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La palabra y la escritura; sus mejores armas

Tiene prisa por dormirse, mañana es domingo y el mercadillo abrirá sus puertas.
Llegará de las primeras, aunque tendrá que esperar a que sus compañeros le ayuden con la pesada tabla de madera que después cubrirá con un mantel de croché de lino, herencia de su abuela. Sobre ella las irá colocando mientras las nombra…
«Rosalía, Gertrudis, Concepción, Margarita…»

Un hombre le preguntará curioso:
«¿Cuánto cuesta ésta?».
La tomará en sus brazos. Le estirará el vestido. Acariciará su carita. Le atusará el cabello y entre los pliegues de su cara una mueca de desacuerdo…

«Lo siento, no puede llevarse a María… la necesitamos para denunciar las limitaciones que para nosotras representan la moral y los usos sociales. ¡Es nuestra mayor defensora en el Siglo de Oro!».
El hombre, perplejo, preguntará de nuevo, pero el vendedor vecino le susurrará que las observe cuanto quiera, mas no se interese por ellas.

Protestará cuando el mercadillo cierre sus tiendas —siempre le sabe a poco—.
Con mimo, las meterá otra vez en la vieja furgoneta y de una en una las irá nombrando…
«Rosario, Colombine, Emilia, Clara… tranquilas, que el próximo domingo volvemos, ¡es el 1 de octubre! y os pondré los vestidos nuevos»

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Un pequeño homenaje a tantas mujeres que posibilitaron que hoy podamos decir lo que pensamos,  lo que nos gusta o desagrada.

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Desde los ojos de un niño

A mí no me importa que pierda las horas mirando mi álbum de cromos o que juegue con mis pompas de jabón cuando estoy en el cole, que a veces se le olvide mi nombre o que a la señora que trabaja en casa le llame mamá.

Esta noche esperaré a que se quede dormido para esconder su cachava… sin ella sé que no puede irse. No quiero que me pase lo mismo que a mi amiguita Rosana. Que desde que sus papás se llevaron a su abuelo a ese sitio que está lleno de viejos viene todas las tardes a estar con nosotros y llora cuando tiene que irse.

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Su última voluntad

¡Ay cariño, qué dilema tengo! El ánfora que habíamos acordado que te compraría, es tan bonita y tiene tan buena pinta, que ahora, no sé si usarla para que Golfo beba agua o para guardar sus chucherías.
Espero comprendas que no quiera desperdiciarla para el fin que pretendías. Pero tranquilo que no soy tan desalmada, sabiendo el pánico y de tu exacerbado pavor a que te echen tierra encima antes taparé tu cara con una toallita.

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Se separan, o se van de vacaciones

Vais en coche muchas veces, pero hoy le sientes distinto. Igual es porque anoche discutieron. Últimamente lo hacen mucho. Los gritos no te gustan, te asustan, te alteran. A los más pequeños, Sarita y Toni, también les aterra, siempre lloran.
Es la primera vez que te pasa. Te has quedado dormida y no te has enterado del viaje. Te notas rara y la boca pastosa. Tienes sed. No sabes dónde estás. Nunca antes habías venido a este lugar. Le llamas. Él siempre acude. Por qué no viene. Tratas de alejarte, mas no puedes. Le llamas. Por qué tarda tanto. Apenas te sostienes. Ya sale la luna. Tienes frío. Le llamas. Te acurrucas. Tienes sed. Quieres huir, pero no puedes. Le llamas. No sabes qué haces aquí, atada a este árbol.

img_0226La guapa modelo, Nube Val -espero que no se le suba la fama a la cabeza-, ha posado gratuitamente para participar en este evento ¡doy fe! Gracias, preciosa, sin duda, serás recompensada…

Más que un micro, mi colaboración en «esta noche te cuento»,  es una denuncia. Salvaje es el que lo hace, salvaje es quien lo consiente. Por todos aquellos perros que perecen abandonados, colgados y  atados de forma tan inhumana por… ¿un humano?

Amigos, Nube y yo, os damos las gracias por venir hasta aquí.

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Picaresca a la rumana

Me lo encuentro cada mañana en la calle donde vivo, con su triste balanceo, su gorra deslucida y una triste mirada. A veces se lo comento a mi marido y me contesta lo de siempre… que así no le ayudo. Pero él sabe que, mientras los actuales mandatarios no decidan ocuparse de estas cotidianas estampas no escucharé sus cansinas reticencias ni el manido proverbio chino de la caña y el pescado y seguiré dándole diariamente su euro.

