Cuando era pequeña, mi abuelo Luis me contaba cosas sobre mi madre. De lo mucho que me amaba. De su coraje -apenas tenía seis meses cuando me metió en el capazo y me dejó en su casa-. De su generosidad con todos, para que nadie penara con su inevitable ocaso. Excepto él, nadie la entendía y yo tuve que crecer para hacerlo también; entender que quisiera desaparecer, dejarse ir.

Pero el abuelo no fue el único que la vio marchar, sola, con un pañuelo cargadito de pena en una mano mientras con la otra se estiraba bien el de la cabeza, también, desde el borde del camino los ojos negros de una lechuza fueron testigos.

Este microrrelato presentado en  «ENTCerrado» ha obtenido una mención especial por parte del jurado de Entc y el Hotel A Curuxa. Muchas gracias.

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2 comentarios en “Altruismo

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