Publicado en Esta noche te cuento, Microrrelatos animalistas, Viejitos

Un amigo muy oportuno

Te falta su aroma. A lavanda, a puchero consumiendo brasa en el fogón. De esto hace ya tres meses, los mismos que llevas sin encender la chimenea; no sientes tus manos ni tus pies. Algo se ha congelado dentro de ti.
Evocas aquellos días sin pan y tu partida junto a una añosa maleta, para desafiar facturas de agua y luz. Para acallar penurias. Dentro, envueltos en tu pañuelo de yerbas, el llanto medroso del mayor, los pucheros de las gemelas, el abrazo roto de tu esposa.
Precisamente ahora, que ya no hay recibos devueltos y sí para algún capricho y pasar las Navidades en familia…

Dudas si te compensa seguir adelante.

Por fin te decides y sales a tirar al cubo de la basura sus zapatillas de desgastadas suelas y el delantal de su último guiso… ¡cuánto te cuesta desprenderte de sus cosas!
Entras de nuevo en casa. Sobrecogido, escuchas algo parecido a un gemido. Te acercas. Un rabito intermitente ondea las faldas de la camilla y en el otro extremo un hocico olisqueando tus babuchas. Lo acaricias. Huele a lavanda… y sientes frío; decides encender la chimenea.

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Esta foto la he tomado prestada de internet.

Con este relato quiero homenajear a perros y gatos, compañeros que alargan la vida a aquellas personas que se quedan solas.

Publicado en Esta noche te cuento, Viejitos

Una vida de fotos

Ha desaparecido todo. Ya no están los trípodes, los focos, las Canon ni la última que comprasteis a plazos, la Mamiya. Qué ilusos pensar que vuestro hijo Mario heredaría el gusto por las puestas de sol, las olas embravecidas, los tapices de flores en primavera, y con esa duda se fue tu marido, si el chico seguiría con un negocio que tanto esfuerzo os costó levantar.

Las miras, lo haces siempre que lo añoras…
«Qué ricitos… aquí tenía tres años… en esta, aprendiendo a nadar… y aquí, en su primer día de cole, qué guapo estaba con su uniforme…». Paras en seco. Mario irrumpe en la salita. Cierras el álbum y te ocultas tras tu caja de costura. Sin tan siquiera mirarte abre el cajón. Después huye dando un portazo con la mirada roja, deshabitada y tu pensión de viudedad en su bolsillo.

Últimamente la cola es más larga. Mientras esperas hablas con tu Ernesto. Le dices que no se preocupe que estáis bien… que Mario está en el estudio, entre flashes y zums. De repente, el aroma te llega más nítido, pegas tu boca a la foto y la guardas en el bolso. El comedor social acaba de abrir sus puertas.

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Esta foto la he cogido prestada de la red

Publicado en ¡Jóvenes!, Esta noche te cuento

Te conozco bacalao, aunque vayas disfrazao

—¡5.000 pelas, tronca… vaya un marrón! Empezamos bien las vacas…
—Tranki, tía, que el picoleto venía rayao, ¡si nada más pararnos empezó la movida!… que si el cinturón, que si los papeles del buga, que si la ele…
—¿Y el rollo macabeo que nos largó después?, ¡que vaya pintas…… que si ya no hay valores… que dónde vamos a llegar… que si nuestros viejos supieran!
—No te comas el tarro, Sofi, nos tocó el chungo, el carroza… lo pagamos a medias y punto.

Con la multa en el bolsillo de sus vaqueros, Sofía y su chica retomaron el viaje hasta el hotel de la playa. Apenas llegaron a la habitación y sin ánimo para deshacer maletas decidieron ir a cenar. Salieron al tapizado pasillo y camino del ascensor dos hombres que llevaban idénticas intenciones. Uno de ellos, el más bajo, presintiendo que quizá había alguien en la retaguardia, retiró la mano del culo —enlatado en unos pantalones negros de cuero brillante— de su acompañante.
Sofía, adelantándose dos pasos deslizó su mano dentro del bolsillo de sus vaqueros y al tiempo que sacaba la multa palmeó con la otra el hombro del más alto… Lo reconoció enseguida, aunque ahora no llevase tricornio.