Conduzco mi coche de camino al trabajo y gracias a un semáforo descubro en el paso de cebra a un joven malabarista que lanza y recoge clavas con agilidad y destreza. Al término de su lucimiento se aproxima exultante a mi coche, que encabeza la fila, y me presenta una flamante gorra. Le sonrió. Se asombra. Cuando el semáforo se abre apenas me da tiempo a echarle el euro. Me alejo, despacio, mirándolo a través del retrovisor… ¡milagro!, le vuelve la cojera.

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Todos a una

Recuerdo a la Honoria, con su intocable 600 y sus continuos viajes a la capital, rechoncha, desaborida y monina, despotricando contra el pueblo…

«El médico es un mujeriego. El cura demasiado moderno. El maestro y el alcalde descaradamente rojos. El pan de la Rupela, una mierda, la verdura del Gervasio, una porquería».

Tampoco le gustaban los perros ni las mozas ni los mozos. Prefería las calles de aceras vacías: de niñas y rayuelas, de chicos y peonzas, de sillas a la puerta. Jamás se juntaba con las demás mujeres:

«Yo no soy ninguna alcahueta ni zurzo calcetines ni meriendo mortadela!».

También recuerdo a los convecinos reunidos, apañando el cómo y el día en que acabaría nuestra condena. Y a Saturnino, pregonero y alguacil, después de sonar la corneta, cantando aquel singular bando:

«Se hace saber por orden de todo el pueblo que hoy la iglesia cerrará sus puertas a feligreses y penitentes. En la taberna del Tiburcio se servirán gratis vermuses y perrunillas. Las mujeres prepararán viandas, los hombres la bebienda. Los quintos vestirán el salón de plenos con guirnaldas y farolillos y entrada la tarde, aviaos con nuestros mejores hatos, aguardaremos tras los visillos del ayuntamiento a que el coche fúnebre abandone las calles desiertas».

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El 15 de octubre se celebra el Día Internacional de la Mujer Rural, este es mi singular homenaje.

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Artículo de comercio

La peinan y maquillan, si bien ella no necesita acicalarse. Se mira en el espejo y un miedo desconocido tizna su vestido inmaculado. Tampoco le atacan los típicos nervios del momento, pero está confusa y aunque se lo hayan explicado cien veces, sigue sin entender esta parafernalia. En cambio, sí recuerda las mil que le han martilleado que tiene que caminar derecha, lentamente y por el pasillo central.
Según se acerca al hombre, un océano de escarcha le recorre desde sus bucles hasta sus zapatos blancos. A un lado del pasillo están sus padres, que con mirada suplicante le reiteran que en nada aprenderá a quererlo. Al otro lado, ajenas a sus silentes lágrimas, dos amigas suyas le dicen por lo bajini que si después se apunta a jugar a las muñecas.

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Tahani, de 8 años, con su esposo Majed, de 27 años, y su compañera de clase Ghada, de 8 años, y su esposo afuera de su casa en Hajjad, Yemen.

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Un último viaje

Le estaban esperando. En cuanto aterriza le escoltan hasta la nave nodriza. Había prometido que no volvería, pero ya le conocen, no en vano, lleva visitándoles algunos años. La escotilla se abre y una luz ambarina le conduce por un espejado pasillo. Llega a la sala naranja; hoy quieren sorprenderle. En el centro, una mujer sin ropas gira y gira sobre una peana circular mientras un hatajo de manos absorbe su energía. Otra sarta de ojos viscosos le dispara virulentos hilos que en pocos segundos enmarañan su cuerpo, inmovilizándolo sin piedad. La mujer se desespera y grita: “¡Hijo, ayúdame!”.
Pero él no consigue mover un músculo.

Sigue sentada al borde de su cama. Sus vastas ojeras delatan ésta y otras muchas noches en vela. Se mira las manos, en sus líneas gastadas caducan miríadas de promesas y juramentos… Toca su frente, y tras unos infinitos minutos, su hijo vuelve. La mira confuso. Pero en esta ocasión, de su viaje se ha traído una lágrima infiltrada en sus ojos que cae, certera y limpia, sanando sus labios resecos…
«Tranquila, madre, esta vez lo conseguiré, por los dos».

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                                                                                                                        La imagen pertenece a Google
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Los ganadores de la radio… en modo radio

13-300x294.jpgMar González (Puck) ha sido una de las integrantes del jurado de la pasada convocatoria dedicada a la radio; y nadie mejor que ella, profesional de este medio, para cerrar el homenaje que le hemos pretendido hacer, mediante un regalo que nos ha enviado, una sonorización de todos los relatos seleccionados.

