Corría tan aprisa que sus pies perdieron suelo y la elevaron muy alto —acababan de despedirla, justo ahora, con tamaña hipoteca—. La estela de sus lágrimas variaban las hojas de los árboles en deliciosas bolitas azules y… cesaron los contratos basura, los maltratos, la corrupción.
Ante la alarma, el mandamás ordenó talar todos los árboles. Los caza la apresaron y en cuanto pisó el asfalto volvieron los tirones de bolso, las violaciones, las cuentas en Suiza…
Dos prestigiosos siquiatras le diagnosticaron el síndrome de MAD*. La contrataron en el SEPE, como controladora del dispensador “tickets de turno”.
*Miedo Al Desahucio



Unas enfermedades que no son tan raras como parecen, más bien son demasiado corrientes en estos días.
Felicidades y un abrazo grande, Rosy
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Por desgracia, Ángel, por desgracia siempre para los mismos.
Agradezco tu visita aquí en mi casa.
Un abrazo.
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