Es invierno. En el cálido desván guardada en un baúl, una ropita espera. El coche de bomberos, la muñeca, pinturas de colores y algunos cuentos… una carita fascinada anhelan. Cabalga solo el caballo de madera.
Ya llegó la primavera y la forsytia de amarillo todo lo riega. El olmo centenario espera. En sus vigorosas ramas se esconde la cabaña que antaño se llenara de risas frescas. Pían los polluelos que muy pronto volarán por vez primera.
Estamos en verano, observo la vida sentada fuera. Sueño con lo que ha de venir, una ternura inmensa de mi se adueña. El columpio, la bicicleta, la pelota, aburridos a la cola esperan.
Llega el otoño. La hierba alfombra estrena y el viejo olmo desnudo, descubre la casita de risas ausentes que sigue a la espera. Aguarda el baúl, dentro la ropita amarillea…
Suena el teléfono, al otro lado una voz firme, ¡tengo buenas noticias! me comenta. Me monto en mi coche feliz y serena, la larga espera ha merecido la pena.
Me acerco a ella, la arropo en mis brazos.
¡Ya me la imagino jugando en la cabaña del árbol!. Voy a hacer lo imposible para borrar de esos ojitos… el temor que ahora albergan.


Esa casita de madera me suena bastante, debe haber alguna parecida por mi zona. Hay mucha gente que filetea la prosa. Tú has hecho al revés.
Un saludo!
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La casita está ubicada en Valladolid. No soy ducha en poesía, en este relato fue surgiendo sin querer.
Gracias por pasearte por aquí.
Un abrazo.
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Para no estar ducha te quedó chulísimo… Tenía ganas de conocer tu mansión y me ha encantado. Un besazo y nos vemos por ahí.
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¡Towanda!… Gracias por venir a este humilde blog.
Un beso guapa.
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