A mí se me mueren todos, aunque yo no participe en sus decesos, y dado que los cementerios, con sus sepulcros, epitafios y toda esa parafernalia, no me gustan ni interesan nada, yo lo dejo en manos del azar y que sea él, quien se ocupe… ¡bastante hago con aguantarlos mientras viven!
Con el primero el cielo me lo puso en bandeja. Qué oportuna aquella tromba de agua que lo anegó todo provocando una riada que pasaba, justo, por mi casa. ¡Si hasta arrastraba contenedores y coches! Solo tuve que dejarle en el primer escalón.
Con el segundo fue pan comido. Estábamos disfrutando de un safari cuando nos visitaron unas malas fiebres. Los leones, que lo fisgonean todo, estuvieron varios días merodeando. Finalmente entraron en nuestra tienda, ¡qué suerte la mía poder disponer del jeep en ese momento!
Y con el último fue coser y cantar. Lo introduje en el maletero y aparqué el auto en mi calle. Dormía a pierna suelta -soñando que algún ladrón de coches o un rayo despistado me resolviera el asunto-, cuando un estruendo me despertó. Al asomarme por la ventana vi gente alborotada corriendo de un lado para otro, policías, coches aparcados calcinándose. No reparé en los destrozos ni si había víctimas, solamente una traviesa sonrisa se posó en mis labios…
Termina de ponerse los guantes. Retira la sábana. La luz del foco palidece. El bisturí se estrella contra el suelo. Con un ímprobo esfuerzo trata de mantenerse erguido.
Mejor lo hará abrazado a ella. Mas cómo decirle que deshaga su maleta; la niña ya no irá al campamento de verano.
Llegarás por el puente despacio y aturdido o tal vez, ligero y soberbio, mas la gente, exaltada, ignorará tu desconcierto. Abajo el río Duero testigo de tantos miedos del pánico que ya alberga en tus adentros.
“¿Por qué me obligáis a huir?, ¿qué queréis de mí?, si lo único que poseo es la vida, tan solo eso”.
—No, tu vida es nuestra, nosotros decidimos cómo y cuándo caduca. Medirás tus fuerzas naturales y en igualdad de condiciones con las de un lancero.
“No comprendo… ¡igualdad de condiciones! yo soy uno… vosotros… ¡cientos!”
— Sí, acudimos en tropel, son las normas del torneo. Muchos te perseguirán cabalgando, los otros restantes lo harán corriendo.
“¿Hacia dónde huyo? Portáis en la mano un palo…”
—Los corredores y aficionados te conducirán desde la plaza del pueblo hasta la Vega del río Duero. Y no son palos sino lanzas que tendrás que salvar mientras estés en campo abierto.
“Lanceros… ahora entiendo, vais armados, con lanzas, como los antiguos soldados romanos…
—Y si consigues llegar a los límites sin que ninguna de ellas te alcance, vencerás el torneo.
“Acosado, extenuado y herido… ¡me temo que para entonces…!”
—Cuando finalmente caigas abatido te cortaremos el rabo y los testículos. En premio los colgará en su lanza el último que apague tu aliento.
“Pero antes os aseguraréis… ¡que estoy muerto!”.
—Difícil saberlo. Una vez derribado, amigo mío, te apuntillarán y entre tanto alborozo, polvareda y algarabía… ¡contigo se irá el misterio! y mientras te desangras puede que alguno se embadurne con tu sangre, por gozar de ese derecho y como símbolo de participación en el torneo. Cualquier torneante, hombre o mujer, puede hacerlo.
“Entonces… hoy, todos, hablarán de mi, de vuestro lugar, me haré famoso en el mundo entero”.
—Sí, eres un privilegiado. Morir alanceado en nuestro pueblo está declarado “Evento de Interés Cultural y Turístico Regional”. Saldrás con tu foto y con tu nombre en todos los periódicos y telediarios, como el año anterior y el que viene. Aunque, tranquilo, nadie sabrá cómo te matamos, nadie puede verlo, no permitimos grabaciones de cámaras ni de teléfonos.
“Eso es lo que os importa… lo que guardáis con sumo celo ¡que el mundo no vea mi absurda, irracional y lacerante muerte! Pero también veo mujeres, jóvenes, chicos, algunos… son muy pequeños”.
—Sí, nuestros hijos tienen que aprenderlo, son el futuro de nuestra ancestral costumbre. Ellas no alancean; eso es cosa de hombres, cosa nuestra.
