Autor: Rosy Val
Malditos recortes
Nada más llegar se lo dije al de la puerta, que eras asmática.
El médico ha salido por una urgencia… ya, pero es que mi niña… cálmese, señora, vendrá enseguida, está solo, con esto de los recortes … entonces me la llevo al hospital… el médico vendrá enseguida…. pues llámeme a una ambulan… pero tendría que pagarla usted… ¡pero si ya pago a la Seguridad social…! pues entonces siéntese que solo son cinco minutos… ¡pero si ya llevamos más de quince!, ¿quién atiende las urgencias?… pues el médico… pero si no está, ¿quién atiende a mi… señora que ya se lo he dicho, el médico llegará en… claro ¡si fuera su hija… no empecemos, qué tendrá que ver que… no voy a repetírselo más, mi niña está mal… pues entonces señora llame a un taxi… ¿y quién lo paga? yo no puedo… ni yo, ¿qué se cree? me han reducido la jornada… por Dios, cuándo viene el doctor… y mi mujer está en paro y tengo cinco bocas que aliment… ¿viene ya de una puñetera vez…? y apenas puedo con la hipoteca y encima mi suegra en silla de ruedas… por favor, cállese ya, me está empezando a doler la… y le han denegado la asistencia… ¡mañana mismo les pongo una denuncia!… y dele señora… qué culpa tendré yo… ¿no ve la carita que tiene mi niña?… igual es que tiene sueño, verdad chiquitina que tienes… ¡oiga, que yo conozco a mi hija, voy a llamar un taxi y que lo pague quien sea… señora, mire, por ahí viene el médico, ¿ve? ¡ande entre!
Parecía cansado, te desnudé, te acarició la carita y te auscultó. Ya no recuerdo si le dije que eras asmática. Te puso una inyección para bajarte la fiebre, tenías 39. Te dio un jarabe. Me dijo que no me preocupase, que te pondrías bien y que por la mañana pidiera cita con el de cabecera.
Pero esa madrugada te ingresamos en urgencias, cuando volví a verte, tus hoyuelos habían desaparecido, tus mejillas no tenían color, ni tus ojitos azules estaban abiertos. Tu padre ha denunciado al centro de salud, al médico, al celador, lleva semanas en los juzgados. Hoy hace un mes. Llevo treinta días y cinco horas sin ganas de vivir, sin coraje. Me has desheredado de consuelo. La abogada me dio el nombre de ese jarabe, lo he conseguido en pastillas, he comprado dos botes, ya sabes, yo también soy asmática…
Mi novia y mi madre
Están a punto de conocerse, pero antes incluso de estar frente a frente, sus mentes empiezan a cavilar, casi al mismo tiempo, y a escudriñarse de arriba abajo:
«¿Le gustaré? Tengo que caerle bien, que la primera impresión es muy importante. Desde aquí parece mona; a ver si de cerca… aunque creo que se parece un poco a la anterior, ¡vaya lagarta! un día más y nos lleva a la ruina. ¡Ay, mi pobre niño! Tendré que averiguar si fuma, qué persigue y qué clase de valores le inculcaron sus padres. Esta misma noche les invito a cenar a casa… ¿cuál será su plato preferido?… de lo que estoy segura es de que bebe»
«Ya verás, fijo que no le gusto. Jo, ¡vaya miradas!, me está taladrando. ¡Si ya me habían advertido mis amigas! pero tranquilas, que mañana mismo empiezo a mirar… Será lejos, sobre todo de este barrio, ¡qué digo!, en otra ciudad. Al principio iremos a verla una vez al mes, con eso será suficiente. Más tarde solo iremos en Navidad y quizá también en Semana Santa. Porque yo estaré ocupadísima criando a mis… tres, si, tres hijos serán suficiente. Por cierto, ¿le llegará la pensión para pagarse esa residencia que acaban de abrir en Zamora?»
El horno de leña
Acurrucada en el suelo y el miedo ocupando tu cerebro, esperas a que la bestia descargue sobre ti su furia. Te viene a la memoria un juramento y te ves de nuevo agazapada, con tu muñeca, debajo de aquella tambaleante mesa que tu padre golpeaba con rabia. Tras el mantel de hule transparente veías sus patadas mientras ella gemía. Sin importarte lo que pueda pasar, valiente te alzas, decides que no habrá más últimas veces.