Por tanto, en uno de esos bucles, que son tan habituales en este espacio ENTC, los homenajeados toman la iniciativa para homenajear a los homenajeantes… Así que… un regalo para Anna, Mel, Arantza, Eduardo, Margarita, Rosy y Elisa. Que lo disfrutéis.

Muchas gracias a Mar, por su generoso trabajo de ahora… y el que siempre ha mostrado.

Para escucharlos pincha aquí:

http://estanochetecuento.com/los-ganadores-de-la-radio-en-modo-radio/

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Urge vender radio en buen estado, seleccionado en “ENTC»

Me despierto con un peso molesto en la tripa. Me retiro el pie de mi hermana la pequeña. A punto de quedarme dormida, se me clava en la espalda una rodilla; la de mi hermana la mediana. Habrá que comprar otra cama, mañana hablaré con mamá, dormir así es una lata.

Al entrar en la cocina encuentro a papá con la mirada abatida… (se me hace raro verle en casa por las mañanas) intentando rellenar el sobrante de mis zapatillas que, desde hoy pasarán a mi hermano. El abuelo contempla la radio. Me habla de cuando él y la abuela la compraron a plazos y de cómo llenaba sus días. Se rasca la boina y mira hacia arriba… como pidiendo su consentimiento. Se le humedecen los ojos, pero lo achaca al vaho de la olla, donde cuecen patatas y la berza… una, bien hermosa, que le regalaron ayer en el mercado. Me acerco a mamá y le doy un beso. Decido no molestarla con tonterías. Salgo deprisa con mis libros bajo el brazo, y ahí la dejo, sentada en su silla de enea, peleándose con el cuello y los puños de mi bata del año pasado.

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Este micro participa en «esta noche te cuento»

http://estanochetecuento.com/urge-vender-radio-en-buen-estado-rosy-val/

LA RADIO en un relato, 13 de Febrero. Día Mundial de la Radio

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 Mi relato en este libro portada-559x1024.jpg

Muchas gracias al jurado por elegirlo.

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A la manera de la Rae

Corría el mes de otubre cuando conoció a aquel vagamundo. Hablaba sin parar, como si se hubiera tragado un cederrón. Aún asín, le invitó a comer a casa. Le indicó el lavabo, y que en el toballero encontraría una toballa limpia. Cuando sentado a la mesa apareció su comida favorita, unas almóndigas con moniatos, no pudo reprimir su entusiasmo. Ella, al ver cómo en su plato nadaba la bayonesa, tampoco. De postre le pidió una madalena, y un güisquito, cortito. Cuando la confianza aterrizó entre los dos, se arremangó sus bluyíns y le mostró en su culamen, pedazo cicatriz de una mordida de crocodilo. También le contó lo muncho que disfrutaba todos los setiembres en la oscuridad de las cuevas viendo volar a los murciégalos. Le gustaba este tipo, y de repente, asín, sin pensárselo le espetó… “¿Te gustaría vivir aquí, en esta casa, conmigo?”. Se emocionó munchísimo y con ojos lacrimosos le reveló que jamás había vivido en una. Tiernamente se abrazaron cuando ella le confesó, que nunca había tenido un agüelo.

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Imagen tomada de Google

Último micro del 2015,  presentado el 31 de diciembre, para «esta noche te cuento». Para mi historia, necesitaba un «agüelo», y  eché mano de uno que, hacía poco, había adoptado.

Publicado en Esta noche te cuento, Premios y Regalos

Al salir del pinar, de Esperanza Tirado

Dedicado a ROSY VAL.

AL SALIR DEL PINAR.

Pintora de palabras con nombre de poetisa. En ocasiones abandona la sombra de su literario pinar, y se pasea por otras letras; menos es más, pequeñas historias que nunca quedan en el tintero de su imaginación.

Su capacidad de plasmar diferentes realidades en forma de relatos nos llega como un boomerang: recibimos su efecto y, a cambio, la mimamos con nuestros comentarios agradecidos.
Cuando sus letras salen de paseo fuera del verdor de su pinar, un regalo suyo aparece delante de nuestras pantallas.

Con su mirada certera su pinar crece frondoso. En él habitan sus sueños y sus letras; grandes trocitos de su vida, que, saltando de copa en copa, llegan a nuestros corazones con aroma a lluvia fresca.

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«esta noche te cuento», Amigo invisible, 23 diciembre, 2015,  Esperanza Tirado Jiménez, me dedica estas preciosas letras, sin duda un buen regalo literario navideño.

¡Gracias, Esperanza!

