Publicado en CONCURSOS VARIOS, Microrrelatos indignados

¡Billetes… por favor!

 

Se sienta en un banco en el andén, con sus zapatos de tacón, y si no fuera porque su bolso es rojo, creerías que estoy hablando de una canción. Pero ni se llama Penélope ni espera ningún tren, solo se acerca cada mañana, un ratito —en cuanto deja a su peque en el colegio—, para verlos pasar… como lo hacía antaño cuando le traía a su amor el bocadillo de tortilla calentito. 

La parada era mínima, pero suficiente para darse un beso y desearse los buenos días.  

Llevaban meses buscando un hijo y aquel día, para darle la buena noticia, se puso de domingo. Pero esta vez, el tren pasó de largo, no paró en su estación. Al rato le dijeron que la policía perseguía de vagón en vagón a un criminal, muy peligroso, capaz de hacer cualquier cosa… 

Todavía no se ha hecho justicia. Era un simple revisor. 

Esta imagen la he cogido prestada de la red

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