Publicado en Con mucha miga

Sin palabras…

Corrí como una bala porque acababa de recordar que había dejado en la sartén, dorándose, unos ajos. El humo empezaba a salir por el pasillo y me impedía ver con claridad cuando entré en la cocina. Rápidamente retiré del fuego la sartén al mismo tiempo que le gritaba a mi marido…

-¡Por dios, estabas aquí!,  ¿Por qué no lo retiraste del fuego?

Con aire triunfante me contestó:

– ¡Si he abierto la ventana!, he visto el humo… pero…

¡qué sé yo lo que estabas cocinando!

La sartén, los achicharrados ajos y yo, atónita, descubrimos que efectivamente…

¡había abierto la ventana!

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