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La portera y el escritor, para Marcel Gris

Emilia, además de entregar toda su vida al edificio, les había liberado del inquilino del 5º C; de sus amenazas, gritos, arrastres nocturnos de muebles, botellas en el ascensor, basura por las escaleras…
A pesar de no saber cómo había acabado con el indeseable, siendo tan bajita y flaca, quisieron rendirle homenaje. Aquel domingolunes (ella gustaba de llamar así al comienzo de la semana) le regalaron un precioso espejo de oro. Dos lagrimones, robados a su mirada de cristal, resbalaron por su rostro, pero al mirar en el reverso y encontrar la cifra: “1+1=3”, una misteriosa sonrisa asomó a sus mejillas…
Los vecinos preguntaron por su significado al encargado de la inscripción, Marcel Gris, dueño del ÁticoB, un soñador y escritor de microrrelatos, quien les aseguró que lo averiguarían, si leían su libro: “Un crimen perfecto”. Todos desconocían, excepto él, que alguien allí presente, ya lo había hecho…

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Imagen tomada de la red

«esta noche te cuento», Amigo invisible  Navidad 2015, en el reparto me tocó a Marcel Gris. Busqué concienzudamente sus trabajos en la red, y gracias a entc, pude inventarme esta historia.

Deseando que te haya gustado. Un abrazo, Marcel.

 

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La pintora y el barbero

Hoy se levanta excitada, con deseos de pintar un cuadro. Se despereza asomada a la ventana y milagrosamente lo ve entrar. Presurosa baja y cuelga el cartel de “cerrado” en la puerta.
Sube a su cuarto emocionada, se quita la ropa interior, se ciñe un vestido y unas sandalias rojas. Antes de salir admira en las paredes sus retratos, ¡son su única pasión! Acaricia el último; lo pintó apenas hace un mes. Le gusta la fuerza que imprime su color favorito, un toque de vida casi real a sus protagonistas.

Armada de pinceles, paleta y lienzo se sienta frente al espejo. Clava sus ojos en el atractivo y desconocido joven. Cruza las piernas, con un impúdico movimiento las separa, despaciosamente las vuelve a cruzar. Él la mira nervioso y traga saliva. Su marido, celoso y herido en su agravio, al que no se le escapa uno, no tarda en deslizar la tajante navaja…
Eufórica y rauda va a por la palangana; aguarda inspirada a que la glutinosa y caliente pintura del modelo cuaje…

Sweeney-Todd-El-barbero-diabolico-de-la-calle-Fleet-Cartel-714x520Imagen perteneciente a la película «El Barbero Diabolico de la Calle Fleet»

Publicado en El amor y sus cositas, Esta noche te cuento

Candidato equivocado

Esta noche se lo pediré, le diré… que me ha llegado el momento.

Las sensuales luces, en el rincón más íntimo de la habitación, rivalizaban con el champan helado. En una halagüeña caja corazón y haciendo juego con mi vestido, sus bombones favoritos. Mi sujetador y unas sugestivas braguitas, aguardaban, embriagados, con el último perfume que él me regaló. Mientras Albinoni cortejaba nuestras bocas, una celosa luna luchaba por interponerse entre los dos. Aprovechando que la pasión se ponía de mi parte, le susurré mimosa…
“Necesito sentir algo de los dos y acurrucarlo entre mis brazos”

Repentinamente… unas cegadoras luces cañonearon mis corneas. Un desafinado adagio retumbó en mis oídos. Un vulgar espumoso y un sucedáneo de chocolate caducaban… cuando su voz, como un jarro de agua fría, me espetó insolente;
“Vale, ¡cuándo empezamos a ahorrar!”

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Publicado en Esta noche te cuento

«Madrugada, carretera, lluvia, los pequeños…»

Son las diez de la mañana y sale con Golfo a la calle. Saluda a la gente, sonriendo. Tras quince minutos, vuelve a casa.
Cuelga la correa y la sonrisa en el perchero. Se pone sus deprimidas zapatillas, se ciñe a su bata de condena. Se amarra el pelo en una cola. Va en busca de él, empuja su silla de ruedas. Rebusca en su ánimo y saca una nube para cada ojo. En la cocina, se sirve un café, negro, cargado, sin alegría, y un bol de crujientes lamentos, los mastica de uno en uno:

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
¡Quisiera morirme… pero no puedo!

