Publicado en El amor y sus cositas

Cuestión de valores

 Llevaba mucho tiempo conmigo. Me gustaba, porque tenía un precioso corazón rojo que la adornaba, por quien me la regaló.

Cuando volví del gimnasio, me la encontré encima del banco, observé disgustada que se lo habían arrancado. Abrí la cremallera, en ella seguían los tres billetes, también las monedas.

Al día siguiente y a la misma hora, la dejé de nuevo sobre el banco, en ella una nota… ¡Por favor, llévate el dinero y devuélveme el corazón!

Imagen de Google

Publicado en Colaboraciones con Luisa Hurtado, Ecologistas, Microydibujos con Juanlu

DICOTOMÍA

Acaba de despertarse y se despereza delante de la ventana, una bocanada de sol se detiene en su cara. A un lado, el jardín rebosante de primavera le regala su primer aroma de la mañana. Risas de niños cabalgando en bicicleta, el peloteo en la cancha y el azul de la piscina rivalizando con un sereno cielo… le armonizan los sentidos. Del otro lado, un pinar; árboles centenarios y acogedores caminos. Algún corzo bailando el aire y ágiles ardillas explorando el suelo que la invitan a solazarse en él.

Se viste de chandal. Se monta en su coche.

Después de veinte kilómetros llega a la turbia ciudad. Recorre calles completas de vehículos hasta aparcar el suyo. Quince minutos a pie por el rígido e impasible asfalto la separan del gimnasio. En cuarenta metros cuadrados y con diecinueve personas entrena durante un par de horas. El bochorno, el ambiente, el sudor… agobiantes se cosen a su cuerpo. Extenuada, espera a la cola para darse una ducha.

Llega a casa. La miran al pasar… el aire, los pinos, los pájaros, las rosas…

Ella es humana, tremendamente humana.

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Publicado en Microrrelatos animalistas

Pregunté a la luna

Cuando te encontré en la cuneta, la noche desparramaba vientos y el frío helaba tu aliento. Estremecida te cogí en mis brazos, noté que aún conservabas calor, pero un hilo rojo delator se escapaba por tus labios. Tus extremidades cedían al suave masaje de mis manos, en cambio tu cuerpo permanecía inerte. Creí ver vida en tus grandes ojos abiertos, aunque sospechaba si la misma seguía latiendo en tu interior.

Mientras caminaba contigo en mi regazo, maldije al que te había abandonado así. Le pregunté a la luna, si testigo de tu desventura. Más cuando ya no había duda y tus pupilas blanquecinas abandonaron tu mirada, refugié tu cuerpo y lo arropé entre hojas secas. Ellas y mis lágrimas, fueron tus aliadas en la última de tus batallas.

Sé que me estabas esperando, que no querías irte así, solo y desamparado, con el frío paseándose entre tu pelaje atigrado. Lo hiciste con la quietud y la serenidad del que se sabe amado.

Publicado en El amor y sus cositas, Viejitos

Donde no puedo acompañarte

 

Quisiera…

Escaparme contigo

como entonces.

Que me robes el sentido

como entonces.

Divertirme contigo

como entonces.

Que estés,

como entonces.

Siempre me gustó verte así, balanceando tus pies sentada frente a la ventana y el sol pintando tu pelo. Cuando me acerco a ti, veo que en tus manos descansa un retrato, ese en el que estás vestida de blanco. Me lo enseñas, con el índice señalas al que está a tu lado, me miras, me preguntas por mi y no sé cómo rescatarme…

Porque soy yo el que se pierde cuando viajas a las estrellas, el que se vacía cada vez que te desprendes de uno de nuestros recuerdos, el que teme cómo se desvanecen poco a poco en tu memoria. Soy yo el que necesita saber qué seré, qué haré sin ti, quien se duele… de que no me reconozcas.

Te acaricio y te abrazo, te beso… por si con ellos vuelves.