“Entiendo… ellas lo apoyan y lo consienten, incluso, alguna saldrá en los medios defendiendo lo que hacen sus maridos, sus hijos, sus nietos… y tú, ¿quién eres?”
—Amigo, prefiero conservar el anónimo, declarar mis sentimientos sería peligroso… para mí, mi familia y mi negocio, tan solo soy un vecino más de este pueblo. Hoy, martes 15 de septiembre, morirás, pero los que permitimos esta locura lo haremos también un poquito por dentro. Hoy la inteligencia se pone de luto y ante tanta insania… tú eres el más cuerdo.
——————————————————————————————————
Rompesuelas, serás el Toro de la Vega del año 2015, pertenecerás a la historia de Tordesillas, un precioso pueblo de la provincia de Valladolid, singular y desgraciadamente conocido por esta bárbara y obsoleta tradición de la España profunda, del medioevo.
¿Será verdad que en nuestra extensa geografía no existan pueblos en los que no se celebren fiestas cruentas?
¿Será cierto que los españoles no sabemos divertirnos sin infligir dolor?
¿La iglesia estará conforme, o por lo menos, al corriente, de que los tordesillanos utilicen a su patrona «Nuestra Señora la Virgen de la Peña» para justificar tamaña crueldad?
¿Será cosa de devotos honrar así a sus amados mártires?
Contradicciones varias entre la fe y la razón, ¡supongo!
Esta foto de Rompesuelas la he tomado prestada de la red.
Por todos ellos: Centello, Linaso, Morenito, Gañafiero, Rodanero, Olvidado, Rompesueños, Enrejado, Valentón, Moscatel, Platanito, Afligido, Volante, Vulcano…
11,30 de la mañana, Rompesuelas muere alanceado.
Ya perteneces a la nefasta historia de Tordesillas del Torneo «Toro de la Vega”.
No eran ricos, ni vivían en una mansión. Lo del yate y los caballos; mentira. Tampoco celebraba sus cumpleaños con suntuosas fiestas.
Hacían vida sencilla. Cenaban, charlaban, veían televisión.
Sus compañeras la envidiaban… por las sobremesas, las veladas en el salón, porque sus padres después, se iban a la cama juntos.
No sé el por qué de esta animadversión, ¡si nunca me han hecho nada!, pero jamás se me ocurrió pedirle una a los Reyes ni me daba envidia ver a amigos montados en ellas. Mis hermanos sí que tuvieron alguna, aunque eso fue antes de nacer yo, justo entonces desapareció papá.
Cada domingo nos reunimos en casa y observo la foto que está sobre el aparador, a la que le falta un trozo. Además de a mamá, Josechu y Felisín, se ve un cachito de lo que parece el manillar de una bici. Como no sacian mi curiosidad empiezo a sospechar, creo que mi madre y mis hermanos están compinchados… también que son los autores de las pintadas que, de vez en cuando, aparecen en el escaparate de la tienda de bicicletas de debajo de casa. Ahora la regenta Rosaura, sobrina de la anterior dueña. Me cuenta que su tía era guapísima, pero que repentinamente se fue de la ciudad y lo abandonó todo. Alguna vez me invita a dar una vuelta. Creo que le gusto, mas yo le digo que las detesto y que no sea tan fresca: ¡Que estoy casado, que tengo una niña y otra en camino!
Mes de julio y mi aportación a «esta noche te cuento» es la de un chico muy especial, más que tontorrón, es buenico…
La una de la madrugada; te levantas, vas a su habitación, regresas al lecho.
Las dos, vuelves a levantarte.
Las tres… esta vez respiras aliviada, ¡duerme en su cama!
Te acuestas y sonríes, añorando las banales preocupaciones de entonces: «Ponte la sudadera. Cómete la merienda. No te tragues el chicle».
Esta imagen la he cogido prestada de la red (Violeta en línea), gracias por que me viene que ni pintada…
Hoy se levanta excitada, con deseos de pintar un cuadro. Se despereza asomada a la ventana y milagrosamente lo ve entrar. Presurosa baja y cuelga el cartel de “cerrado” en la puerta.
Sube a su cuarto emocionada, se quita la ropa interior, se ciñe un vestido y unas sandalias rojas. Antes de salir admira en las paredes sus retratos, ¡son su única pasión! Acaricia el último; lo pintó apenas hace un mes. Le gusta la fuerza que imprime su color favorito, un toque de vida casi real a sus protagonistas.
