Publicado en El amor y sus cositas

¡Dígame!

Son las nueve menos cuarto de una mañana marcera y fría. Absorta, bostezo frente a una taza de chocolate caliente. Me arrebujo en mi bata añorando la calidez de la primavera. Suena el teléfono y con desgana, lo descuelgo. No hallo respuesta. Pienso que se trata de un error y a punto de colgar, escucho una voz de mujer. Me pego al auricular de nuevo. Compruebo desorientada que no es a mí a quien se dirige. Un corto silencio y oigo otra voz, esta vez masculina. No entiendo con total claridad, un ruido molesto, de fondo, me impide reconocer sus voces, mas deduzco, que están en un coche. Más silencios. Me sonrojo cuando llegan unos suspiros y sonoros jadeos. Evidenciando que no se saben espiados, decido dejar a solas a los tortolitos. Pero me freno, cuando creo escuchar mi nombre en la voz del hombre, que dice algo sobre mí, que me define y que nadie conoce excepto… ¡mi marido!. Llegan más silencios… unos interminables silencios que llenan una demoledora e inacabable hora.

¡Cuánto me costó aparentar serenidad delante de él, sabiéndome atrapada en su mentira! Aprovechando su siesta, anoté de su móvil los últimos movimientos. Tenía todo el tiempo del mundo para investigar y averiguar.

Pasaron unos días y una recepcionista de un hotel, llamó a un domicilio confirmando la reserva de una suite para un fin de semana. La voz perpleja del hombre que recibe la llamada, declaró desconocer tal asunto. La empleada se vio obligada a descubrirle los dos nombres de la reserva;  uno, era el de su esposa, el otro era el de mi marido. Inevitable fue que las circunstancias siguieran su curso, que dos hombres resolvieran sus diferencias, también.

Para conseguir que nadie descubriera que yo estaba detrás de las dos rupturas con la misma mujer, necesité una buena dosis de desamor y despecho.

Fingir durante un tiempo prudente y abandonarle después dejándolo todo bien atado, antes hube de convencerme de que la venganza es un plato que se sirve bien frío.

Tener unos padres que con paciencia y empeño me aconsejaran en su día, que estudiar derecho podría llevarme a ser una excelente abogada, no tiene precio.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    Imagen

Amantes de arena,  Benalmádena Costa. Málaga

Publicado en ¡Basta ya!, Microrrelatos indignados

Papi, también te quiere

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Les echo de menos. Hace un mes que no están. Su madre se los ha llevado a miles de kilómetros. En la embajada alegan, que no es pertinente enturbiar las relaciones entre ambos países.
Qué fácil separarme de ellos y obviar… ¡quién de noche les contaba cuentos, cuidaba su frente, les llevaba al colegio!
Pretenden que deje de ser padre, como dejé de ser marido, y se llevan impunemente también mi corazón, igual que aquella otra vez…

La recuerdo llorando, implorando a unos señores vestidos de uniforme, que me permitan ir con ella, que un contrato de trabajo, en un país vecino, la espera. Mientras, sobre una desgastada maleta y con la tiza que me había regalado el más alto, dibujo premonitorias equis, como si desconociera otra consonante. Y me veo saliendo del aeropuerto y entrando de nuevo en aquel colegio. Antes de dormirme, sobre una almohada mojada, su pálida mano diciéndome adiós.
Cuántos meses añorándola, hasta reencontrarla de nuevo. Cuántos pasos, plegarias y citas en los juzgados hasta probar, que él nunca profesó como padre, que solo ella me estaba haciendo grande.
Inocentemente me sigo preguntando… por qué las leyes quedan tan a desmano de los corazones.

De niño, me separaron de mi madre porque exigían la firma de un fantasma, al que solo me unía un apellido y jamás asumió su responsabilidad. Hoy me separan de mis hijos… por todo lo contrario.

Esta en mi aportación a microrrelatosindignados@gmail.com. Un hermoso proyecto  para denunciar, decir ¡basta!, exigir que las cosas empiecen a cambiar. Gracias a:  La colina naranja       Explorando Lilliput     Pliegos volantes       Relatos de andar por casa,  por crearlo.

Publicado en ¡Jóvenes!, Esta noche te cuento

Érase una cruel princesa

Estás emocionado, hoy hay quedada. Te importa un pimiento lo que piden los maestros, total, no eres del gremio, pero tu princesa irá.

Te pones tu mejor pantalón, estrenas camisa, con esmero te afeitas. Llegas el primero. Sonríes recordando que fue en esta misma Puerta del Sol cuando la conociste y que no solo engrosó tus contactos, también tu corazón. Desde aquél día no has dejado de hablar con ella, de recibir los besos que en cada despedida a ti más te enamoran.

La plaza se va llenando, la buscas con insistencia. Media hora después, la encuentras. ¡Qué guapa está con esa melena que ahora reposa sobre sus hombros!. ¡Esos ojos aceitunados que desde su primera mirada, te cautivaron!. Embelesado te acercas, a punto de besarla en la cara, da un paso atrás y te aparta diciendo…

-Perdona, ¿nos conocemos?

-¡Claro, soy Ernesto!

-Qué Ernesto…

-¡Cómo que qué Ernesto!, hemos quedado en vernos, aquí… hoy…  Tímidamente añades: llevamos tres meses y un día… chateando.

Te quedas de piedra cuando levanta su cabeza implorando al cielo y antes de perderse entre la gente la escuchas decir…

-¡Pero quién será este imbécil de los 3.557 agregados en mi facebook! 

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La ilustradora de este mes es Amparo Martinez,  su blog PETRA ACERO

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Publicado en Esos locos bajitos, Microrrelatos animalistas

Se enseña a matar

 

Entendiste que la vida había que valorarla, por eso no te costó decir que no, aunque sí ponerte en su contra y orgulloso de no seguir su atavismo, te procuraste un futuro digno y ausente de maltratos.
Tu padre nunca se enteró que cuando acababas con sus clases yo te impregnaba el alma de empatía, conmiseración, respeto… y ahora las pones en práctica en la clínica veterinaria donde trabajas.
A ti te cogí a tiempo. Con tu padre no tuve la misma suerte… siguió los pasos de tu abuelo.
Te envío la foto, cuídala, lleva conmigo mucho tiempo. Cuando tengas a quién enseñársela, cuéntale que tenías diez años cuando te la mostré por primera vez. Espero que te haga la misma pregunta que me hiciste a mi…
“¿Quiénes son esos dos bebés, abuela?”

