Publicado en ¡Jóvenes!, Cincuenta palabras, Con mucha miga, El amor y sus cositas

La ilusión del día

Me comenta que anda muy liado. Desde que se ha independizado le echo de menos. Aunque sé que pasa frío, en el fondo me encanta, pues aprovechando que sale a la calle a fumarse el cigarrillo, me llama por teléfono cada mañana.

Hace dos semanas que ha dejado de fumar.

22576136-ilustracion-de-un-hombre-que-fuma-cerca-de-la-calle-peatonalLa imagen la he cogido prestada de la red.

http://www.cincuentapalabras.com/2014/06/la-ilusion-del-dia.html

Publicado en Con mucha miga, El amor y sus cositas

La dama y el sombrero

Lleva diez eternos minutos esperándola. Finalmente, un aroma a jazmín empapa la estancia. Galante, se quita el sombrero, ella ríe cuando lo encaja a la primera en el perchero.

Tras el apasionado encuentro pasea la ciudad, embelesado. El recuerdo de su olor a jazmín, el sabor de su boca, muerden su cerebro.

De vuelta a casa se dirige a la biblioteca, pero su mujer que está tomando el té con unas amigas le ve pasar y sale a su encuentro. Le pregunta por su sombrero, él, sorprendido, descubre que no lo lleva puesto.

La anfitriona, cuando vuelve a la salita, exclama a sus selectas invitadas… «¡Vaya con mi Leo, pronto empieza a destocarse y sin percatarse!»

Al son de cucharillas de plata, las risas y bisbiseos se entremezclan en un ritual tan antiguo, como antiquísima es la valiosa porcelana donde lo sirve.

En la biblioteca el hombre se recuesta en la cheslong. Escucha unos pasos, después, unos dedos zalameros agitan su pelo, unos labios susurrantes le dicen al oído…

«Pero ¡qué sorpresa!, esta es tu mansión y ella tu mujercita… que parece haber echado de menos algo que yo tengo, mañana te espero… aunque esta vez, la casa invita».

La dama vuelve a la sala, donde seguirá mojando genuinas danesas en un delicioso té de jazmín, su preferido.

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Fotografía extraída de la red

Publicado en El amor y sus cositas, Esta noche te cuento

Pasó tu última fuente

Emilio entraba emocionado en el centro comercial para recoger un pedido de la librería. Al pasar por la fuente nueva, la de los chorros multicolores, una mujer de ojos tristes, apostada en la barandilla, reparó en él y le envió una sonrisa. Al tiempo que cerraba los ojos y pedía un deseo, lanzaba unas monedas que chapotearon antes de estrellarse contra el fondo. Él, apresurado y sin advertir el gesto, siguió su camino. Al notar que unas gotas le salpicaban, miró a su alrededor, ensimismada, como buscando el milagro. Malhumorada, huía de allí mascullando; “Ni un día más, ¡se acabó!, ni novios ni narices, esto de las fuentes y los deseos son tonterías”.

Cuando Emilio volvía de la librería, se cruzó con la mujer, atraído por su lacónica mirada le sonrió, pero esta, absorta, siguió su camino. Se sentó a admirar aquellas cascadas coloristas. Ávido, abrió el libro que acababa de adquirir; “Manual para encontrar a tu alma gemela” y se adentró en sus páginas. Momentos después se alejaba del lugar. Sobre el agua flotaban aquellos consejos que había ahogado decepcionado… “Esto de los manuales… ¡que embaucabobos!”

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Este micro participa en «Esta noche te cuento». La preciosa ilustración de este mes corre a cargo de Asun Buendía. Si queréis conocerla un poquito más os dejo los enlaces a sus blogs:

ImagenTe como: http://rosquillasalpoder.blogspot.com.es/  ,  http://tbtasuncion.blogspot.com.es/

Publicado en El amor y sus cositas, Viernes creativo

Cuestión de valores

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Esa cartera llevaba mucho tiempo conmigo… desde aquel maravilloso viaje. Me gustaba, porque tenía un precioso corazón que la adornaba, por quien me la regaló.
Cuando volví del gimnasio me la encontré encima del banco, observé disgustada que se lo habían arrancado. Abrí la cremallera, dentro seguían los tres billetes, también las monedas.
Al día siguiente, a la misma hora, la dejé de nuevo en el banco con una nota… ¡Por favor, llévate el dinero y devuélveme el corazón!

