Era su mayor ilusión, pero él se fue antes de que llegara el gran día. Sumida en la tristeza, guardó los dos dorsales que terminaban en 38 y 39, casualmente el mismo número de años que llevaban casados. Esta iba a ser la primera convocatoria a la que no acudirían. Dejó de ir a su panadería favorita porque en la puerta estaba el anuncio: “XXXIII San Silvestre Salmantina”. No quería oír hablar de carreras.
Nos tenía preocupados. Mamá ya no sonreía. Tan siquiera salía a pasear, decía que no tenía cuerpo para nada.
Como cada año nos situábamos cerca de la meta y disfrutábamos del evento con nuestros pequeños. Mi marido fue el primero en verla. Llegaba exhausta. Me acerqué a abrazarla. El sudor pintaba su cuerpo. El corazón se le escapaba del pecho, pero sonreía, pletórica. En su espalda llevaba su dorsal, debajo… el de papá.
Uyyyy Rosy, me has dejado a mí también como si hubiera hecho la carrera del siglo. Ese final me ha dejado un nudo en la garganta. Es muy bonito y con mucha garra, felicidades.
Besicos muchos.
No Rosy. Ahora no tengo apenas tiempo. Estoy a caballo entre Sevilla y Alcalá y no doy para más. Ya me gustaría alguna vez quedar con todos vosotros.
Besicos guapa
Uyyyy Rosy, me has dejado a mí también como si hubiera hecho la carrera del siglo. Ese final me ha dejado un nudo en la garganta. Es muy bonito y con mucha garra, felicidades.
Besicos muchos.
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Gracias Nani, preciosa… por cierto, no he visto tu nombre en la quedada del 17 de diciembre… te has apuntado?
Un besote grande
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No Rosy. Ahora no tengo apenas tiempo. Estoy a caballo entre Sevilla y Alcalá y no doy para más. Ya me gustaría alguna vez quedar con todos vosotros.
Besicos guapa
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Ese final me ha emocionado, Rosy. Un abrazo guapa y sigue escribiendo así de bien.
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Gracias, Pilar, tus ánimos me saben a gloria. Un abrazo y que pases felices fiestas.
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