Publicado en Esos locos bajitos, Microrrelatos animalistas

El cabritillo y el lobo

Me encargaron un reportaje sobre un Mercado Medieval que se celebraba en mi ciudad. En él se presentaban diversos trabajos artesanales; utensilios de barro, jabones, semillas, libros antiguos, anillos y pulseras cuyas piedras naturales competían con el brillo de un sol de justicia. También se destinó un lugar para los animales, que estoicos, aguantaban el constante ir y venir de personas que no cesaban de hacer corro a su alrededor.
Mi cámara tomaba buena nota del número de gansos, patos y gallinas y de las dimensiones tan pequeñas, que unido al excesivo calor y la falta de agua fresca y limpia, estaban haciendo de su estancia un infierno. Me dirigí después al cercado donde estaban, una mamá cabra con sus tres cabritos. Aprecié, como espectadores, a unos niños en primera fila intentando tocar con sus manitas a uno de ellos, al más chiquitín.
La mamá cabra le perseguía por el diminuto espacio, a pesar de no poder escaparse,  pendiente de él en todo momento.
Dirigía mi objetivo hacia el pequeñajo cuando unas palabras me sacaron de mi afán…
Ese tiene que estar riquísimo a la brasa”.
¡La voz era la de un niño!, perpleja e incrédula giré la cabeza. Efectivamente me topé con un niño que por su edad, aún no debería saber que eso pudiera ser comestible. Lo más atroz si cabe, es que al mismo tiempo que pronunciaba estas palabras, con su manita frotaba su abdomen, haciendo círculos sobre él.
Deduje que sus padres consentían este comentario, porque rieron satisfechos su ocurrencia. Cómplices, los tres, se miraron, mientras, el pequeño con la mano aún manoseando su barriga, les decía aclarando a la vez que informaba…
Es que… el más pequeño, es el más tierno”.
Intentando calmar mi primera reacción y dirigiéndome, especialmente a sus padres…
Pero ¿cómo puede decir eso?, ¡cómo es posible que siendo tan pequeño, en vez de un cachorrito o un amiguito con quien jugar, esté viendo un filete en su plato!”.
Podía haberlo intentado. Haberle hablado sobre la empatía, la conmiseración, el respeto a la vida. Descubrirle que ese animal, mamífero como él, sentía el dolor, el frío, la sed, una caricia. Podía haber tratado de explicarle las diferencias entre nutrirse y consumir, alimentarse y ser voraz. Podía haberle sugerido que si ya no apreciaba la vida de un ser vivo, en un futuro podría no valorar, las que le rodearan, alguna quizá más allegada.
En la necesidad de seguir recopilando datos sobre el estado de los demás animales, me fui de allí más triste que decepcionada, convencida de que ese niño no me habría entendido y sus padres tampoco. A juzgar por sus exultantes caras, estaban realmente orgullosos de estar criando a una bestia…. un tipo de bestia que nada tiene que ver con mis amigos animales.

Y tú, qué desayunas…

La familia García sentada a la mesa de su flamante salón, se dispone a desayunar.

El padre, Roberto, se sirve:

Un café instantáneo sin cafeína, dulce, pero suave, con semidesnatada, sin lactosa, a las nueces, con sacarina. En unas rebanadas a las doce semillas, sin corteza, sin sal, sin azúcar, unta margarina vegetal, sin grasas. Mermelada sin trozos sabor a frambuesa, sin colorantes, en dosificador antigoteo.

La madre, Elvira, al otro extremo de la mesa toma:

Un te rojo parcialmente desteinado con antioxidantes naturales, sin azúcares añadidos. Le añade desnatada uperisada con lactosa, sin colesterol enriquecida con calcio 100% natural + vitamina D, 2ug. Barritas con el 33,01% de fibra con salvado de trigo salvaje, más plus de soja manzana y pera, que le ayudan a regular el tránsito intestinal.