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Publicado en Esta noche te cuento, Premios y Regalos, Viejitos

Mi padre, en el libro «Aletreos» de ENTC

Cuando no es la pata de una mesa que cojea le ocupa un cuadro que ladea. A veces, coge la bolsa de la basura y la lleva al contenedor. Otras, me lo encuentro llenando de agua el bebedero del perro. Lo mismo le echa una mano al mayor con un pinchazo en la bicicleta que se acerca a la parada del bus para recoger al pequeño.

La tarde invita a disfrutar del porche. Entre rosas y clavellinas se toma una cervecita con Eustaquio, un amigo que vive dos casas más abajo. Al acercarme para llevarles un platillo con aceitunas le oigo decir:
«La verdad es que no tengo mucho tiempo para pensar en ella… mañana por la mañana he quedado con mi yerno, le ayudaré a podar las azaleas y por la tarde con mi nieta, repasaremos la tabla del siete».
Su amigo, nonagenario como él, acababa de preguntarle si no le tenía miedo a la muerte.

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Esta imagen la he cogido prestada de internet

Este relato ha sido incluido en el libro anual de «estanochetecuento»,

ALETREOS

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Publicado en Esta noche te cuento

La palabra y la escritura; sus mejores armas

Tiene prisa por dormirse, mañana es domingo y el mercadillo abrirá sus puertas.
Llegará de las primeras, aunque tendrá que esperar a que sus compañeros le ayuden con la pesada tabla de madera que después cubrirá con un mantel de croché de lino, herencia de su abuela. Sobre ella las irá colocando mientras las nombra…
«Rosalía, Gertrudis, Concepción, Margarita…»

Un hombre le preguntará curioso:
«¿Cuánto cuesta ésta?».
La tomará en sus brazos. Le estirará el vestido. Acariciará su carita. Le atusará el cabello y entre los pliegues de su cara una mueca de desacuerdo…

«Lo siento, no puede llevarse a María… la necesitamos para denunciar las limitaciones que para nosotras representan la moral y los usos sociales. ¡Es nuestra mayor defensora en el Siglo de Oro!».
El hombre, perplejo, preguntará de nuevo, pero el vendedor vecino le susurrará que las observe cuanto quiera, mas no se interese por ellas.

Protestará cuando el mercadillo cierre sus tiendas —siempre le sabe a poco—.
Con mimo, las meterá otra vez en la vieja furgoneta y de una en una las irá nombrando…
«Rosario, Colombine, Emilia, Clara… tranquilas, que el próximo domingo volvemos, ¡es el 1 de octubre! y os pondré los vestidos nuevos»

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Un pequeño homenaje a tantas mujeres que posibilitaron que hoy podamos decir lo que pensamos,  lo que nos gusta o desagrada.

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Desde los ojos de un niño

A mí no me importa que pierda las horas mirando mi álbum de cromos o que juegue con mis pompas de jabón cuando estoy en el cole, que a veces se le olvide mi nombre o que a la señora que trabaja en casa le llame mamá.

Esta noche esperaré a que se quede dormido para esconder su cachava… sin ella sé que no puede irse. No quiero que me pase lo mismo que a mi amiguita Rosana. Que desde que sus papás se llevaron a su abuelo a ese sitio que está lleno de viejos viene todas las tardes a estar con nosotros y llora cuando tiene que irse.

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Publicado en Esta noche te cuento

Su última voluntad

¡Ay cariño, qué dilema tengo! El ánfora que habíamos acordado que te compraría, es tan bonita y tiene tan buena pinta, que ahora, no sé si usarla para que Golfo beba agua o para guardar sus chucherías.
Espero comprendas que no quiera desperdiciarla para el fin que pretendías. Pero tranquilo que no soy tan desalmada, sabiendo el pánico y de tu exacerbado pavor a que te echen tierra encima antes taparé tu cara con una toallita.

