Publicado en Esta noche te cuento, Microrrelatos indignados

El helado de leche merengada

Está sobre ti, pero tu mente vuela. Dejas a la mujer en la cama, la que se gana la vida con quien la desea y te lo llevas a él, contigo. Cogidos de la mano, camináis por el paseo marítimo, globos de colores os miran al pasar. En el mercaillo del puerto te paras en cada puesto, todo te encandila, babuchas, chucherías, pañuelos… quiere regalarte uno; el de flores, el grana, o quizá el azul… te cuesta elegir ¡son todos tan bonitos! Disfrutando como una niña chica, corres hasta el carrito de los helados, te pides uno, bien grande. Te sabe a casa, a tu madre, a sus maravillosas gachas con leche, con su canela en rama y una mijita de matalahúga, ese ingrediente estrella que ella a nadie desvelaba. Hace poco que se fue, cansada de parir, estropeada. De tu padre, prefieres no acordarte.

Dejas de soñar. Se acaba el helado, vuelan los globos, se esfuma el pañuelo. Sabes que nunca te llevará de paseo, es como los otros, solo paga lo que consume. Vuelves. Él sigue ahí, sobre ti.

3314841242_2a53f458eb_b

 

 

 

 

 

 

 

16 comentarios sobre “El helado de leche merengada

  1. El post que no entendiste, «Clásicos revisados 3», es una broma que hago cogiendo trozos de poemas famosos y dándoles otro sentido.

    El poema original es este:

    ¡Oh Capitán, mi Capitán!
    terminó nuestro espantoso viaje,
    el navío ha salvado todos los escollos,
    hemos ganado el premio codiciado
    ya llegamos a puerto, ya oigo las campanas
    ya el pueblo acude gozoso,
    los ojos siguen la firme quilla
    del navío resuelto y audaz;
    mas ¡Oh corazón, corazón, corazón !
    ¡Oh, las rojas gotas sangrantes !
    Ved mi capitán en la cubierta
    yace frío y muerto.

    ¡Oh Capitán, mi Capitán!
    levántate y escucha las campanas;
    levántate, para ti flamea la bandera,
    para ti suena el clarín,
    para ti los ramilletes y guirnaldas engalanadas,
    para ti la multitud se agolpa en la playa;
    a ti te llama la masa móvil del pueblo;
    a ti vuelven sus rostros anhelantes;
    ¡ Ea Capitán!
    ¡Padre querido!
    ¡Que tu cabeza descanse en mi brazo!
    Esto es un sueño: En la cubierta yace frío y muerto.

    Mi Capitán no responde
    sus labios están pálidos e inmóviles
    mi padre no siente mi brazo,
    no tiene pulso ni voluntad,
    el navío ha anclado sano y salvo;
    su viaje, acabado y concluido
    de horrible viaje el navío victorioso
    llega con su trofeo,
    ¡Exultad, oh playas, y sonad, oh campanas!
    mas yo con pasos fúnebres recorro la cubierta
    dónde mi Capitán yace frío y muerto.

    Walt Whitman

    Me gusta

Replica a Nani Cancelar la respuesta