“Cuando termine de limpiar la sangre y de curarme las heridas, meteré el bate con tus últimos trozos, ya no te quejarás más de que no lo uso. Ya casi ni lo noto, poco a poco me voy acostumbrando a este olor a quemado, también a este solaz”
Un micro «bestia». Requisitos: 666 caracteres exactos, que empezase por A y terminase por Z. Que la palabra malo y sus derivados no apareciesen entre sus letras, y por último que fuese de lo más bestial. Me gustó sacar a pasear a la bestia, que parece ser, y por esta vez, llevo dentro.
La verdad, sin dobleces
«La primera vez que me miraste, me hiciste sentir especial. Pero a los pocos días observé algo en tus ojos, ya no miraban igual, como si no me soportaran. Querías alejarte, mi sinceridad te hacía daño, te deprimía. Pero pronto me echabas de menos, volvías a mí y de nuevo ocupaba tu mente. Necesitabas ayuda, salir, encontrar el camino, lo real, sin embargo lo negabas y me mentías, te engañabas.
Cada vez duraban menos tus ausencias, hasta ese fatídico instante en que fue imposible separarnos, discernir quién estaba dentro de cada cual. Me convertí en tu desesperante obsesión. Tantos años pendiente de mí, definitivamente te pasaban factura. Presentí que esta vez, no era como las demás.
Esta mañana tu madre levantó tu debilitado cuerpo del suelo, en tu mano ensangrentada, uno de mis añicos. En el hospital nada pudieron hacer por ti. Esta vez era yo el que entraba en tu cuerpo, hiriéndote mortalmente».
JUN88. SIEMPRE ME GUSTÓ DECIR LA VERDAD, SIN DOBLECES, de Mª del Rosario Val Gracia
¡Dígame!
Son las nueve menos cuarto de una mañana marcera y fría. Absorta, bostezo frente a una taza de chocolate caliente. Me arrebujo en mi bata añorando la calidez de la primavera. Suena el teléfono y con desgana, lo descuelgo. No hallo respuesta. Pienso que se trata de un error y a punto de colgar, escucho una voz de mujer. Me pego al auricular de nuevo. Compruebo desorientada que no es a mí a quien se dirige. Un corto silencio y oigo otra voz, esta vez masculina. No entiendo con total claridad, un ruido molesto, de fondo, me impide reconocer sus voces, mas deduzco, que están en un coche. Más silencios. Me sonrojo cuando llegan unos suspiros y sonoros jadeos. Evidenciando que no se saben espiados, decido dejar a solas a los tortolitos. Pero me freno, cuando creo escuchar mi nombre en la voz del hombre, que dice algo sobre mí, que me define y que nadie conoce excepto… ¡mi marido!. Llegan más silencios… unos interminables silencios que llenan una demoledora e inacabable hora.
¡Cuánto me costó aparentar serenidad delante de él, sabiéndome atrapada en su mentira! Aprovechando su siesta, anoté de su móvil los últimos movimientos. Tenía todo el tiempo del mundo para investigar y averiguar.
Pasaron unos días y una recepcionista de un hotel, llamó a un domicilio confirmando la reserva de una suite para un fin de semana. La voz perpleja del hombre que recibe la llamada, declaró desconocer tal asunto. La empleada se vio obligada a descubrirle los dos nombres de la reserva; uno, era el de su esposa, el otro era el de mi marido. Inevitable fue que las circunstancias siguieran su curso, que dos hombres resolvieran sus diferencias, también.
Para conseguir que nadie descubriera que yo estaba detrás de las dos rupturas con la misma mujer, necesité una buena dosis de desamor y despecho.
Fingir durante un tiempo prudente y abandonarle después dejándolo todo bien atado, antes hube de convencerme de que la venganza es un plato que se sirve bien frío.
Tener unos padres que con paciencia y empeño me aconsejaran en su día, que estudiar derecho podría llevarme a ser una excelente abogada, no tiene precio. 