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Publicado en Premios y Regalos

Premio Liebster Award de La casa encendida

Premio Liebster

Empecé a juntar palabras gracias a Marta Sanchez, MAR DE INCERTIDUMBRES , que después de conocer mi primer escrito “cuatro horas”, me animó a seguir. Casualmente, hace ahora dos años que lo escribí, y desde aquéllas “cuatro horas”, no he parado (suena amenazante, jajaja), pero en mi defensa he de alegar, que hacer algo que te apasiona y encima descubrir que nunca es tarde, es de lo mejor que me ha pasado últimamente.

Gracias a VAN AL AIRE de Rosa, ¿hay alguien que no la conozca?, descubrí lo que era un blog. Cuando decidí crear el mío, lo llamé «desde mi pinar»  porque vivo a escasos metros de uno y es quien más me inspira. Dentro de tres meses cumplirá un añito.

Agradecer a Nani y su blog,  LA CASA ENCENDIDA que me haya incluido entre sus once nominados. Ha sido una grata sorpresa que no me esperaba, y aunque honestamente no creo que me lo merezca,  es un regalo y como dice el refrán, «es de bien nacido ser agradecido».

Y un maravilloso regalo fue conocer a Towanda que encabeza la lista de mis once. Fue la primera que me sentó a su mesa y desde entonces no ha dejado de acompañarme. Además de apreciarla me gusta cómo escribe, su blog, Mi modo de ver la vida .

También quiero nombrar a Ximens, por su respeto y consideración, para mi es un referente, su blog, montesdetoledo .

Gracias también a una buena amiga, Pilar, que por culpa de un precioso relato suyo, me enamoré de su, observando la vida.

A Luisa, la más emprendedora y mejor organizadora de eventos, su blog, Microrrelatos al por mayor aunque mi favorito sea este otro, Palabras, fotos, días , le doy las gracias por darme la oportunidad de participar en la I Carrera Verde

Y gracias a aquella carrera ecologista conocí a un genio, Juanlu. Sus dibujos hablan y se expresan mejor que cualquier orador que se precie, admiro su generosidad, tanto como sus dibujos, que se encuentran aquí, ilustraciones para un loco.

Gracias a mi argentina más querida, Sandra, con su ficcionario breve a la que llamo“la fiera de los chiquitines”, me encanta su buen humor.

También quiero mencionar a SBM y su interesante blog, Sobremorir .

No quiero olvidarme de Beto, y su blog, UN CHIN DE PALABRAS .

Además me encantan cómo escriben: Amparo,  Petra Acero y que con esa sonrisa ¡no le pega un nombre tan duro! Jeje.

Y Laura Garrido que además de pintar cosas preciosas aquí, De mis bocetos y los vuestros , escribe en, De mis palabras y las vuestras .

Y termino nombrando a Pedro, Entre nunca y quién sabe que sabiendo de su reconocida calidad literaria y su tan apretada agenda, me tenga en cuenta.

Nani, seguro que esto no es lo que pensabas, pero me apetecía hacerlo así. Alguno de mis “obligados”, tienen más de 200 seguidores, pero no cuentan con este premio. Gracias por tu confianza, por pensar en “desde mi pinar” ¡que obviamente no tiene 200! pero que, desde que lo riegas, verdea y florece más que nunca.

Gracias, de corazón.

Publicado en Esta noche te cuento

Misión posible

Huyendo de los malos humos decides viajar a las estrellas. Seres de enormes ojos grises y un centelleante agujero en el pecho te rescatan. Sus sonrisas te cautivan, te hacen sentir como en casa, de repente el vértigo te atrapa, después… horas albas, minutos abúlicos, segundos indolentes.

Ese tedioso chillido con tu nombre te aterriza. Te miras al espejo y a todo lo que hay detrás de ti. Estás muerta de miedo, quieres seguir escapando… pero, alguien te observa, no estás sola, el chico del retrato ¡te sonríe!. Asoman a tus mejillas la pasión y el sonrojo.

Le quitas el freno a su silla y la acercas a la ventana, con un beso siempre la calmas… “Mira mamá, el cielo y su azul, aquella montaña, su quietud «. De repente, te convences… todo va a mejorar.

Jamás volverás a tomarlas. Tiras por el váter las veinte pastillas y los ochenta y cuatro euros que pagaste al que te vendió esa mierda.

 

MAR147. MISIÓN POSIBLE, de Mª del Rosario Val Gracia

Publicado en Con mucha miga, El amor y sus cositas

Las tres herederas

«Carlos, ¡que tienes una edad!, sigues bebiendo y jugando, estás dilapidando la herencia de tu familia, piensa en las niñas. No me importa que salgas con otras mujeres, pero por lo menos tendrás cuidado de no dejar tu sangre repartida por ahí»
«A ti eso no te incumbe, dentro de nada serás libre, es lo que querí­as ¿no?, no soporto que me digas lo que puedo o no puedo hacer con mi dinero».
Era ya muy tarde, no querí­as entrar en discusiones, de sobra sabí­as cómo terminaban éstas, tan solo un par de dí­as para irte con tus tres hijas a un bonito loft en el centro de la ciudad. Por fin te separabas, los papeles del divorcio estaban al caer, mientras, aguantabas estoicamente sus continuas salidas y venidas a altas horas de la noche.

Te despertaron unos quejidos. Según bajabas las escaleras, pensaste que de nuevo se habrí­a traí­do a una de sus amiguitas. Sorteando algunos bultos y maletas que aguardaban en la entrada de la vivienda, entraste en el salón y hallaste a tu aún marido, solo en el sofá, pero hecho un ovillo y con un rictus de dolor dibujando su cara.
Cuando llegó Javier, el médico amigo de la familia, lo llevasteis rápidamente al hospital.