Armada de pinceles, paleta y lienzo se sienta frente al espejo. Clava sus ojos en el atractivo y desconocido joven. Cruza las piernas, con un impúdico movimiento las separa, despaciosamente las vuelve a cruzar. Él la mira nervioso y traga saliva. Su marido, celoso y herido en su agravio, al que no se le escapa uno, no tarda en deslizar la tajante navaja…
Eufórica y rauda va a por la palangana; aguarda inspirada a que la glutinosa y caliente pintura del modelo cuaje…
Se le cayó la gorra cuando trataba de colocar un tablero carcomido a modo de puerta en su casi derruida cabaña. Fui a recogérsela, entonces, nos miramos a los ojos. Lo traje a casa. Me confesó que jamás había vivido en una, y yo… que nunca había tenido un abuelo.
Esta noche se lo pediré, le diré… que me ha llegado el momento.
Las sensuales luces, en el rincón más íntimo de la habitación, rivalizaban con el champan helado. En una halagüeña caja corazón y haciendo juego con mi vestido, sus bombones favoritos. Mi sujetador y unas sugestivas braguitas, aguardaban, embriagados, con el último perfume que él me regaló. Mientras Albinoni cortejaba nuestras bocas, una celosa luna luchaba por interponerse entre los dos. Aprovechando que la pasión se ponía de mi parte, le susurré mimosa…
“Necesito sentir algo de los dos y acurrucarlo entre mis brazos”
Repentinamente… unas cegadoras luces cañonearon mis corneas. Un desafinado adagio retumbó en mis oídos. Un vulgar espumoso y un sucedáneo de chocolate caducaban… cuando su voz, como un jarro de agua fría, me espetó insolente;
“Vale, ¡cuándo empezamos a ahorrar!”
La familia García se dispone a desayunar, sobre la mesa…
Tres clases de puleva, una de ellas, semidesnatada con vitaminasD+K. Petisuises enriquecidos, yogures fibraplus 0%MG. Café. Tostadas; quince semillas, sin sal, integrales. Mermelada frutapunto antigoteo. Ligeresa sin colesterol. Galletas y magdalenas más sabor, menos grasas…
Ahmed de 11 años, está de acogida, este es su primer desayuno con ellos. Mira la mesa… de derecha a izquierda, de izquierda a derecha. Le preguntan, por qué no empieza.
“Estaba buscando leche, algunas veces la reparten en nuestra aldea, y pan… a mí me gusta mucho la leche migada con pan”.
imagen tomada de la red.
Me hace especial ilusión que este micro haya sido finalista en Wonderland. Muchas gracias por elegirlo. Si quieres ver más fabulosas historias, pincha en: http://blog.rtve.es/wonderland/
“Cariño, esta noche no he pegado ojo, hoy dormiré en otra habitación”.
Lo de los ronquidos era una excusa, iba a dejarle y para acostumbrarle a estar sin ella, empezaría por no acompañarle en sus noches. Seguiría con el fútbol; “lo siento, ya no soporto el griterío”. Los viernes por la tarde, para no pasarla juntos, se apuntaría a clases de bolillos. También para la misa de los domingos buscaría una pega, “¡Ay, Miguel, me estoy volviendo un poquito atea!”.
Tenía que darse prisa en enseñarle. Disponía de solo cinco meses, lo que el médico le había dado a ella.
¡Esa no es mi madre, no pienso llamarla mamá. Me prometiste, que nunca nadie ocuparía su sitio. No te lo perdonaré, jamás!
Tranquilo hijo, no te preocupes, que ella tampoco querrá que la llames así. Posiblemente tú no podrías ocupar el sitio que hace unos meses, dejó vacío su hijo.
Se levanta temprano y como cada mañana, no hace la cama. Tampoco se quita el pijama, tiene la fea costumbre de acostarse vestido. Sale con frío, sin sus Nike, sin el Actimel; no se acuerda de alimentar sus defensas. Le acompañan; un palo, un saco y un pañuelo que su madre le ata al cuello. Era de su padre, ahora, él es el hombre de la casa… “cúbrete hasta los ojos, no respires el humo traicionero”. Tras recorrer el largo camino, divisa la montaña, cuando se acerca, no hay mucho donde rascar, una veintena de niños se le ha adelantado.
Esta imagen no me ha sido difícil encontrarla, hay miles de ellas por la red. Una triste y desvergonzada realidad de la que TODOS somos culpables.
