Publicado en Con mucha miga

Picaresca a la rumana

 

  Cada día le veo pidiendo, en el mismo sitio. Alguna vez le doy un euro. Me sabe mal verle cojear.

He cambiado de trayecto, ahora utilizo otro para ir a trabajar.

El semáforo en rojo, pero ¡no puede ser… si no cojea!. Le sonrío, tímido alarga la mano, le doy el euro.

Me alejo mirándolo a través del retrovisor, ¡milagro!… le vuelve la cojera.

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