La operación de apendicitis fue un éxito. Al dí­a siguiente volviste a visitar al enfermo y lo encontraste con una mujer que le hací­a carantoñas, bastante parecida a la del día anterior y también con un acento que te era desconocido. Él, no apartaba los ojos de unos generosos y semidesnudos senos que le apuntaban descaradamente. Sin mirarte siquiera, te dijo que te marcharas, que quería estar a solas con su novia, pero antes de abandonar la habitación escuchaste no sin sorpresa…
«¡Ay mi amorcito, yo sí­ te daré el nene que esa mujer no supo darte!».

En la planta baja del hospital, Javier te comenta que Carlos está mejorando, con tono cómplice, y dominando el impulso de cogerte las manos, intenta disiparte otros temores…
«No te preocupes, jamás lo descubrirá, en cambio, todos comprobaremos el excelente resultado de su irreversible vasectomía».

 

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Publicado en Esos locos bajitos

Tus ojos te delatarán

Diminutos copos de nieve blanquean la carretera. Tardío llegas al hospital. Despacio abres la puerta y te topas con la cuna. Una inquieta y preocupada sonrisa te delata, ella sabe que estás ahí, con los ojos cerrados susurra: “Voy a quererla con toda mi alma”. No entiende tu desasosiego, tú su felicidad. Al mes de nacer dais su primer paseo. Definitivamente lo comprende todo… cuando le arrebatas el cochecito y te cambias de acera porque los vecinos del cuarto se acercan. Los días pasan y ni un atisbo de cariño en ti se asoma.

La abrazará bien fuerte y le hablará de la ternura con la que antes de nacer, escribías su nombre y al lado tu apellido. No le dirá que sí estabas cuando cambiaste su destino, tampoco que mirando su carita, sugeriste que existían pruebas para evitar haberla traído. Y Lucía crecerá y le encantará ir al cole, chapotear en el agua, jugar con los niños y comer chucherías, como a cualquier niña. Y cuando cumpla los catorce, camino de su fiesta irá con sus amigas y se tropezará contigo, un hombre muy elegante pero huraño y resentido. De esos que resuelven con sentencias y una minuta siempre puntual. Te mirará a los ojos sin saber a quién pertenecen, pero sí que algo falta en ellos. Tampoco sabrán esconder la inmensa infelicidad que albergan; en los de ella verás, ¡cuánto te has perdido!.

ImagenLa imagen es de Google

21 de marzo conmemoración del Día Mundial del Síndrome de Down

Reconocer la dignidad, valía y contribuciones de las personas con discapacidad intelectual.  ¡Bienvenida Lucía!

 

Publicado en Esos locos bajitos

Menos, es más

Ni sus padres eran ricos, ni vivían en una gran mansión. También lo del yate y la cuadra de caballos era mentira. Tampoco celebró su último cumpleaños con una suntuosa fiesta.

Su vida era mucho más sencilla que las de las otras alumnas de clase. Salía del instituto y su madre la esperaba con la merienda en el comedor de su discreta casa. Hacía los deberes, después aguardaba a que su padre llegara y cenaban, los tres juntos. En la mesa charlaban un rato, luego veían la tele hasta que se subía a su habitación, ellos se quedaban en el salón viendo alguna película.

Sus selectas compañeras la envidiaban… por esas sobremesas, por las veladas frente a la tele y porque sus padres después se iban a la cama juntos. 

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Publicado en Microrrelatos animalistas, Microydibujos con Juanlu

El humano y su mala memoria

TONI CANTÓ, ¡VA POR TI! 

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El animal enfurecido se encaró con ganas de sangre…

“Se te olvidó que le di sosiego a tus noches, acompañé tus días y te entregué lealtad. Que te nutriste de mi y te cobijaste con mi abrigo. Que mis colores avivaron tu mirada y mis sonidos alegraron tus mañanas. Que trabajé para ti de sol a sol hasta que las fuerzas me abandonaban. Ya no te acuerdas acaso, cuánto dolor tuvo que aguantar mi cuerpo para sanar el tuyo y con qué malas artes te lucraste, te divertiste con mi padecer”.

A punto de devorarlo, frenó su impulso, lo vio tan indefenso que se marchó cabizbajo pensando… “no quiero ser como tú, yo sí creo que tienes derecho a la vida”.

 

El dibujo es de Juanlu, su blog  ilustraciones para un loco,

Anímate a participar en su  2ª Ilustración para el concurso COLABORACIONES III

 

Publicado en Colaboraciones con Luisa Hurtado, Ecologistas

Dicotomía

Dicotomia-Rosy-Juanlu          Acaba de despertarse, se despereza delante de la ventana, una bocanada de sol se detiene en su cara. A un lado, el jardín rebosante de primavera, le regala su primer aroma de la mañana. Risas de niños cabalgando en bicicleta, el peloteo en la cancha, el azul de la piscina rivalizando con un sereno cielo… le armonizan los sentidos. Al otro lado el pinar; árboles centenarios, acogedores caminos, algún corzo bailando el aire, ágiles ardillas explorando el suelo, la invitan a solazarse en él.

Se viste de chándal. Se monta en su coche.

Después de veinte kilómetros llega a la turbia ciudad. Recorre calles completas de vehículos hasta aparcar el suyo. Tras quince minutos a pie por el rígido e impasible asfalto, se mete en el gimnasio. En cuarenta metros cuadrados y con diecinueve personas, entrena durante un par de horas. El bochorno, el ambiente, el sudor, agobiantes, se cosen a su cuerpo. Extenuada, espera a la cola para darse una ducha.

Llega a casa. La miran al pasar… el aire, los pinos, los pájaros, las rosas…

Ella es humana, tremendamente humana.

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Si tienes un microrrelato con temática ecologista, ponte en contacto con Luisa, su blog……

 Microrrelatos al por mayor

Gracias por tu generosidad, por este proyecto tan hermoso.

La ilustración es de Juanlu, si quieres ver más joyitas, visita su blog …

ilustraciones para un loco

Publicado en Con mucha miga, Microydibujos con Juanlu

¿Nos conocemos?

