Publicado en Microrrelatos indignados, Viejitos

Ignorada depresión

No llegaron a tiempo a la soledad que llenaba tu casa, vacía de compañera, vacía de cuatro hijos, vacía de cuatro nueras, pero sí al hilo de vida que te quedaba.

Tras dos meses en la UCI te despiertas. No entiendes por qué unas cintas rodean tus muñecas y un tubo de plástico baja hasta tu estómago. Has dejado de hablar, de conocer, estás rodeado de extraños que te besan en las mejillas, y una incertidumbre se ahoga en tu boca…
«¡Dónde estoy; quién es toda esta gente!».

Tampoco recuerdas lo de las pastillas.

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