Son las diez de la mañana y sale con Golfo a la calle. Saluda a la gente, sonriendo. Tras quince minutos, vuelve a casa. Cuelga la correa y la sonrisa en el perchero. Se pone sus deprimidas zapatillas, se ciñe a su bata de condena. Se amarra el pelo en una cola. Va en busca de él, empuja su silla de ruedas. Rebusca en su ánimo y saca una nube para cada ojo. En la cocina, se sirve un café, negro, cargado, sin alegría, y un bol de crujientes lamentos, los mastica de uno en uno:
¡Ay, qué larga es esta vida! ¡Qué duros estos destierros, esta cárcel, estos hierros en que el alma está metida! ¡Quisiera morirme… pero no puedo!
Las cuatro de la tarde, desata su pelo, descuelga la correa del perro, se coloca la sonrisa…
Este microrrelato participa en la 1ª propuesta del año 2015, en «esta noche te cuento»
¿Una cajita de cerezas? buenísimas… son del Jerte, mire qué pinta tienen… -No, gracias. -¿Y un quesito? de la Mancha, auténtico… -No, gracias, cóbrese. -Quiza unas fresas, directamente de Huelva… -No necesito nada, por favor, ¿podría cobrarme? -Y unos chicles… los tengo de oferta; melón, sandía, mandarina, kiw… – ¡¡¡ME COBRA DE UNA PUÑETERA VEZ!!!
Con un frío que pelaba, muy propio del mes de enero, mi mujer entró en el coche y mientras lo arrancaba refunfuñaba airada…
«¡Qué plasta, todos los sábados igual, encima que le hago su trabajo!, ¿será caradura el tío?»
Volvió a jurar que no acudiría nunca más a esa gasolinera.
Acababa de divorciarse, y sin saber por qué, recordó a Margarita. La nostalgia le llevó al anuario escolar de 1980, ¡allí estaba!, aquella chica tenía algo que la hacía diferente a las demás. Se preguntó, qué habría sido de todos ellos. Llevado por ese interés, se animó a reunirlos, sería la primera concentración de su promoción.
Jugar a identificar las caras con los nombres de sus antiguos compañeros les costó, a unos más que a otros. Decepcionante, que no acudiese Margarita, siendo el motivo especial del acontecimiento, pero lo fue más descubrir, quién se escondía tras ese elegante y apuesto hombre que él no recordaba en su promoción.
Se bañaba desnuda en el río y una luna azul le acariciaba el pelo, libre y negro. Mas al despertar, todo seguía igual, su vestido le tapaba hasta los pies.
“Deja de soñar, sufrirás menos”, le aconsejaba su madre desde sus ojos estériles y escondidos en la oscuridad. Pero ella le replicaba rebelde; “Yo no soy como tú ni como ellas, nunca seré de nadie que yo no quiera”.
En alguna otra parte, otra mujer soporta en la piel de su cara un olor que nunca se va…
Sentada en tu mecedora tu cabeza gacha me dice que algo te inquieta. Tus manos acarician un retrato, ese en el que estás vestida de blanco. Con un dedo señalas al que está a tu lado, me miras, me preguntas por mí y no sé cómo rescatarme.
Porque soy yo quien se pierde cada vez que viajas a las estrellas; el que se vacía cuando te desprendes de uno de nuestros recuerdos; el que poco a poco vas arrinconando en tu niebla; el que se duele de que no me reconozcas.
Te abrazo y te lleno de besos… por si con ellos vuelves.
Hacerse vegana. En eso pensaba Rocío cuando la última uva con su respectiva campanada dejaba paso al nuevo año. Liberaría de su armario todo aquello que antes de ser cosa, tuvo vida: bolsos, botas, abrigos… incluido el que le regaló Pedro la Navidad pasada. Estaba segura que al resentido bolsillo de Estrella, la amiga más antagonista del grupo y que llevaba un año en paro, le iba a encantar su decisión. En la habitación Estrella se prueba el visón, lo manosea con lascivia mirándose al espejo. Le pregunta si a Pedro le parecerá bien… «ni se lo he dicho», le contesta Rocío quitándole importancia. La emocionada Estrella se va con su abrigo y con todo lo que le ha regalado su amiga. Hoy, ambas, dormirán a pierna suelta.
Por la noche Rocío y Pedro suben al dormitorio. Ambos advierten sobre la cama un fular negro con rosas amarillas: “¡Anda, mira, Estrella ha olvidado su pañuelo! ”, exclama ella. “¿Qué hace aquí el pañuelo de Estrella?”, comenta Pedro al mismo tiempo. Rocio hace un recuento de toda la piel que le ha regalado a su amiga, mira perpleja a su marido y se pregunta, cuánto tiempo hará que él lleva regalándole la suya.