Las cuatro de la tarde, desata su pelo, descuelga la correa del perro, se coloca la sonrisa…

IMG_6696Este microrrelato participa en la 1ª propuesta del año 2015, en «esta noche te cuento»

48. Madrugada, carretera, lluvia, los pequeños… (Rosy Val)

Publicado en ¡Basta ya!, Esos locos bajitos, Esta noche te cuento, Microrrelatos indignados

Malditas diferencias

Imagenimagen extraída de la red

Ya queda menos. Te sumerges, a modo de despedida, en esa bañera, la más grande que habías soñado nunca. Tu piel contrasta con la espuma blanca. Tu cuerpo delgado se complace en el agua, tus manos intentan apresarla, te parece mentira ¡tanta! para ti sola. Desde la puerta, las dos hermanas llevan un rato observándote en tu empeño, animadas se desnudan y se meten contigo. Jugáis, os salpicáis, de repente, te detienes y lloras, rompiendo ese mágico momento. La más pequeña te consuela… “no llores, tonta, si nosotras te queremos mucho”. La mayor, que sabe qué te pasa, llama a su madre…

Cariño, si dentro de nada estarás otra vez aquí de nuevo, ya verás qué rápido pasa el tiempo”.

Te aferras a tu maleta ocupada de regalos, feliz, vas en busca de tu gente.

No quieres separarte de ellos. Les odias. Te arrepientes. No quieres volver la cabeza, ver sus lágrimas, ni que vean las tuyas. Esta es la cuarta vez, te ocurre siempre que llega este momento: dudas si vivir los veranos en esa maravillosa casa y tener que volver de nuevo a la penuria… te compensan.

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Micro presentado a «esta noche te cuento», http://estanochetecuento.com, el tema del mes de junio, en el laberinto, y este tan particular es de Miguel Jimenez Salvador, «El perro que no ladra»,  si quieres conocerle un poquito más aquí te dejo el enlace a su blog…

http://arktos-themis.blogspot.com.es

 

 

 

Publicado en ¡Jóvenes!, Esta noche te cuento

Este año, de vacaciones al norte

Mis hijas estaban encantadas con aquella casa rural que habíamos encontrado en internet. Preparaban su equipaje. A la de 11 años le aconsejé qué llevar. “Yo ya soy mayor para que me ayudes”, me espetó la de 13 con autosuficiencia, aún así, le recordé, que no se olvidara de lo más importante y necesario, que luego no se arrepintiera de no haberlo llevado.

 

Durante el viaje, la pequeña leía mi último libro “Los arándanos de Juan”, la otra escuchaba música de una banda pop que estaba revolucionando a las jóvenes.

Al llegar, les propuse ir a la playa. La menor, en traje de baño, esperaba en el porche, su hermana, sobre la cama, tarareaba con sus inseparables cascos. “Ponte el bikini” le dije cuando logré que me escuchara.

-No lo he traído, contestó sin inmutarse apenas.

-¡¡¡Tanta maleta y has olvidado los más importante!!!

-No, lo importante lo he traído.

Abrió su maleta, en una bolsita de plástico estaba su camisón y su cepillo de dientes… debajo; dos tazas, un paraguas, tres videocintas, dos álbumes de fotos, cuatro cancioneros, seis gorras, dos retratos, tres revistas, pines, cinco discos, llaveros, una carpeta con recortes de prensa… ¡TODO! de los Baquestribois esos…

 

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A la kedada de ENTC, Urueña, Valladolid, teníamos que llevar un micro, y yo llevé este que acabas de leer.

Lo de la casa rural y todo lo relacionado con Jams, era la “trampa” que yo le tenía preparada; cada uno de los trabajos presentados, de una manera u otra, “debía” hacer alusión a su nombre. Me lo pasé bien, con su cara de extrañeza, cuando empezó a sospechar que en nuestros micros, había gato encerrado.

Un fin de semana muy especial, me encantó conocer a personas a las que llevaba meses leyendo, y ponerles cara y voz, fue sorpresivo y muy grato, con alguna, especialmente, y me reafirmó en esa teoría que reza; “el roce hace el cariño».

Daros las gracias, compañeros, ¡¡¡hasta la próxima!!!

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Publicado en ¡Basta ya!, Esta noche te cuento, Microrrelatos indignados

A las que estuvieron y están en esa isla.

Sé que las recuerdas… las carreras por el largo pasillo cada vez que te llamaba.

-Estoy en el váter, Tomás.

-¡Lo primero es atenderme a mí, no olvides gracias a quién comes!

No era menester, él te lo mentaba constantemente… corrías con las bragas casi por las rodillas para llevarle el vaso clarete.

-¡Y agradecida tienes que estar, mujer, jamás te he puesto la mano encima!

Entonces, pensabas en tu cuñado y en la suerte que tenías, que a tu hermana sí le dejaba marcas.

-Pero Tomás, estoy en cuarentena.

-¡Es tu obligación, eres mi hembra!