Unas letritas para este corazón…  Viernes creativo en casa de Fernando Vicente:

http://elbicnaranja.wordpress.com/

Publicado en Colaboraciones con Luisa Hurtado, El amor y sus cositas, Fotos con letras

Dos textos para dos fotos, en casa de Luisa Hurtado

BUSCANDO A LUISA

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Desde hace dos semanas, Rubén se pasa mañana y tarde por ese tablón. Acababa de conocerla, aún no entiende ¡cómo pudo perder el papelito con su teléfono!, ¡estaba tan seguro de haberlo guardado en su cartera…!

Harto de buscar vuelve al piso, llama a la puerta de su vecino de cuarto, éste, invariablemente, estudia. En la cocina se toman una cerveza y como siempre le toma el pelo…

“¡Jope Hugo, siempre aquí metido, empollando, vive un poco la vida, tío!”

Estos comentarios no le hacen mucha gracia, pues sacar su carrera es lo más importante, pero hoy está de buen humor. Cuando Rubén se va de nuevo a buscar en ese gran panel, Hugo vuelve a su habitación, se dirige a la mesa y cierra el tocho de apuntes, bordea el biombo que divide en dos la estancia y acercándose a la cama, una preciosa joven le besa… ¿para qué va a salir si ella viene a buscarle?

Cuando Hugo se encontró en el pasillo, hace catorce días, aquél desamparado y doblado papelito, le pudo la curiosidad. Seguido de aquel número de teléfono un sugerente nombre de mujer… Luisa.

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TE ESCRIBO ESTAS CUATRO LETRAS…

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Su madre está cansada de tanto gasto y se niega a comprarle más cuadernos y libretas, pero el amor que Dani siente por Anita es tan grande, que necesita seguir plasmándolo por doquier.

Esta mañana unos uniformados han ido a buscarle a su casa y como castigo tiene que fregotear todas las pintadas de la calle. Mientras borra su firma de la última pared, cavila un plan para que no vuelvan a pillarle y trata de averiguar, quién habrá sido el chivato que le ha delatado.

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En casa de Luisa Hurtado, http://microrrelatosalpormayor.blogspot.com.es.  

Las fotografías están en este otro blog de Luisa,  Palabras fotos y días  y son obra de Jose Luis Rafael.

Mil gracias a ambos.

Publicado en Con mucha miga, El amor y sus cositas, Esta noche te cuento

«Un buen marido, antes fue un buen hijo»

Eligió un vestido algo sobrio, aunque perfecto para la ocasión… ¡hoy conocería a sus futuros suegros!

Sentados a la mesa, la anfitriona miraba con reservas el anillo que ella presumía en su dedo, Carmen se hacía cargo, Simón sería el primero de sus cuatro hijos en independizarse.

Las conversaciones se cruzaban entre los comensales, cuando una voz sobresaliendo de las demás…

“Madre, ¡qué sabrás tú, si no tienes ni idea!”

Las palabras que atajaron aquél interminable silencio sonaron como una bofetada…

“Es verdad, hijo, si yo de eso no entiendo”

Terminaban el segundo plato cuando la misma voz, ahora más enérgica…

“¡No callarás, no, anda y ve a por el postre, porque lo que es la comida…!”

Entonces Carmen, se acordó de la mujer más sabia que pasó por su vida, se acercó a la que iba a ser su suegra, le comentó algo al oído y le entregó el anillo, se abrazaron emocionadas. Despidiéndose de todos con un recogido “lo siento, disculpadme”  huyó del hombre que hoy no llevaba puesta la máscara con la que ella le conoció.

