Suena el teléfono. Al descolgarlo escucho que hablan, pero compruebo desorientada que no se dirigen a mí. Apenas entiendo lo que dicen, aunque por el ruido deduzco que están en un coche. Evidenciando que se trata de un error decido dejar a solas a los tortolitos, pero me freno al descubrir unos conocidísimos jadeos…
Amasar la venganza durante un tiempo. Añadirle una dosis de desamor, tres de despecho. Macerarla en una mezcla de odio, paciencia y orgasmos fingidos. Dejarla en reposo. Servir con un rico abandono, sin pasta, bien fría.
Como cocinera no tenía precio, como abogada, ni te cuento…

Gracias al equipo por elegirlo.