Diminutos copos de nieve blanquean la carretera. Tardío llegas al hospital. Despacio abres la puerta y te topas con la cuna. Una inquieta y preocupada sonrisa te delata, ella sabe que estás ahí, con los ojos cerrados susurra: “Voy a quererla con toda mi alma”. No entiende tu desasosiego, tú su felicidad. Al mes de nacer dais su primer paseo. Definitivamente lo comprende todo… cuando le arrebatas el cochecito y te cambias de acera porque los vecinos del cuarto se acercan. Los días pasan y ni un atisbo de cariño en ti se asoma.
La abrazará bien fuerte y le hablará de la ternura con la que antes de nacer, escribías su nombre y al lado tu apellido. No le dirá que sí estabas cuando cambiaste su destino, tampoco que mirando su carita, sugeriste que existían pruebas para evitar haberla traído. Y Lucía crecerá y le encantará ir al cole, chapotear en el agua, jugar con los niños y comer chucherías, como a cualquier niña. Y cuando cumpla los catorce, camino de su fiesta irá con sus amigas y se tropezará contigo, un hombre muy elegante pero huraño y resentido. De esos que resuelven con sentencias y una minuta siempre puntual. Te mirará a los ojos sin saber a quién pertenecen, pero sí que algo falta en ellos. Tampoco sabrán esconder la inmensa infelicidad que albergan; en los de ella verás, ¡cuánto te has perdido!.
21 de marzo conmemoración del Día Mundial del Síndrome de Down
Reconocer la dignidad, valía y contribuciones de las personas con discapacidad intelectual. ¡Bienvenida Lucía!


Lucía se merece todo el cariño y amor del mundo.
Me voy enternecido.
Besos.
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Dedicado a todas las Lucías.
Gracias Toro.
Besos
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Llega a la entraña y sobrecoge. A veces tocas unos temas que me calan muy hondo. Cualquier ser indefenso deja mi mente indefensa.
Un abrazo.
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Qué bonitas palabras, Sbm. A mi me quedará «para siempre» la cosilla esa de no haber adoptado uno, pero no insistí lo suficiente por…. razones que no vienen al caso.
Un beso.
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!Que pena por el padre!. Gracias por tu homenaje.
Saludos.
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Gracias a ti Beto, por comentar.
Saludos.
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Duro y real como la vida misma. Lucía crecerá feliz, estoy segura y él, que sea un amargado y no lo soporte nadie para que sufra el abandono.
Besos
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Yo creo que la realidad supera este relato.
Un abrazo y gracias por comentar.
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El padre se la ha perdido. Discapacidad es no ser capaz de amar.
Beso grande, Rosy. Mucha sensibilidad para tratar con altura este tema.
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Qué frase… «discapacidad es no ser capaz de amor»
Gracias Sandra.
Un beso enorme.
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Relato que mueve conciencias. Recuerdo la época en la que eran «castigos de Dios», se culpabilizaba a los padres de los pecados que habían cometido. En fin, tema muy personal, pero que una vez han nacido sospecho que se los quiere y atiende más que al resto. Ese padre que has descrito puede que hasta pasee un perro. Un abrazo desde mi asfalto.
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«Castigo de Dios»… no lo había oído nunca (qué bien me sienta ser atea).
Pienso que hay mucho desconocimiento con estos niños, y que si no se les acepta, en general, precisamente es por eso.
Lo que sí que tengo claro es que me encanta que te pasees por aquí.
Un abrazo.
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A mi me sienta bien ser creyente, mi estimada Rosy, y esos conceptos de «castigo de Dios» afortunadamente pasaron a una historia ya muy lejana. Somos herederos de muchísimos errores a todos los niveles pero también es cierto que se puede ser creyente y ser tremendamente humano, solidario, y creer en un Dios que es amor. No es lo más importante creer o no creer sino luchar incondicionalmente por los indefensos y necesitados.
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Lo importante Maitetxu, se sea creyente o no, es estar de acuerdo en lo «importante».
Un besazo y gracias amiga
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