 

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Increíble lo que había conseguido aquel doctor con su cara. Cómo su nariz, ahora respingona, oteaba su frente, no sus pies. Su boca, apetitosa, incitaba a los besos. Sus pómulos tersos, el mentón fino y altivo, tal y como lucía la modelo de la fotografía que ella le entregó. Llevaba un rato observándose cuando notó algo raro… y dirigiéndose a la imagen que se reflejaba en el espejo, le preguntó extrañada… y tú ¡quién coño eres!

 

 

La imagen es de Juanlu, visita su blog… ilustraciones para un loco

Publicado en Esta noche te cuento

Sin arte ni parte

Es la última sala, también el último grupo de la tarde, la guía se toma unos instantes ante el cuadro que tiene que explicar…

“Y ahora voy a hablarles de este retrato, cuyo autor fue muy desgraciado… observemos aquí… la intensidad de estos trazos, que expresan su inconformismo con el mundo que le rodea, y a este otro lado… los oscuros círculos, nos revelan la continua pugna con sus adicciones, interesantes estas leves pero continuas líneas rojas que reflejan su desesperación al verse postrado en la silla de ruedas que le acompañará hasta sus últimos días… y hasta aquí, esta visita guiada, muchas gracias por contratar mis servicios, por favor… síganme”.

Detrás del adamascado cortinaje se esconde una pequeña habitación. Esta se abre y sale una mujer con el carrito de la limpieza. Dirigiéndose al único cuadro que hay en la pared, lo descuelga y lo mete en una bolsa de plástico. En su lugar cuelga otro del autor que figura en la chapa, aparece la guía, que como una loca se le encara…

“¡Baldomera!, ¿otra vez el maldito niño del “segurata”?, el día que nos pillen nos despiden, ¡fijo que nos despiden!”

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FEB155. SIN ARTE NI PARTE, de Mª del Rosario Val Gracia

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El ilustrador del mes Daniel Camargo

Publicado en El amor y sus cositas, Microrrelatos animalistas

Un regalo tuyo en mi cama

 “Tengo que buscar a quién dárselo, que lo entienda y que lo necesite y por supuesto,  que no tenga mis mismas inquietudes, tendré que hacer un repaso a mis amigas”. Lo pensaba al tiempo que iba llenando bolsas.

“No, a Sofía no… en esta irá el calzado… demasiado estirada… estas marrones, qué gasto inútil… a Carmen, ¡tampoco! se parece más a mí que ninguna… también me las compré en azul marino… le sobra el dinero, quizá a Encarna… aunque son cómodas… ¡qué bah!, con lo gorrona que es, capaz de venderlo en el mercadillo… todas a la bolsa… y ¿Cristina?… estos botines y los zapatos de fiesta… pobre, acaba de separarse… no volveré a ponérmelos, en esta bolsa que es más grande, meteré los bolsos… y con dos niños, pero ¡qué digo!… todos dentro… a Cristina, ¡no!, se ofendería… el blanco y estos dos marrones… demasiado orgullosa, y ¿Estrella?, ¡pues claro! es mi antagonista… y los monederos… no le gusta leer… aquí con los bolsos, todos juntos… no se pierde el Sálvame… ¡uy qué color más mono!… le encantan los toros… es igual, fuera de mi armario… jamás ha pisado un camping… ésta cartera es horrible… y va a misa todos los domingos, es la candidata perfecta… también a la bolsa y ésta billetera, no pienso usarla más…  han despido a su marido… y ¿estos cintos? no quiero ni uno… cómo se puede acumular tanto habiendo gente con tan poco… sí, Estrella, es perfecta… ¿y esta cazadora?… creo que tenemos la misma talla… hasta con la etiqueta…  y el chaquetón, también, dentro, a la bolsa… a pesar de todo es buena gente… y el abrigo que me regaló Pedro, dónde lo puse… pobre animal, me lo imagino corriendo por la selva, los de ahora son de criadero… aquél San Valentín, aquí está, lo encontré, ¡bah!, con lo despistado que es mi Pedro, … aunque, pobres animales,  no sé qué es peor… ¡ni se acuerda!… bueno, creo que ya he terminado, ya no hay objetos en mi armario que antes tuvieran vida”.

A Estrella no le sorprende que su amiga quiera deshacerse de todos los objetos que tiene de piel, sabe que es animalista.

En la habitación se prueba el abrigo y queda fascinada. Le pregunta; si a Pedro le parecerá bien… “ni se lo he dicho”, le contesta.

Estrella se va feliz con todo lo que su amiga le ha dado. Decididamente las dos, han salvado a dos pájaros de un tiro.

Cuando por la noche su marido y ella suben al dormitorio, advierten que sobre la cama hay un fular negro con rosas amarillas. Los dos al tiempo exclaman…

“¡Anda, mira, Estrella ha olvidado su pañuelo! ”,

«¿Qué hace aquí el pañuelo de Estrella?»

Perpleja, hace un recuento de toda la piel que le ha regalado a Estrella, mirando a Pedro se pregunta, cuánto tiempo hará que él lleva regalándole la suya.

 

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Publicado en Esos locos bajitos, Esta noche te cuento, Microydibujos con Juanlu

Mamá, ¿dónde está el abuelo?

Felipe estaba triste. Recientemente había fallecido mi padre y aunque todos lloramos su pérdida, él fue quién más notó su ausencia. Tenían una relación muy especial.

Seguía despertándose por la noche, iba a su cama y allí se quedaba dormido. Llegaba del colegio y lo buscaba. Pensé que sacándole de casa unos días, mitigaríamos su pena. Decidimos llevarle a un parque de atracciones, aprovechando así, las vacaciones de Semana Santa.

Cuando embarcamos, para él su primera vez, parecía emocionado. Tomó asiento y sin ayuda nuestra, se puso el cinturón de seguridad. Nos sorprendió lo feliz que estaba, hasta bromeaba con un libro de dibujos que sacó de su mochila…“estamos dentro del dinosaurio más grande, el sauroposeidón, el lagarto dios de los terremotos”.