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Publicado en ¡Basta ya!, Esta noche te cuento, Microrrelatos animalistas

Se separan, o se van de vacaciones

Vais en coche muchas veces, pero hoy le sientes distinto. Igual es porque anoche discutieron. Últimamente lo hacen mucho. Los gritos no te gustan, te asustan, te alteran. A los más pequeños, Sarita y Toni, también les aterra, siempre lloran.
Es la primera vez que te pasa. Te has quedado dormida y no te has enterado del viaje. Te notas rara y la boca pastosa. Tienes sed. No sabes dónde estás. Nunca antes habías venido a este lugar. Le llamas. Él siempre acude. Por qué no viene. Tratas de alejarte, mas no puedes. Le llamas. Por qué tarda tanto. Apenas te sostienes. Ya sale la luna. Tienes frío. Le llamas. Te acurrucas. Tienes sed. Quieres huir, pero no puedes. Le llamas. No sabes qué haces aquí, atada a este árbol.

img_0226La guapa modelo, Nube Val -espero que no se le suba la fama a la cabeza-, ha posado gratuitamente para participar en este evento ¡doy fe! Gracias, preciosa, sin duda, serás recompensada…

Más que un micro, mi colaboración en «esta noche te cuento»,  es una denuncia. Salvaje es el que lo hace, salvaje es quien lo consiente. Por todos aquellos perros que perecen abandonados, colgados y  atados de forma tan inhumana por… ¿un humano?

Amigos, Nube y yo, os damos las gracias por venir hasta aquí.

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Picaresca a la rumana

Me lo encuentro cada mañana en la calle donde vivo, con su triste balanceo, su gorra deslucida y una triste mirada. A veces se lo comento a mi marido y me contesta lo de siempre… que así no le ayudo. Pero él sabe que, mientras los actuales mandatarios no decidan ocuparse de estas cotidianas estampas no escucharé sus cansinas reticencias ni el manido proverbio chino de la caña y el pescado y seguiré dándole diariamente su euro.

Conduzco mi coche de camino al trabajo y gracias a un semáforo descubro en el paso de cebra a un joven malabarista que lanza y recoge clavas con agilidad y destreza. Al término de su lucimiento se aproxima exultante a mi coche, que encabeza la fila, y me presenta una flamante gorra. Le sonrió. Se asombra. Cuando el semáforo se abre apenas me da tiempo a echarle el euro. Me alejo, despacio, mirándolo a través del retrovisor… ¡milagro!, le vuelve la cojera.

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http://estanochetecuento.com/picaresca-a-la-rumana/

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Todos a una

Recuerdo a la Honoria, con su intocable 600 y sus continuos viajes a la capital, rechoncha, desaborida y monina, despotricando contra el pueblo…

«El médico es un mujeriego. El cura demasiado moderno. El maestro y el alcalde descaradamente rojos. El pan de la Rupela, una mierda, la verdura del Gervasio, una porquería».

Tampoco le gustaban los perros ni las mozas ni los mozos. Prefería las calles de aceras vacías: de niñas y rayuelas, de chicos y peonzas, de sillas a la puerta. Jamás se juntaba con las demás mujeres:

«Yo no soy ninguna alcahueta ni zurzo calcetines ni meriendo mortadela!».

También recuerdo a los convecinos reunidos, apañando el cómo y el día en que acabaría nuestra condena. Y a Saturnino, pregonero y alguacil, después de sonar la corneta, cantando aquel singular bando:

«Se hace saber por orden de todo el pueblo que hoy la iglesia cerrará sus puertas a feligreses y penitentes. En la taberna del Tiburcio se servirán gratis vermuses y perrunillas. Las mujeres prepararán viandas, los hombres la bebienda. Los quintos vestirán el salón de plenos con guirnaldas y farolillos y entrada la tarde, aviaos con nuestros mejores hatos, aguardaremos tras los visillos del ayuntamiento a que el coche fúnebre abandone las calles desiertas».

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El 15 de octubre se celebra el Día Internacional de la Mujer Rural, este es mi singular homenaje.