Apenas te daba tiempo a dejar a mi hermanito en el capazo y guardarte la teta aún rezumando tibio calostro.

-¡Mi madre parió once varones, dos más que tú y además faenaba en la era!

Se esfumó tu vida complaciéndole y cautiva en tu isla, se empañó tu pelo negro.

Has descansado, pero no lo dices, pensaríamos entonces que eres una desagradecida, que no te mereces los cuatrocientos setenta y cinco euros de su pensión, ¡que como comes gracias a él y nunca trabajaste!

Por eso sigues llevándole flores.

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Este micro participó en «Esta noche te cuento», mes de mayo, bajo el lema, en la isla de las mujeres.

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Pasó tu última fuente

Emilio entraba emocionado en el centro comercial para recoger un pedido de la librería. Al pasar por la fuente nueva, la de los chorros multicolores, una mujer de ojos tristes, apostada en la barandilla, reparó en él y le envió una sonrisa. Al tiempo que cerraba los ojos y pedía un deseo, lanzaba unas monedas que chapotearon antes de estrellarse contra el fondo. Él, apresurado y sin advertir el gesto, siguió su camino. Al notar que unas gotas le salpicaban, miró a su alrededor, ensimismada, como buscando el milagro. Malhumorada, huía de allí mascullando; “Ni un día más, ¡se acabó!, ni novios ni narices, esto de las fuentes y los deseos son tonterías”.

Cuando Emilio volvía de la librería, se cruzó con la mujer, atraído por su lacónica mirada le sonrió, pero esta, absorta, siguió su camino. Se sentó a admirar aquellas cascadas coloristas. Ávido, abrió el libro que acababa de adquirir; “Manual para encontrar a tu alma gemela” y se adentró en sus páginas. Momentos después se alejaba del lugar. Sobre el agua flotaban aquellos consejos que había ahogado decepcionado… “Esto de los manuales… ¡que embaucabobos!”

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Este micro participa en «Esta noche te cuento». La preciosa ilustración de este mes corre a cargo de Asun Buendía. Si queréis conocerla un poquito más os dejo los enlaces a sus blogs:

ImagenTe como: http://rosquillasalpoder.blogspot.com.es/  ,  http://tbtasuncion.blogspot.com.es/

Publicado en Esta noche te cuento

Desahogo emocional

Después del ansiado toque de campana, camina abúlico, con pies pastosos y arrastrando la mochila. Se topa con una formación de hormigas, las observa desganado. Finalmente resopla, y les habla, como confesándose…

“La culpa es de mi madre, y ese maldito mantel que me ha dejado sin propina, con lo bien que salía el colacao en el de los chinos. Luego, con Susana en el bus, ¡se creerá, la muy tonta, que me importa que se siente con el imbécil ese del pelo rojo! Más tarde, la seño, histérica perdida… “a copiar cien veces, ¡las papeleras no se caen sin querer por la ventana!”. Y para rematar, en el recreo, con el gilipollas gordinflón del Miguelón… “no puedo evitarlo, niñato, me pirran los bocatas de tu madre”.

Observa un cielo inquieto por la ventana de su habitación. Los truenos le aterran. Se quita las zapatillas del 37 y con una retorcida sonrisa mira sus suelas pringosas… “que se enteren todos de una puta vez quién es el más atrevido y el más fuerte”, masculla antes de caer rendido debajo de la cama.

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                                            imagen tomada de la red

 

 

Con este micro participo en ESTA NOCHE TE CUENTO, el tema del mes de marzo, Bajo la tormenta

 

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«Un buen marido, antes fue un buen hijo»

Eligió un vestido algo sobrio, aunque perfecto para la ocasión… ¡hoy conocería a sus futuros suegros!

Sentados a la mesa, la anfitriona miraba con reservas el anillo que ella presumía en su dedo, Carmen se hacía cargo, Simón sería el primero de sus cuatro hijos en independizarse.

Las conversaciones se cruzaban entre los comensales, cuando una voz sobresaliendo de las demás…

“Madre, ¡qué sabrás tú, si no tienes ni idea!”

Las palabras que atajaron aquél interminable silencio sonaron como una bofetada…

“Es verdad, hijo, si yo de eso no entiendo”

Terminaban el segundo plato cuando la misma voz, ahora más enérgica…

“¡No callarás, no, anda y ve a por el postre, porque lo que es la comida…!”

Entonces Carmen, se acordó de la mujer más sabia que pasó por su vida, se acercó a la que iba a ser su suegra, le comentó algo al oído y le entregó el anillo, se abrazaron emocionadas. Despidiéndose de todos con un recogido “lo siento, disculpadme”  huyó del hombre que hoy no llevaba puesta la máscara con la que ella le conoció.