Me congratulé, Felipe sonreía de nuevo.

Cuando alcanzamos altura, contemplaba con insistencia las nubes. Movía su cabeza de un lado a otro para volver de nuevo su vista hacia la ventanilla. Empezó a ponerse algo tenso, en su cara un rictus de impaciencia.

-¿Qué te pasa Felipe, no te encuentras bien?

– Es que no le veo…

– A quién cariño…

-Al abuelo mamá, dónde está el abuelo, ¿no me dijiste que estaba aquí arriba?.

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ENE116. MAMÁ, ¿DÓNDE ESTÁ EL ABUELO?, de Mª del Rosario Val Gracia

La magnífica ilustración la soñé, pero al despertar vi que era una maravillosa realidad. El artista es Juanlu, visitad su blog para que comprobéis que lo de artista se le queda corto.

 Ilustraciones para un loco

 Gracias Juanlu.

Publicado en ¡Basta ya!, ¡Jóvenes!

Qué hice mal…

En el mismo instante que le sentí dentro,  supe que ese sentimiento perduraría en mi hasta que se me acabase la vida. Es curioso, te lo explican… tu madre, otras mujeres, incluso la amiga que se te ha adelantado, pero solo lo comprendes si lo haces plástico, si por fin, lo vives.

Cuando nació me creí realizada, la más feliz, él ocupaba mi tiempo, mi existir. Era aún pequeño y decidimos darle una hermanita. Pensábamos que a nuestro hogar ya no le faltaba nada… nos equivocábamos.

El día que me insultó, la primera vez, yo le excusé:
“¡Pobre, echa de menos a su padre, cuando crezca se dará cuenta aún es un niño!”.
Pero creció y no cambió, eso y otras cosas que me avergonzaban. Él hacía lo que quería en cada momento. Entraba y salía a su antojo, “yo soy mi dueño”, decía. Con el dinero que encontraba en sus bolsillos… “no te metas, eso es cosa mía”. Traté de inculcarle el sentido común, llevarle por un camino recto. Las idas y venidas al psicólogo eran constantes.

Se convirtió en una costumbre… tenía que hallar mi cartera siempre en el mismo sitio, cuando no, se enfadaba tanto que temía me agrediese. Dentro, algún billete para que él pudiera quitármelo, si estaba vacía se enfurecía podía romper lo que encontrase en su camino.

Mi familia y amigos habían dejado de venir a casa, le tenían miedo.

Intenté todo lo que estaba a mi alcance. Visitamos los mejores centros, no acudía dos veces al mismo si no le decían lo que él quería escuchar. Me engañaba, mi hijo no deseaba cambiar ni curarse. Me costó asumir que él quería ser así, destruir lo bueno y a nosotros. Ya no tenía fuerzas para recuperarle aunque quizá nunca le tuve.


Probé echándole, pero, le admitía de nuevo. Pasaba las noches fuera no dormía en casa. Volvía cuando el alcohol ya mandaba en su cuerpo. Los surcos en sus brazos delataban que también su cerebro tenía dueño, empezó a necesitar más dinero.

Aquella soleada mañana estábamos desayunando. Una figura envuelta en luz, transparente y limpia se coló por la puerta. Emocionada le vi renovado, hasta sonreía… pero ese deseo formaba parte de mi anhelo que se esfumó en el mismo instante en que abriendo la nevera cogió el zumo de naranja y lo vertió por el suelo. Se dirigió a su hermana amenazante… 
“¡Recógelo, puta, si no te voy a meter un par de hostias!”. No se comunicaba, hacía tiempo que solo mandaba, voceaba. Ella, inevitablemente lloraba, eso le hacía más fuerte, creído, dominante. Seguidamente cogió del consabido lugar mi cartera y la vació dirigiéndome una mirada desafiante…
“Quiero más”.
Salió tras de mi. Su respiración agitada en mi nuca alteró mi aplomo. Pero yo seguía en la cocina, con mi hija, que esperaba aterrorizada a que yo volviera a su lado. Por eso para que ella no sufriera lo que irremediablemente ocurriría, le entregué un cheque con una generosa cifra. Extrañado y con mirada triunfante se marchó diciendo…
“Así me gusta, aquí mando yo”.

Al mediodía llegó eufórico, traía consigo un par de bolsas de las que se transparentaban unas botellas. Con voz autoritaria miró a su hermana: 
“Tráeme un vaso con hielo”. Temblaba, ella siempre temblaba cuando él estaba cerca.
Rocé su mano al tiempo que le daba el vaso y le besé con la mirada… el único modo que no podía rechazar. De nuevo esa disimulada seguridad que aplastaba el miedo en mis adentros y que no le daba tregua… “Tranquilo, le dije, te quedas solo, por nosotras no te preocupes, nos vamos de compras”.

Pasamos la tarde por ahí. Mi hija advirtió que yo estaba rara que nunca me había visto así. Ella en cambio estaba feliz, como siempre que estábamos fuera.

Al llegar a casa me metí en su cuarto y cerré la puerta. Apagué la luz. Subí la persiana y al abrir la ventana, un aire nuevo entró en ella. Cogí sus manos, las besé. Ya no podía negarse. Le cerré los ojos.

De vez en cuando entramos en su habitación, nos sentamos en su cama, nos miramos, en silencio…

 

Publicado en Colaboraciones con Luisa Hurtado, Ecologistas, Microrrelatos animalistas, Microydibujos con Juanlu

I Carrera Verde por Relevos, libro digital

I Carrera Verde Digital Un proyecto de Luisa Hurtado Gonzalez, Microrrelatos al por mayor.

http://issuu.com/microsalpormayor/docs/icarreraverde/1?e=7323026/1865233

Ilustración de Sara Lew de Microrrelatos ilustrados

Recojo el testigo de Nicolás Jarque (escritor), El rincón de Nicolás Jarque, y continuando con sus últimas palabras…

POR UNA AMIGA… CASI TODO

Como recogen las hemerotecas y todos deberíamos estar de acuerdo, “la emisión de gases contaminantes, afecta directamente al ecosistema, siendo el humano el máximo responsable”. Pues bien, estaba decidida a aportar soluciones, empezaría ese mismo día a sumarme a ese reto de la no contaminación ambiental, por otro lado objetivo imperante en la comunidad suiza.

