Te contemplo mientras duermes. Te huelo. Toco tus labios y me levanto antes de que despiertes. Desayuno sola, y te veo marchar. Antes de preparar un nuevo menú—por si vinieras a mediodía—, tiro el de anoche a la basura.
De primero; sopa de respeto con tropezones a las buenas maneras. De segundo; besos al plato rebozados con caricias tiernas. De postre; flan de humor con crujiente de sonrisas acompañado de un espumante amoroso… que te devuelva la pasión, que me quieras como antes, ¡y que mi hermana se vaya a hacer puñetas cuando asegura que tengo ese maldito síndrome!
Gracias, Wonderland, por este incentivo tan maravilloso.


Felicidades, Rosy. El micro se lo merece.
Me gustaMe gusta
Gracias por tus palabras, también por pasarte por mi casa.
Un besazo.
Me gustaMe gusta