Me despierto de madrugada, voy a la cocina y ahí estás. Me miras irónico, una vez más… mofándote de mi. Cansada de renuncias, decidida, te introduzco el cuchillo con deleite, hasta el fondo, relamiéndome, disfrutando de lo prohibido.
La roja jalea resbala por la comisura de mis labios, la noto caliente, cuando llega a mi escote un escalofrío se desliza por mis pechos.
Vuelvo a la cama resarcida, satisfecha, imaginándome tu cara cuando al levantarte veas el tarro de mermelada de frambuesa, vacío y tirado en medio de la cocina.


Hola R.
Acabo de enterarme de que tu nueva andadura y quería desearte lo mejor.
Prometo pasarme por aquí con el tiempo necesario para disfrutar de tus textos.
Un besazo.
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Gracias Ana, será un honor que me visites, espero no defraudarte mucho… je je
Un beso compañera.
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a mi me gustan las focas y de verdad que cualquier ser humano que se parezca a un animal tiene que ser bello, muy bello. Por dentro y por fuera
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También a mi me gustan las focas… al individuo de mi relato no, no era muy animalista.
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