Quería celebrar su cumpleaños y hacer una gran fiesta. Cuando me pidió que la ayudase con las últimas compras le sugerí hacerlo con el transporte público. Salimos de casa y acompañadas por un debilitado sol nos dirigimos a la carnicería. Los ingredientes para una paella nos aguardaban. Un italiano y fornido carnicero me entregó dos bolsas, al tiempo me informaba; que en una había metido 14 muslos de pollo y en la otra 12 patas de conejo.                                                                            

Cuando salimos de allí, algodonosos copos de nieve empezaban a caer sobre nuestras cabezas. Diez grados bajo cero nos acecharon hasta la parada del tranvía. Sonreí al ver, como si de una postal se tratase, a dos ciclistas y sus mochilas paseando por la ciudad, ignorando ese manto blanco que los envolvía. Me sentí en desventaja… “siempre hay alguien que hace más que tú por el medio ambiente”.        

Ella caminaba delante con más bolsas. De pronto se giró, y, no sé qué notó en la única parte de mi cara que no iba tapada, porque me preguntó: “¿Estás bien?” .Como pude, saqué la nariz del escondite de mi bufanda. De una acobardada garganta, miedosa a que se le congelara la voz, se escapó un tolerante… Bueno… podría estar mejor, teniendo en cuenta que en una mano llevo 7 pollos y en la otra 3 conejos… ¡descuartizados!”.                                      

Creo, que en ese mismo instante, mi mejor amiga cayó en la cuenta de que yo era vegetariana.

Le paso el relevo a mi compañero, Juanlu, Ilustraciones para un loco

¡¡¡SUERTE!!! , ¡¡¡vamos kiwis!!!

Y esta es su magnífica aportación, gracias Juanlu, su blog http://dididibujos.blogspot.com.es/

lustración de Juanlu
Publicado en ¿Dulce Navidad?, Esta noche te cuento, Microrrelatos animalistas

Antonio se propuso no celebrar aquella navidad

Cuando era un niño no sabía lo que esas fiestas encerraban, ahora de mayor se cuestionaba… por qué precisamente en Navidad a sus padres les preocupaba tanto traer a la abuela a casa, para luego aparcarla todo el año en la residencia. Tampoco se explicaba la repentina amabilidad de los del quinto.

Se preguntaba por qué siempre en Nochebuena, se cenaba lo que parecía un bebé recién salido del vientre de su madre… dormidito en una bandeja.

No comprendía lo del abeto muriendo lentamente y sin remedio fuera de su hábitat.

Por qué cada Navidad, algunos de los muchos regalos que traían los Reyes Magos a sus hermanos y primos, terminaban en el desván sin estrenarse, y algún otro, pasada la época en la que ya no les hacía tanta gracia, abandonado sin piedad en la calle.

No entendía que atiborrasen al frigorífico… días después mucha de esa comida iría a parar a los contenedores de la esquina.

Tampoco entendía el despilfarro de luz y de colores… cuando a pocos kilómetros de allí, había gente viviendo a oscuras, gente pasando penuria.

Y porque así pensaba y lo proclamaba, le llamaban rarito. Como si él estuviera diciendo algo que no fuera cierto…

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Publicado en Esta noche te cuento, Microrrelatos animalistas

La fiesta

Salió aprisa, pensando que allí al aire libre se celebraba una fiesta.

La música sonaba optimista. Un sol encendido como el fuego, oscureció sus ojos negros. Corrió al ver que alguien lo llamaba, mas, algo no iba bien…

¡No medía las distancias!. Deambulaba de un lado a otro. Sus ojos aún velados, buscaban desesperados una salida. Atisbó a uno de los suyos, corrió hacia él, pero cuando estaba a su lado, un incisivo, lento y doloroso ataque le hizo tambalearse. Notó que sus fuerzas mermaban.

Algo llamó su atención, cuando se acercó, un nuevo impacto lo hizo revolverse. Estaba confuso, no sabía para dónde ir, se desplazó hacia delante y percibió otro. Nuevamente alguien levantó su interés, avanzó unos metros y recibió un impacto más, siempre en el mismo sitio.

El clarín sonaba, como su cuerpo, enardecido. Llegaron más… no pararon, hasta el fin.

Todo se tornó turbio, su latido se derramaba, dejando constancia de su sentir.

No entendía porqué yacía en el suelo. Unas horas antes corría por un jardín inmenso. 

 

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 Dehesa andaluza, imagen tomada de Google

Con este relato participé en,

esta noche te cuento: NOV128. LA FIESTA, de Mª del Rosario Val 

Publicado en Con mucha miga

Pidió socorro y nadie la auxilió

Compraba el pan, la carne, el pescado, la fruta… en el pueblo de al lado, decía que era más grande y más bonito. No le gustaba su iglesia, demasiado gótica, tampoco el cura, demasiado viejo. Detestaba a los niños, no le dejaban dormir la siesta. No se mezclaba con su gente, ¡ella no merendaba mortadela!.

El domingo, a la salida de misa, algunas mujeres murmuraban que… de una caída en el baño, otras… de una cuerda colgada en el desván. Los más mayores… de un escape de gas. De un ataque al corazón, cuchicheaban algunos jóvenes.

De repente desaparecieron todos… cuando vieron que el médico venía acompañado del forense.

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Publicado en ¡Jóvenes!, Con mucha miga

Y a ti, ¿qué te duele?

¡Esta puta pierna va a acabar conmigo, estoy hasta los mismísimos de este insoportable dolor!

Hace dos meses que Ramón se levanta todas las mañanas con esta cantilena, decide ir al especialista:

-Veamos, ¿dónde te duele?

-¡Uf, aquí, en el tobillo, lo tengo hecho polvo!. Le refiere con un triste rictus de oreja a oreja.

-Bien, con diez sesiones de rehabilitación se te pasará, pasa y espera un momentito.