La abuela y sus sabios consejos… “Cariño, desconfía de un hombre que no respete a su madre”

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Esta noche, cena con la familia

Mientras conduzco por la bulliciosa avenida… a riesgo de quedarme ciega por las tantas y derrochonas bombillas, voy repasando mi plan.

Repartiré besos y sonrisas a tutiplén, ¡como si me importasen esos desvirtuados festejos! Dejaré los juguetes bajo el moribundo abeto, a sabiendas que esos malcriados ya tienen demasiados. Durante la cena, esperaré paciente a que salga el bebé, entonces… los dejaré allí, secos, con sus mazapanes, cavas  turrones  y sus trasnochados y disonantes villancicos.

Todo transcurre como preveía. Cada beso, sonrisa y regalo en su lugar. Sentada a la mesa, acecho la puerta, ya viene, agarro el bolso, despacio arrastro la cremallera… de repente, el abuelo, desaforado, armado con cuchillo y tenedor,  repica la mesa al tiempo que vocifera:

«Pero ¡¡¡qué diantres es eso!!!, ¡¿dónde está el lechal?!»

No puedo creerlo, en una cama de barro, sobre un nido de patatas, aparece ella, verde, hermosa, redondita…

«Felicidades cariño: Col al horno con crujiente de sésamo, rellena de verduras caramelizadas al oporto con piñones y arándanos en salsa de almendras… esta Nochebuena hemos considerado que eres vegetariana».

Apenas contengo las lágrimas, emocionada saco la mano del bolso y abandono la pistola… para mejor ocasión.

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                             ¡¡¡FELICES FIESTAS!!!

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¡Cuánto ha cambiado este hombre!

Ahora se dirige a mí con respeto, sin insultos. A mis amigas y vecinas les habla maravillas: buena cocinera, excelente madre, ejemplar esposa. A veces, también llama a mis padres alabando y resaltando mis virtudes… ¡Si hasta me compra flores y antes, ni en mi cumple!

Aunque observo, que todo eso lo hace cuando está con alguien; nuestras hijas, mi hermano, su madre, la tía. Sin embargo, cada noche, cuando está solo tomándose unas copas y antes de caer rendido, me mira desafiante y me habla raro, palabras que creo se inventa… “jadelagranmismisma, yatasidcantotodie, jalatepudrasnelinfiern”.
Sospecho que lo celebra, se alegra de que una losa me cubra.

copadevinoNOV93. ¡CUÁNTO HA CAMBIADO ESTE HOMBRE!, de Mª Rosario Val Gracia (Rosy)

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 El dibujo es de Juanlu, ILUSTRACIONES PARA UN LOCO  

 

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En un ratito nos vemos

-Pacita, así no puedes seguir… cada día estás peor.

-Pero ¡si estoy de maravilla!, todo vuelve a ser como antes. Esta mañana después de desayunar, me besó, luego las llevó al cole… iban regañando, Julia tiraba de los rizos a su hermana, ¡cómo le enfada que se ría de su amiguita imaginaria!

-Venga, prepáralo todo… nos vamos.

-No, están al llegar… no puedo irme de esta casa, aún quedan juegos, secretos que descubrir, caricias, besos por estrenar…

-Si no vienes ahora, otros vendrán a buscarte… albas batas, píldoras coloristas… adormecerán tu memoria, al menos conmigo… estarás con ellos…

Sube a su cuarto y allí sobre la mesilla… les da un beso, los abriga en su pecho. Del cajón saca la pistola, con mano convulsa apunta a su cerebro. Caen al suelo… al mismo tiempo. El marco y el cristal se hacen añicos. La foto es del día del parto, donde su marido sostiene a las gemelas, cada una en un brazo… hoy de nuevo pintados en sangre, igual que aquella tarde cuando volvían del colegio, y se encontraron con ese loco que conducía su coche de frente al de ellos.

 

Twin babies looking over fathers shoulder
Twin babies looking over fathers shoulder

Foto tomada de la red

OCT138. EN UN RATITO NOS VEMOS, de Mª Rosario Val Gracia (Rosy)

 

Publicado en Esta noche te cuento, Microrrelatos indignados

El helado de leche merengada

Está sobre ti, pero tu mente vuela. Dejas a la mujer en la cama, la que se gana la vida con quien la desea y te lo llevas a él, contigo. Cogidos de la mano, camináis por el paseo marítimo, globos de colores os miran al pasar. En el mercaillo del puerto te paras en cada puesto, todo te encandila, babuchas, chucherías, pañuelos… quiere regalarte uno; el de flores, el grana, o quizá el azul… te cuesta elegir ¡son todos tan bonitos! Disfrutando como una niña chica, corres hasta el carrito de los helados, te pides uno, bien grande. Te sabe a casa, a tu madre, a sus maravillosas gachas con leche, con su canela en rama y una mijita de matalahúga, ese ingrediente estrella que ella a nadie desvelaba. Hace poco que se fue, cansada de parir, estropeada. De tu padre, prefieres no acordarte.