La abuela y sus sabios consejos… “Cariño, desconfía de un hombre que no respete a su madre”

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Publicado en Con mucha miga, El amor y sus cositas

Mi novia y mi madre

Están a punto de conocerse, pero antes incluso de estar frente a frente, sus mentes empiezan a cavilar, casi al mismo tiempo, y a escudriñarse de arriba abajo:

«¿Le gustaré? Tengo que caerle bien, que la primera impresión es muy importante. Desde aquí parece mona; a ver si de cerca… aunque creo que se parece un poco a la anterior, ¡vaya lagarta! un día más y nos lleva a la ruina. ¡Ay, mi pobre niño! Tendré que averiguar si fuma, qué persigue y qué clase de valores le inculcaron sus padres. Esta misma noche les invito a cenar a casa… ¿cuál será su plato preferido?… de lo que estoy segura es de que bebe»  

«Ya verás, fijo que no le gusto. Jo, ¡vaya miradas!, me está taladrando. ¡Si ya me habían advertido mis amigas! pero tranquilas, que mañana mismo empiezo a mirar… Será lejos, sobre todo de este barrio, ¡qué digo!, en otra ciudad. Al principio iremos a verla una vez al mes, con eso será suficiente. Más tarde solo iremos en Navidad y quizá también en Semana Santa. Porque yo estaré ocupadísima criando a mis… tres, si, tres hijos serán suficiente. Por cierto, ¿le llegará la pensión para pagarse esa residencia que acaban de abrir en Zamora?»

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Publicado en El amor y sus cositas

¡Dígame!

Son las nueve menos cuarto de una mañana marcera y fría. Absorta, bostezo frente a una taza de chocolate caliente. Me arrebujo en mi bata añorando la calidez de la primavera. Suena el teléfono y con desgana, lo descuelgo. No hallo respuesta. Pienso que se trata de un error y a punto de colgar, escucho una voz de mujer. Me pego al auricular de nuevo. Compruebo desorientada que no es a mí a quien se dirige. Un corto silencio y oigo otra voz, esta vez masculina. No entiendo con total claridad, un ruido molesto, de fondo, me impide reconocer sus voces, mas deduzco, que están en un coche. Más silencios. Me sonrojo cuando llegan unos suspiros y sonoros jadeos. Evidenciando que no se saben espiados, decido dejar a solas a los tortolitos. Pero me freno, cuando creo escuchar mi nombre en la voz del hombre, que dice algo sobre mí, que me define y que nadie conoce excepto… ¡mi marido!. Llegan más silencios… unos interminables silencios que llenan una demoledora e inacabable hora.

¡Cuánto me costó aparentar serenidad delante de él, sabiéndome atrapada en su mentira! Aprovechando su siesta, anoté de su móvil los últimos movimientos. Tenía todo el tiempo del mundo para investigar y averiguar.

Pasaron unos días y una recepcionista de un hotel, llamó a un domicilio confirmando la reserva de una suite para un fin de semana. La voz perpleja del hombre que recibe la llamada, declaró desconocer tal asunto. La empleada se vio obligada a descubrirle los dos nombres de la reserva;  uno, era el de su esposa, el otro era el de mi marido. Inevitable fue que las circunstancias siguieran su curso, que dos hombres resolvieran sus diferencias, también.

Para conseguir que nadie descubriera que yo estaba detrás de las dos rupturas con la misma mujer, necesité una buena dosis de desamor y despecho.

Fingir durante un tiempo prudente y abandonarle después dejándolo todo bien atado, antes hube de convencerme de que la venganza es un plato que se sirve bien frío.

Tener unos padres que con paciencia y empeño me aconsejaran en su día, que estudiar derecho podría llevarme a ser una excelente abogada, no tiene precio.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    Imagen

Amantes de arena,  Benalmádena Costa. Málaga

Publicado en Con mucha miga, El amor y sus cositas

Las tres herederas

«Carlos, ¡que tienes una edad!, sigues bebiendo y jugando, estás dilapidando la herencia de tu familia, piensa en las niñas. No me importa que salgas con otras mujeres, pero por lo menos tendrás cuidado de no dejar tu sangre repartida por ahí»
«A ti eso no te incumbe, dentro de nada serás libre, es lo que querí­as ¿no?, no soporto que me digas lo que puedo o no puedo hacer con mi dinero».
Era ya muy tarde, no querí­as entrar en discusiones, de sobra sabí­as cómo terminaban éstas, tan solo un par de dí­as para irte con tus tres hijas a un bonito loft en el centro de la ciudad. Por fin te separabas, los papeles del divorcio estaban al caer, mientras, aguantabas estoicamente sus continuas salidas y venidas a altas horas de la noche.