Convencido de que aquél médico no tenía ni idea, entró en un recinto que olía a limón desodorante. Camillas y aparatos por todos lados. Una mujer de mediana edad le sonrió, luchaba con fuerzas por levantar un brazo. Viendo que Ramón lo observaba todo…

-A esa mujer… del tirón desde una moto la arrastraron por el suelo, ¡20 euros llevaba en el bolso!. Le rompieron la cadera y un brazo. Y aquél, el de la camilla, se cayó desde un andamio, no llevaba arnés de seguridad. Se rompió las dos piernas y no sé cuántas costillas. Siempre va en silla de ruedas. A esa chica, la de las paralelas, la atropelló un coche, dicen que en un paso de cebra. Le amputaron una pierna, tiene que aprender a andar de nuevo.

Ramón desconcertado le preguntó, que qué le pasaba a ella.

-Hace un año me quitaron un pecho, desde entonces he perdido la movilidad de este brazo.

Se hizo un silencio. La mujer amablemente…

-Y a ti ¿qué te duele?. Ramón suspiró algo inquieto…

– Bueno… a mi… en realidad…. me di un retortijón… nada… jugando al tenis… con… con un amiguete… me… duele… al levantarme pero a lo largo del día se me va pasando dice el médico que con unas pocas sesiones dejará de dolerme del todo.

Imagen de Google           Imagen

Publicado en Esos locos bajitos

La dulce espera

Es invierno. En el cálido desván guardada en un baúl, una ropita espera. El coche de bomberos, la muñeca, pinturas de colores y algunos cuentos… una carita fascinada anhelan. Cabalga solo el caballo de madera.

Ya llegó la primavera y la forsytia de amarillo todo lo riega. El olmo centenario espera. En sus vigorosas ramas se esconde la cabaña que antaño se llenara de risas frescas. Pían los polluelos que muy pronto volarán por vez primera.

Estamos en verano, observo la vida sentada fuera. Sueño con lo que ha de venir, una ternura inmensa de mi se adueña. El columpio, la bicicleta, la pelota, aburridos a la cola esperan.

Llega el otoño. La hierba alfombra estrena y el viejo olmo desnudo, descubre la casita de risas ausentes que sigue a la espera. Aguarda el baúl, dentro la ropita amarillea…

Suena el teléfono, al otro lado una voz firme, ¡tengo buenas noticias! me comenta. Me monto en mi coche feliz y serena, la larga espera ha merecido la pena.

Me acerco a ella, la arropo en mis brazos.

¡Ya me la imagino jugando en la cabaña del árbol!. Voy a hacer lo imposible para borrar de esos ojitos… el temor que ahora albergan.

Publicado en ¡Jóvenes!, Con mucha miga, Ecologistas, El amor y sus cositas, Microrrelatos animalistas

Flora

Me llamo Flora y he vuelto a caer… he pasado por un escaparate y no he podido resistirme; ¡me he comprado otro bolso!

Los bolsos me fascinan y no concibo salir a la calle sin uno, ¡eso sería como salir desnuda! Aunque la lenguaraz del quinto dice que en ese caso, bien podría taparme con tan solo uno… por lo poquita cosa que soy.

Mis amigos y familiares saben que si me quieren hacer feliz, pueden regalarme alguno. En el fondo les hago un favor, conmigo las Navidades y cumpleaños no son un quebradero de cabeza. Aunque a veces me encuentre con dos iguales y haya que cambiarlo. Como aquél de rayas que me regaló mi primer novio, entre berenjena y zanahoria, difícil de definir. Lo descambió, sí, ¡pero por uno rojo amapola chillón! Llevábamos cinco meses saliendo y aquello no prosperaba… y qué iba a esperar de alguien que regalaba bolsos así. Yo lo tengo muy claro, dime qué bolso me regalas y te diré cómo eres. Una mañana le escribí decidida: “Te dejo, tu corazón está como mi bolso, plastificado”. No sufrió mucho, esa misma noche mi hermana le vio por ahí, de juerga con otra.

Los marrones son mis preferidos. Los tengo en todos los tonos: tierra, chocolate, canelo. Mi buen amigo Ramiro, médico y pacifista, me trajo uno, color café, de Tetuán. Se marchó a Suiza para no hacer la mili y ¡mira por dónde! se fue a enamorar de la hija de un alto mando de la Fuerza Aérea. Se mosquea conmigo, siempre que le recuerdo, que gracias a las armas conoció al amor de su vida.

Mi madre dice que los bolsos tienen que ser bien grandes. De sus vacaciones en Egipto, me trajo uno en el que se me pierde el móvil, la cartera y nunca encuentro las llaves. No lo sabe, pero lo uso como bolso de viaje.

Los azules también me gustan, desde el marino, cielo, turquesa, hasta el pizarra. Excepto el azul real. Como el que me regaló mi prima, que por cierto aún no he estrenado, posiblemente por su tono aristocrático. Nunca me gustaron los disfraces de reinas ni princesas, ¡ya de pequeña apuntaba maneras! Cuenta mi madre, que esa animadversión hacia lo monárquico la heredé de mi abuela, ahora acrecentada gracias a un rey, que no contento con la crisis que reina en nuestro país, se fue a cazar paquidermos a Botsuana… aparte de ser una indecencia, ¡vaya un curioso y lujoso hobby!, nada apto para cualquier bolsillo.

Otra que me regala bolsos es Susana, una amiga de mamá. Habla hasta por los codos y siempre con sus eternas preguntas: «que si tengo novio, que porqué no me caso, que cuándo voy a hacer abuela a mi madre». Por dios, le contesto con cierta vehemencia… «¡yo no pienso tener hijos, o por lo menos hasta que la maternidad no llame a mi puerta!»

