Publicado en Esta noche te cuento

Todos a una

Recuerdo a la Honoria, con su intocable 600 y sus continuos viajes a la capital, rechoncha, desaborida y monina, despotricando contra el pueblo…

«El médico es un mujeriego. El cura demasiado moderno. El maestro y el alcalde descaradamente rojos. El pan de la Rupela, una mierda, la verdura del Gervasio, una porquería».

Tampoco le gustaban los perros ni las mozas ni los mozos. Prefería las calles de aceras vacías: de niñas y rayuelas, de chicos y peonzas, de sillas a la puerta. Jamás se juntaba con las demás mujeres:

«Yo no soy ninguna alcahueta ni zurzo calcetines ni meriendo mortadela!».

También recuerdo a los convecinos reunidos, apañando el cómo y el día en que acabaría nuestra condena. Y a Saturnino, pregonero y alguacil, después de sonar la corneta, cantando aquel singular bando:

«Se hace saber por orden de todo el pueblo que hoy la iglesia cerrará sus puertas a feligreses y penitentes. En la taberna del Tiburcio se servirán gratis vermuses y perrunillas. Las mujeres prepararán viandas, los hombres la bebienda. Los quintos vestirán el salón de plenos con guirnaldas y farolillos y entrada la tarde, aviaos con nuestros mejores hatos, aguardaremos tras los visillos del ayuntamiento a que el coche fúnebre abandone las calles desiertas».

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El 15 de octubre se celebra el Día Internacional de la Mujer Rural, este es mi singular homenaje.

2 comentarios sobre “Todos a una

  1. Has creado con tanto realismo el ambiente de ese pueblo que una en vez de leerlo cree que ha pasado por allí y ha disfrutado de la fiesta entre alcahuetas, remendadoras de calcetines, merendando mortadela. ¡A mucha honra señora!

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