Los expedicionarios se quedaron espantados, unos creyeron ver la estampa de la Muerte, otros, uno de los Jinetes del Apocalipsis y los demás, nada buenoparec… Justo en ese momento se despertó.
“Qué tonterías sueño últimamente. Ayer arrastraba un carrito; la sed, el hambre, lo gris, amenazaban mi existencia. Anteayer me convertía en un enorme insecto. El jueves conducía un coche de caballos mientras todo a mi alrededor ardía. El miércoles me escondía con mi familia en un refugio…”
Empezaba a preocuparse, cuando cayó en la cuenta de que todos esos sueños se hallaban en su estantería y descubría algo maravilloso: de noche revivía las historias de los libros que había leído.
“Ahora mismo, esta vieja solterona, se va a comprar Emmanuelle, ¡faltaría más!”
“Microrrelatos al azar” durará nueve semanas, durante las cuales, puedes opinar, comentar, aportar, lo que prefieras. En casa de Izaskun, la creadora, podrás verlo mucho mejor:
Me comenta que anda muy liado. Desde que se ha independizado le echo de menos. Aunque sé que pasa frío, en el fondo me encanta, pues aprovechando que sale a la calle a fumarse el cigarrillo, me llama por teléfono cada mañana.
Ya queda menos. Te sumerges, a modo de despedida, en esa bañera, la más grande que habías soñado nunca. Tu piel contrasta con la espuma blanca. Tu cuerpo delgado se complace en el agua, tus manos intentan apresarla, te parece mentira ¡tanta! para ti sola. Desde la puerta, las dos hermanas llevan un rato observándote en tu empeño, animadas se desnudan y se meten contigo. Jugáis, os salpicáis, de repente, te detienes y lloras, rompiendo ese mágico momento. La más pequeña te consuela… “no llores, tonta, si nosotras te queremos mucho”. La mayor, que sabe qué te pasa, llama a su madre…
“Cariño, si dentro de nada estarás otra vez aquí de nuevo, ya verás qué rápido pasa el tiempo”.
Te aferras a tu maleta ocupada de regalos, feliz, vas en busca de tu gente.
No quieres separarte de ellos. Les odias. Te arrepientes. No quieres volver la cabeza, ver sus lágrimas, ni que vean las tuyas. Esta es la cuarta vez, te ocurre siempre que llega este momento: dudas si vivir los veranos en esa maravillosa casa y tener que volver de nuevo a la penuria… te compensan.
Micro presentado a «esta noche te cuento», http://estanochetecuento.com, el tema del mes de junio, en el laberinto, y este tan particular es de Miguel Jimenez Salvador, «El perro que no ladra», si quieres conocerle un poquito más aquí te dejo el enlace a su blog…
Mis hijas estaban encantadas con aquella casa rural que habíamos encontrado en internet. Preparaban su equipaje. A la de 11 años le aconsejé qué llevar. “Yo ya soy mayor para que me ayudes”, me espetó la de 13 con autosuficiencia, aún así, le recordé, que no se olvidara de lo más importante y necesario, que luego no se arrepintiera de no haberlo llevado.
Durante el viaje, la pequeña leía mi último libro “Los arándanos de Juan”, la otra escuchaba música de una banda pop que estaba revolucionando a las jóvenes.
Al llegar, les propuse ir a la playa. La menor, en traje de baño, esperaba en el porche, su hermana, sobre la cama, tarareaba con sus inseparables cascos. “Ponte el bikini” le dije cuando logré que me escuchara.
-No lo he traído, contestó sin inmutarse apenas.
-¡¡¡Tanta maleta y has olvidado los más importante!!!
-No, lo importante lo he traído.
Abrió su maleta, en una bolsita de plástico estaba su camisón y su cepillo de dientes… debajo; dos tazas, un paraguas, tres videocintas, dos álbumes de fotos, cuatro cancioneros, seis gorras, dos retratos, tres revistas, pines, cinco discos, llaveros, una carpeta con recortes de prensa… ¡TODO! de los Baquestribois esos…
Imagen tomada de la red
A la kedada de ENTC, Urueña, Valladolid, teníamos que llevar un micro, y yo llevé este que acabas de leer.
Lo de la casa rural y todo lo relacionado con Jams, era la “trampa” que yo le tenía preparada; cada uno de los trabajos presentados, de una manera u otra, “debía” hacer alusión a su nombre. Me lo pasé bien, con su cara de extrañeza, cuando empezó a sospechar que en nuestros micros, había gato encerrado.
