Cuando era un niño no sabía lo que esas fiestas encerraban, ahora de mayor se cuestionaba… por qué precisamente en Navidad a sus padres les preocupaba tanto traer a la abuela a casa, para luego aparcarla todo el año en la residencia. Tampoco se explicaba la repentina amabilidad de los del quinto.
Se preguntaba porqué siempre en Nochebuena, se cenaba lo que parecía un bebé recién salido del vientre de su madre… dormidito en una bandeja.
No comprendía lo del abeto muriendo lentamente y sin remedio fuera de su hábitat.
Por qué cada Navidad, algunos de los muchos regalos que traían los Reyes Magos a sus hermanos y primos, terminaban en el desván sin estrenarse, y algún otro, pasada la época en la que ya no les hacía tanta gracia, abandonado sin piedad en la calle.
No entendía que atiborrasen al frigorífico… días después mucha de esa comida iría a parar a los contenedores de la esquina.
Tampoco entendía el despilfarro de luz y de colores… cuando a pocos kilómetros de allí, había gente viviendo a oscuras, gente pasando penuria.
Y porque así pensaba y lo proclamaba, le llamaban rarito. Como si él estuviera diciendo algo que no fuera cierto…


Allí dejé dicho esto: «Olé por Antonio; estoy con él.
Derrochamos demasiado en estas fiestas sinpensar en el verdadero espíritu de las mismas.
Genial relato.
Aplausos para la autora.»
Aqui te digo que es estupendo y que si hay premio te lo debes llevar.
Un besazo.
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¡Ay Towanda!, también te digo lo que le he contestado a Ana Fuster . Con Antonio pretendo ganar otra cosa… y que precisamente no sortean en «esta noche te cuento».
Un besazo enorme.
Gracias por apoyarme.
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Allí te comenté.
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Gracias, Ximens,
Un abrazo
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