-Pacita, así no puedes seguir… cada día estás peor.
-Pero ¡si estoy de maravilla!, todo vuelve a ser como antes. Esta mañana después de desayunar, me besó, luego las llevó al cole… iban regañando, Julia tiraba de los rizos a su hermana, ¡cómo le enfada que se ría de su amiguita imaginaria!
-Venga, prepáralo todo… nos vamos.
-No, están al llegar… no puedo irme de esta casa, aún quedan juegos, secretos que descubrir, caricias, besos por estrenar…
-Si no vienes ahora, otros vendrán a buscarte… albas batas, píldoras coloristas… adormecerán tu memoria, al menos conmigo… estarás con ellos…
Sube a su cuarto y allí sobre la mesilla… les da un beso, los abriga en su pecho. Del cajón saca la pistola, con mano convulsa apunta a su cerebro. Caen al suelo… al mismo tiempo. El marco y el cristal se hacen añicos. La foto es del día del parto, donde su marido sostiene a las gemelas, cada una en un brazo… hoy de nuevo pintados en sangre, igual que aquella tarde cuando volvían del colegio, y se encontraron con ese loco que conducía su coche de frente al de ellos.


Pues en un «ratito nos vemos Rosy»… allí en ENTC, donde la muerte se da cita en octubre. Besos.
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Eso, en un ratito… jajaja
Gracias Laura. Un beso
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Ahora voy a leerlo.
Espero que me guste o te denunciaré.
😛
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JAJAJAJ Toro, ¡NO TE LO PIENSO DECIR MÁS VECES!…lo sabes.
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Para allá voy.
Saludos.
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Gracias por estar ahí, amigo
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Bien, Rosy, bien.
Un relato duro, pero bien llevado.
Felicidades, crack.
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Gracias, me ves con buenos ojos.
Un beso preciosa
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Muy buena tu apuesta. Mucha suerte.
Besicos muchos.
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Gracias Nani, siempre ahí, animando.
Un beso
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Hacia allí voy.
Un abrazo.
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Llego tarde pero, menos mal, que llego y no me pierdo este relato tan trágico, tan triste.
Un beso
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