Un fin de semana muy especial, me encantó conocer a personas a las que llevaba meses leyendo, y ponerles cara y voz, fue sorpresivo y muy grato, con alguna, especialmente, y me reafirmó en esa teoría que reza; “el roce hace el cariño».
Daros las gracias, compañeros, ¡¡¡hasta la próxima!!!
Sé que las recuerdas… las carreras por el largo pasillo cada vez que te llamaba.
-Estoy en el váter, Tomás.
-¡Lo primero es atenderme a mí, no olvides gracias a quién comes!
No era menester, él te lo mentaba constantemente… corrías con las bragas casi por las rodillas para llevarle el vaso clarete.
-¡Y agradecida tienes que estar, mujer, jamás te he puesto la mano encima!
Entonces, pensabas en tu cuñado y en la suerte que tenías, que a tu hermana sí le dejaba marcas.
-Pero Tomás, estoy en cuarentena.
-¡Es tu obligación, eres mi hembra!
Apenas te daba tiempo a dejar a mi hermanito en el capazo y guardarte la teta aún rezumando tibio calostro.
-¡Mi madre parió once varones, dos más que tú y además faenaba en la era!
Se esfumó tu vida complaciéndole y cautiva en tu isla, se empañó tu pelo negro.
Has descansado, pero no lo dices, pensaríamos entonces que eres una desagradecida, que no te mereces los cuatrocientos setenta y cinco euros de su pensión, ¡que como comes gracias a él y nunca trabajaste!
Por eso sigues llevándole flores.
Este micro participó en «Esta noche te cuento», mes de mayo, bajo el lema, en la isla de las mujeres.
«Aquí estaré mañana», me contestó cuando le prometí que vendría a verlo al día siguiente. Pobre, no sabía que allí no existían otras opciones. Al día siguiente cumplí y él… también.
Me cuesta conciliar el sueño, su mirada al verme salir del geriátrico me persigue. Él tenía otra alternativa; llorarle.
Imagen encontrada en la red
DIFERENTES REALIDADES
Desde hace tres meses, noche tras noche, ella aguarda en la barra del bar a que termine su jornada para confesarle lo mucho que le gusta. Él, que no la soporta, espera a que beba lo suficiente para llamar a un taxi y que se la lleve a su casa.
Solo ceniza queda de nuestro hogar, me dicen que un cigarro fue el motivo. Cuántas veces te lo advertí, tus pulmones no aguantarían hasta el próximo invierno, también que en la cama no se fumaba.
Ahora, nosotras, buscamos un sitio donde pasar el crudo invierno, pero seguiremos adelante, no te apures que aunque sin casa, nos alegramos que por una vez, tú te hayas ido calentito… por todas la veces que nos calentabas a mí y a las niñas.
“No, no quiero coche oficial, prefiero conducir el mío, ni que me reservéis hotel en la capital, ¡pero si tengo el piso de cuando vivía allí, antes de trasladarme!”
-Este tío nos está jorobando ¡pero bien!; ni dietas, ni coche oficial, y no solo eso, ayer me dijo que al mayor de sus hijos ¡piensa matricularle en una universidad pública!
-Está claro que lo que quiere es sobresalir y jodernos, si no tiene vocación de político que se vaya de maestro, a ver qué tal vive con esa mierda de sueldo.
-También se comenta que a su mujer la han visto entrando en un ambulatorio de la Seguridad Social.
-¡Me cagüen la clase baja!
-Pues algo habrá que hacer, cae bien a la gente y se avecina el proceso de primarias…
-Tranquilo, si no es por las buenas, se le saca un asunto de faldas y fuera, eso es infalible.
“Papá, dice la abuela que dejaste la política porque tus compañeros no te apoyaron”.
“Más bien hijo, me invitaron a presentar mi dimisión, pero he salido ganando, me gusta impartir clases, vivir de la literatura, prefiero que me recuerden como un profesor honesto que como un político corrupto”.
La Primavera de Microrrelatos Indignados 2014, pretende que hoy 15 de mayo de 2014 la red se llene de microrrelatos indignados que denuncien el avance de la desigualdad social, las injusticias, los abusos de poder, las humillaciones colectivas, las corrupciones impunes o la desprotección social que en los últimos tiempos estamos padeciendo, gracias a Miguel Torija, de LA COLINA NARANJA, por hacerlo posible.