Vaya un día que llevo. A ver si decido ya qué me pongo. Si el conjunto de raso o el vestido de seda. ¿Cómo estaré más guapa? Quisiera estar presentable en un momento tan especial. Mis hijos no creo que lleguen a tiempo, ¡menos mal!, viven a miles de kilómetros. Mis ex, igual ni se molestan.
No se lo he contado a nadie. ¡Quita, quita!, qué vergüenza, para que luego se rían de mí o mucho peor, me llamen tonta o loca. Tampoco tengo claro, si con el gas o en la bañera. He leído que la primera opción es más dulce: te quedas dormida enseguida. La segunda, aunque más sensacionalista, me imagino que con el agua bien calentita, apenas note nada. Vaya un quebradero de cabeza. Y todo desde que he descubierto, casualmente y por la tele, que ese hombre tan encantador con el que llevo chateando tres meses y medio, es el «Estafador del Amor».

