, para el dolor y esta, para el corazón.

Pastillas, dolor, corazón… sabía que le habían traído, sí, lo que no recordaba era por qué. Repentinamente, el corazón empezó a dolerle mucho.

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                                                                                     Fotografía tomada de la red

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                                                                        Micro presentado en «La radio en colectivo»

Publicado en Viejecit@s

Cosas en el tintero

Les espera sentada en su mecedora, mientras, la impía lluvia borra la rayuela. El bolso de charol cuelga de su brazo, dentro, las agujas y la rebequita de lana, antaño blanca y que paciente aguarda su otra manga. Hoy se ha hecho un moño con dos horquillas, ya no necesita tantas, y se ha untado bien de colonia. En su mente dos cosas importantes que decirles; que su padre se ha ido de casa, y que si nace niña, la llamen como a ella. Entretanto y sin saber por qué, canturrea palabras sueltas; coche, mojada, árbol, noche, carretera…

Imagen                                                                   Esta preciosa foto, la he cogido prestada de la red.

Micro presentado al Rec, ahora ya despojo.

Publicado en El amor y sus cositas, Viejecit@s

Donde no puedo acompañarte

 

Quisiera…

Escaparme contigo

como entonces.

Que me robes el sentido

como entonces.

Divertirme contigo

como entonces.

Que estés,

como entonces.

Siempre me gustó verte así, balanceando tus pies sentada frente a la ventana y el sol pintando tu pelo. Cuando me acerco a ti, veo que en tus manos descansa un retrato, ese en el que estás vestida de blanco. Me lo enseñas, con el índice señalas al que está a tu lado, me miras, me preguntas por mi y no sé cómo rescatarme…

Porque soy yo el que se pierde cuando viajas a las estrellas, el que se vacía cada vez que te desprendes de uno de nuestros recuerdos, el que teme cómo se desvanecen poco a poco en tu memoria. Soy yo el que necesita saber qué seré, qué haré sin ti, quien se duele… de que no me reconozcas.

Te acaricio y te abrazo, te beso… por si con ellos vuelves.