Laura, la hija mayor siempre desayuna:

Un preparado soluble multi- cereales de disolución instantáneo y le añade leche en polvo entera deshidratada con vitaminas A+ D + E. Un yogur griego desnatado semiedulcorado con sabor, sin trozos de papaya salvaje y cereales integral de con frutos secos bañados en copos de arroz ligeramente azucarados.

Frente a Laura, Jorge, diariamente toma:

Leche entera azucarada, O% M.G con sabor a frutas del campo, enriquecido con calcio + vitamina C. Un chocolate sin cacao desgrasado con trocitos de chocolate blanco sin azúcar. Los mini crujientes ositos dorados al horno de leña de pino, con sabor a higos tiernos, ligeramente chocolateados que pueden contener,  trazas de plátano, almendras, pipas, avellanas, pistachos y huevos de granja, no faltan jamás en la mesa.

Jaquim, está sentado al lado de Jorge. Es de Guinea Ecuatorial, tiene 12 años y está de acogida en la casa de los García. Este es su primer desayuno con ellos. Lo observa todo. Cuando le preguntan, por qué no empieza, mira la mesa detenidamente… de derecha a izquierda, de izquierda a derecha:

“Estoy buscando la leche, algunas veces la reparten en nuestra aldea, y también el pan… a mi me gusta mucho la leche migada con pan”.

 

(la imagen es de Google)

BIENVENIDA LUCÍA

Diminutos copos de nieve blanquean la carretera. Con frío y tardío llega al hospital. Abre la puerta, despacio, para no molestar a la paciente que duerme. Se topa con la cuna, una inquieta y preocupada sonrisa le delata, su mujer serena, con los ojos cerrados, le dice: “Voy a quererla con toda mi alma”.

Un tímido sol invita a salir a la calle, al mes de nacer su hija dan su primer paseo. Ella lleva el carrito. A pocos metros y de frente, los del tercero. Repentinamente le arrebata el cochecito y se lo lleva a la otra acera. Perpleja va detrás.

-Pero ¿porqué has hecho eso?.

-No sé, bueno… sí, no puedo… no puedo con esto.

-Es tu hija, tienes que quererla como es.

-Pero… con una amniocentesis esto…

– Lucia debía nacer, es lo más bonito que me ha pasado nunca.

Ella no entiende su desasosiego. Él no comprende su felicidad.

A Lucía le encanta ir al cole, las chucherías, jugar con los niños, chapotear en el agua… como a cualquier niña.

Hoy cumple 16 años, camino a la fiesta charla animada con sus amigas. Tropieza con un hombre muy elegante, pero huraño, de esos que resuelven con una sentencia y una minuta mensual. Lucía le mira a los ojos pero no sabe a quién pertenecen, ni que algo falta en ellos. Tampoco saben esconder, una inmensa infelicidad.

 21 marzo 2012,

ONU conmemora primer Día Mundial del Síndrome de Down

Por primera vez en la historia, Naciones Unidas conmemora el Día Mundial del Síndrome de Down, instituido el año pasado por decisión de la Asamblea General.

La fecha fue establecida para reconocer la dignidad, valía y contribuciones de las personas con discapacidad intelectual.  ¡Bienvenida Lucía!

Publicado en ¡Jóvenes!

Incomunicada

Nada más levantarse llamó por teléfono a su amiga, pero su móvil estaba fuera de cobertura. En vano, le escribió un iMessage, al rato un WhatsApp. Más tarde probó sin éxito con Facebook, después con Skype, a media mañana lo intentó con Tuenti, finalmente con Twitter, desesperada gritó…

-¡Mamá no hay Wifi, no consigo contactar con mi amiga, estoy incomunicada!

-¿Porqué no vas a buscarla a su casa?.

-¡Mamá estás loca, cómo voy a ir su casa!.

-Muy fácil querida, saliendo por la puerta y llamando a la suya…

¡tu amiga vive dos casas más abajo!

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