Ni sus padres eran ricos, ni vivían en una gran mansión. También lo del yate y la cuadra de caballos era mentira. Tampoco celebró su último cumpleaños con una suntuosa fiesta.
Su vida era mucho más sencilla que las de las otras alumnas de clase. Salía del instituto y su madre la esperaba con la merienda en el comedor de su discreta casa. Hacía los deberes, después aguardaba a que su padre llegara y cenaban, los tres juntos. En la mesa charlaban un rato, luego veían la tele hasta que se subía a su habitación, ellos se quedaban en el salón viendo alguna película.
Sus selectas compañeras la envidiaban… por esas sobremesas, por las veladas frente a la tele y porque sus padres después se iban a la cama juntos.


Tenía lo mejor que puede tener un niño.
La envidio retroactivamente.
Besos.
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Sí cuando eres mayor esa es una de las cosas que más recuerdas…
Un beso.
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Ñoco, dices tantas cosas en un espacio tan breve… Sabrás perfectamente que eso pasa en la vida real, no voy a venir de original a contártelo. Y se suele reconocer años después: «sí, yo tenía todos los juguetes e iba a los mejores clubes, pero nunca fui feliz, me faltó una familia».
Un abrazo fuerte fuerte 🙂
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Pues claro que pasa mi querido amigo, (ya sabes que mis escritos suelen ser muy «costumbristas»).
Ñoco… me gusta la palabreja…jajajaj
Dos besos 🙂 🙂
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Envidiamos lo que no tenemos (somos tan humanos…)!!!
Muy bien «representado» en tu micro.
Besazoooo para tu PINARRR
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Lo digo frecuentemente, los humanos somos terriblemente humanos.
Gracias Petra.
Un beso.
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Demoledor final y tan cierto… Sabés, lo que más me cuentan los chicos es «Cuando llego de la escuela, no hay nadie en casa» o «Como solo». Si fueran solamente esos dos momentos. Lo peor es cuando se sienten solos pero estando acompañados. Esto es, padres engullidos por el trabajo y los problemas…
Tristuna me ha dejado tu relato, Rosy, por demás de bueno. Beso grande va.
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Sí que es triste que existan casos como los que cuentas.
Gracias Sandra por leerme.
Un besazo.
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La vida se vive (valga la redundancia) con cosas simples y en el roce humano. Que triste que muchas personas, aún en sus propias casas, apenas se hablan. Por suerte existen reductos de familias como los personajes de su relato. Muy bueno.
Saludos.
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La protagonista de mi relato no es consciente de la suerte que tiene.
Gracias Beto, por visitar este pinar.
Un saludo
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Rosy, te aplaudo es excedlente y tan real!! Verdaderamente es una suerte tener una familia de verdad. y a veces es más posible cuando se quiere y se pone afán.
Besicos muchos.
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Cuanto mejor es la infancia, más posibilidades de ser mejor adulto, ¿no crees?.
Gracias Nani, por ese comentario tan bonito.
Un abrazo
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Tenía el cariño de una familia unida. ¡Muy buen relato!
Cariñoso abrazo y feliz fin de semana Rosy
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Gracias Pilar, un beso también para ti.
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Hola Rosy.
Lo tenía todo y, con razón, le envidiaban. A veces, nos empeñamos en amasar: dinero, objetos, ropas, colonias… y descuidamos lo más importante.
Me ha encantado.
Un beso enorme.
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¡Pero cuánto nos queda por aprender aún!
Gracias por pasarte preciosa.
Un abrazo
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Qué bonito relato. Tan sencillo como su contenido y tan grandioso a la vez. El valor de las cosas sencillas y pequeñas, es algo que nunca deberíamos olvidar. A menudo he descubierto que podemos ser felices con mucho menos de lo que tenemos. Frente a lo material que sin duda necesitamos, se ensalzan valores como el cariño, la generosidad, el respeto y la paz. Sin duda se ve, que estos valores los vive la autora.
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