Amantes de arena, Benalmádena Costa. Málaga
Papi, también te quiere
Les echo de menos. Hace un mes que no están. Su madre se los ha llevado a miles de kilómetros. En la embajada alegan, que no es pertinente enturbiar las relaciones entre ambos países.
Qué fácil separarme de ellos y obviar… ¡quién de noche les contaba cuentos, cuidaba su frente, les llevaba al colegio!
Pretenden que deje de ser padre, como dejé de ser marido, y se llevan impunemente también mi corazón, igual que aquella otra vez…
La recuerdo llorando, implorando a unos señores vestidos de uniforme, que me permitan ir con ella, que un contrato de trabajo, en un país vecino, la espera. Mientras, sobre una desgastada maleta y con la tiza que me había regalado el más alto, dibujo premonitorias equis, como si desconociera otra consonante. Y me veo saliendo del aeropuerto y entrando de nuevo en aquel colegio. Antes de dormirme, sobre una almohada mojada, su pálida mano diciéndome adiós.
Cuántos meses añorándola, hasta reencontrarla de nuevo. Cuántos pasos, plegarias y citas en los juzgados hasta probar, que él nunca profesó como padre, que solo ella me estaba haciendo grande.
Inocentemente me sigo preguntando… por qué las leyes quedan tan a desmano de los corazones.
De niño, me separaron de mi madre porque exigían la firma de un fantasma, al que solo me unía un apellido y jamás asumió su responsabilidad. Hoy me separan de mis hijos… por todo lo contrario.
Esta en mi aportación a microrrelatosindignados@gmail.com. Un hermoso proyecto para denunciar, decir ¡basta!, exigir que las cosas empiecen a cambiar. Gracias a: La colina naranja Explorando Lilliput Pliegos volantes Relatos de andar por casa, por crearlo.
Érase una cruel princesa
Estás emocionado, hoy hay quedada. Te importa un pimiento lo que piden los maestros, total, no eres del gremio, pero tu princesa irá.
Te pones tu mejor pantalón, estrenas camisa, con esmero te afeitas. Llegas el primero. Sonríes recordando que fue en esta misma Puerta del Sol cuando la conociste y que no solo engrosó tus contactos, también tu corazón. Desde aquél día no has dejado de hablar con ella, de recibir los besos que en cada despedida a ti más te enamoran.
La plaza se va llenando, la buscas con insistencia. Media hora después, la encuentras. ¡Qué guapa está con esa melena que ahora reposa sobre sus hombros!. ¡Esos ojos aceitunados que desde su primera mirada, te cautivaron!. Embelesado te acercas, a punto de besarla en la cara, da un paso atrás y te aparta diciendo…
-Perdona, ¿nos conocemos?
-¡Claro, soy Ernesto!
-Qué Ernesto…
-¡Cómo que qué Ernesto!, hemos quedado en vernos, aquí… hoy… Tímidamente añades: llevamos tres meses y un día… chateando.
Te quedas de piedra cuando levanta su cabeza implorando al cielo y antes de perderse entre la gente la escuchas decir…
-¡Pero quién será este imbécil de los 3.557 agregados en mi facebook!
MAY39. ÉRASE UNA CRUEL PRINCESA. de Mª del Rosario…
La ilustradora de este mes es Amparo Martinez, su blog PETRA ACERO
Se enseña a matar
Entendiste que la vida había que valorarla, por eso no te costó decir que no, aunque sí ponerte en su contra y orgulloso de no seguir su atavismo, te procuraste un futuro digno y ausente de maltratos.
Tu padre nunca se enteró que cuando acababas con sus clases yo te impregnaba el alma de empatía, conmiseración, respeto… y ahora las pones en práctica en la clínica veterinaria donde trabajas.
A ti te cogí a tiempo. Con tu padre no tuve la misma suerte… siguió los pasos de tu abuelo.
Te envío la foto, cuídala, lleva conmigo mucho tiempo. Cuando tengas a quién enseñársela, cuéntale que tenías diez años cuando te la mostré por primera vez. Espero que te haga la misma pregunta que me hiciste a mi…
“¿Quiénes son esos dos bebés, abuela?”