Pero volviendo a mis bolsos, tengo muchos en color verde, en todas sus gamas: musgo, menta, pistacho, militar… vaya, militar, como mi segundo novio… ¡qué recuerdos! Me regaló un Miu Miu, carísimo, pero saliendo de la zapatería donde fui a comprarme unos zapatos que le hicieran juego, le vi con una del brazo… ¡era un hombre casado! Aunque estaba bastante enamorada de él, decidí dejarle. Entonces me convenció de que se divorciaría. Pasaron cuatro meses y yo seguía esperando, ¡ingenua de mí! Pero de nuevo la casualidad se puso de mi parte… ¡volví a pillarle y esta vez, no con su mujer! Despechada se lo dije a ella y le puso la maleta en la puerta. El padre de la otra, que también desconocía su situación, amenazante, le leyó la cartilla y huyó de la ciudad. Por supuesto que las tres salimos ganando.

Tengo varios blancos, pero mi favorito es uno que no es de piel, me lo regaló mi mejor amiga que ahora es vegetariana. Viendo un documental descubrió cómo mataban a las focas bebé para arrancarles la piel, desde entonces ni come carne ni usa pieles de animales.

Los negros me encantan; lisos, con flores, en bandolera, con asas, en mochila, de fiesta. El último que me regaló la hermana de mamá, es para eventos elegantes. Es la mujer más besucona del mundo. Cuando éramos pequeños, nos escondíamos cada vez que venía al grito de: «¡que viene la tía Aquilina!». Fiel a su costumbre, me los sigue regalando negros.

También los tengo grises, como uno en marengo, precioso, que me regaló Gregorio, mi tercer novio. Paseábamos una tarde fría y lluviosa cuando un viento fuerte me lo llevó y fue a parar a un charco. Me puse histérica, mi preciado bolso dentro de aquél lodo, nunca recuperó su color, su textura. Se me puso blandengue, como Gregorio, que me confesó que no podía superarlo, que mis bolsos le perseguían, que soñaba con ellos. ¡Qué ridícula excusa!, a los pocos días le vi con Matilde, esa no tenía tantos bolsos como yo, pero sí dos poderosas razones. Mi hermana para consolarme me trajo uno amarillo, decía que de existir el alma, ese sería su color.

Por culpa de los bolsos me dejó Gregorio, y gracias a eso he conocido al hombre de mi vida, me da que éste es el definitivo, además de tener muchas cosas en común conmigo, ¡tiene una excelente boutique de bolsos!

Para mí el bolso, más que un objeto, es una prolongación de mí misma. Él es importante por todo lo que lleva dentro; el perfume que me identifica, algunas de mis fotos favoritas,  direcciones y teléfonos de mis seres queridos, la agenda que me recuerda lo puntual, caramelos para endulzar un momento amargo, el bolígrafo y la libreta siempre prontos cuando me asalta una idea, la apasionada historia que me alimenta hasta que una nueva la reemplaza, la llave del buzón donde siempre espero encontrar buenas noticias, pañuelos para enjugar la emoción…

Por cierto, no me molesta que digan que soy una mujer a un bolso pegada, ¡me gusta ese aire quevediano!, porque aparte de los bolsos, y al igual que el maestro de la sátira, poseo un inagotable sentido del humor. Seguro que estáis de acuerdo conmigo con aquél refrán que dice…

«Más vale bolso en mano, que cien cosas dispersas por los bolsillos».

Flora nació para una despedida de curso. Quise hacer algo jovial. La original llevaba los nombres de mis compañeras, solo he obviado eso y algún detalle que ahora no viene a cuento. Si con Flora consigo sacarte una sonrisa, aunque sea fugaz, me daré por satisfecha.

Publicado en El amor y sus cositas

Cuestión de valores

 Llevaba mucho tiempo conmigo. Me gustaba, porque tenía un precioso corazón rojo que la adornaba, por quien me la regaló.

Cuando volví del gimnasio, me la encontré encima del banco, observé disgustada que se lo habían arrancado. Abrí la cremallera, en ella seguían los tres billetes, también las monedas.

Al día siguiente y a la misma hora, la dejé de nuevo sobre el banco, en ella una nota… ¡Por favor, llévate el dinero y devuélveme el corazón!

Imagen de Google

Publicado en Colaboraciones con Luisa Hurtado, Ecologistas, Microydibujos con Juanlu

DICOTOMÍA

Acaba de despertarse y se despereza delante de la ventana, una bocanada de sol se detiene en su cara. A un lado, el jardín rebosante de primavera le regala su primer aroma de la mañana. Risas de niños cabalgando en bicicleta, el peloteo en la cancha y el azul de la piscina rivalizando con un sereno cielo… le armonizan los sentidos. Del otro lado, un pinar; árboles centenarios y acogedores caminos. Algún corzo bailando el aire y ágiles ardillas explorando el suelo que la invitan a solazarse en él.

Se viste de chandal. Se monta en su coche.

Después de veinte kilómetros llega a la turbia ciudad. Recorre calles completas de vehículos hasta aparcar el suyo. Quince minutos a pie por el rígido e impasible asfalto la separan del gimnasio. En cuarenta metros cuadrados y con diecinueve personas entrena durante un par de horas. El bochorno, el ambiente, el sudor… agobiantes se cosen a su cuerpo. Extenuada, espera a la cola para darse una ducha.

Llega a casa. La miran al pasar… el aire, los pinos, los pájaros, las rosas…

Ella es humana, tremendamente humana.

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Publicado en Microrrelatos animalistas

Pregunté a la luna

Cuando te encontré en la cuneta, la noche desparramaba vientos y el frío helaba tu aliento. Estremecida te cogí en mis brazos, noté que aún conservabas calor, pero un hilo rojo delator se escapaba por tus labios. Tus extremidades cedían al suave masaje de mis manos, en cambio tu cuerpo permanecía inerte. Creí ver vida en tus grandes ojos abiertos, aunque sospechaba si la misma seguía latiendo en tu interior.

Mientras caminaba contigo en mi regazo, maldije al que te había abandonado así. Le pregunté a la luna, si testigo de tu desventura. Más cuando ya no había duda y tus pupilas blanquecinas abandonaron tu mirada, refugié tu cuerpo y lo arropé entre hojas secas. Ellas y mis lágrimas, fueron tus aliadas en la última de tus batallas.

Sé que me estabas esperando, que no querías irte así, solo y desamparado, con el frío paseándose entre tu pelaje atigrado. Lo hiciste con la quietud y la serenidad del que se sabe amado.