-¿Una cajita de cerezas? buenísimas… son del Jerte, mire qué pinta tienen…
-No, gracias.
-¿Y un quesito? de la Mancha, auténtico…
-No, gracias, cóbrese.
-Quiza unas fresas, directamente de Huelva…
-No necesito nada, por favor, ¿podría cobrarme?
-Y unos chicles… los tengo de oferta; melón, sandía, mandarina, kiw…
– ¡¡¡ME COBRA DE UNA PUÑETERA VEZ!!!
Con un frío que pelaba, muy propio del mes de enero, mi mujer entró en el coche y mientras lo arrancaba refunfuñaba airada…
«¡Qué plasta, todos los sábados igual, encima que le hago su trabajo!, ¿será caradura el tío?»
Volvió a jurar que no acudiría nunca más a esa gasolinera.