Dejas de soñar. Se acaba el helado, vuelan los globos, se esfuma el pañuelo. Sabes que nunca te llevará de paseo, es como los otros, solo paga lo que consume. Vuelves. Él sigue ahí, sobre ti.

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Publicado en ¡Basta ya!, Esta noche te cuento

Síndrome de Estocolmo

Con gesto inquieto ordenas el plato y el vaso vacíos en la bandeja, después la colocas sobre tus rodillas.
Se abre la puerta y él entra. Crees que te dedica una sonrisa y piensas que hoy está más guapo, que el pelo le brilla. Tus ojos se iluminan cuando una mariposa de fogosos colores va a posarse sobre tu cabeza, pero con gesto zalamero el hombre te la ahuyenta. Sale volando por la ventana y tú con ella. Te escapas con los tuyos, ¡les echas tanto de menos!
Te coge la bandeja, el suave roce de su mano te trae de nuevo, ahora eres tú quien le sonríe. Le preguntas por los claroscuros de las paredes, y qué hacen tantos palitos negros pintados en ellas. No te contesta. Se marcha cerrando la puerta, pero tú sabes que volverá, aún le queda una vez más por venir, siempre las cuentas.

En una minúscula y contigua habitación el hombre abandona la bandeja sobre la destartalada mesa. Otro hombre, tan desaliñado y astroso como él, le ofrece un pitillo, confiado le comenta:
«La chica me mira con ojos tiernos, y empieza a confundir las polillas con las mariposas… a ver si con un poco de suerte esta cae, que no me pase como con la última, que el papaíto llegó a tiempo con la tela y me quedé a dos velas».

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Esta foto la he tomada prestada de la red

Publicado en ¡Basta ya!, Esta noche te cuento, Microrrelatos indignados

El horno de leña

Acurrucada en el suelo y el miedo ocupando tu cerebro, esperas a que la bestia descargue sobre ti su furia. Te viene a la memoria un juramento y te ves de nuevo agazapada, con tu muñeca, debajo de aquella tambaleante mesa que tu padre golpeaba con rabia. Tras el mantel de hule transparente veías sus patadas mientras ella gemía. Sin importarte lo que pueda pasar, valiente te alzas, decides que no habrá más últimas veces.

“Cuando termine de limpiar la sangre y de curarme las heridas, meteré el bate con tus últimos trozos, ya no te quejarás más de que no lo uso. Ya casi ni lo noto, poco a poco me voy acostumbrando a este olor a quemado, también a este solaz”

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Un micro «bestia». Requisitos: 666 caracteres exactos, que empezase por  A y terminase por Z. Que la palabra malo y sus derivados no apareciesen entre sus letras, y por último que fuese de lo más bestial.  Me gustó sacar a pasear a la bestia, que parece ser, y por esta vez, llevo dentro.

Publicado en ¡Jóvenes!, Esta noche te cuento

La verdad, sin dobleces

«La primera vez que me miraste, me hiciste sentir especial. Pero a los pocos días observé algo en tus ojos, ya no miraban igual, como si no me soportaran. Querías alejarte, mi sinceridad te hacía daño, te deprimía. Pero pronto me echabas de menos, volvías a mí y de nuevo ocupaba tu mente. Necesitabas ayuda, salir, encontrar el camino, lo real, sin embargo lo negabas y me mentías, te engañabas.

Cada vez duraban menos tus ausencias, hasta ese fatídico instante en que fue imposible separarnos, discernir quién estaba dentro de cada cual. Me convertí en tu desesperante obsesión. Tantos años pendiente de mí, definitivamente te pasaban factura. Presentí que esta vez, no era como las demás.

Esta mañana tu madre levantó tu debilitado cuerpo del suelo, en tu mano ensangrentada, uno de mis añicos. En el hospital nada pudieron hacer por ti. Esta vez era yo el que entraba en tu cuerpo, hiriéndote mortalmente».

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 JUN88. SIEMPRE ME GUSTÓ DECIR LA VERDAD, SIN DOBLECES, de Mª del Rosario Val Gracia