Te despertaron unos quejidos. Según bajabas las escaleras, pensaste que de nuevo se habrí­a traí­do a una de sus amiguitas. Sorteando algunos bultos y maletas que aguardaban en la entrada de la vivienda, entraste en el salón y hallaste a tu aún marido, solo en el sofá, pero hecho un ovillo y con un rictus de dolor dibujando su cara.
Cuando llegó Javier, el médico amigo de la familia, lo llevasteis rápidamente al hospital.

La operación de apendicitis fue un éxito. Al dí­a siguiente volviste a visitar al enfermo y lo encontraste con una mujer que le hací­a carantoñas, bastante parecida a la del día anterior y también con un acento que te era desconocido. Él, no apartaba los ojos de unos generosos y semidesnudos senos que le apuntaban descaradamente. Sin mirarte siquiera, te dijo que te marcharas, que quería estar a solas con su novia, pero antes de abandonar la habitación escuchaste no sin sorpresa…
«¡Ay mi amorcito, yo sí­ te daré el nene que esa mujer no supo darte!».

En la planta baja del hospital, Javier te comenta que Carlos está mejorando, con tono cómplice, y dominando el impulso de cogerte las manos, intenta disiparte otros temores…
«No te preocupes, jamás lo descubrirá, en cambio, todos comprobaremos el excelente resultado de su irreversible vasectomía».

 

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Publicado en El amor y sus cositas, Microrrelatos animalistas

Un regalo tuyo en mi cama

 “Tengo que buscar a quién dárselo, que lo entienda y que lo necesite y por supuesto, no que tenga mis mismas inquietudes, tendré que hacer un repaso a mis amigas”. Lo pensaba al tiempo que iba llenando bolsas.

“No, a Sofía no… en esta irá el calzado… demasiado estirada… estas marrones, qué gasto inútil… a Carmen, ¡tampoco! se parece más a mí que ninguna… también me las compré en azul marino… le sobra el dinero, quizá a Encarna… aunque son cómodas… ¡qué bah!, con lo gorrona que es, capaz de venderlo en el mercadillo… todas a la bolsa… y ¿Cristina?… estos botines y los zapatos de fiesta… acaba de separarse… no volveré a ponérmelos, en esta más grande, meteré los bolsos… y con dos niños, pero ¡qué digo!… todos dentro… a Cristina, ¡no!, se ofendería… el blanco y estos dos marrones… demasiado orgullosa, y ¿Estrella?, ¡pues claro! es mi antagonista… y los monederos… no le gusta leer… con los bolsos, todos juntos… no se pierde el Sálvame… ¡uy qué color más mono!… le encantan los toros… es igual, fuera de mi armario… jamás ha pisado un camping… ésta cartera es horrible… y va a misa todos los domingos, es la candidata perfecta… también a la bolsa y ésta billetera, no pienso usarla más…  han despido a su marido… estos cintos no quiero ni uno… cómo se puede acumular tanto habiendo gente con tan poco… sí, Estrella, es perfecta… ¿y esta cazadora?… creo que tenemos la misma talla… hasta con etiqueta…  y el chaquetón, también dentro, a la bolsa… a pesar de todo es buena gente… y el abrigo que me lo regaló Pedro, dónde lo puse… pobre animal, me lo imagino corriendo por la selva, los de ahora son de criadero… aquél San Valentín, aquí está, ¡bah, con lo despistado que es… aunque no sé qué es peor… ¡ni se acuerda!… bueno, creo que ya he terminado, no hay objetos en mi armario que antes poseyeran una vida”.

A Estrella no le sorprende que su amiga quiera deshacerse de toda su piel, sabe que es animalista.

En la habitación se prueba el abrigo y queda fascinada. Le pregunta que si a Pedro le parecerá bien… “ni se lo he dicho”, le contesta.

Estrella se va feliz con todo lo que su amiga le ha dado. Decididamente las dos, han salvado a dos pájaros de un tiro.

Cuando por la noche su marido y ella suben al dormitorio, advierten que sobre la cama hay un fular negro con rosas amarillas. Los dos al tiempo exclaman…

“¡Anda, mira, Estrella ha olvidado su pañuelo! ”, «¿Qué hace aquí el pañuelo de Estrella?»

Perpleja, hace un recuento de toda la piel que le ha regalado a Estrella, mirando a Pedro se pregunta, cuánto tiempo hará que él lleva regalándole la suya.

 

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